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pieta“La virgen concebirá y dará a luz un hijo” (Is. 7, 14).

pieta“La virgen concebirá y dará a luz un hijo” (Is. 7, 14).

La Virginidad de María

La Virginidad de María revelada en Isaías

P. Félix López, S.H.M.

maria at1San Agustín decía que el Nuevo Testamento está latente en el Antiguo, y que el Antiguo se hace patente en el Nuevo. De esta manera, la Iglesia ha sabido leer los libros del Antiguo Testamento en una luz siempre creciente. La Revelación de Dios ha sido progresiva hasta alcanzar su culmen en Cristo. Pero incluso después de Cristo, iluminada por el Espíritu Santo, la Iglesia camina hacia la verdad plena. Así, la Esposa de Cristo va descubriendo todo el contenido de verdades salvadoras que estaban encerradas en la Escritura y la Tradición de la Iglesia.

Afirma el Concilio Vaticano II: “Los libros del Antiguo Testamento describen la historia de la Salvación en la que se va preparando, paso a paso, la venida de Cristo al mundo. Estos primeros documentos, tal como se leen en la Iglesia y se interpretan a la luz de la plena revelación ulterior, iluminan poco a poco con más claridad la figura de la mujer, Madre del Redentor” (LG, 55).

Uno de los textos más conocidos es el de la profecía del Emmanuel, recogido en Is. 7, 14: He aquí que la virgen (almah) ha concebido y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios con nosotros”. La situación histórica en la que el profeta pronuncia este oráculo es dramática. Los reinos de Israel (Efraim) y de Siria (Aram) han declarado la guerra al reino de Judá regido por Jotam, cuyo sucesor será Ajaz. Judá no ha querido aliarse con estos dos reinos del norte frente al peligro de invasión de Asiria, regida por Teglat-Phalasar III. Ajaz, vencido a campo abierto por Israel y Siria, tuvo que refugiarse en las fortificaciones de la capital. Entonces Ajaz, en vez de acudir al Señor y rectificar su conducta desordenada, pidió socorro a Teglat-Phalasar III. El precio de esta alianza fue un acto impío de Ajaz: la entrega del oro y la plata del templo de Yahvéh, y el vasallaje del reino de Judá al de Asiria. Esta alianza tuvo como consecuencia la separación del culto y de la doctrina del Dios verdadero, a causa del sincretismo religioso que produjo la aceptación de la religión asiria.

El texto de Is 7, 1-9, narra el primer encuentro de Isaías con Ajaz. Los sirios e israelitas se dirigen contra Jerusalén. El monarca judío tiembla, y con él todo su pueblo, por la amenaza inminente de aniquilación. Isaías anima al rey Ajaz asegurándole que los planes de sus enemigos no se cumplirán porque van contra los designios divinos. El profeta asegura al monarca que la solución consiste en pedir auxilio a Dios, el único capaz de garantizar la continuidad del pueblo elegido.

En Is 7, 10-13, Dios, por medio del profeta, da un nuevo aviso a Ajaz por medio de una señal que ratifique la ayuda divina. Por incredulidad, el rey rechaza pedir la señal a Yahvéh, e intenta justificarse con hipocresía, afirmando que no es lícito tentar a
Dios. Isaías anuncia la señal divina y desenmascara la falsedad del monarca: “¿Os parece poco cansar a los hombres que cansáis también a Dios?”. El v. 14 presenta el contenido y la realización de la señal que Dios va a dar al rey. La palabra señal (en hebreo ´ôt, sin artículo) puede designar tanto un hecho prodigioso (cf. Ex 7, 8; Is 38, 7), como un hecho natural que se ha predicho anticipadamente (cf. Ex 3, 12; Gen 24, 13). Siempre manifiesta la intervención directa de Dios.

