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Transcripción del testimonio de la Hna. Clare

testimonio9Transcripción del testimonio de la hna. Clare al grupo de jóvenes del Hogar de la Madre durante la celebración de la JMJ Madrid 2011 – Madrid (España), agosto de 2011.

Me llamo hermana Clare, soy de Irlanda del Norte, tengo 28 años. Entré de Sierva cuando tenía 18 años. Desde niña llamaba la atención por mi santidad. La gente me miraba y se decía: “Ojalá esta niña pudiera ser mi hija” (se ríe de la broma).

Soy de Irlanda del Norte, de un sitio que se llama Derry. Vengo de una familia que es católica, pero por razones políticas simplemente. En Irlanda del Norte hay una división muy grande entre católicos y protestantes. Yo no sabía de mi fe. Me acuerdo de que, cuando conocí el Hogar de la Madre, ni sabía –tenía 17 años y no sabía– lo que era la Eucaristía, no sabía que Jesús había muerto por mí en la cruz. Yo fui a un colegio de monjas y siempre me decían… Yo siempre estaba hablando cuando ellas estaban hablando, no en plan mal, sino simplemente porque hablaba mucho. Y me decía: “Clare, empty vessels make a lot of noise, es decir, un cacharro vacío hace mucho ruido”. Siempre me decían eso. Igual ellas me enseñaban la verdad, pero yo estaba tan en las nubes que no escuchaba. Y, como era muy habladora y siempre –yo que sé– cantaba y cosas así, yo supongo que las profesoras y los profesores vieron en mí un talento que no yo no sabía que tenía. Y digo esto porque siempre quise ser actriz famosa. Y no solamente famosa en Irlanda, sino mundial. Y, además, tenía mucha confianza. Esto es lo que quiero hacer, y lo voy a hacer. Así de claro. Supongo que esto se basaba en lo que mis profesores me decían: “Tú vas a llegar muy lejos, aunque seas una vasija”.

Cuando yo tenía 14 años, ya empecé en una agencia de actrices. Tenía un manager y me hicieron un contrato. ¿Qué significa tener un manager? Pues que, cuando hay una película o buscan a una presentadora para la televisión, te llaman. Vas allí y haces una audición, y te contratan o no. Cuando yo tenía 15 años hice mi primer trabajo de presentadora del canal 4 de la televisión de Irlanda e Inglaterra. Era un programa cuya traducción en español sería “Espabílate”. Lo ponían a las diez y media de la mañana los domingos. Y, después, hice un trabajo de presentadora en otro programa del mismo canal. Cuando tenía 17 años, me llamaron para ser presentadora en un canal muy grande que se llama Nickelodeon.

testimonio1Cuando tenía 18 años rodé una película no muy buena, por eso no siempre digo el nombre de la película. Tenía un papel. La película se llamaba “La pasión”, el director era Mel Gibson (se ríe de la broma). Digo que era una película no muy buena, porque no tenía una moral muy buena. Era una película política basada en Irlanda, del tipo, por ejemplo, de “En el nombre del padre”. De ese tipo. Mucha violencia, mucha agresión, que produce mucho odio. Tenía un papel muy pequeño, porque, para ser famosa, tienes que empezar poco a poco. No es que de la noche a la mañana llegas a Hollywood. Entonces, cuando tenía 18 años, hice este papel en la película que después abría puertas para tener más papeles en otras cosas más grandes.

Yo siempre fui muy cabra loca. En el colegio siempre estaba haciendo el payaso. “Oye, Clare, imita a tal profesor”. Entonces, siempre imitaba a la profesora. No hacia mis deberes, otros los hacían. Yo, a cambio, les daba los cigarrillos y ellos me hacían los deberes y cosas así. Siempre estaba hablando.

A mí me gustaba mucho la fiesta, la discoteca, la marcha y, cuando tenía 17 años, –desde muy joven– salía al mundo malo, al ambiente malo de las discotecas, desde una edad muy pequeña, 12 o 13 años. Y, cuando yo tenía 17, tenía un problema con el alcohol, sí, un problema bastante gordo. Digo todo esto para que sepáis en qué ambiente estaba yo.

