Mamie, su hermana Jeannot y las misiones
Mamie no ha sido nunca misionera en el sentido de ir personalmente a las misiones. No obstante, asistí a muchas conversaciones entre ella y su hermana Jeannot, que tenía el nombre de Sor Elena como Hija de la Caridad. Hablaban de este modo:
Sor. Elena: - Qué cosa más extraña Lulú (así se refería cariñosamente a su hermana a la que nosotros llamamos Mamie). Yo que soy religiosa me ha tocado siempre estar ocupándome de dinero para las misiones, de proyectos, de trabajos en enfermería… no he parado nunca de trabajar, y tú, que no lo eres, Dios te ha dado el encargo de rezar y rezar. Yo creo que mi misión ha sido sostenida tantas veces por ti.
Mamie la miraba con ojos cariñosísimos desde su sillón de enferma.
Efectivamente, Mamie nunca había estado en misiones. Su hermana sí. Su primer destino había sido el África colonial belga, es decir, el Congo. Trabajó entre los pigmeos, en medio de peligros y de la guerra de descolonización que estaba en su apogeo cuando ella servía a sus pobres pigmeos. El enfrentamiento entre Lumumba, Kasabuvu, M. Tsombé. De todas estas guerras se vio favorecido un sargento que llegaría a ser presidente: Mobutu.
Sor Elena vivió en medio de riesgos y tensiones increíbles entregándose a sus pobres. Ella quería ser una imitadora de S. Vicente de Paul y de Sta. Luisa de Marillac.
Después marchó al Vietnam y allí daba de comer a ocho mil campesinos de las montañas que venían a refugiarse a su misión. Por cuatro veces la vio destruída por los bombardeos y enfrentamientos entre los norteamericanos y la guerrilla Vietcom.
Estuvo cuatro meses prisionera en manos de los Vietcom, torturada. Salvó al Sr. Nuncio de la Iglesia Católica de una muerte segura.
Yo fui testigo de los sufrimientos espirituales de Mamie que rezaba fervientemente por su hermana, por la misión del Vietnam, por la Iglesia en Vietnam. Sería increíble si yo pusiera aquí lo que vi. Ella supo que su hermana estaba liberada de una manera que a todos nos parecería extraña. Supo también que su hermana iba a volver sana y salva, como así ocurrió. Mamie y yo fuimos a recibirla al aeropuerto Charles de Gaulle, en París, y la llevamos en coche a Bruxelas después de pasar unos días en la Casa Generalicia Rue du Bac.
Su siguiente destino fue Haití, el país más pobre que tenían las Hijas de la Caridad, porque ella quería servir a los más pobres que estuvieran atendidos por las Hijas de la Caridad. Allí fuimos también Mamie y yo en el verano de 1978 ó 1979. Pudimos comprobar la extrema pobreza en la que vivían las gentes procedentes de los antiguos esclavos negros trasladados desde el Golfo de Guinea: Arados, Ibos, Dahomianos, etc. Se puso inmediatamente a su servicio. Mamie en esta ocasión apadrinó a una niña que le pusieron por nombre Isabel, como ella. Y todos los años pasaba una cierta cantidad a su hermana para la atención de esta niña.
Mamie no era misionera pero sentía profundamente la misión y por ello rezaba y se ofrecía. Tantas veces la he visto sumida en profunda oración por los pobres que su hermana y las Hijas de la Caridad atendían en el mundo. Y por todos los pobres que eran atendidos por la Iglesia.
El 24 de marzo de 2003 una comunidad de Siervas del Hogar de la Madre ha cruzado el Atlántico para dedicar sus vidas a la atención de personas necesitadas durante el tiempo que Dios disponga. Dos de ellas conocieron a Mamie, la Hna. Inmaculada y la Hna. María. Las otras dos no la conocieron, la Hna. Rosi y la Hna. Estela, pero han sentido el influjo de su espíritu que las ha llenado de amor hacia la gente necesitada. Yo estoy seguro que Mamie espiritualmente está presente con ellas y que intercede poderosamente para que esta comunidad continúe la labor de la Iglesia que se hace presente para la salvación de todos los hombres.
Por D. Rafael Alonso Reymundo
© Revista HM º112 - Mayo/Junio 2003






