Discurso del Papa a los jóvenes suizos
«Steh auf! Lève-toi! Alzati! Sto se!» Levántate (Lucas 7, 14). ¡ Esta palabra del Señor dirigida al joven de Naím resuena hoy con fuerza en nuestra asamblea y se dirige a vosotros, queridos jóvenes amigos, chicas y chicos católicos de Suiza! El Papa ha venido desde Roma para volver a escucharla junto a vosotros de los labios de Cristo y para hacerle eco. Os saludo a todos con afecto, queridísimos amigos, y os doy las gracias por vuestra cálida acogida. Saludo también a vuestros obispos, a los sacerdotes religiosos y animadores que os acompañan en vuestro camino. Dirijo un saludo particular con deferencia al señor presidente de la Conferencia Helvética Joseph Deiss; al pastor Samuel Lutz, presidente del Consejo Sinodal de las Iglesias Reformadas de Berna-Jura-Soleure y a vuestros amigos de otras confesiones que han querido participar en este acontecimiento. El Evangelio de Lucas narra un encuentro: por una parte aparece el apesadumbrado cortejo que acompaña al cementerio al joven hijo de una madre viuda; por otra, el grupo festivo de los discípulos que siguen a Jesús y le escuchan. También hoy, queridos jóvenes, es posible formar parte de ese triste cortejo que avanza por la calle del pueblo de Naím. Esto sucede si os dejáis llevar por la desesperación, si los espejismos de la sociedad de consumo os seducen y os distraen de la verdadera alegría para devoraros en placeres pasajeros, si la indiferencia y la superficialidad os rodean, si ante el mal y el sufrimiento dudáis de la presencia de Dios y de su amor por cada persona, si buscáis en la deriva de una afectividad desordenada la respuesta a la sed interior de amor verdadero y puro. Precisamente en estos momentos Cristo se acerca a cada uno de vosotros y, como el muchacho de Naím, dirige la palabra que sacude y despierta: «Levántate». «¡Acepta la invitación que te vuelve a poner de pie!». No se trata de meras palabras: el mismo Jesús está ante vosotros, el Verbo de Dios hecho carne. Él es la «luz verdadera que ilumina a todo hombre» (Juan 1, 9), la verdad que nos hace libres (Cf. Juan 14, 6), la vida que nos da en abundancia el Padre (Cf. Juan 10, 10). El cristianismo no es un simple libro de cultura o una ideología, tampoco es un mero sistema de valores o de principios, por más elevados que sean. El cristianismo es una persona, una presencia, un rostro: Jesús, que da sentido y plenitud a la vida del hombre. Pues bien, yo os digo a vosotros, queridos jóvenes: no tengáis miedo de encontraros con Jesús. Es más, buscadle en la lectura atenta y disponible de la Sagrada Escritura, en la oración personal y comunitaria; buscadle en la participación activa en la Eucaristía; buscadle al encontraros con un sacerdote en el sacramento de la Reconciliación; buscadlo en la Iglesia, que se os manifiesta en los grupos parroquiales, en los movimientos y en las asociaciones; buscadlo en el rostro del hermano que sufre, que tiene necesidad o que es extranjero. Esta búsqueda caracteriza la existencia de muchos jóvenes de vuestra edad en camino hacia la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Colonia en verano del año próximo. Ya desde ahora os invito también a vosotros a esta gran cita de fe y de testimonio. Como vosotros, yo también tuve veinte años. Me gustaba el deporte, esquiar, hacer teatro. Estudiaba y trabajaba. Tenía deseos y preocupaciones. En aquellos años que ya son lejanos, en tiempos en los que mi tierra natal estaba herida por la guerra y después por el régimen totalitario, buscaba el sentido que debía dar a mi vida. Lo encontré en el seguimiento del Señor Jesús. La juventud es el momento en el que también tú, querido muchacho, querida muchacha, te preguntas qué tienes que hacer con tu vida, cómo puedes contribuir a hacer un mundo algo mejor, cómo promover la justicia y construir la paz. Esta es la segunda invitación que te dirijo: «¡Escucha!». No te canses de entrenarte en la difícil disciplina de la escucha. Escucha la voz del Señor que te habla a través de acontecimientos de la vida cotidiana, a través de las alegrías y sufrimientos que la