
Por Hna Clare Crockett, S.H.M.
El nuevo amigo de María
Cuando era pequeña una de mis mejores amigas
se llamaba María. Mi madre solía decir que María
y yo éramos
como gemelas porque estábamos siempre juntas. María estaba
en mi clase del colegio. Era muy buena con las mates y me ayudaba cuando
tenía problemas.
Siempre decíamos que cuando creciésemos nos casaríamos el
mismo día y tendríamos muchos niños, viviríamos cerca
y pintaríamos nuestro cuarto del mismo color....
Cuando llegó Navidad,
María pidió una tele pequeña para su cuarto porque su hermano
nunca le dejaba ver los dibujos que a ella le gustaban. Recibió la tele
que había pedido, y desde ese día María parecía
otra persona.
Siempre volvíamos juntas a casa después de clase,
pero un día,
cuando sonó la campana, María salió corriendo sin esperarme. "¿Dónde
está María?", me preguntó mi hermana pequeña. "Se
fue a casa corriendo,
quizás está enferma", dije. Al día
siguiente, cuando fui a su casa para que saliera a jugar, me hizo señas
desde su cuarto diciéndome que no iba a salir. Pasó casi una
semana, y apenas la veía.
Yo estaba muy triste. Mi madre, viendo mi cara,
me preguntó que qué me
pasaba. Le dije que María ya no quería ser mi amiga. Como todavía
era pronto, mi madre me dijo que fuese a su casa a ver qué le pasaba...
Llamé a la puerta, me abrió su madre y me dijo que podía
subir arriba a su cuarto. Mientras abría la puerta, vi a María
tumbada en la cama con los ojos pegados a la pantalla de la televisión,
casi ni se dio cuenta de que estaba allí. "Hoy no voy a salir",
dijo sin despegar la mirada de la tele. Salí
tristemente del cuarto tras
ver que María tenía una nueva amiga: ¡su televisión!
Chicos y chicas, tendríamos que pararnos a pensar. ¿Cuántas
horas pasamos viendo la tele? Mira a mi amiga María, sus ojos casi se
vuelven cuadrados de tanto ver la tele. La tele se convirtió en la cosa
más importante para ella, hasta más importante que sus propios
amigos. Claro, que cuando su madre vio sus notas, y que había suspendido
todo, le quitó la televisión de su cuarto.
La tele puede enseñar
muchas cosas que son malas para nuestra alma. Hay muchas cosas allí que
ofenden a Dios. Aunque la televisión también puede
ser utilizada para el bien.
Pero si tú ves que se está convirtiendo en lo más importante
de tu vida, es hora de desenchufarla.
©HM Infantil º46 Diciembre/Enero 2006
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