El núcleo de la profecía se recoge en el versículo 14. Si la persona que nacerá, el Emmanuel, es el Mesías, el texto es mesiánico y a la vez mariológico, porque se habla explícitamente de su madre, a quien se denomina almah-doncella-virgen. En Is 9, 5 se aplican al Emmanuel los títulos de Admirable consejero, Dios todopoderoso, Padre sempiterno, Príncipe de la paz. Se afirma que “es grande su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino” (Is 9, 6). Estos títulos identifican al Emmanuel con el Mesías. De igual modo Is 11, 1-4 afirma que sobre el Emmanuel “reposará el Espíritu de Yahvéh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahvéh”. Estas prerrogativas le capacitan para instaurar el reino de la verdad y de la justicia, oficio que sólo le compete al Mesías.

Respecto al sentido del término ´almah, algunos autores han sostenido que significa doncella, y no virgen, que se expresa normalmente con el término betûlah. Pero hay que aclarar que, después de estudiar los pasajes del Antiguo Testamento donde aparece este vocablo, se puede concluir lo siguiente: a) nunca se aplica el término ´almah a una joven casada; b) en todos los lugares donde aparece ´almah se refiere a una doncella que se presume virgen; c) directa y formalmente ´almah significa chica o muchacha joven, e indirectamente comporta siempre la virginidad. Podríamos preguntarnos por qué Isaías usó el término ´almah y no betûlah en esta profecía. Una razón es porque betûlah significa virgen, pero no hace referencia alguna a la edad. Podría entenderse con este término el caso de una anciana estéril que tiene un hijo. Betûlah suele connotar exclusión de la maternidad. En cambio, almah incluye directamente el concepto de juventud e indirectamente el de virginidad, y además, no excluye la maternidad.

Además, la versión griega de los LXX, realizada dos siglos antes de Cristo, traduce ´almah por he parthenos, virgen en sentido estricto. Esto significa que para los mismos judíos el sentido de ´almah era el de virgen en este texto. La Vulgata traduce por virgo.
En este texto puede verse cómo la Escritura puede tener varios sentidos. En primer lugar, aparece el sentido literal. El profeta anuncia un signo para Ajaz que se cumpliría en vida de éste, y que podría ser el nacimiento de su hijo Ezequías. Pero después aparece el llamado sentido pleno (sensus plenior), que consiste en el «significado que un autor bíblico atribuye a un texto anterior cuando lo vuelve a emplear en un contexto que le confiere un sentido literal nuevo o bien de un significado, que una tradición doctrinal auténtica o una definición conciliar, da a un texto de la Biblia. Por ejemplo, el contexto de Mt. 1, 23 da un sentido pleno al oráculo de Is. 7, 14 sobre la ´almah que concebirá, utilizando la traducción de los Setenta (parthenos): "La virgen concebirá"» (Pontificia Comisión Bíblica, Interpretación de la Biblia en la Iglesia). De este modo, la Iglesia ha descubierto el cumplimiento pleno del oráculo de Isaías en la concepción y nacimiento virginales de Cristo. Jesús, el Hijo de Dios, es el verdadero Emmanuel, Dios hecho carne en medio de nosotros. María, su madre, es la virgen que concibe y da a luz permaneciendo virgen.

Terminamos con un texto de S. Gregorio de Nisa que nos muestra cómo los Padres de la Iglesia han contemplado el oráculo de Isaías con el mayor respeto y veneración: “Aprende del profeta mismo cómo ha podido suceder esto. ¿Según quizá la ley de la naturaleza? De ninguna manera, responde el profeta. He aquí que una virgen…., replica el profeta (…). ¡Oh evento admirable: una virgen llega a ser madre permaneciendo virgen! (…). Convenía, en efecto, que el que hacía su ingreso en la vida humana para la salvación de los hombres (…) tomase origen de una integridad absoluta y entregada a Él sin reserva alguna” (In diem natalem Christi, 1136).