acompañan, a través de las personas que están a tu lado, a través de la voz de la conciencia sedienta de verdad, de felicidad, de bondad y belleza. Si sabes abrir el corazón y la mente con disponibilidad, descubrirás «tu vocación», es decir, ese proyecto que Dios, en su amor, ha pensado desde siempre para ti. Y podrás construir una familia, fundada sobre el matrimonio como pacto de amor entre un hombre y una mujer que se comprometen en una comunión de vida estable y fiel. Podrás afirmar con tu testimonio personal que, a pesar de todas las dificultades y obstáculos, es posible vivir en plenitud el matrimonio cristiano como experiencia llena de sentido y como «buena noticia» para todas las familias. Si es tu llamada, podrás ser sacerdote, religioso o religiosa, entregando tu vida a Cristo y a la Iglesia con un corazón sin divisiones y convirtiéndote de este modo en signo de la presencia amorosa de Dios en el mundo de hoy. Podrás ser, al igual que lo han sido otros muchos antes que tú, apóstol intrépido e incansable, vigilante en la oración, alegre y acogedor en el servicio de la comunidad.  Sí, ¡también tú podrías ser uno de éstos! Sé bien que ante una propuesta así experimentas dudas. Pero te digo: ¡No tengas miedo! ¡Dios no se deja vencer en generosidad! Después de casi sesenta años de sacerdocio, estoy contento de ofrecer aquí, ante todos vosotros, mi testimonio: ¡es bello poder entregarse hasta el final por la causa del Reino de Dios! Tengo, además, una tercera invitación: joven de Suiza, «¡Ponte en camino!». No te contentes con discutir; no esperes ocasiones que quizá no lleguen nunca para hacer el bien. ¡Ha llegado la hora de la acción! A inicios de este tercer milenio, también vosotros, jóvenes, estáis llamados a proclamar el mensaje del Evangelio con el testimonio de la vida. La Iglesia tiene necesidad de vuestras energías, de vuestro entusiasmo, de vuestros ideales juveniles para hacer que el Evangelio penetre en el tejido de la sociedad y suscite una civilización de justicia auténtica y de amor sin discriminaciones. En estos momentos más que nunca, en un mundo al que con frecuencia le falta luz y la valentía de nobles ideales, no es hora de avergonzarse del Evangelio (Cf. Romanos 1, 16). Ha llegado más bien la hora de salir a predicarlo desde los tejados (Cf. Mateos 10, 27). El Papa, vuestros obispos, la comunidad cristiana entera cuentan con vuestro compromiso, con vuestra generosidad y os siguen con confianza y esperanza: jóvenes de Suiza, ¡poneos en marcha! El Señor camina con vosotros. Llevad en la mano la Cruz de Cristo; en los labios, las palabras de la Vida. ¡En el corazón, la gracia salvífica del Señor resucitado! « Steh auf! Lève-toi! Alzati! Sto se!» ¡Levántate! Es Cristo quien te habla. ¡Escúchalo!
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Después de 40 años
Por Hna Inmaculada Doncel, S.H.M. Chone (Ecuador)
Prácticamente recién llegadas a Chone (Ecuador), las Siervas del Hogar de la Madre tuvieron la oportunidad de ayudar para que la procesión del Corpus Christi se volviese a celebrar en aquellas tierras en las que desde hacía 40 años el Señor no salía por las calles.
Llevábamos apenas dos meses en Chone (Ecuador). Todo era nuevo para nosotras. Todos los días aprendíamos algo más. Estábamos impresionadas de cómo se trabajaba. Asistíamos a las reuniones donde se iban programando, preparando y evaluando las diferentes actividades que en la parroquia se realizaban. - “El próximo mes es la festividad del Corpus”. - “¿Va a haber procesión?”, preguntamos nosotras. - “¿Procesión? No, la procesión es el mes que viene con el Señor de la Buena Esperanza”. - “Ya, pero nosotras decimos procesión con el Santísimo”. - “No. ¿Y qué es eso, hermanita?”. - “Pues, este día el mismo Jesús en la Eucaristía sale por las calles de la ciudad bendiciéndonos a todos”.  