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"Para ti la gloria; para mí la confusión"

Un libro con las historias de 20 Siervos que han dejado todo para seguir la llamada del Señor.

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Esta vez hablamos con el matrimonio Lowe que nos cuenta su experiencia de vida como familia católica. Howard es británico y Arantza española. Tienen nueve hijos y dos en el cielo. Arantza se dedica a su familia a tiempo completo y Howard es profesor de inglés.

¿Cómo os conocisteis?
H.- Nos conocimos una noche en Madrid.
A.- A las dos de la mañana, en un bar que estaba cerrando… Era la víspera de la Virgen de la Almudena.

¿ Ya teníais fe?
H.- Sí, yo tenía fe, pero mirando hacía atrás veo que podría haberlo vivido con más cuidado y disciplina.
A.- Yo estaba en contra de todo lo que enseñaba la Iglesia Católica. Mis postura era, se podría decir, de izquierda radical. Pero con lo que soñaba cuando defendía ideologías de izquierda lo he visto realizado y encarnado en las enseñanzas de Jesucristo y en la doctrina de la Iglesia.

¿ Podríais cada uno resumir vuestra trayectoria de fe?
A.- Cuando conocí al que sería mi marido, todo en mí me predisponía a rechazar su manera de pensar y a no entender cómo podía tener esas creencias, desde su fe, hasta su manera de entender el matrimonio. Para una chica que lo primero que hacía por la mañana era comprar El País (para los lectores ingleses, algo así como The Guardian), era inalcanzable entender su oposición al divorcio por ej., a los anticonceptivos, el verle entrar en una Iglesia a confesarse, todo eso me causaba animadversión. Pasábamos horas discutiendo de estos temas, sus posturas las encontraba contrarias al sentido común… Pero Dios es más fuerte… El día de nuestra boda pude hacer otra vez “una primera comunión” después de unos años viviendo fuera de la Ley de Dios. Desde entonces, Dios ha obrado maravillas en mi vida.
H.- Dios me levantó cuando yo estaba terminado mis estudios de teatro en Manchester. Soñaba con trabajar como actor pero mientras estaba actuando en el Edinburgh Fringe mi madre tuvo un terrible accidente de tráfico, seguido dos días después, por una trombosis que la ha dejado hasta hoy, paralizada de un lado de su cuerpo. No teniendo otra motivación real, recuerdo el pensar que tenía que terminar la carrera para ella. Entre tanto, el mundo de sufrimiento y de fe empezó a irrumpir en la niebla de mi vida de estudiante y me encontraba sediento de Dios. Durante una visita a mi padre en Australia, entré en una librería religiosa, cogí un libro sobre Fátima y me convencí de la necesidad de convertirme. Vuelto al Reino Unido, cuidé de mi madre durante cinco años, viviendo una vida muy disciplinada y de oración. Después de intentar entrar en varias congregaciones religiosas, fui aceptado en el seminario diocesano, trasladándome después a Dublín con una congregación misionera. Allí descubrí, que sin duda, Dios me quería en el mundo. Me trasladé a vivir y trabajar de profesor a España y fue allí donde conocí a Arantza. No podía decidirme si su nombre significaba naranja o araña, pero al final me puse muy contento al saber que el nombre venía de un gran santuario de la Virgen. Y lo que era más importante, supe que ella era para mí y nos casamos pronto.

¿ Cómo era y cómo es vuestra idea del matrimonio?
H.- El matrimonio es un don muy grande. Más y más se hace consciente que solamente en el Dador es plenamente apreciado y realizado.
A.- Antes de mi conversión mi idea del matrimonio era la idea negativa y gris que transmite nuestra cultura, el tópico de que el amor es libre, y de que lo genuino y auténtico es vivir al día y siguiendo tus propios sentimientos… Pero ya había sufrido mucho en mi vida, a pesar de mi juventud, con estas ideas, y al conocer a un joven diferente (el que sería mi marido) yo sabía ya en mi interior, que lo que él podía ofrecerme era diferente. La idea del matrimonio fuerte y para toda la vida en el fondo de mi alma era lo que de verdad deseaba, no podía negarlo. Y no me he equivocado. Un amor así, según el plan de Dios, te dan una paz, felicidad y bendiciones que colman tu ser conforme a lo que nuestra naturaleza humana es. Es lo que cualquiera desea.