Un día, mi amiga Sharon Dorgedis me llamó y me dijo: “Clare, ¿quieres ir a España? Está todo pagado”. Para mí, España era lo que había visto en la televisión. Me acuerdo de un programa que se llama “Ibiza”. Y era solo de Ibiza, de un tipo de gente que iba a Ibiza y se lo pasaba a tope: las playas, las discotecas, la marcha... Entonces, como a mí me encantaba todo esto, dije: “Claro que sí. ¡Madre mía, gratis! ¡No me lo puedo creer”. Esta fue una jugada de la Virgen María, porque ya veréis lo que pasó. Me dijo que todos los que querían ir a España, tenían que ir a una casa para recoger el billete. Entonces me dio la dirección y dijo que ella iba a estar. Era una que también iba a estar. Y yo pregunté: “¿Quién ha pagado el billete?”. Ella me dijo el nombre de un hombre que yo conocía. Era un hombre bueno, pero yo no pensaba que este hombre iba a venir con nosotras. Fui a la casa y llamé a la puerta. Un hombre muy mayor –que tendría, no sé, 40 o 50 años– (se ríe), abrió la puerta. Yo dije: “Sharon Dorgedis, mi amiga, me dijo que todos los que iban a ir a España tenían que venir aquí a recoger el billete de avión”. Me dijo: “Sí, sí. Pasa”. Y me llevó al comedor. Cuando entré allí –debían de estar rezando el rosario–, había un grupo de 30-35 personas de edad madura. Allí, rezando el rosario. Y yo pregunté: “¿Vosotros vais a España?”. Y todos: “Sí, hija, vamos de peregrinación”. Creo que en ese momento empecé a tener un problema en este ojo (se ríe). “¿Cómo? ¿De peregrinación? ¿Eso no significa que tienes que ir a misas todos los días?”. Yo no sabía lo que era una peregrinación, pero me sonaba a algo de ir a misa. Y mi amiga, que estaba sentada ya en el suelo, dijo: “Clare, no te lo he dicho, pero es en un monasterio”. Y yo: “Yo no voy”. Inmediatamente le dije que no quería ir, y me dijo: “Clare, tu nombre está en el billete. Ya sabes que para cambiar el billete hay que perder el dinero y todo eso”. Entonces, yo tenía que ir, tenía que ir. Y la cosa graciosa –no tan graciosa en el momento–, es que a mi amiga, la que me invitó, su apéndice se le explotó 3 días antes y no pudo ir. Recuerdo, al coger el autobús de Derry para Belfast, a mi amiga, sujetando allí su apéndice –la acababan de operar–, que decía: “Adiós, adiós”. Y yo: “Te mato”.


H. ClareY con estas disposiciones llegué a España, al Hogar de la Madre. Me acuerdo de la llegada al monasterio. Era una chica muy superficial. No quería ser molesta, pero lo era. Cualquier chica que solo piensa en sí misma, en su pelo y en sus cejas, es una molestia muy grande. Entonces, por favor, no seáis así. Llegué al monasterio así, y la primera cosa que busqué fue mi cigarrillo y un espejo. ¡Por amor de Dios! ¿Dónde estoy? Era durante la Semana Santa. Yo no sabía lo que era Semana Santa, pero iban a ser 5 días en ese monasterio, donde íbamos a participar con mucho recogimiento para centrarnos en la Pasión, la Muerte y Resurrección del Señor. Yo me acuerdo de que había grupos pequeños, y el padre Rafael estaba en mi grupo. Me acuerdo de las chicas, todas en círculo hablando. Y el Padre hablaba a las otras hermanas, y yo siempre estaba siempre así (hace un gesto de desinterés) en la silla, porque yo no tenía ni idea de nada de lo que estaban hablando. Un día estaban hablando de la Eucaristía, y yo pregunté qué era la Eucaristía. La Hna. Grace estaba ahí y la Hna. Isabel también estaba en mi equipo. Además, yo hablo con un acento muy fuerte de Irlanda y nadie me entiende. Me acuerdo de estar hablando en inglés y que otra persona tenía que traducir del inglés al inglés. Bueno, un lío total. Ahora hablo con acento americano para que se me entienda. Entonces yo no iba a misa ni nada. No iba a las charlas, nada, nada. O sea, nada. Y el Viernes Santo, alguien me dijo: “Hoy, Clare, tienes que entrar en la iglesia”. Entonces yo entré en la iglesia y estaba sentada en los bancos de atrás, en plan “paso de todo”. Y yo veía cómo la gente se ponía en filas para ir a besar una cruz que tenían allí delante. Yo también me puse en la fila con las manos en los bolsillos. Yo no estaba pensando en la Pasión del Señor ni nada, estaba pensando: “¿A qué hora acabará esto para ir a cenar?”. Me acuerdo que, cuando me tocaba a mí besar la cruz –y ya sabe, quien ha participado en el día del Viernes Santo, que es dos segundos el besar la cruz, no estas allí dos horas ni nada–, no me acuerdo si me arrodillé o hice la genuflexión, solo me acuerdo que besé los pies del Señor en la cruz y sentí dentro de mí, en ese momento, como una bofetada muy fuerte, como si Dios me mostrara que era Dios quien estaba en la cruz y que la única manera en que yo podía consolar lo que estaba viendo en la cruz era con mi vida. No valía contar chistes ni hacer un teatro bonito para consolarle, nada, nada de lo que yo pudiera hacer podía consolarle, solo darle mi vida. Y esto, fíjate, sin tener yo ninguna formación religiosa. Una cabra loca, de discotecas, que pensaba que iba a Ibiza y, en este momento, al besar la cruz, el Señor me tiró totalmente del caballo. Y yo no entendía lo que estaba pasando, porque yo no tenía experiencia de Dios. Era, puedo decir, la primera experiencia fuerte que tuve. Y me acuerdo de que volví al banco y empecé a llorar y a llorar y a llorar. Y, claro, yo tenía reputación de chula… Entonces, estar ahí llorando… Pensaba: “Me van a ver”, pero no podía parar, no. Dios me había mostrado claramente que había muerto por mí y que yo tenía que darle algo, y ese algo no era simplemente un avemaría, una misa, un compromiso pequeño, sino era mi vida. Y esto asusta mucho, porque tú quieres tener las riendas de tu vida. Yo decía: “Yo voy a ser actriz famosa. No sé lo que está pasando, pero yo no puedo cambiar, no puedo”. Sin embargo, sabía que tenía que dar algo. Una persona me dijo una vez: “Pero, ¿esto te pasó de verdad?”. Si no me hubiera pasado, no estaría aquí hoy vestida de hermana. Dios habla al corazón, lo que pasa es que nosotros, a veces, no le escuchamos. O le escuchamos, pero intentamos bloquear su voz. “Si hago esto, Dios me va a destrozar la vida. La va a liar, pero gorda”. Yo antes tenía todo: muchos amigos, un novio, dinero, fama –“lo estás haciendo muy bien, eres genial”–, un manager que siempre te da en la espalda –“vas a ir muy lejos–, sin embargo, yo experimenté dentro de mí un vacío muy grande que nada, nada, nada podía llenar, no.