Entonces alguien recordó que antes sí se hacía. El P. Ibáñez, aquel padrecito español... Sí, hacía cuarenta años que Chone no veía pasar a Jesús en la Eucaristía por sus calles. La gente nos preguntaba, se entusiasmaba con la idea. El P. Alberto, colombiano, que también le encantaba celebrar esta fiesta del Corpus con procesión, comenzó a animar a muchos catequistas y amigos de la parroquia. En pocos días era un buen grupo el que estaba ilusionado. Lo consultamos con el párroco, le pareció excelente idea y nos decidimos a tener procesión, pero... “Hace falta un paño de hombros... No tenemos palio... Muchos desconocen esta festividad... ¡Sólo quedan tres semanas!”. Nos pusimos manos a la obra. Había poco tiempo pero el Señor se merecía unas cuantas carreras y sofocos. Fuimos a por la tela para confeccionar el paño de hombros y el palio. Diseñamos los dibujos. Unas señoras se ofrecieron a bordarlos, otra a montarlo, otras a aportar dinero para los gastos. Encargamos las maderas para las barras del palio. Fueron días de mucha tensión pero de grandes “regalos”: la entrega y generosidad de muchas personas que ofrecieron su tiempo, su trabajo, su dinero y su oración para honrar al Señor. ¡ Dios mío, en qué lío nos has metido! Nosotras estábamos acostumbradas a participar en las procesiones del Corpus de pueblecitos, con diez o veinte niños de Comunión, con la tradición y experiencia de muchos años. Aquí había que organizarla, y no eran veinte niños, ni ochenta... eran cientos de niños sólo de Primera Comunión.  Nos recorrimos distintos grupos de catequesis para explicar lo que celebrábamos y lo que se iba a hacer. Los catequistas colaboraron mucho, entusiasmaron a los niños. Todos los que pudieran, iban a ir vestidos de blanco. Se buscaron flores, pétalos, para lanzar a la custodia. Algunos catequistas y laicos de la parroquia se “patearon” las calles del recorrido de la procesión, para hablar con los vecinos y animarles a decorar las calles. Fue toda una labor de evangelización. La tarde anterior a la procesión estuvimos montando el palio en casa de una bienhechora: corta, cose, pega los flecos dorados, el cordón, las cintas... Era de noche cuando llegamos a casa. En el camino íbamos viendo cómo la gente preparaba las guirnaldas, los globos, para adornar las calles, barrían y limpiaban las aceras y la carretera. ¡Qué bonito! ¡Todo esto es para Ti, mi Jesús! Al día siguiente, tempranito, llegó el paño de hombros. Amanecimos sin luz, por tanto sin megafonía. Todo eran carreras, nervios. Parecía que todo salía mal. “Hermanas, esto va a ser un desastre. No va a venir nadie, ya verán”, nos decían una hora antes de la Misa. Y nosotras, mirando al Cielo decíamos: “Señor, Tú sabrás; es por Ti y para Ti. Pero si quieres esta humillación para nosotras, pues ¡bendito seas! Que todo sea para tu gloria”. Sólo podíamos confiar. Entramos en la Iglesia. Comenzó a llegar gente, y gente, y la Iglesia se llenó. Se conectaron unos micrófonos a la batería del coche y celebramos la Misa. Terminada, el P. Alberto salió con la custodia bajo palio, llevado por jóvenes. Delante abrían camino otros con la cruz, las velas, el incienso, y un reclinatorio para arrodillarse en cada uno de los seis altares que se habían preparado.  El P. Claudio montó los altavoces en el coche y la hna. Rosi con la guitarra y otros catequistas animaron la procesión con cantos, actos de fe, de adoración, de amor, de esperanza, vivas a Jesús en la Eucaristía... Los niños cantaban las canciones que en esos días habíamos estado ensayando: “Jesús, ven a mi morada”, “Tan cerca de mí”... La hna. María hizo de reportera gráfica con una cámara que nos habían prestado. Y la hna. Estela y yo intentábamos organizar un poco la procesión. No había mucho orden, pero ¡qué más daba! Lo importante es que todos acompañáramos con todo nuestro cariño al Señor por las calles de Chone. Estábamos felices. Las calles, los altares, todo estaba precioso. Y lo más precioso era ver el milagro que Dios estaba haciendo en el corazón de cada uno de nosotros. Nuestro amor y nuestra fe en Jesús Eucaristía había crecido. Nadie esperaba una respuesta así. Hubo obstáculos para que perdiéramos la fe y la paciencia, pero Dios lo hizo brillar todo. A veces nos preguntamos cómo podemos cumplir nuestra primera misión: “La defensa de la Eucaristía”. Ésta fue una inesperada y hermosa manera de cumplirla.