¿Y no es aburrido?
A.- Vivir poniendo a Dios el primero es una aventura grandiosa, que da vértigo si la ves sin fe. Y en cada pareja, en cada vida, es tan diferente... “No tengáis miedo” como nos repetía Juan Pablo II, “abrid las puertas a Cristo”. “No tengáis miedo, Él no quita nada, lo da todo” dice nuestro Benedicto XVI. Pues así es. Nuestra vida ha sido una locura a los ojos del mundo, la cuenta corriente cada dos por tres bajo cero, y ni casa propia, ni trabajo fijo, siquiera a estas alturas... Pero en todo hemos visto la Providencia del Señor, que no nos ha dejado, y nos ha sacado literalmente de más de una, cuando ya era difícil creer... El Señor nos lleva por caminos que no sabemos, ni hubiéramos imaginado.

¿ Por qué se rompen los matrimonios?
H.- Por una razón u otra, muchos cristianos no dan importancia a su relación con Dios antes de contraer matrimonio. Faltan la fe y el amor único. Frecuentemente el peso de un pecado sin confesar. Si esto no se arregla pronto el amor se restringe y hasta se estrangula.
A.- “Haced lo que Él os diga”. Si creemos que sabemos más que la Iglesia, no nos dejamos llevar por Dios en el cumplimiento de sus mandatos… Si no nos dejamos llenar de la sabiduría de Cristo actuamos según otros criterios.

¿Y cuando llegan los momentos de cansancio, de sufrimiento?

H.- Rezamos más y pedimos a Dios la fuerza para luchar. Se trata de tener una vida espiritual fuerte y de creer en el valor de la Cruz. También ayuda ser conscientes de las otras personas que sufren, especialmente los que lo hacen de espaldas a Dios. Es provechoso pensar en el cielo, el infierno y el purgatorio.
A.- Pido ayuda al Señor. Tengo el cuadro de la Divina Misericordia en mi cuarto y allí está escrito: “Jesús, en Ti confío”. Y a la Virgen le digo en momentos de especial dificultad: “Demuestra que eres mi Madre”.
Necesito también ir a confesar, para no desanimarme por mis fallos, para que el Señor me renueve en la fuerza y la ilusión de seguirle y saber que a pesar de todas mis faltas, puedo esperar ir al Cielo. Intento ir a Misa, si puedo, diariamente, me hace mucho bien, y así le puedo pedir y dar gracias a Dios.

¿ Qué ha sido lo más difícil en vuestro matrimonio?
H.- Cuando los niños han estado enfermos o en el hospital.
A.- Cuando mi marido ha estado sin trabajo o cuando he tenido niños enfermos, también en las mudanzas... y a veces con el tema económico (pero resuenan esas palabras “Buscad el reino de Dios, lo demás se os dará por añadidura”).
Cuando lo he pasado mal por encontrarme sola con muchos niños pequeños, entonces sentía a Dios conmigo, y era una felicidad la cruz. He llegado a tener cuatro hijitos menores de dos años, es decir, trillizos, luego Gabriel, y cuando este tenía un añito y los trillizos tres, tuve el embarazo de Joseph, el octavo, embarazo muy malo con reposo –que no podía guardar- y medicación que me dejaba echa polvo. La última niña, Myriam Fátima, también han sido nueve meses de reposo prácticamente, y abandonando en las manos de Dios, la vida de la pequeña y la mía.

Arantza, ¿qué es la maternidad?
Es la experiencia más sublime que se puede tener, aun con la cruz. Es lo más grande y donde sientes el poder de Dios, tan callado, tan hondo, como en Belén.