El Profeta Miqueas

El Profeta Miqueas y la Virgen Madre

P. Félix López, S.H.M.

maria at2 Entre los textos que hacen referencia a María en el Antiguo Testamento, se encuentra también el oráculo del profeta Miqueas en el capítulo 5, versículos 1-2. Éste es el texto: “Pero tú, Belén Efrata, aunque tan pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser dominador en Israel; sus orígenes son muy antiguos, de días remotos. Por eso Él los entregará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos volverá junto a los hijos de Israel”.

Narra S. Mateo (cf Mt 2, 2-6) que cuando los Magos de Oriente llegaron a Jerusalén, la estrella que les había guiado hasta entonces en su camino, se ocultó. Por eso, decidieron consultar a las autoridades sobre el lugar donde acontecería el nacimiento del Mesías. El rey Herodes reunió a los sumos sacerdotes y los escribas para proponerles la cuestión. Ellos respondieron que el lugar destinado por Dios para el nacimiento del Ungido era Belén. Así lo había anunciado el profeta: “Pero tú, Belén Efrata, aunque tan pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser dominador en Israel”.

De este modo, S. Mateo ve cumplido el oráculo de Miqueas en el nacimiento de Cristo en Belén. Jesús es el Mesías esperado desde hacía tantos siglos. Con su llegada quedaba colmada la esperanza de Israel.
También S. Juan, en su Evangelio corrobora que el Mesías procede de Belén. Por sus obras maravillosas, muchos reconocen en Jesús al Ungido, pero sus opositores piensan que ha nacido en Nazaret. Por eso presentan la objeción: “¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David, y de Belén, el pueblo de donde era David?” (Jn 7, 42). Los textos evangélicos aducidos nos permiten afirmar que el oráculo de Miqueas 5, 1-2 era aceptado comúnmente por los judíos en sentido mesiánico.

Según Miqueas, los orígenes del que nacerá “son antiguos”, “de días remotos”. El texto latino dice “días eternos” (a diebus aeternitatis). Algunos autores ven en esta expresión el origen eterno del Mesías, un anuncio de su divinidad, pero los Padres no son unánimes en esa interpretación.

Miqueas es contemporáneo de Isaías. Vivió bajo el reinado de Jotam, Ajaz y Ezequías. El profeta denuncia a Jerusalén su vida corrupta, los desórdenes y las aberraciones cultuales. La situación del reino de Judá se hacía cada vez más dramática, hasta que los asirios lo devastaron y llegó la deportación a Babilonia.

Pero sobre esta situación oscura y desgarrada, se alza como una aurora de esperanza el oráculo de “la que tiene que dar a luz”. Ella dará a luz al liberador que reunirá en un solo pueblo a todo el Israel disperso.
Cuando “dé a luz la que ha de dar a luz”, tendrá lugar el comienzo de la reunificación de Israel y la llegada de la paz. Tanto Isaías como Miqueas, hablan del Mesías como aquel que trae la paz. El primero lo presenta como el “Príncipe de la Paz” (Is 9, 6) y el segundo afirma que “Él será la Paz” (Miq 5, 4).

Además de referirse al anuncio del Ungido, las palabras de Miqueas nos presentan a su madre. El oráculo habla también de la “reina-madre” que dará a luz al “nuevo rey”. Dado que Isaías había escrito unos 25 años antes la profecía sobre el nacimiento del Emmanuel, “la virgen concebirá y dará a luz un hijo” (Is 7, 14), puede pensarse que este anuncio era comúnmente conocido por todos. De ahí, que Miqueas se refiera a la misma mujer del oráculo de Isaías hablando de ella simplemente como “la que ha de dar a luz”.

