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TestimoniosGrupos Misioneros del Hogar de la Madre

Rosa Duque

rosaduque1Como San Pablo, a quien “Dios eligió, desde el vientre materno y llamó por su gracia”, también Él pensó en mí desde siempre con gran predilección; una predilección que pasa por utilizarme como instrumento para llevar el Amor de Su Corazón a otros. Hace un mes, esto se pragmatizaba en una experiencia misionera en Ecuador.Precisamente en Ecuador, el primer país consagrado al Corazón de Jesús.Ese mismo Corazón de Jesús, que era el que había encendido en mí el fuego de su Amor para llevarlo al Corazón de América.

Cuando las reliquias de Sta. Teresita, Patrona de las misiones, hacían escala en Madrid, en su viaje hacia Guayaquil, a finales de junio, Mes del Corazón de Jesús, me pareció que iba a prepararme el camino para la misión que realizaría en Ecuador meses más tarde. Tres meses después, y como si la coincidencia en las fechas fuera algo más que coincidencia, comienzo a contaros mi experiencia con palabras de Sta Teresita. Ella escribió el 8 de septiembre de 1896: "Yo siento dentro de mí la vocación de sacerdote, de apóstol, de doctor, de mártir, [...] A pesar de mi pequeñez querría iluminar a las almas…"; "el Amor encierra todas las vocaciones. [...], en el corazón de la Iglesia, mi madre, seré el amor".

Madrid, 9 de septiembre de 2008, vuelo con destino Guayaquil, comienza la misión. Con dos Siervas del Hogar de la Madre, voy a colaborar en algunos de los proyectos que los Grupos Misioneros del Hogar de la Madre tienen en Ecuador. Dos semanas en Chone y una en Playa Prieta. Los objetivos de los Grupos Misioneros en Ecuador son: ayudar a paliar las necesidades apostólicas y de formación cristiana de la gran mayoría de su población, además de las puramente materiales. Y esa era la misión que iba a cumplir durante estos días.

Más de cien consultas médicas diarias, en las que se aprecian las grandes carencias que desde el punto de vista sanitario hay en este país y las consecuencias de la pobreza extrema en la que viven. Algunos recorrían grandes distancias para llevar a sus hijos al médico. La falta de higiene, la desnutrición crónica en la población, las enfermedades gastrointestinales, las afecciones respiratorias... son los problemas de salud más comunes; además otros males peores aquejan a la sociedad, como el elevado número de madres solteras, menores de edad, y un problema de difícil solución: el maltrato a la mujer, más que en un sentido físico literal, en cuanto a su utilización en una sociedad de marcada educación sexista, que no tiene unos criterios básicos en este aspecto y por ello no respeta a la mujer en las relaciones afectivas y en la vida sexual. Por eso, tan importante o más que la asistencia médica han sido las charlas de formación.

rosaduque3Charlas de formación; primero a las niñas,… Pero, esto no era suficiente, vi que era necesario reforzar las charlas dadas a las chicas, hablando también a los padres, las madres, los hermanos,… Los propios profesores, tras escuchar los contenidos y viendo los efectos sobre las chicas, fueron incrementando el número de charlas y grupos. Pasando en grupos de 120 chicas. Muchas de ellas, se acercaban después de la exposición a hacer consultas personales, que en ocasiones, parecían auténticas confesiones. Gracias a estos momentos confidenciales, en los que se palpaba su necesidad de encontrarse con el Corazón Misericordioso de Dios, a algunas pude orientarles para que se confesaran o se impusieran el escapulario. Después de esto, recuperaban la paz; volvían a agradecerlo personalmente, o mediante el correo electrónico, reconociendo que su vida ha cambiado gracias a haber recibido esta formación.

Particularmente impactante era ver chicas con 11 ó 14 años, embarazadas, con hijos,… a los que cuidaban las abuelas, mientras ellas seguían yendo al colegio. Otras habían tenido un aborto y habían enterrado a su propio hijo; estaban profundamente agradecidas al descubrir y comprender que habían sido manipuladas; y que se estaban maltratando a sí mismas como personas. La charla había dado sobre ellas una luz nueva que sólo puede venir de Dios.

Así, se iba multiplicando el trabajo de hablar a unos y a otros. Las Siervas habían preparado algunas charlas en colegios, y la urgencia de la misión, hizo que el horario fuera muy apretado, lo que supuso un gran esfuerzo, y una gran satisfacción. Era un trabajo reconfortante; allí necesitan una educación completa de la afectividad, la sexualidad, el matrimonio,…; contarles el proyecto de Dios sobre el hombre, que nos ha creado para amar. Se podía ver, no sólo la falta de criterios básicos, sino la receptividad con la que acogían todo lo que les decía.

 

Demuestran una gran confianza en los misioneros, y están muy abiertos, tanto en la medicina como en la formación que se les da.

Es impresionante la labor que se puede hacer llevando el amor de Dios a unos jóvenes muy abiertos a lo espiritual, ávidos de que se les hable de Dios, muy necesitados; que escuchan como esponjas que quieren llenarse, porque no se han llenado todavía, como en nuestro occidente materialista, de aguas ponzoñosas. Manifiestan mucho respeto, mucha confianza, a las enseñanzas que se les proponen.
Y charlas también a otros grupos, adultos y jóvenes de parroquias, movimientos,…; en un centro asistencial de chicas toxicómanas en rehabilitación,… a las que ayudó oír mi experiencia personal… Y otras muchas pequeñas experiencias que son imposibles de resumir en este artículo; para muchas de las cuales he podido ver algunos frutos; y otras cuyos frutos sólo Dios sabe quién y cuándo se recogerán.

rosaduque2Todo este trabajo no hubiera sido posible sin la fuerza que viene de la oración. Cada mañana comenzábamos el día, a las 5:30 h de la madrugada a los pies del Corazón Eucarístico de Cristo que late desde la Hostia Santa. Y desde ahí, nos envía a llevar su Amor a todos los hombres, como hizo la Virgen, desde su “Sí” en Nazaret hasta su “Stabat” en la Cruz. Unos días de mucho trabajo, que han puesto de manifiesto que no era yo quien actuaba, sino Él que me ha utilizado, como su instrumento menos válido; para que su fuerza se manifieste en mi debilidad (II Cor. 12, 7). Siento que ha quedado mucho por hacer, que la labor realizada ha sido insuficiente pero útil.

Al finalizar la misión, no sólo el balance es muy positivo, sino que la alegría es palpable; quizás sea, porque, como decía Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi, "evangelizar constituye la dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda" (E. N. 14). Por eso os animo a todos a participar de esta experiencia; para que experimentéis el gozo de ir por todo el mundo, llevando el Amor del Corazón de Cristo, para que sea conocido y amado en toda la tierra.

Hermana Clare

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