¿ Una persona casada puede llevar vida interior?
H.-Es esencial. Consciente de mi debilidad, intento hacer uso de todo lo que Dios me ofrece: Hacer de la Misa el centro de mi jornada, siempre que sea posible, la confesión frecuente, tiempo de oración después de comulgar, el rezo del Oficio divino, el permanecer en la presencia de Dios, el rosario, oración más profunda por lo menos una vez al día. Intentar dar testimonio de Cristo en todo momento. Intentar conocerme a mi mismo, especialmente en mis puntos débiles, y continuamente vigilar. El demonio, el mundo y la naturaleza herida no se rinden. Hay que crecer poco a poco en las virtudes. Nuestra grandeza está en luchar, día a día, por Cristo y por la salvación de todos.
A.- A mí una vez me dijo una amiga que se dedicaba a sus seis hijos, yo entonces tenía siete: “Me siento como una religiosa contemplativa estando en casa con tanto angelito”. Y es verdad. Si apartas los ruidos de tu vida, con el silencio y con la compañía de la inocencia y el candor de tus hijos, es algo de verdad grande, comparable a la vida monástica, sin duda. En eso, el ejemplo de María, nos puede hacer reflexionar, mujer de silencio y que “guardaba las cosas en su corazón”.

¿ Qué experimentasteis cuando llegó el primer hijo?
A.- Contaré cuando llegó el séptimo, pensé, al oírle llorar en la sala de partos: “Dios quiera que no sea el último”.

¿ Cómo interpretáis esta frase: “No se da vida sino a través del sufrimiento”?

H.- El Señor dijo a Rosa de Lima: “Decid a todos que la gracia sigue al sufrimiento; la cantidad de los dones del cielo es aumentado en la medida de los esfuerzos; ésta es la única escalera por la cual se llega al paraíso; sin la cruz no hay camino al cielo.” ¿Qué más se puede decir?
A.- “Los dolores de parto”. No hay que temer al sufrimiento, no. De la cruz florece la vida… “El Reino de Dios sufre violencia”. No podemos alumbrarlo sin dolores. Nos hace más como Cristo, y es un gran misterio cuando podemos compartir su padecimientos. Y sufrir nos hace ser más persona.

¿ Qué pedís a Dios para vuestros hijos?
H.
- Que ninguno de los que Dios me ha dado se pierdan. Que se reafirmen en su gracia. Que oigan la llamada de Dios, que la sigan y que permanezcan fieles hasta la muerte. Que Dios les de vocaciones a la vida religiosa o al sacerdocio. Que les proteja. Podría seguir…
A.- Que sean siempre fieles. Verlos a todos en el Cielo.

¿ Por qué es tan difícil actualmente la educación?
H.- Falsas ideas sobre la educación prevalecen casi en todas partes. Se trata de infidelidad. No estamos siendo fieles a la educación de nuestros hijos. Los pensamientos de la Iglesia, de Cristo, son muy claros en este punto. Tenemos que educarles en el amor y temor de Dios, proveerles con una síntesis de la fe y cultura. En lugar de esto, les damos acceso a todas las influencias corruptas que los medios ofrecen. Les alimentamos con la doctrina de auto-realización y auto-estima, combinado con las teologías disidentes que consideran al pecado como obsoleto y al Magisterio otro tanto. Les educamos a coger buenos puestos en la sociedad, pero nunca han sido enseñados a mantener su puesto en el Reino de Cristo.
A.- Todo se pone en contra y todo está en contra. Los medios de comunicación, una ideología fuerte que roba a los hijos de la autoridad de sus padres y los lanza a un mundo hedonista y amoral, etc. Y porque los educadores no siempre están despiertos y claros sobre el camino a seguir, cuando no en contra de los valores evangélicos.

¿ Qué hacéis a nivel personal implantar la civilización del amor?

