El rincón del monaguillo

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LA PLEGARIA EUCARÍSTICA: EL PREFACIO

     Bueno, bueno, espero que en las últimas celebraciones eucarísticas hayáis puesto los cinco sentidos para vivir intensamente todo lo que ya he explicado anteriormente. Como ya sabéis hemos llegado a la parte más importante de la Misa. ¿Habéis preparado bien vuestro corazón para disponeros a la plegaria eucarística? ¿Sí? ¡Me alegro! ¡Ah! Se me olvidaba... ¿qué tal vuestra investigación acerca de esta expresión desconocida para vosotros? Veamos si habéis acertado en vuestras hipótesis.

Plegaria significa oración; y eucarística, esto ya te suena más familiar, viene de eucaristía que significa acción de gracias.
Así que plegaria eucarística es la oración de acción de gracias que se hace a Dios Padre, en la que se ofrece a su Hijo Jesucristo.

¿Qué, os tengo que felicitar? Ya sabía yo que érais unos chicos muy listos. Pues sigamos explicando lo que es la plegaria eucarística. Comienza con el prefacio. ¡Otra palabreja! El prefacio es una invitación que el sacerdote hace a los fieles para que eleven el corazón y le den gracias por todo, en especial por el don de su Hijo Jesucristo.

    Dependiendo del tiempo litúrgico en el que estemos, el prefacio variará, pero siempre empieza y termina igual.

    ¿Cómo empieza?:

    sacerdote-
    El Señor esté con vosotros.
    pueblo- Y con tu espíritu.
    sacerdote- Levantemos el corazón.
    pueblo- Lo tenemos levantado hacia el Señor.
    sacerdote- Demos gracias al Señor Nuestro Dios.
    pueblo- Es justo y necesario.

    Esto lo sabéis contestar todos ¿verdad? Pues el fin del prefacio os lo vais a saber tan bien que hasta le vais a poner música:

    Santo, Santo, Santo es el Señor,
    Dios del Universo.
    Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
    Hosana en el cielo.
    Bendito el que viene en nombre del Señor.
    Hosana en el cielo.


    ¿A que no me he equivocado? Pero bueno, ya basta por ahora; ya que sabéis lo que es la plegaria eucarística, y que es la parte central de la Misa, a vivirlo bien. Con atención y arrepentidos de vuestros pecados (y si estáis limpios de pecados mortales, mucho mejor; para ello Jesús nos ha dejado el sacramento de la Penitencia o Confesión; pero de esto hablaremos en otra ocasión), con un corazón que ha escuchado atentamente la Palabra de Dios, y lleno de agradecimiento a Dios, que tanto nos ama. ¿De acuerdo? Pero todavía hay más de la plegaria eucarística...

    ¡Hasta la próxima!

    ¡Y no os olvidéis de dar gracias a Dios en todo!

    Por P. Juan Antonio S.H.M.

    ©HM Infantil º22

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