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Categoría: Febrero

campañachoneQuinto viaje misionero a Puyo (Ecuador), del 2 al 7 de febrero de 2015.

Del 2 al 7 de febrero hemos realizado nuestro quinto viaje misionero a Puyo con el objetivo fundamental de inaugurar la capilla de la comunidad de Yampís. Aunque en un principio parecía que solo íbamos a viajar un pequeño grupo, pues las fechas previstas venían mal a todos (los universitarios tenían clases, los bachilleres exámenes de grado y los estudiantes de medicina se encontraban a mitad de semestre), al final Nuestra Madre se las arregló para que el autobús se nos quedara pequeño.

La semana anterior al viaje fue muy intensa por los preparativos que realizamos. Además, uno de los sacerdotes que tenía previsto venir con nosotros nos avisó dos días antes de la fecha de salida de que no podría acompañarnos, lo que supondría que una de las dos comunidades en las que nos dividiríamos quedaría sin misioneros, catequesis y misa. Después de rezar mucho y tras varias llamadas telefónicas a otros sacerdotes, uno de ellos se ofreció a venir con nosotros. Así que finalmente nos montamos en el autobús tres sacerdotes, ocho hermanas y treinta laicos, entre jóvenes y adultos. Otros dos jóvenes se nos unirían después en Guayaquil.

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Pudimos hacer cinco equipos misioneros para viajar a las comunidades de Chuwitayo, San José-Kunki, San Rafael-Shackay, Don Bosco y Yampís.

A Chuwitayo acudió un grupo de laicos jóvenes y adultos que pudo trabajar sobre todo con mujeres y jóvenes. Los temas más tratados por ellos en sus reuniones fueron los valores y la vida matrimonial. Desde Chuwitayo también pudieron visitar otras comunidades cercanas, como Sakap.

La comunidad de San José era la tercera vez que la visitábamos. Aunque sus habitantes son algo fríos de trato, tenemos la certeza de que la palabra de Dios que les llevamos nunca queda sin dar fruto. Desde allí nos dirigimos a Kunki, una pequeña comunidad a la que se accede bajando una loma de inclinación casi vertical, que estaba enlodada y resbaladiza por las lluvias recientes. El viaje mereció la pena, pues los misioneros fueron recibidos por los pobladores con verdaderas ansias de amor de Dios, mucho agradecimiento y, sobre todo, abundante "chicha" para comer.

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Respecto a la comunidad de Don Bosco, era la primera vez que la visitábamos. El camino de acceso a la misma, que ellos denominan “lindo”, se había deteriorado por las lluvias caídas y por el paso de unas mulas cargadas de maderas. Pese a este pequeño contratiempo, al llegar fuimos bien acogidos y, aunque no eran muy puntuales a la hora de empezar la catequesis, tuvimos ocasión de hablar largo y tendido con las familias en sus hogares. Les animamos a que se prepararan para ser catequistas y así poder tener reuniones todas las semanas. El último día que estuvimos allí se celebraron algunos bautizos y varias parejas manifestaron su deseo de contraer matrimonio en nuestra próxima visita.

El equipo que caminó hasta San Rafael contaba con la presencia de un profesor de la ESPAM (Escuela Superior Politécnica Agropecuaria de Manabí), con sede en Calceta, que iba a estudiar el terreno donde se asienta la comunidad, con el fin de mejorar sus cultivos y determinar qué tipo de animales podrían pastar allí. A San Rafael nunca habíamos ido de misiones, solo habíamos estado de paso cuando viajábamos a Yampís. Para ellos, nuestra visita fue toda una fiesta pues llevaban más de un año sin celebrar misa en la comunidad. Después, dos de las hermanas que visitaban Puyo por primera vez (la hna. Estela y la hna. Elena) partieron hacia Shackay, y quedaron encantadas con la visita que realizaron.

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Pero la protagonista en este viaje iba a ser la última comunidad: Yampís, a la que llegamos tras superar no pocas dificultades, pues tuvimos que caminar cinco horas por la selva sobre un lodo pegajoso que dificultaba nuestro paso firme. También subimos y bajamos lomas con ayuda de un tercer pie: un palo. Además, tuvimos que cruzar un río cuya corriente amenazaba nuestras ya débiles piernas en medio de una lluvia torrencial. Pero al final alcanzamos nuestro destino: la comunidad shuar de Yampís. La primera visión que tuvimos al llegar allí fue la capilla de madera que los mismos indígenas han construido.

Los jóvenes se encargaron de dar catequesis de bautismo y comunión a los niños que recibirían después estos sacramentos, y las hermanas formamos a los adultos. Les hablamos, sobre todo, de la maternidad espiritual de la Virgen María para cada uno de nosotros.

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El jueves, el P. Pedro bendijo la nueva capilla, cuyos patronos son la Virgen del Carmen y S. Juan Pablo II. Ese día, todos, se impusieron el escapulario de Ntra. Sra. Del Carmen mientras el humilde coro cantaba.

Después la comunidad había preparado para la ocasión una gran fiesta con pampito, su mejor comida, y un caldo de pollo. Posteriormente bailaron una danza shuar y nos obsequiaron con objetos típicos de su cultura, como lanzas, colgantes, aretes y el mate donde sirven la chicha.

Al día siguiente tocaba el difícil regreso, no solo por lo arduo del camino sino por la pena de dejar allí a los indígenas en su lucha diaria por sobrevivir. Nos quedaba, sin embargo, la alegría de saber que desde ahora Nuestra Madre Santísima, la Virgen del Carmen, viviría entre los indígenas dándoles el consuelo y la esperanza de una Madre que jamás abandona a sus hijos ni desatiende las necesidades de sus pequeños.

Por último, queríamos agradecer a la ESPAM que nos abriera las puertas de su corazón y pusiera a nuestra disposición un autobús con dos chóferes, y a dos profesores que nos acompañaron y trabajaron duro por estas comunidades.

Ver álbum de fotos- Don Bosco

Ver álbum de fotos- Yampís

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