H.- Estar abiertos a la vida y tener una gran confianza en la providencia de Dios, a pesar de las dificultades. Creer firmemente que la Iglesia es para todos, tener un corazón abierto a todos.
A.- Intentar formar a nuestros hijos para que no caigan en la esterilidad del relativismo que no sabe distinguir lo digno de lo indigno de ser vivido. No hay TV en casa, excepto algún programa de EWTN que cogemos desde E.E.U.U. esto es bueno para mantener el inglés en casa. La TV es el peligro número uno. No se siguen en casa modas que van contra la dignidad de la mujer y del hombre que las ve..., no hay revistas, ni radio, ni…ni…ni. Dirán unos, vaya, qué de prohibiciones, pero no. En casa mis hijos están alegres, también riñen y se pegan qué le vamos a hacer. Pero no se echa de menos lo que no hay. Juegan con los gatos, leen bastante, especialmente los mayorcitos, dibujan, o me acompañan a hacer la compra. ¡Ah! Y tenemos varios músicos... Salimos a pasear por el campo y vamos a Misa todos los días. Les encanta servir de monaguillos y escuchando todos los días la Palabra de Dios. Se están formando sin que nos demos cuenta. Queremos que nuestros hijos entiendan que se puede vivir de otra manera.

¿Es difícil amar? ¿Cómo se aprende a amar?
H.- Con Dios es posible. Es el mandamiento más importante, y tenemos que trabajarlo día a día, sobre todo en la familia. Si pedimos por los otros en nuestras oraciones, vamos en la dirección correcta.
A.- Sí, a veces nos ponemos de los nervios con los niños. Pero para eso está el sacramento del Perdón. Se aprende negándose a sí mismo, tomando la Cruz, y siguiéndole.

¿ Cómo vivís vosotros el mandato: “Id y predicad...”?
H.- Ser profesor es una maravillosa manera de dar testimonio del Evangelio. El tener una familia numerosa hace pensar a la gente.
A.- Un día le decía a una amiga: ¡Cuánto me gustaría hacer más por esos jóvenes que veo en la calle! Pues me recordaban a mi primera juventud, jóvenes radicales de izquierda, “abertzales”, totalmente desorientados en su vida, viviendo su juventud entre bar y bar, cuando no pasando por el drama del aborto, de encontrarse conviviendo con uno, no se sabe muy bien porqué… Y en la oscuridad del panteísmo, de la New Age, la idolatría de la patria (vasca), y apoyando los crímenes de ETA. Y yo le decía a mi amiga, que si tuviera el arrojo de ir a la plaza pública y predicar como han hecho tantos santos, con toda la cara… Ella me dijo algo que no olvido: “Cada vez que sales a la calle con tus niños, predicas”. (Entonces solía salir con una sillita triple y un bebé en la mochilita, con los otros siguiendo como podían)

No puede faltar hacer referencia a la Virgen María.
H.- María es central en la vida de la fe. Estoy convencido de que le debo a ella mi salvación. Es decir, que es María quién me mantendrá en el camino de su Hijo. He decido serle agradecido y encomendarme a mí y a todas las personas queridas a Ella. El rosario y el escapulario son particularmente importantes hoy en día y seríamos tontos si fuéramos ciegos e ignorásemos los “signos de los tiempos”.
A.- Mi tercera hija, la niñita que murió al nacer, se llama María. En sus brazos la he dejado. Entendí entonces la devoción a la Virgen, al entregar a esa hijita, pues no comprendía, llevaba poco tiempo “conversa”. Pero me dí cuenta cómo ella, Madre nuestra, intervino entonces, mi niña recién nacida fue al cielo, y lo que yo pedía, sentirme cerca de mi propia madre que estaba muriendo de cáncer, se me concedió de una manera sólo comprensible con los ojos de la fe. Ese angelito la hizo mirar al cielo a mi querida madre, mi madre tenía una fe recia y probada, pero la muerte estaba ahí, y ella era humana. Luego, la Virgen María ha intervenido más de una vez como respuesta a algunas oraciones muy concretas. “Muéstrame que eres mi Madre”

©Revista HM º133 Noviembre/Deciembre 2006