26063575162_d849aa0367_oEl padre, después de esta experiencia, me invitó a la peregrinación de la JMJ. Recuerdo que viví esta peregrinación muy mal. Era una petarda… Voy a dar un ejemplo de cómo era yo. Todo el mundo iba comprando rosarios, estatuas del Sagrado Corazón para su abuela, cosas así… Y, ¿qué compré yo? Pues un mechero en forma de váter, que levantabas la tapa y salía la llama. Otra cosa que compré fue una pulsera naranja con unas letras chinas que decía que te daba unas energías creativas. Me acuerdo de que una chica dijo que iba a ir a preguntar al padre si podía bendecir sus rosarios y estatuas, y yo dije: “Pues yo llevo esto”. Pero eso no lo puedes llevar para bendecir. En este plan estaba yo en esta peregrinación. Una peregrinación es un tiempo de gracia muy fuerte, y puedes volver, como dijo el padre hoy, exactamente igual que antes. Esta es una oportunidad que Dios os está dando para cambiar de vida. Eso no significa que tengáis que ser curas y monjas, pero sí tenéis que daros a Él, como Él quiera.

En esa peregrinación, yo sentí fuertemente otra bofetada en el alma. El Señor me dijo: “Yo quiero que vivas como ellas”, sin palabras, pero yo entendía que yo tenía que vivir la vida de las hermanas y que Él me estaba llamando a eso. Yo sabía que tenía que darle mi vida, pero ahora me estaba mostrando cómo la tenía que dar: como las hermanas, en pobreza, castidad y obediencia. Por supuesto, inmediatamente, dije que no al Señor. Yo no podía vivir sin cigarrillos, yo no podía vivir sin discotecas, yo no podía vivir sin..., bueno, una lista de cosas… “Por favor, no, no, no. Y, además, Dios, yo no sé si tú sabías que voy a ser actriz famosa. O sea que para nada, no”. Yo tenía 17 cuando me pasó esto. Regresé a Irlanda un año para terminar los estudios en el instituto y todo eso. En ese año recibí dos gracias muy grandes que me hicieron reaccionar. Como decía antes, yo bebía mucho, me gustaba mucho la marcha, las discotecas y todo esto. Una noche, en una discoteca, yo sentí fuertemente, realmente, la mirada del Señor en un baño, cuando estaba yo mal, mal. Yo estaba a punto de vomitar, porque bebía tanto que no controlaba y, por eso, siempre estaba en un estado bastante malo, al final siempre dos hombres tenían que llevarme desde donde estaba a la calle. Y muchas noches yo estaba en la calle –con 18 años– como una pobre chica. Es muy triste, muy triste. Y una noche, allí, en el baño de una discoteca, cuando pensaba que iba a vomitar, yo sentí fuertemente la mirada del Señor, y dentro de mí oía al Señor que decía: “¿Por qué me sigues hiriendo?”. Alguien, el otro día, me preguntó: “Pero, ¿cómo lo sentías? ¿Cómo era?”. No sé si habéis visto la película de la Pasión, pero hay un momento en el que el Señor está en Getsemaní y Judas va a darle el beso, y el Señor le mira con una mirada de amor, pero de dolor: “Tú eres mi amigo, ¿cómo me haces esto?”. Y esto es lo que yo sentí, y lo sentí tan fuerte, que pensé que una amiga mía estaba en el otro baño, encima del váter mirando si yo estaba bien o no, tan fuerte era esta mirada. Las palabras del Señor en una discoteca: “¿Por qué me sigues hiriendo?”.

