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Categoría: Junio

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Camino de Santiago para chicas, del 22 al 28 de junio de 2015.

“En camino, con paso firme y corazón ardiente” fue el lema que el padre Rafael nos dio para esta peregrinación, que luego se convirtió en nuestra bandera. Fuimos llegando desde lugares tan diferentes como Valencia, Sevilla, Toledo, Madrid, Singapur, EEUU… Éramos un grupo de lo más variopinto, como suele suceder en el Hogar de la Madre, pero todas teníamos el firme propósito de emprender el camino juntas y de llegar a Santiago.

A lo largo del camino, tuvimos tiempo para la reflexión personal, para la oración y para conocernos mejor entre nosotras; también para entablar amistad con otros peregrinos. La organización de las comidas y del alojamiento en los albergues, así como la asistencia en carretera, fueron perfectas en todo momento. No faltó ni siquiera nuestra peregrina enfermera, que no cesó de curar ampollas todas las noches.

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Por el camino íbamos cantando, rezando, y se notaba una alegría en el grupo que rápidamente se contagiaba a los otros peregrinos. Nos sentíamos realmente acompañadas por nuestra Madre en todo momento, y eso hacía que la mayoría de nosotras olvidara el dolor de pies, las ampollas y la pesada mochila que, como alguna compañera dijo, nos recordaba la penitencia que cada una teníamos que cumplir por nuestros pecados.

Cada día, después de la etapa, descansábamos y teníamos una reunión, pero donde verdaderamente cogíamos fuerzas era en la Eucaristía. Notábamos que la intensidad y la emoción crecían en cada misa, hasta el punto de hacer que nos saltaran las lágrimas. La gracia del Señor se derramaba sobre nosotras.

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Hubo tiempo para caminar, para darnos un baño, e incluso para subir en un ferry. Nuestras chicas no pararon de confeccionar rosarios para regalarlos a otros peregrinos, haciendo de esta forma una auténtica labor de apostolado.

Al llegar a Santiago, nadie quedó indiferente al vernos pasar, pues no paramos de cantar hasta entrar en la Catedral. Allí, después de abrazar al Apóstol y de rezar delante de donde se custodian y veneran sus restos, acudimos a la "Misa del Peregrino", en la que la mayoría rompimos a llorar de la emoción. El botafumeiro voló por encima de nuestras cabezas dejándonos boquiabiertas, como al resto de peregrinos.

En definitiva, ha sido una experiencia de renovación espiritual y de crecimiento en la fe personal de cada una. Todas nos hemos llevado a casa, además de la “Compostela”, un sinfín de gracias y bendiciones como regalo de nuestro Santo Apóstol.

¡Apóstol Santiago, ruega por nosotras!

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