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Noticias 2013

Una semana de Pascua poco típica

caresConvivencias de chicos en Las Presillas, Cantabria (España). Semana de Pascua, del 2 al 6 de abril de 2013.

Cristo ha resucitado. ¡Aleluya!

Durante la semana de Pascua he aprendido una lección muy importante: que no hace falta ir muy lejos ni gastar mucho dinero para tener una buena experiencia. Me refiero a las convivencias que hemos tenido en Las Presillas con chicos. No podemos reproducir en tan poco espacio y con tan poco tiempo todo lo acontecido, pero creo que será suficiente con un breve resumen de lo más destacado de cada día.

caresMartes, 2 de abril:

Nos levantamos temprano y salimos con todo preparado para hacer la Ruta del Cares. La Ruta es una marcha que sigue el Río Cares, que cruza los Picos de Europa y está a poca distancia del pueblo de Arenas de Cabrales, en Asturias. Se empieza a caminar en el pueblo de Poncebos, en Asturias, y se termina en un pueblo llamado Caín, en León.

Es realmente impresionante. No te cansas ni de caminar ni de ver todo lo que tiene que ofrecer: caídas mortales, túneles largos, cuevas, cascadas, formaciones de rocas espectaculares, y todo el tiempo estás rodeado de montañas enormes. Tardamos tres horas y media en hacer la ruta, es decir, en llegar desde Poncebos hasta Caín. Comimos nuestros bocadillos en el pueblo, exploramos un poco y empezamos el regreso hacia Poncebos. Parece que los chavales tenían más prisa a la hora de volver, pues hicimos el regreso en poco menos de dos horas.

quesoMiércoles, 3 de abril:

¡Este día me sorprendió cuánto interés mostraron los chavales en hacer queso! Puedo decir que yo también disfruté mucho toda la experiencia. En primer lugar, no era sólo hacer el queso. Para empezar, fuimos a la vaquería para comprar la leche. Compramos veinte litros. Pero al llegar nosotros, uno de los campesinos se dio cuenta del interés que teníamos en su finca. No tardó en invitar a todos para que pudiésemos ver toda la finca.

Vimos los corderitos, caballos, terneros, gallinas. A mí me gustó más ver todo el proceso de ordeñar las vacas. Seguramente mi abuelo hubiera ahorrado mucho tiempo a la hora de ordeñar, (normalmente lo hacía a las cuatro de la mañana) si hubieran salido con toda esa maquinaria que se tiene hoy día. Las vacas llegaron al establo llenísimas de leche; las guiaban por un corredor estrechito donde las enchufaron a unas máquinas que hacen todo el trabajo de sacar la leche, después se iban a otro pasillo donde las estaba esperando un banquete de hierba rica y verde. Al llegar a casa, nos pusimos a hacer el queso. Toda una experiencia.

cuevasJueves, 4 de abril:

Fuimos a visitar las cuevas de Puente Viesgo. Entre las opciones que tuvimos entramos en una que se llama El Castillo. Esa, en particular, tenía muchas pinturas rupestres prehistóricos. Vimos ciervos, bisontes, manos… Uno de los chavales preguntó al guía por qué sólo pintaban animales y no aparecían figuras. El guía respondió que para aquella gente el animal lo era todo para sobrevivir. Usaban su carne para comer, su piel para abrigarse, sus huesos para hacer herramientas y armas.

Por la tarde, ¡fuimos a la playa! A pesar del frío que hacía, nadie se arrepintió de haberse metido dentro. Un poco de locura juvenil, en su debido momento y lugar, viene bien.

Viernes, 5 de abril:

No fue un típico viernes. Este día matamos siete conejos. Por una parte, porque les había llegado su hora y, por otra parte, porque era el cumpleaños del hermano Benjamín. De todas maneras fue una experiencia enriquecedora. Después de tener una lección muy bien enseñada por el hermano Nicolás, cada muchacho tuvo la oportunidad de coger un conejo, darle el golpe mortal detrás de las orejas y ver más o menos la anatomía del animal cuando lo tuvimos que limpiar. Unas horas más tarde tuvimos la suerte de verle (al conejo) entre un pequeño montón de patatas fritas y una porción generosa del queso que habíamos hecho pocos días antes. ¡Qué rico estaba todo!

playaPor la tarde hicimos una marcha de dos horas, por un camino que te lleva hacia la Capía, un pequeño monte que tenemos detrás de nuestra casa. Mientras bajamos grabamos algunas escenas de una película, dirigida por uno de los chavales que quiere ser un director de cine cuando sea mayor. La película era una versión moderna de la historia de San Tarcisio, el joven romano que murió defendiendo la Eucaristía.

Sábado, 6 de abril:

El Señor guardó la mejor experiencia para el último día. Fuimos a visitar una residencia para ancianos, el Asilo de San José. Llegamos con el plan de cantar unas canciones de Pascua, contar un poco nuestros testimonios y saludar a la gente. Al llegar, nos dimos cuenta de que nuestra guitarra no tenía todas las cuerdas. De hecho, faltaba una que según me decían, era crucial. Se animaron un poco cuando les sugerí usar un tambor. Claro, que para la gente mayor, un tambor en las manos de un chaval de catorce años es terrible.

furgonetaCuando entramos, el jefe nos contó que era justo la hora del Bingo. Nosotros no teníamos muchas ganas de jugar, pero para todos los demás parecía ser algo muy sagrado. Yo me quedé un poco perplejo. Allí estaba yo, con el grupo de chavales, la guitarra inútil, un tambor y toda la audiencia sumergida en una partida de Bingo. Recé un Ave María y esperé…

Pero en un momento se iluminó la cara de nuestro guía y vino a su mente otro grupo de personas que no podían bajar al Bingo y de los que siempre se olvidaban. Eran los de la tercera planta, los discapacitados. Subimos a la tercera planta. Nada más explicar a la enfermera nuestra situación, ella apagó la tele y nos presentamos a los más pobres del Asilo de San José.

hnolukeMuchas caras se iluminaron al enterarse que veníamos sólo para verles y estar con ellos. Había también otras caras de sufrimiento y dolor, que sólo te miraban con un triste vacío y a los que solamente podías encomendar al Señor. Así que les cantamos nuestras canciones y les fuimos saludando, intentando transmitirles esperanza y amor. Yo creo que sus reacciones de agradecimiento nos ayudaron más a nosotros de lo que nosotros pudimos ayudarles a ellos.

En fin, hemos visto mucho en una semana. Cada uno de nosotros hemos recibido una semilla, una gracia. Porque Dios está siempre trabajando donde haya un hombre que le abra el corazón, aunque sólo sea un poco, eso basta para Dios. ¡Qué grande es! Rezo para que estemos todos dispuestos a dejar que Él cuide de esa semilla, y la dejemos germinar en nosotros para que en su tiempo brote y dé mucho fruto para su Reino.

-Hno. Luke DeMasi, S.H.M.

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