testimonio3Este fue el año en que hice la película. Tuve que ir a Inglaterra y te ponen en hoteles muy grandes, o sea, te pagan dinero por estar allí, vas a comer con gente famosa, con directores, conoces a mucha gente, te dan muchas posibilidades y todo eso. Una noche, yo estaba en el hotel, y estaba sentada en la cama, mirando mi horario para el día siguiente, que decía que un chófer me vendría a recoger o no sé que, para llevarme a hacer tal… Recuerdo estar mirándolo y pensando: «Yo estoy aquí y lo tengo todo, de verdad. Si alguien me mira, dirá: “Jolín, Clare… ¡Qué suerte tienes, madre mía!”», pero sentía que nada me podía llenar. Ni éxito, ni fama, ni amor humano; todo me parecía que llegaba a un límite, tenía que haber algo más. Yo sabía que el Señor que me llamaba a ser suya en las Siervas del Hogar de la Madre, a darle mi vida para que otros le pudieran conocer, y yo estaba poniendo otras cosas delante de Él. Entonces, en ese momento, hice, como decía santa Teresa de Ávila, una “determinada determinación” de decir: “¡Vale ya! O lo hago, o me muero. Es así: o lo hago, o me muero”. Esto pasó mientras estaba haciendo la película, en marzo o febrero. Y yo sabía que cuando terminara el instituto ya iba a ir a España a dar todo al Señor. Cuando lo dije en el instituto: “Chicas, tengo algo que deciros: voy a ser monja”, la carcajada general que hubo producía sordera. Si vosotros pudierais ver a 50 chicas y, de las 50 chicas que hay, alguien te dice: “Elige a la que no va a ser monja”, dirías: “La que está hablando allí”, o gritando, o haciendo la cabra loca. Esa era yo. Entonces, mis amigas, dijeron: “Estás loca”. Mi amiga Sharon, la que me había invitado a la Semana Santa, antes de irme de Irlanda me dijo: “Clare, yo solo quiero decirte una cosa como amiga tuya: estás destrozando tu vida”. Mis amigos estaban llorando, mi familia no entendía nada, porque yo no vivía muy coherentemente. Yo decía que iba a ser monja, pero, claro, lo decía con una cerveza en una mano y un cigarrillo en la otra. “¿Dónde vas? Te van a echar en dos semanas”. Entonces el Señor me dio una gracia muy grande y una luz muy grande para ver que, si Él me pedía eso, aunque yo era muy débil y muy pobre, y todo lo que quieras –y muy fantasma–, Él me iba a dar la gracia de hacer lo que Él quería de mí. Y yo explico que es como que si estuvieras en un acantilado y tú sabes que tienes que saltar, y tienes un montón de miedo, pero sabes que tienes que saltar, porque el que te va a recoger es el Señor, están las manos del Señor. Tú salta. Tienes un miedo que para qué, pero sabes que las manos que te van a recoger son las manos de Dios.

testimonio7Yo sabía que tenía que dejar mi país, que tenía que dejar todo; esto lo entendí perfectamente. Sabía que tenía que dejar todo y era como si estuviera saltando de un acantilado; ya estaba yo perdiendo el control de mi vida, porque se lo estaba dando a Él. Y yo sabía que estaba saltando, pero no para llegar a la nada, sino para que las manos del Señor y de la Virgen me pudieran recoger y para devolverme mi dignidad, mi libertad, la verdad de quién soy yo. Porque de actriz tienes que ponerte muchas máscaras. Y aunque no seas actriz… Lo hacemos siempre, delante de este chico, delante de esta chica, delante de mi madre, delante del profesor, delante del cura… Siempre estamos con máscaras. Entonces, el Señor, con mucha ternura, pero con mucha exigencia, también quita estas máscaras para enseñarte quién eres tú, y después para enseñarte quién es Él. Y esto te llena de mucha alegría.

Entonces dejé Irlanda y dejé todo, gracias a Dios, en junio. Y vine a España, y entré de candidata el día 11de agosto, el día de Santa Clara. Y aquí estoy, por la misericordia de Dios.


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Vídeo del testimonio:

Hermana Clare

Hermana Clare

¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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