
Detrás de la casa de mi amiga había una zarza
que tenía millones y millones de moras, bueno, no millones, pero sí que
tenía muchas. La madre de mi amiga sabía hacer una mermelada
buenísima con la moras que nosotras recogíamos.
Un día que yo estaba en casa de mi amiga, su madre nos dio una bolsa
y nos dijo: “Tenéis una hora. A ver quién es la más
rápida en llenar la bolsa de moras en este tiempo. Empezando... ¡YA!”.
Cuando dijo esto, salimos corriendo a toda pastilla.
Al coger las moras teníamos que tener mucho cuidado porque las zarzas
estaban llenas de espinas. Al cabo de media hora oí a mi amiga desde
el otro lado de la zarza gritando:
“¡
Para, para, deja de coger moras! ¡Estoy herida!”.
Yo fui corriendo hasta donde estaba ella mientras ella no paraba de gritar:
“¡
AY MADRE!, ¡AY!, ¡AY!, ¡AY!”.
“¿
QUÉ TE PASA?” -le pregunté esperando encontrarla casi
muerta en el suelo. Me mostró su dedo. Yo no podía ver nada. “TENGO
UNA ESPINA METIDA DENTRO DE MI DEDO Y ME DUELE MUCHÍÍÍÍÍÍSIMO”.
Dejamos de coger moras y la llevé hasta su madre. Ella quería
que yo la cargara sobre mi espalda hasta que llegásemos a su casa
porque decía que se iba a marear del dolor. Yo la cogí de la
mano y fuimos corriendo a su casa.
La reacción de su madre fue igual que la mía: “¿DÓNDE
ESTÁ?”, preguntó mientras buscaba la espina. Cuando por
fin la encontró e intentó quitársela, mi amiga empezó a
llorar y gritar. Su madre la miró y le dijo: “OFRÉCELO”.
Inmediatamente mi amiga dejó de llorar. “¿OFRECERLO DÓNDE?”,
pregunté yo.
Fue entonces cuando
su madre me explicó que cuando hay
algo que te cuesta o te hace sufrir puedes decir al Señor: “TE
LO OFREZCO”. Y cuando lo haces puedes añadir: “TE LO OFREZCO
POR LOS POBRES O TE LO OFREZCO POR LOS ENFERMOS, POR LOS QUE VAN A MORIR,
POR LOS QUE NO CREEN EN TI”.
Jesús se pone muy contento cuando hacemos esto porque así,
cuando sufrimos, no estamos pensando sólo en nosotros mismos sino
en los demás que también sufren.
A veces, incluso, podemos ofrecer cosas a Jesús y decirle: “TE
LO OFREZCO PORQUE TE AMO”. Y esto, puede ser un plato de cebollas y
pescado que no quieres comer o los deberes de matamáticas que no quieres
hacer o ir a un sitio donde no quieres ir, etc. Todo eso que me dijo la madre
de mi amiga, me ha ayudado mucho y me he acordado de ello cuando tenía
que hacer algo que no quería hacer.
Chicos, no olvidemos lo que Jesús ha hecho por nosotros: NOS HA DADO
SU VIDA. Y para mostrarle que estamos muy agradecidos hagamos el esfuerzo,
a veces un esfuerzo muy grande, de ofrecerle algo.
Por Hna Clare Crockett, S.H.M.
©HM Zoom+ º48 Abril/Mayo 2007
Página
prinicipal - Actividades - Televisión - Música - Espiritualidad - Revista
Infantil
Breve
historia - Subscripción - Cómo
hacemos HM - Revista- Números
anteriores