En el texto de Miqueas, al igual que en los otros pasajes veterotestamentarios que se refieren a María como son Gen 3, 15 e Is 7, 14, la madre es presentada en solitario con el hijo. No hay referencia alguna a un padre terreno del Mesías en ninguna de esas grandes profecías. La madre aparece siempre como madre-virgen. De este modo, la virginidad de la madre es el trasfondo luminoso en el que se realiza el anuncio del nacimiento del Mesías, para manifestar que éste procede sólo de Dios. En Él tiene lugar la nueva creación, la humanidad nueva, el comienzo de la salvación.

Génesis 3, 15

¨Establezco enemistad entre ti y la mujer...¨

P. Félix López, S.H.M.

virgen serpienteLos libros del Antiguo Testamento nos narran la historia de la salvación, en la que lentamente se prepara la venida de Cristo al mundo. Estos primeros documentos, leídos después por la Iglesia a la luz de la plena revelación en Cristo, nos hablan de la gura de María, la Madre del Señor. Si el Antiguo Testamento preanuncia a Cristo, encontramos también las referencias a la que siempre estuvo unida a Él: su Madre.

Inmediatamente después de la caída de Adán y Eva, Dios anuncia su plan de salvación y dice a la serpiente: “Establezco enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el calcañar” (Gen 3, 15). Parece que fue el teólogo protestante Lorenzo Rhetius quien utilizó por primera vez en 1638 el término “Protoevangelio” referido a este versículo bíblico, porque “es el primer Evangelio, esta buena noticia que alentó al género humano privado de la gracia de Dios”. Ante el pecado del hombre, la primera reacción de Dios no es la de castigar, sino la de anunciar la esperanza de la salvación.

Ante la “amistad” en el pecado que se ha creado entre Eva y la serpiente, es Dios el único que puede romper esa “amistad” estableciendo “enemistad”, ruptura con la serpiente. Es Dios quien realiza la salvación.Establezco” tiene el sentido de duración en el tiempo, es una acción que comienza ahora pero que se prolonga en el tiempo. La “enemistad” que Dios establece es radical, implacable, de las que no se satisfacen si no es con el derramamiento de sangre: “te aplastará la cabeza”.

La serpiente es símbolo del demonio. En muchos países cercanos a Israel, la serpiente era una divinidad pagana, y para los hebreos, los dioses paganos son demonios (cf. 1 Cor 10, 20).

¿A quién se reere el término “mujer”? Si bien es claro que literalmente se reere a Eva, se ciada, no se ha realizado en Eva. Se reere por tanto a María, en quien encuentra su sentido pleno como Nueva Eva asociada al Nuevo Adán, Cristo.

¿Qué decir del “linaje” de la serpiente y el “linaje” de la mujer? Aunque a primera vista pudiera parecer que “linaje” (zera’) tiene un sentido colectivo, debe entenderse en sentido individual. Es el linaje de la mujer, una sola persona, quien aplasta la cabeza de una serpiente: es claro que el linaje de la “mujer” es Cristo.

En María se realiza plenamente esa “enemistad” que Dios ha establecido entre la serpiente y la mujer. Por una parte, Ella es aliada perfecta de Dios y enemiga del demonio. María ha sido preservada de todo dominio del pecado sobre Ella gracias a su concepción inmaculada, ha sido plasmada por la gracia del Espíritu Santo en el salvíca de su Hijo, y ha participado unida a Cristo en la lucha contra el espíritu del mal.

Afirma Juan Pablo II: “Los títulos de Inmaculada Concepción y de Cooperadora del Redentor, atribuidos por la fe de la Iglesia a María para proclamar su belleza espiritual y su participación íntima a la obra admirable de la redención, maniestan la oposición irreductible entre la serpiente y la Nueva Eva (Catequesis, 24-1-96).

Si el misterio del primer pecado es un misterio de desobediencia a Dios, la redención del mundo se ha realizado en la obediencia. Cristo, se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz, y asociada a Él contemplamos a la humilde esclava del Señor, que pronunció su Fiat y se entregó con total delidad a los designios de Dios sobre Ella. El nudo atado por Eva, ha sido desatado por la obediencia de María.

pecado original