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23 de marzo 2019

“Este hijo mío estaba muerto y ha revivido”. Estas palabras que el padre dice en la parábola del hijo pródigo, son un reclamo a mirar las almas como almas llamadas a salvarse, a alcanzar la vida eterna; y a las cuales nosotros no podemos dejar de contemplar. Las almas son santuario de Dios. Cualquier alma que nos acerca, es un alma eterna a la que Dios permite que me acerque y tiene que ser una misión para mí; siempre.

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