Hogar de la Madre


Inicio Noticias Nº 136 Mayo/Junio 2007 HM Revista - Cómo conoci El Hogar- Esmeralda Pérez
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Cómo conoci El Hogar- Esmeralda Pérez

Quizá podría empezar como un cuento de nuestras abuelas: “Hace mucho, mucho tiempo, porque ya hace más de veinticinco años, que entré por primera vez en aquella casa sacerdotal de Toledo donde asistí a mi primer Círculo de Estudios”. Pero voy a empezar un poco antes, porque el Hogar para mí, no fueron sólo las tardes de formación de los sábados, sino que desde el principio fue una forma de vivir, en la que todo lo que hacía tenía que ver con Él.

Os cuento mi situación personal en el verano de 1981.
Vivía en Madrid, tenía quince años (prohibido hacer cuentas), había terminado 2° de BUP con buenas notas, era una chica popular, estaba bastante metida en un grupo de Confirmación de mi Parroquia, a la vez que en otros círculos en los que frecuentaba amistades bastante peligrosas. De vez en cuando, especialmente en vacaciones, bajábamos a un pueblo de Toledo, Mocejón, de donde son naturales mis padres y allí teníamos también nuestra pandilla de amigas. La única diversión que había por la noche era el “baile” allí nos reuníamos toda la juventud del pueblo. Desde el principio este pueblo significó mucho en mi vida con respecto al Hogar.

Pues bien, una tarde, estaba yo en el baile de Mocejón con mis amigas, cuando un chico guapo, simpático, con facilidad de palabra y convicción se acercó a mí y me invitó a dar un paseo, creo que con más intención de “ligarse” a la chica de Madrid que de casarse conmigo, pero le salió regular la jugada ya que después de nueve años de noviazgo, nos casamos y hace ya más de diez y seis años.

Rafa, el chico guapo, había estado en dos campamentos de un grupo que se llamaba “Hogar de la Madre de la Juventud” y que dirigía un sacerdote llamado Rafael Alonso. La verdad es que al principio me mosqueó mucho que fuera “el chico perfecto”: estudiaba lo mismo que yo, estaba en un grupo juvenil, le gustaba la naturaleza, era guapo, tenía moto... ¿dónde estaba el truco?... el caso es que me enamoré perdidamente de él como se enamora una con 15 años y con 20 y con 30 y con... y todavía me dura, aunque ya no tenga tanto pelo y haya cambiado la moto por un coche que “se cae a cachos”.

Al principio, eso de que todos los sábados, cuando yo venía de Madrid, tuviera que esperar a que él volviera de las reuniones del Hogar, no me hacía mucha gracia y terminó por invitarme a ir con él. Era toda una peripecia llegar desde Mocejón a Toledo. Pero una vez que probamos a vivir y compartir juntos el Hogar, no faltamos ni una sola tarde a los Círculos en Toledo. El primer día que asistí, Rafa llevaba la reunión de los pequeños y me llevó con él, pero me dejó con las chicas que también estaban reunidas. Aquella primera reunión con las niñas ya me conquistó, quizá porque despertó en mí ese instinto educativo que después ha estado siempre presente en mi vida. La reunión posterior con los jóvenes ya me gustó un poco menos, no sé si por encontrarme allí con aquel “cura con sotana” aunque también era simpático o por las cosas tan “carcas” que decía (mi cristianismo venía de una comunidad de base donde Cristo me lo permitía todo porque era mi mejor amigo). Salí de allí un poco asustada pero me invitaron las chicas a que volviera la siguiente semana porque iban a hacer una acampada, eso molaba más. ¡Qué chicas tan majas! Con los años he descubierto que “mi querido Rafa” ya se había encargado de que “me cuidaran” y me invitaran a todo lo que hubiera. Allí en aquella acampada el Padre habló sobre la Confesión. Supongo que habló sobre otras muchas cosas pero yo sólo oí eso. No sé cuántos años llevaba sin confesarme bien. Cuando volví a Madrid fui a una Iglesia y me confesé.

