

Recuerdo cuando comenzamos a tener clases de natación.
La señora que nos daba las clase nos dijo que teníamos que
llevar un gorro de natación para meternos en la piscina. Eso a mí no
me gustaba mucho. Era difícil ponérmelo y cuando me lo quitaba
parecía que mi cerebro iba a estallar. Mi madre me dijo que pusiese
polvos de talco dentro para que fuese más fácil quitármelo.
Un día, después de clase, me olvidé que tenía
el polvos en el gorro y al quitármelo, miré en el espejo y
casi me desmayé del susto de ver mi pelo todo blanco. Mis amigos se
troncharon de la risa.
Una de mis amigas pensaba que sabía nadar muy bien:
- “¡MÍRADME, CHICOS!” gritaba, -“YA PRONTO
SERÉ UNA PROFESIONAL”.
Estábamos muy contentos porque ya podíamos nadar en el río
sin necesidad manguitos. Cuando se lo dijimos a mi madre, dijo que no podíamos
bañarnos allí porque tenía una corriente muy fuerte
y no era seguro.
Nos quejábamos diciendo:

- “PERO YA SABEMOS NADAR, MAMÁ”
- “ME DA IGUAL. AUNQUE PUDIESEIS NADAR COMO PECES, ESTÁ PROHIBIDO
BAÑAROS EN EL RÍO”.
Así es que, podíamos jugar cerca del río pero sin meternos
dentro.
Un día de sol, mientras nos sentábamos cerca del río,
mi amiga, la que decía que nadaba como un profesional, decidió cruzar
al otro lado. Le dijimos lo de la corriente y que era peligroso:
-“PUEDE ARRASTRARTE BAJO EL AGUA Y PUEDES AHOGARTE”.
Pero no nos quería
escuchar.
-“SI TENÉIS MIEDO, YO VOY SOLA,” nos contestó.
Nosotras nos fuimos por el puente y nuestra amiga fue al río y empezó a
nadar.
- “ESTO ES MUY DIVERTIDO,” nos gritó, pero la ignorábamos
y seguíamos andando. De pronto la oímos gritar. La corriente
la llevaba y no podía nadar en la dirección que quería.
Fuimos corriendo para ayudarla. Sabíamos que no nos podíamos
meter porque también nos arrastraría a nosotras.
Mientras gritábamos un hombre y una mujer que estaban cerca vinieron
corriendo. El hombre alargó su mano, cogió la de mi amiga y
por fin la sacó del agua. Después de unos momentos el hombre
le preguntó:
- “¿NO SABÍAS QUE ESTÉ RÍO
TIENE UNA CORRIENTE
MUY FUERTE?
Mi amiga dijo que sí pero que pensaba que sabía nadar muy bien
y que no pasaría nada.
Cuando se lo dijimos a
mi madre nos dijo que no podíamos
volver allí y que es una lección que debíamos aprender
cuando pensamos que tenemos razón y no escuchamos.

Los adultos tienen mucha más experiencia de la vida que nosotros y
por eso muchas veces ellos tiene razón cuando nos dicen las cosas.
Frecuentemente no vemos los peligros, pero ellos sí. Pensamos que
son aburridos y que no quieren que los pasemos bien pero en realidad, ellos
buscan lo que es mejor para nosotros.
SI REALMENTE QUEREMOS SER COMO JESÚS, DEBEMOS ESCUCHAR UN POCO MÁS
A NUESTROS MAYORES, COMO JESÚS ESCUCHABA A MARÍA Y A JOSÉ Y
RECORDAR QUE ELLOS SABEN LO QUE ES MEJOR.
Por Hna Clare Crockett, S.H.M.
©HM Infantil º47 Febrero/Marzo 2007
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