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Cómo conocí el Hogar - Félix López Lozano
1982- 16 años 2004- 38 años
El año 1982 yo estudiaba 3° de BUP en el I.N.B. “El Greco” de Toledo. Tenía 16 años. Un compañero de clase, Rafa Samino, que había estado ya en los campamentos de verano que organizaba el P. Rafael, me invitó a ir al campamento de aquel año que se celebró en Valle de Cabuérniga, Cantabria, en la segunda quincena de julio. En el silencio de aquellas montañas, Dios me estaba esperando. En los ratos de oración solitaria que teníamos, tuve mis primeras experiencias de encuentro personal con Dios. Descubrir un Dios vivo, realmente cercano, que me conocía hasta el fondo de mi ser y me amaba, cambió por completo mi vida cristiana, casi inexistente y superficial hasta entonces. Como colofón de aquella experiencia, fuimos cuatro días a Lourdes, y allí la Virgen comenzó a ganar mi corazón con su cariño materno.  Algo que me atrajo mucho del Hogar, fue la alegría. Los ambientes de Iglesia que hasta entonces había tratado, me resultaban muy aburridos. Quizá era mi propio egoísmo el que me cerraba la puerta a una alegría profunda, y al abrir mi corazón a Dios, me hice capaz de experimentar el gozo verdadero. Pero creo que en el Hogar encontré una alegría especial por el gran amor a la que es “Causa de nuestra alegría”. Tras el campamento, Rafa Samino me invitó a ir a casa del P. Rafael un día de septiembre para tomar café. Fue el primer encuentro con quien, en el transcurso de los años, iba a unir mi vida en el cumplimiento de unas mismas misiones. En aquel verano del año 82, las chicas habían dado comienzo a la rama femenina del Hogar de la Madre de la Juventud. Durante el curso siguiente nos reuníamos todos los sábados para los círculos de estudio, donde el P. Rafael nos enseñó a reflexionar y nos fue dando criterios sólidos que clarificaban nuestras dudas de fe y nuestras dificultades. Terminábamos siempre con la Misa en honor de la Virgen. El ambiente del grupo era muy bueno. Una gran alegría, un gran entusiasmo apostólico, una sana relación entre chicos y chicas, y por encima de todo, un amor inmenso a la Virgen que nos daba fuerzas para todo.  En 1983, año Santo de la Redención, el 27 de diciembre, un grupo de siete chicos junto con el P. Rafael, hacíamos nuestros compromisos ante la tumba de S. Pedro dando origen al Hogar de la Madre de la Juventud en su rama masculina. Queríamos manifestar nuestra adhesión a la Iglesia y al sucesor de S. Pedro, fundamento visible de unidad. Durante los años de universidad en Madrid (1983-88), mantenía fielmente mi vida espiritual, compaginándola con los estudios de Farmacia y pidiendo a Dios luz para conocer su Voluntad sobre mí. Estando en el tercer curso, vi claro que Dios me llamaba a ser sacerdote y a vivir mi sacerdocio cumpliendo las misiones del Hogar. Para mí, ser sacerdote, era ser Siervo del Hogar, aunque en aquel momento no existía la forma de vida a la que yo me sentía llamado. Al terminar el quinto curso, entré al seminario de Toledo para avanzar mis estudios y esperar a otros jóvenes que sintiesen la misma llamada. En este momento sabíamos qué queríamos hacer, pero no sabíamos la forma concreta, el camino a seguir.  En 1990, el P. Rafael comprendió que debíamos ir a Burgos para continuar los estudios teológicos y comenzar la comunidad. En 1993 fui ordenado sacerdote por D. José Guerra Campos, obispo de Cuenca, hacia quien guardo un cariño inmenso por la bondad y comprensión con que siempre me trató. En 1994, los Siervos del Hogar de la Madre fueron erigidos canónicamente en la diócesis de Cuenca, España. Desde entonces, vivo con mis hermanos en una vida de servicio a Dios, en una tarea por cumplir las misiones recibidas con las que cada vez estoy más identificado. Me asombra la paciencia y la misericordia de Dios en mi vida. Le doy gracias por haberme elegido para ser Siervo y sacerdote. Sólo pido crecer en fidelidad cada día al amor de Aquel que me amó y me llamó.
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Entrevista al Dr. José Luis Pérez López
¿A qué se dedica? Soy médico neurólogo en el Hospital Sierrallana de Torrelavega (Cantabria). Está casado, ¿cuántos hijos tiene? Mi mujer, Carmen, y yo tenemos cuatro hijos, la mayor chica y los siguientes, chicos. ¿ Qué criterio siguió a la hora de afrontar su matrimonio? En esto, creo que todo el mérito ha sido de Dios que me ha dado a la mujer que yo necesitaba. Si en esto no me he equivocado ha sido porque Dios no ha querido. Digo esto porque el enamoramiento no suele tener muy en cuenta lo que más o menos conviene, y hay que pedir a Dios que nos enamoremos de la mujer que nos conviene. Espero que se me entienda. Esto es compatible con buscar una mujer cristiana, sencilla, sobria, etc. ,es decir, lo más virtuosa posible. ¿ Cuál es la clave de su estabilidad matrimonial? Supongo que la gracia de Dios recibida en el sacramento del matrimonio. Luego la madurez humana que teníamos los dos cuando nos casamos, el que nos queremos. Yo intuía, cuando me casé, lo que valía mi mujer, pero a medida que pasan los años voy descubriendo en ella cada vez más valores, y cada vez la quiero más. Y habiendo cariño hay estabilidad, todo lo demás se soluciona. ¿ Es fundamental que los dos piensen de la misma forma? Creo que es