La semana siguiente se organizó una Peregrinación a Fátima y aquellas chicas tan acogedoras, eran Marivi y las hoy Hermana Reme y Hermana Conchi, cómo no, también me invitaron y yo fui. La noche anterior preparamos un poco el viaje y me estuvieron enseñando canciones, eso también me enganchó porque el cantar y tocar la guitarra me sirvió y me sirve para acercarme a Dios y a Nuestra Madre y decirles cosas y expresar sentimientos que no me salen de otro modo. En la peregrinación sentí a la Virgen por primera vez como mi Madre de verdad, estaba ahí conmigo y me quería. ¡ME QUIERE! Cuando sientes eso como una realidad, todo lo demás da igual, hasta casi me gustaba que “el cura” llevara sotana. A partir de entonces sólo me dejé hacer, bueno, no siempre me dejaba, pero vivía tranquila porque yo le dije a Dios: “Tú haz conmigo lo que quieras y si alguna vez no me dejo, me das un coscorrón, que no pasa nada” y vaya si me da los coscorrones cuando se me olvida.

Seguí yendo a las reuniones de las niñas en Toledo y después nos quedábamos a los círculos de jóvenes. Además de la unión espiritual nos sentíamos entre amigos pero AMIGOS con mayúscula, esos amigos que aunque no se vean a diario comparten en cada momento su vida porque están en el mismo camino.

Poco después Rafa organizó una acampada con los pequeños de Toledo en Mocejón y allí se unieron algunos de los monaguillos. A raíz de aquello surgió allí un grupo de chicos y chicas. De las mejores experiencias de ese tiempo fueron las Convivencias de Semana Santa para vivir esos días de manera intensa y muchos de los padres lo vivían con nosotros. Otra gran vivencia fue el rezo del Rosario en las familias, con él pasábamos tardes maravillosas en torno a la Virgen. Llegó a haber un grupo de padres encantadores sin los cuales no hubiéramos podido hacer muchas cosas. Si alguno leéis estas líneas quiero daros las gracias de corazón.

En el mes de julio del año 82, se organizó una peregrinación a Italia. Una de las primeras paradas fue en Lourdes. Allí, frente a la gruta, bajo la sombra de un gran abeto, tuvimos una reunión algunas de las chicas con el Padre Rafael en la que nos habló de lo que iba a ser el Hogar. Si alguien “con dos dedos de frente” nos hubiera oído le habría dado la risa, seguro. Nos decía que habría religiosas y sacerdotes y familias que defenderían la Eucaristía, que defenderían a Nuestra Madre, especialmente en el privilegio de su Virginidad y que entregarían sus vidas por la Conquista de los Jóvenes para Jesucristo. Hablaba de jóvenes dispuestos a entregarse por entero a Iglesia. Y algunos de nuestros corazones se iban hinchando cada vez más, hasta no caber en nosotras mismas.

Recuerdo que Mavisa, Ana y yo, nos juntamos después, queríamos hacer el compromiso con el Hogar, queríamos vivir todo aquello que habíamos oído. Pero, ¡ay!, cuando se lo dijimos a Reme, no pudimos tener mayor decepción. Nos dijo que el Padre no pensaba en nosotras sino en Reme, Conchi y Marivi que llevaban más tiempo. Cuando se lo comentamos a él, supongo que lo llevó a la oración y Nuestra Madre, que es MUY Madre, quiso que también fuéramos parte de su regalo, la primera parte de su regalo. Ella elige por criterios diferentes a los nuestros, no escoge a los más guapos, ni a los más inteligentes, ni siquiera a los más cariñosos o a los más entregados, elige a quien quiere y cuando quiere.

Así el 29 de julio, ante la tumba de San Pedro, hicimos nuestro primer compromiso con el Señor y con Nuestra Madre. Es difícil expresar las sensaciones, los pensamientos y los sentimientos de aquellos momentos, pero sí sé que éstos, junto con todo el proceso anterior, han estado presentes en todos los momentos de mi vida.

Para cúlmen, en octubre, Juan Pablo II vino a España y pudimos estar con él en el encuentro de jóvenes en el Bernabeu y después en Toledo. Para mí fue una experiencia inolvidable sentir aquella Iglesia viva, joven, que quería al Papa porque era la Cabeza y era uno con nosotros, porque nos hablaba de exigencia, de ser “sal para salar el mundo”, porque pedía y se daba, porque el padre exige pero siempre da más.

¡Gracias, Señor, por todo lo que me diste en aquellos años! Gracias por tus capones cuando me olvido del camino. Gracias por hacerme sentir tan especial y elegida. Gracias por mi familia y gracias muy especiales porque sé que hoy mis hijos están viviendo experiencias similares en el Hogar a las que yo viví hace mucho, mucho tiempo, pero eso ¡ya es otra historia!

©Revista HM º136 Mayo/Junio 2007

 

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