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Un día
se presentó en una enfermería de Corea del Sur, un niño
de unos doce años, vestido muy pobremente y le dijo a sor Gertrudis:
- HERMANA, MI HERMANO ESTÁ MUY ENFERMO. POR FAVOR, VEN A AYUDARLE.
- ¿DÓNDE VIVÍS?
- BAJO EL PUENTE.
La Hermana tomó las medicinas oportunas y los dos salieron camino
del puente, situado en los suburbios de la ciudad. Al fin llegaron. Bajo
uno de los arcos de un puente muy afectado por la guerra, había un
joven de unos veinticinco años recostado sobre un montón de
ropas viejas. El enfermo con mucho esfuerzo logró decir:
- PERDÍ A MIS PADRES DURANTE LA GUERRA. PROCURÉ CUIDAR A MI
HERMANO. TRABAJABA COMO TAXISTA PERO TUVE UN ACCIDENTE Y PERDÍ EL
TRABAJO Y LA SALUD. HACE UN AÑO QUE SUFRO TUBERCULOSIS ÓSEA,
Y DESDE UNOS MESES ÉSTA ES MI “CASA”
Sor Gertrudis, mientras tanto, curaba sus heridas. Después le dio
un poco de arroz y té para que se fortaleciera un poco. Él
sonreía agradecido. Luego, con cuidado y cariño, la Hermana
intentó hablarle de Dios pero su respuesta fue dura y seca:
-DEJA ESO…ME SIENTO DEMASIADO DÉBIL…SÓLO DESEO
DESCANSAR, MORIR PRONTO…
Sor Gertrudis permaneció a su lado mucho tiempo, tratando de aliviar
sus sufrimientos y mostrándole cariño. Hablaron, hablaron,
y el joven fue abriéndose a su amistad y la gracia de Dios:
-ES LA PRIMERA VEZ QUE ALGUIEN ES BUENO CONMIGO. SEGURAMENTE TENDRÁS
RAZÓN CUANDO DICES QUE DIOS EXISTE Y QUE ÉL TE HA ENVIADO.
DE LO CONTRARIO, ¿DE DÓNDE VENDRÍA TANTA BONDAD? HÁBLAME
DE DIOS, HERMANA. Y QUE MI HERMANO TAMBIÉN LO OIGA.
Y le habló de Dios, durante dos horas, preparándole para una
buena muerte. Hicieron actos de arrepentimiento y finalmente le bautizó.
Con gran paz la dijo:
-GRACIAS, HERMANA. AHORA SOY HIJO DE DIOS. PRONTO LE VERÉ, NO TENGO
MIEDO…
Mientras intentaba conseguir una cama en el hospital, la Hermana le llevó
alimentos, medicinas, mantas…Entonces, al oído él la
dijo:
-HERMANA, MI HERMANO SE VA A QUEDAR SOLO EN EL MUNDO. HASTA AHORA ÉL
PEDÍA LIMOSNA PARA MÍ. YO NO QUISIERA QUE FUESE UN MENDIGO
TODA LA VIDA. ¿QUERRÁS OCUPARTE DE ÉL? Al
día siguiente, cuando sor Gertrudis fue a recoger a los dos hermanos,
sólo encontró al pequeño envuelto en la manta nueva.
El mayor había fallecido y se lo acababan de llevar. Cuando vio
a la Hermana, la sonrió y en silencio la siguió. Ahora está
preparándose para recibir también él el bautismo.
Este niño supo agradecer lo que su hermano mayor había hecho
por él y le respondió también con su bondad ayudándole
en lo que pudo, alcanzándole además la salvación
eterna.
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