fundamental que piensen lo mismo en temas fundamentales, como son la aceptación generosa de los hijos que Dios les dé, el rechazo radical a métodos anticonceptivos, la educación en la fe de los hijos... En lo demás no importa que haya diversidad, y además suele haberla, ya que los esposos nos complementamos humanamente, buscamos en el cónyuge lo que nos falta a nosotros aunque sea de una manera instintiva. La mujer ¿tiene un papel decisivo en la familia? ¿por qué? La verdad es que el papel de la mujer en la familia es decisivo, pero no sé si más o menos que el del hombre. Quizás la mujer con su peculiar espíritu de sacrificio, de valentía, muy superiores a los del hombre, decida más a la postre en la familia. Su mujer está trabajando, ¿cómo se compatibiliza el trabajo de los dos con la vida de familia? Mi mujer trabaja a turnos y mi horario es de mañanas, de modo que prácticamente siempre que ella no está en casa, lo estoy yo. Ha sido muy excepcional que nuestros hijos hayan estado solos con la asistenta que nos ayuda. Esto ha sido una gran suerte y muy conveniente para la educación de los niños. Ni que decir tiene que esto supone el compartir las labores de casa, cosa que no siempre consigo hacer como debería. Siempre mi mujer me gana en abnegación y capacidad de trabajo. Es padre de familia numerosa, ¿qué supone para usted? Lo primero que quiero decir es que somos todo lo numerosa que Dios ha querido, ni más ni menos. Eso supone para mí una gran alegría, ya que cada hijo es una muestra de la confianza que Dios tiene en nosotros. Esto, tan bonito, como tantas otras cosas, lo he aprendido de San José María Escrivá, fundador del Opus Dei. También supone una gran responsabilidad, ya que nos toca corresponder educándolos lo mejor posible en lo humano y en lo espiritual y eso supone esforzarse, estar muy atento a muchísimas cosas, sobre todo darles ejemplo de lo que supone ser cristiano en el mundo que nos ha tocado vivir. Pero, en resumen, el ser padre de familia numerosa es una fuente constante de satisfacciones y alegrías, que, no sólo son compatibles, sino que están directamente relacionadas con las privaciones, esfuerzos, contrariedades que, sacarla adelante, pueda suponer.  ¿ Tiene el padre un papel específico en la familia? Supongo que sí. El papel del padre complementa al de la madre y viceversa. Los dos son necesarios para el correcto desarrollo humano psicológico de los hijos. Hoy día comparte con la madre el traer recursos económicos a casa, pero siempre hay facetas específicas del padre o de la madre derivadas de su psicología. Es muy variable en cada caso, cada familia es un mundo. En la educación de los hijos, ¿cuáles son sus prioridades? La primera es la transmisión de la fe, que reciban los sacramentos a su tiempo, la formación adecuada a su edad, que asistan a colegios con garantías de ortodoxia en lo doctrinal-religioso. Y después de esto que reciban una formación humana lo más completa posible. Es decir, que consideraría un fracaso el que un hijo mío no se enterara en esta vida de que es hijo de Dios y de que estamos llamados a vivir vida eterna tras la muerte, aunque en el terreno humano llegara a ser premio Nobel de cualquier disciplina. ¿ Qué dificultades encuentra actualmente la familia? Quizás la primera es la mentalidad anticonceptiva y antinatalista que se ha impuesto por tantos motivos que no es el caso detallar ahora. Esto está destruyendo el amor de los esposos y detrás va la destrucción de la familia. Otras dificultades derivan del ambiente consumista, materialista, ateo que se respira. No hay que olvidar otros factores más inmediatos como son la ausencia de políticas de ayuda a la familia en vivienda, educación, economía, etc. ¿ Cómo defiende a sus hijos de los criterios mundanos? Hemos tenido mucho cuidado desde que nos casamos en que en nuestra casa no estuviera abierta la ventana de la televisión, mis hijos ven muy poca televisión, y la que ven, procuramos que sea sana en criterios morales. Esto supone estar atento. Los hijos lo entienden y lo viven con toda naturalidad apagando la TV en cuanto algo que se dice o se ve desentona del ambiente humano o espiritual que se respira en casa. Lo mismo hay que decir de las revistas y periódicos. Yo censuro sin complejos el periódico o los suplementos de prensa en cuanto publican algo en contra de la fe y de la moral. Los padres somos responsables de que no entre basura en nuestro nido. Bastante basura tienen que soportar fuera de casa. También hay que procurar dar criterio y razón del porqué de estas actuaciones, de modo que los hijos vayan formando un criterio recto para saber elegir por sí mismos lo mejor. ¿ Es difícil la educación de la juventud? La educación de la juventud en la familia cristiana, que cuenta con la ayuda de Dios y los medios sobrenaturales, yo diría que no es difícil. Aunque el formarse como personas y como cristianos adultos supone esfuerzo de tiempo, de dinero, etc. Y esta es la primera condición para educar a la juventud: que los adultos que les rodeamos les sirvamos de modelo. Después está el que haya colegios y centros de tiempo libre que secunden la labor de los padres fuera de casa. En su trabajo como neurólogo ¿puede ayudar a las personas no sólo en su enfermedad sino de alguna otra manera? Como médico creo que ayudo humanamente a mis pacientes derrochando todo el cariño que puedo en mi relación con ellos, creo que forma parte de mi vocación médica, aunque, por desgracia, sea algo que se está descuidando actualmente. Veo que los médicos jóvenes están contaminados de tecnicismo y deshumanización, como consecuencia del ambiente general. También pueden surgir oportunidades de sugerir a una familia o a un paciente que se atienda espiritualmente a un enfermo moribundo, ofreciéndole la atención del sacerdote del hospital. En otras ocasiones llego a hacer amistad con el enfermo y la familia y se amplían las posibilidades de ayuda en conversaciones personales.  ¿ En qué consiste su apostolado? Como cristiano corriente, consiste en procurar ser un buen profesional y un buen cristiano a la vez, sin ocultar mis creencias en ningún momento. Luego, procuro tener la fomación doctrinal necesaria para dar razón de mi fe y doctrina en conversaciones personales con mis compañeros y amigos. ¿ Ha tenido algún problema a nivel de trabajo por ser católico? Pues sí. Recuerdo el hecho de que un director del hospital impidiera el que se me becara para un máster de bioética debido a mi pertenencia al Opus Dei, es decir, a mi condición de católico responsable. Trató de que fuera becado otro médico con menos méritos que yo, pero ante mi protesta y denuncia del hecho ante el hospital, prefirió anular la beca a que fuera yo el que la disfrutara. El hospital se quedó sin máster en bioética. También he tenido que escuchar comentarios de compañeros diciendo que yo no era la persona adecuada para presidir la comisión de bioética por el mismo motivo. ¿ Siempre ha pensado así desde el punto de vista religioso? Sí. He nacido, gracias a Dios, en una familia católica, muy piadosa. He mamado en mi casa la fe, y, cuando la mayoría de mis compañeros eran arrastrados por el vendaval que asoló la Iglesia en los años setenta, Dios me puso en contacto con el Opus Dei, y allí encontré el refugio y la formación para conservar y acrecentar la fe. ¿ Puede contarnos qué importancia ha tenido la educación que ha recibido? Pues, como he dicho, me siento un afortunado, un mimado del Señor y de su Madre. Podría estar perdido y, gracias a Dios, conservo la fe y me han enseñado a tratar personalmente a Dios, cosa que es lo más grande que se puede tener en este mundo. Usted trabaja en la Asociación Pro-Vida de Cantabria, ¿en qué consiste este trabajo? En procurar contrarrestar la cultura de la muerte, difundiendo ideas sanas respecto a la vida de todas las maneras que tengamos al alcance. Luego, en la medida que se puede, se ayuda materialmente a madres o a chicas embarazadas con problemas. ¿ Por qué se decidió a trabajar en favor de la vida? Me invitó un amigo de la Asociación y me pareció conveniente y necesario el hacer lo que pudiera por la vida humana. Es un deber como ser humano, como médico y como cristiano. Observando el mundo en el que vivimos... ¿se puede caer en la desesperanza y pensar que es muy poco o nada lo que se puede hacer? Sí, se puede caer. Sería fácil si nos atuviéramos sólo a criterios humanos. La esperanza se basa en la confianza en Dios, con Él la victoria está asegurada. ¿ Por qué cree usted que se ataca tanto la vida en la civilización actual? Creo que la causa está en el olvido de Dios. Sin Dios, rige la ley del más fuerte y la vida de los más débiles no interesa o puede molestar a los más fuertes. ¿ Hasta qué punto las personas son conscientes de la civilización de muerte en la que estamos viviendo? Creo que hay muy pocas personas conscientes de ello. La mayoría está manipulada por la propaganda y las corrientes ideológicas dirigidas por grupos de presión. ¿ Qué les diría a los jóvenes con respecto a la defensa de la vida? Que todo lo que hagan por defenderla es poco. Que hablen, escriban, recen mucho por este tema. Que lean y sepan de memoria los escritos de Juan Pablo II, sobre todo la "Evangelium Vitae". ¿ Se jugaría el trabajo por defender la vida? ¿y la vida? Pues sí. Pido a Dios que si llega esa situación que sepa ser valiente. ¿ Dónde se fundamenta su esperanza? En Dios. ¿ De dónde saca la fuerza para seguir adelante? En el Opus Dei he aprendido a hacer oración personal diariamente, a recibir al Señor en la Eucaristía también a diario, en la Santa Misa, a tener devoción a la Virgen. De ahí saco las fuerzas. Después está la ayuda de todas las personas que con su ejemplo me marcan el camino. Hace poco el Papa nos ha regalado la Encíclica sobre la Eucaristía, ¿se puede vivir sin la Eucaristía? Si el Señor se quiso quedar en la Eucaristía será porque es imprescindible para nosotros. ¿ Cómo se puede llegar a despertar las conciencias? El ejemplo de integridad en la vida creo que puede ser un medio para eso. Pero a veces pienso que sólo rezando, porque si Jesús dijo que "estas cosas... Dios se las ha revelado a los humildes", va a depender de que Dios nos dé su gracia y "caigamos del caballo". ¿ Las personas están engañadas o se dejan engañar? La conciencia nos avisa de que estamos engañados pero la comodidad nos desaconseja reaccionar y así nos dejamos engañar. ¿ Qué cree que le falta al mundo? Convertirse y creer en el Evangelio. ¿ Cuál cree usted que son los tópicos por los que se rige la mayoría de la gente? Que cualquier opinión tiene el mismo valor. Que para ser feliz hay que poseer muchos cacharros, etc.. Actualmente está colaborando con HM TV y radio HM, ¿qué le ha llevado a hacerlo? Nos invitaron, a la Asociación Pro-Vida, a grabar un programa. Por este motivo les conocí. Me fijé en cómo trataban al Señor en la Eucaristía, en cómo querían a la Virgen y al Papa, en cómo rezaban -despacio y devotamente-, en lo alegres que están... y ya no necesité saber más para ayudarles en todo lo que pueda.  ¿ Por qué cree que son importantes los medios de comunicación social? Porque son un medio estupendo de hacer llegar a mucha gente ideas, ejemplos, vidas que todos necesitamos conocer para ser mejores. Son necesarios hoy día para difundir el Evangelio. No puede faltar una referencia a la Virgen María, ¿qué papel ocupa en su vida? El que el Señor quiso que ocupara. El de ser mi Madre espiritual, siempre atenta a que no me despiste demasiado, y a recogerme cuando lo hago. ¿ Cree que la Virgen María es fundamental en la vida de un cristiano? Me remito a que el Señor nos la dio por Madre, luego es fundamental. Sin madre biológica no hay vida humana, sin Nuestra Madre del cielo, no hay vida sobrenatural. "A Jesús se va y se vuelve por María" (S. José María Escrivá de Balaguer).
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Mamie, la televisión y la radio
Yo he visto a Mamie muchas veces delante de la televisión y también escuchando la radio. No tiene nada de extraño. Mamie estaba enferma y pasaba días y a veces semanas sin moverse apenas del sillón que hacía también de lugar de reposo nocturno. Lo importante no es que la viese o que la oyese sino, ¿qué veía y cómo lo veía? ¿qué escuchaba y cómo lo escuchaba? Mamie era una entusiasta de todo lo que fuera bello y hermoso. Le molestaba lo zafio, lo desordenado, lo deforme. Se emocionaba con lo humano porque lo humano lo veía con ojos cristianos. Y nada que sea verdaderamente humano es ajeno a un cristiano. Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las alegrías, los trabajos y los sufrimientos del hombre son alimento del alma cristiana. No le es indiferente. Y así era Mamie.Ella no había leído el Decreto del Vaticano II sobre los medios de comunicación social que lleva el nombre de Inter Mirifica. Comienza este documento diciendo “entre los maravillosos inventos de la técnica, que sobre todo en nuestros tiempos, ha extraído el ingenio humano, con la ayuda de Dios, de las cosas creadas, la Madre Iglesia acoge y fomenta con peculiar solicitud a aquellos que miran principalmente al espíritu humano, y han abierto nuevos caminos para comunicar con extraordinaria facilidad noticias, ideas y doctrinas” (IM 1). Gracias a Dios la Iglesia está presente también en los medios de comunicación social. Mamie no tenía posibilidad de ver una cadena de televisión tan importante y limpia como la EWTN de la Madre Angélica, pero no desaprovechaba nunca los momentos en que a través de la televisión o de la radio podía ponerse en comunicación con lo mejor del mundo espiritual. Por esta razón sus programas preferidos eran la retransmisión de la Misa de los domingos, cuando no podía asistir por estar impedida por la enfermedad, y la escucha de la radio en los programas de los domingos por la mañana. Los programas que no se perdía nunca eran los referentes al Papa: las retransmisiones que se hacían desde RTV (Radio televisión Vaticana), que conectaba por convenio con RTVE. Pero muchas veces la vi lamentarse de que sabiendo que el Papa hablaba a la cristiandad, los domingos a la hora del Ángelus, y los miércoles en la audiencia general que el Papa celebra habitualmente en la plaza de S. Pedro o bien en la Sala Nervi o de Paulo VI, no llegaba esa palabra de vida del Sumo Pontífice hasta ella. Y no se lamentaba sólo por ella sino por tantos ancianos y enfermos que siendo católicos no tenían la suerte de poder acceder a la palabra del Pontífice. Yo estoy seguro que si Mamie viviese ahora estaría “enganchada” a la televisión H.M. y a la Radio H.M. Porque el lema de esta televisión “Ayer, hoy y siempre: la verdad” coincidía perfectamente con la vibración anímica de su persona. Mamie era una mujer íntegra, le gustaba lo que es sí, sí y lo que es no, es no. No era una mujer política, a no ser que se entienda sus silencios como política, pero no sería sino forzando en la interpretación la realidad de sus actitudes. Mamie iba derechamente a la verdad. Mamie iba derechamente a lo bello. Mamie iba derechamente hacia el bien. Por esta razón, cuando repaso el documento Inter mirifica en el que se da primacía al orden moral, a los deberes de justicia y de caridad, no dejo de reconocer que Mamie asentiría plenamente a lo que se expresa en este documento y que posteriormente ha sido reafirmado y ampliado por su Santidad Juan Pablo II. Este Sumo Pontífice nos ha animado a no tener miedo a los medios de comunicación social, a empeñarnos en ellos, a hacer una información justa y veraz, imbuida de caridad hacia las personas y hacia las instituciones, presentando la realidad de modo honesto y conveniente. Cuántas veces vi a Mamie estremecida por la realidad de Dios y de los hombres delante del televisor, y cuántas veces la vi apagar el televisor ante un programa sucio y desordenado. Mamie tenía la televisión y la radio más apagada que abierta. Ojalá que poco a poco podamos tenerla más abierta que cerrada.
