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8 de diciembre 2018

Nunca podemos terminar de decir: “¡Cuánto ha hecho nuestra Madre por nosotros!”. Sin María, sin su entrega, no tendríamos el fruto de su vientre, Dios con nosotros, el Emmanuel. Si ahora nos podemos acercar, sabiendo que el misterio del altar depende del “sí” de María, entonces nos acercamos a ella con veneración, con respeto, sabiendo y pidiendo: "Dios mío, que yo sea digno de poder acercarme a ese misterio". Dios, desde el comienzo, la hace muy diferente en todo. Desde su concepción, ella es Inmaculada. Desde la unión entre San Joaquín y Santa Ana, la Virgen es especial.

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