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Entrevista al P. Christopher Harrington

Imprimir Categoría: Entrevistas Lunes, 24 Marzo 2003

El P.Christopher Harrington de Brea, es sacerdote de la diócesis de Cork (Irlanda). Actualmente trabaja en Ecuador, en la archdiócesis de Puerto Viejo, en la Parroquia de S.Patricio de Manta.

¿Cuántos años lleva en Ecuador?Tres años. El 13 de Marzo de 1999 llegué a Manta.

¿Cuándo se ordenó?
Me ordenaron el año 1986, tenía 23 años, por lo que tuve que pedir dispensa a Roma ya que era demasiado joven. Y a las seis semanas ya estaba camino de Perú. Allí trabajé cuatro años, del ‘86 al ‘90. Más tarde regresé y estuve en una parroquia en Cork, en Irlanda, que se llamaba Vallincolig. Después estuve de capellán seis meses en un hospital de esta ciudad y de allí me fui a Ecuador.

¿Sintió la vocación sacerdotal unida a la vocación misionera?
Creo que sí. Primeramente me iba a ir con los Franciscanos, porque yo estaba en la Legión de María y el capellán era Franciscano, pero el obispo actual de Cork, que era el rector del seminario menor donde yo estaba, me dijo: “¿Por qué no te vas al seminario que está en Maynooth y te haces sacerdote para la diócesis?”. Yo tenía diez y seis años entonces y me decía: “Bueno, tú sabes hablar español porque tu madre es española, entonces puedes ir a trabajar a Latinoamérica”.

Una de mis tías había sido religiosa en Venezuela muchos años. Cuando yo tenía diez años fuimos a visitarla y me acuerdo que todo me fascinó. Lo de Latinoamérica para mí nunca ha sido algo extraño. Cuando fui lo que me resultó curioso es que no me resultó nada costoso adaptarme a las costumbres. Me siento muy en mi hogar, muy tranquilo, nada me parece raro.

¿Le gusta trabajar como misionero?
Me gusta mucho trabajar en Latinoamérica. El Señor me ha concedido esta gracia de trabajar aquí. Yo siempre lo he considerado una bendición enorme, algo que el Señor mismo me está dando como un regalo.

P. Christopher, ¿cómo es el lugar donde trabaja?
Tenemos una parroquia en las afueras de la ciudad de Manta. Un lugar donde vinieron a vivir a partir de los años 60 personas del campo, porque la vida rural en Ecuador es sumamente difícil, los campesinos tienen que trabajar muy duramente porque los dueños de las haciendas se aprovechan mucho de ellos. Por lo tanto han tenido que venirse a vivir a la ciudad tratando de buscar una vida más digna y también una educación mejor para sus hijos, aunque muchas veces no lo han encontrado en la ciudad y se les ha empeorado la situación.

¿Cómo es su parroquia?
Es una parroquia que ha crecido muchísimo. Estimo que tiene una población de 55.000 fieles.

La atendemos dos sacerdotes y también las hermanas del Sagrado Costado ayudan en lo que pueden, en un centro de formación que tienen para las mujeres. Esta es una oportunidad de dignificar sus vidas con el trabajo y para que no tengan la tentación de caer en otras cosas.

¿Con qué problemas se encuentra a la hora de evangelizar?
Es muy difícil. Casi la población entera de Latinoamérica es católica, pero ahora nos vemos asediados por un problema muy grave que son las sectas protestantes, apoyadas con dinero enviado por sectas en Norteamérica. Su objetivo es captar nuevos miembros para lo cual están causando una división terrible y están apartando a muchas personas de la Iglesia. Este es uno de los problemas más graves.

Además y tristemente, también en los años 70, en la Iglesia Católica, después del Concilio hubo un movimiento en el que algunos religiosos y religiosas, pero especialmente los sacerdotes, pensaban que la mejor forma de ayudar a las personas era con las obras sociales. Estas son muy importantes, y no podemos dejar de hacerlas, pero lo primero para nosotros debería ser la evangelización. Debido a ésto, muchas personas se van con los protestantes, porque ellos ofrecen vida espiritual.

Nosotros tenemos que recapacitar y tratar de ofrecer lo que podemos ofrecer, que es todo. Podemos ofrecer a Jesucristo sacramentado, la Santísima Eucaristía, el amor a la Virgen Santísima Nuestra Madre, y toda la riqueza de la Iglesia Católica desde hace 2.000 años.

Eso es parte de lo que estamos tratando de hacer, pero dos sacerdotes con 55.000 habitantes y aun teniendo muchos fieles que ya están muy bien formados y con muy buena voluntad, es muy, muy difícil.

¿Cómo es la fe de los ecuatorianos?
La provincia de Manaví durante cincuenta años no ha tenido sacerdotes. Una vez al año venía uno de Quito, bautizaba y se iba otra vez. La fe se ha mantenido gracias al rezo del santo Rosario. Hasta el día de hoy muchas de las ancianitas que no saben leer ni escribir, siguen recordando muchas oraciones aprendidas de sus abuelitas, de sus mamás.

Realmente tienen muchas ansias de saber más de Dios, de conocer más de Dios y de la Virgen Santísima.

¿Hay muchos sacerdotes?
En una archidiócesis con millón y medio de habitantes hay ciento cinco sacerdotes, de ellos solamente hay treinta sacerdotes que son oriundos de Manaví. Los otros setenta y cinco son europeos: de España, Irlanda, Francia, Yugoslavia, hay algunos polacos, austriacos y algunos alemanes. La mayoría de ellos son ancianos, y muchos tienen que regresar a su país para trabajar allí.