Por D. Rafael Alonso Reymundo
©Revista HM º119 - Julio/Agosto 2004
Al descubierto - Charlene Maes
16 años Georgia (Estados Unidos)
- ¿Qué estudias? Homeschool. - ¿Quién es la persona que más te ha ayudado en tu vida? Mis padres me han ayudado a vivir para Cristo y me han enseñado el camino de la santidad. - ¿Qué le pedirías a Dios para los jóvenes? Bien, yo misma soy joven aún pero le pediría a Dios que todos los jóvenes tuvieran la oportunidad de formar parte del Hogar de la Madre o algún otro grupo parecido. - ¿Cuál es tu virtud más sobresaliente? La bondad, aunque evidentemente hay mucho que mejorar. - ¿Cuál es tu mayor defecto? Que no aprovecho mi vida totalmente. - ¿Cómo te definirías? Soy una persona muy sociable y amo la naturaleza, las montañas, los ríos, la hierba, las nubes... - ¿Hasta dónde llegarías por amor de Dios? Me gustaría decir que al martirio por Jesús, pero no en un sentido literal sino que tengo que vivir las pequeñas cruces de la vida diaria, cada día por Dios como Santa Teresita del Niño Jesús. - ¿Cuál es el lema de tu vida? Nunca había pensado en un lema antes pero si tuviera me gustaría que fuese como el de Santo Domingo Savio: “Antes morir que pecar”. - ¿Cuál es el sentido de tu vida? Llegar al Cielo y para eso hay que ser santos que es a lo que Dios nos llama. - ¿Vale la pena vivir? Absolutamente. - ¿Qué le dirías a un joven que no quiere vivir? Le explicaría que Jesús sufrió mucho por cada uno de nosotros sobre la tierra y murió por nosotros pecadores para que seamos perdonados y podamos vivir para siempre con Él. Que es un Dios que es Amor y Misericordia y merece la pena vivir por eso. - ¿Es la vida con Dios un aburrimiento? Dios es el que ha creado la vida. Si nosotros gastamos la vida por Él, ¿cómo podemos aburrirnos? - ¿Por qué se tiene esperanza? Porque Él mismo, que ha muerto por nosotros, está aún amándonos sobre la tierra y nos ayuda desde el Cielo. - ¿Eres optimista o pesimista? Optimista. Me encantan los días con sol. - ¿A qué persona viva admiras más? Al Papa Juan Pablo II porque está trabajando mucho para llevar a Cristo al mundo entero. - ¿A quién te gustaría parecerte? A Santa Teresa del Niño Jesús. - ¿Qué es en lo que más piensas? No sé qué cosas son las que pienso más pero me gustaría pensar siempre sobre Cristo y otras personas. Muy a menudo pienso en mí misma y en cosas del mundo. - ¿Puede una chica de dieciséis años saber lo que quiere? Sí, cualquier persona que tiene ya capacidad de razonar y si además ama a Dios puede saber que quiere estar con Él y Nuestra Madre en el Cielo para siempre. Buscaré sin cesar… el perdón. Llenaría mi mochila espiritual de… amor. Y cuando “meto la pata”… penitencia. Me resulta violento… ver que hay mucha apatía en nuestro mundo. Me ayuda a mí misma… ser del Hogar de la Madre. La mayor traición sería... lo que hizo Judas, traicionar la misericordia de Jesús. Me parece una tontería… amar a los coches, los móviles o la ropa por encima de Jesús. Los amigos son... maravillosos.
Contesta brevemente:
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- Amor: a los demás. - Papa: santo. - Familia: amor. - Charlene: pequeña. - Hermanos: don. - Padres: donación. |
- Amigos: ayuda. - Encuentro de verano: alegría. - Cielo: estrellas. - Jesús: Luz. - Sonrisa: brillo.
©Revista HM º119 - Julio/Agosto 2004
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