P. Christopher, si le dijeran que en Europa no hay muchas vocaciones y que no hay sacerdotes para ir a misiones, ¿qué diría?
Lo que les diría es que cuando el Papa Juan XXIII hizo el llamamiento a todas las diócesis de Europa, allá por los años 60, para que fueran a ayudar a las diócesis de Latinoamérica, por esos tiempos había más sacerdotes en Europa. Pero había varias diócesis en las que no era así, por ejemplo en Inglaterra, a donde llegaban procedentes de Irlanda. El Cardenal de la diócesis de Westmingster le dijo: “no tengo bastantes aquí, ¿cómo puedo mandar allá?”. El Papa Juan XXIII le respondió: “ahí es donde van a ganar méritos, méritos espirituales. La viuda del Evangelio, dio de lo poco que tenía, pero el premio que recibió fue mucho más grande”.

Cuando no podemos, no tenemos y tratamos de hacer algo por la Iglesia ganamos más mérito, porque si tenemos de sobra y mandamos de lo que nos sobra, eso no tiene mérito, pero si tenemos dificultad en hacer algo y lo hacemos por Cristo y su Santa Iglesia, ahí es donde está el valor ¿no?

¿Cómo están los seminarios allí?
Bueno, el único que conozco yo es el de Puertoviejo. El Arzobispo actual ha trabajado muchísimo para establecerlo. No había nada cuando él llegó en el año 90, él buscó el dinero para construir el seminario actual, buscó sacerdotes en Jaén (España). Hay como sesenta muchachos. En los últimos diez años ha habido como 22 ó 23 ordenaciones, aunque no es mucho para la población que se tiene. Hay que orar mucho por los seminarios.

¿Hay problema en cuanto al aborto en Ecuador?
En Ecuador, y en concreto en Manaví, no hay problema de natalidad. Allí los niños, por lo general, son aceptados porque la gente no está tan atada por las cadenas del egoísmo como en Europa. Allí los niños no se ven como una carga pesada sino como una bendición.

Niños hay muchos, gracias a Dios.

Pero actualmente hay una campaña para animar a la gente a usar la planificación familiar.

¿Cómo es el horario de un día normal en su parroquia?
No hay días normales.

El horario normal es de 8 de la mañana a 8 de la mañana.

El día allí no está tan estructurado como pueda estarlo en Europa. Pero ahí radica su belleza. Es todo muy espontáneo.

Uno puede tener todo el día preparado y vienen cuatro personas a buscar al sacerdote para dar los Santos Óleos a los enfermos, o para ir a casar a dos viejitos que no están casados y están moribundos, o para un bautizo de emergencia y traen al niño recién nacido muy enfermo y lo más curioso es que el “bebito” la mayoría de las veces sana… Pasan cosas así.

¿Cuánta gente asiste a una misa de domingo?
Tenemos solamente cuatro misas los domingos y una el sábado por la noche. Se puede decir que la mayoría de esas misas se llenan. Pero hay mucho por hacer, porque la gente al haber carecido de sacerdote durante tantos años ha perdido la costumbre de la Misa dominical.

¿Cómo planifican la catequesis?
Tenemos lo que se llama “catequesis familiar”. En ella se trata de involucrar a los padres de familia, sobre todo por dos razones: primero, porque es bueno que los padres participen en la enseñanza religiosa de sus hijos. Y en segundo lugar, porque muchos de ellos no están casados por la Iglesia, y así, atrayéndolos a la catequesis familiar se les forma un poco y cabe la esperanza de que regularicen su situación, cosa que hacen muchos.

¿Cuántos catequistas tienen?
En el centro, en San Patricio, hay como unos setenta. Pero en la parroquia entera son como doscientos treinta catequistas.

¿Qué cree que es lo más necesario en su parroquia?
Hay mucho que hacer. Creo que lo que más falta hace es espiritualidad, sobre todo, a la juventud. Los jóvenes mismos dicen que quieren oir hablar de Dios.

¿Hay muchos jóvenes en su parroquia?
Sí, más de la mitad de los habitantes son jóvenes. El 50 ó 60% tienen de veinte años para abajo.

¿Cuál es el choque más fuerte que encuentra cuando vuelve a Europa?
El egoísmo y la indiferencia. Especialmente esto último. Yo recuerdo el ambiente católico que cuando era niño veía en España, y también en Irlanda. Había un ambiente realmente católico. Pero todo eso se ha abandonado en muy pocos años. Especialmente los jóvenes viven una vida muy triste, vacía por la indiferencia y el egoísmo. Todo se reduce a acaparar, a comprar y poco más, además, no van a Misa, no practican su fe.

Recuerdo que mi abuela lloraba y decía: “nosotros estábamos dispuestos a morir por la fe y ustedes ahora la abandonan por nada”. Ella no lo comprendía. Murió triste, porque de casi cuarenta nietos, la inmensa mayoría no practican la fe.

¿Qué nos podría decir desde su punto de vista de misionero?
Que es el tiempo de ayudar, especialmente a Latinoamérica.

Ecuador es un país católico desde hace quinientos años. Lo que hace falta allí es mucha ayuda vocacional, sacerdotes y religiosas que ayuden a la formación espiritual.

Donde hay sacerdotes, donde se celebra la Misa, donde se realiza la catequesis, hay menos posibilidad de que entren las sectas para tratar de llevarse las almas al error.

Yo me siento honrado de poder decir que trabajo en Latinoamérica, primeramente en Perú, y ahora en Ecuador, porque es una experiencia muy positiva. He conocido a Dios muy de cerca y a la Virgen Santísima. Puedo decir que Ella es realmente la Reina de Latinoamérica, allí le tienen un amor especial a la Virgen, y Ella, creo que está llamándonos a todos para que hagamos algo.

© Revista HM º111 - Marzo/Abril 2003