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Categoría: Mayo

irlandaPeregrinación a la tumba de la Hna. Clare en Derry (Irlanda), del 25 al 28 de mayo de 2016.

Hemos tenido la gran alegría de hacer la primera “peregrinación” a la tumba de la Hna. Clare. Ha sido realmente impresionante. El 25 de mayo salimos de Belmonte, Cuenca (España), dos hermanas (Hna. Ruth Mª y Hna. Amparo) y tres de las chicas del Colegio María Inmaculada, que dirigen las Siervas en esta población conquense (Jennifer, Janette y Noelia). Aprovechando nuestra visita a Irlanda, pasamos también por otros lugares, pero el destino principal era Derry.

El día 27 nos encontramos en Knock, después de la misa de la mañana, con Tom Gallagher, el señor que ayudó a la Hna. Clare en su primer viaje a España. Hacía muchos años que no lo veíamos, y fue una alegría encontrarnos con él otra vez. Nos contó que él era el encargado del grupo juvenil al que a veces iba la hna. Clare. Ellos consiguieron billetes para algunas jóvenes y, gracias a Dios, la Hna. Clare fue una de ellas. Allí, en el Santuario de Knock, encomendamos a todos.

Llegamos a Derry el día 28 de mayo a las 11:30 de la mañana. Salió a recibirnos a la carretera un matrimonio de allí, Séan y Ann Gallagher, para llevarnos a la tumba de la hna. Clare. Séan es hermano de Tom Gallagher. Cuando llegamos al cementerio, estaban enterrando alguien justo al lado de la Hna. Clare, así que tuvimos que esperar un ratito. Mientras tanto, nos enseñaron fotos de nuestro primer viaje a Derry. En aquel viaje estaban la Hna. Ruth Ibáñez y la Hna. Elena, junto a la Hna. Thérèse y a mí, que entonces éramos candidatas. Allí conocimos a la Hna. Clare por la primera vez, cuando ella llegó para recoger su billete. ¿Quién habría dicho entonces que el siguiente viaje a aquel mismo lugar sería para visitarla en el cementerio? Cuando bajamos del coche para saludar a Séan y a su mujer, su acento me hacía recordar la voz de la Hna. Clare. ¡Cuántas veces nos metíamos la una con la otra por nuestros acentos! Ella era de Derry, y yo, de Dublín. Con solo oírles hablar me saltaban las lágrimas.

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Cuando llegamos, por fin, a su tumba, no pudimos hacer otra cosa que ponernos de rodillas y dar gracias a Dios por su vida y por haber tenido la gracia de conocerla. Pasamos un buen rato allí en silencio, porque el alma necesita tiempo para asimilar lo que está viviendo. Pudimos estar allí hasta la 1:30. Encomendamos a todo el mundo y llevamos el cariño de todos: de la Madre Ana, del P. Rafael, de las Siervas, de los Siervos, de los laicos, de los jóvenes con los que ha tratado y, especialmente, de los niños que tanto la querían. Rezamos por la conversión de todos los que conozcan el testimonio de su vida y por aquellos que luchan por aceptar su vocación, para que, viendo su ejemplo, se entreguen con generosidad. En fin, estábamos todos allí. La distancia en estos momentos no cuenta. Mientras rezábamos allí, llegó una señora para dejar flores ante la tumba. Al levantar la mirada, vi que era la madre de la Hna. Clare. No estuvimos mucho tiempo con ella, porque íbamos a visitarla a la tres de la tarde. Nos dijo que nos esperaba con las puertas abiertas de su casa. Cuando íbamos a empezar el rosario, nos llamó Séan para ir a su casa a comer. Con el corazón encogido, nos fuimos con ellos.

Llegó la hora de ir a visitar la madre de la Hna. Clare, a Margaret. Nos recibió con los brazos abiertos y nos contó muchas cosas. Estuvimos con ella hasta las 4:30. Entre bromas y risas, nos iba contando cómo, por varias circunstancias, ella intuía que a la Hna. Clare le iba a pasar algo. Hacía 5 años que no la veía y las últimas palabras de la Hna. Clare a su madre habían sido: “Mamá, te quiero mucho”. Ella guarda estas palabras como un tesoro. Nos contó que la Hna. Clare era muy traviesa y le gustaba mucho cantar. Nos dijo también que están llegando a su casa cartas del mundo entero, hasta de Sudáfrica. Decía: “No sé cómo llegan las cartas de tan lejos... ¿Será que ella estuvo allí y no me dijo nada?”. Contamos a su madre todo el bien que sigue haciendo la Hna. Clare, ahora incluso más que antes. Si Dios quiere, volveremos a visitarla en agosto cuando vayamos para la peregrinación y el campamento de Irlanda.

A las 6:00 tuvimos la misa en la parroquia de la Hna. Clare, pero, como llegamos con tiempo, fuimos otra vez a su tumba. La verdad es que cuesta mucho irse de allí. Aunque ninguna de las cinco que estábamos allí tenía mucho don para cantar, nos atrevimos a entonar una canción que a ella le gustaba: “Virgen del Rocío”. Después de otro ratito de oración, nos arrancamos de allí y nos fuimos a misa.

Hay una frase que dice San Pablo: “Que la paz de Cristo actúe como árbitro en vuestros corazones”. La muerte de la Hna. Clare ha sido realmente un shock y un dolor muy fuerte, pero, en medio de todo ello, hay una paz y una alegría que no se pueden explicar. Desde que murió, se experimenta la fuerza de la Palabra de Dios. ¡Cuántos deseos de salvación! ¡Qué seguridad en su promesa de no dejarnos solos! “Vendré a por ellos”. “No los dejaré solos”. “Yo conozco a mis ovejas, ellas me conocen y siguen mi voz”. ¡Cuánta alegría habrá producido en sus almas ver la mano del Señor sacándolas de allí! Yo sé que uno no puede canonizar a nadie sin esperar el juicio de la Iglesia, pero no puedo imaginar que el Señor las dejara en ese momento tan duro. ¡Con cuánta ternura las habrá mirado Nuestra Madre! El cielo ha abierto sus puertas, tanto para ellas como para nosotros. Es como si Nuestra Madre nos hubiera dejado ver por una rendija lo que nos espera. ¿No nos entran ganas de estar ya con ellas? ¿No se nos hace más fácil y más cercano ese paso que tanto tememos? Pues entonces, ahora nos toca trabajar. Lo que nos queda, al final, es el amor y nada más, lo que hemos amado. “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Este es nuestro camino.

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Testimonios de las chicas:

¡Es impresionante la gente de Irlanda! Un día antes del viaje, las hermanas nos habían hablado de la amabilidad; en este viaje se nos presentó extremadamente.

Durante los días que estuvimos en Irlanda me sentía como en casa. Todas las personas que nos rodeaban eran muy amables, generosas y serviciales. Aprendí mucho de cada uno de ellos y fue una lección de vida muy importante.

Estuvimos en muchos lugares de Irlanda y me gustó todo, pero, lo que más, fue visitar a la Hna. Clare en Derry. A mí me impactó ver que la Hna. Clare ya no está con nosotros, pero fue un consuelo saber que está en el cielo, porque he experimentado su ayuda. Rezamos ante su tumba y le cantamos una canción que ella siempre cantaba. La canción se la escuché cantar en la residencia de los ancianos de Belmonte, en Cuenca. Todos los domingos tocaban la guitarra y les cantaba para alegrarles el día, también cantaba en casa para nosotras y para hacernos reír. Cuando la visitamos, le pedí por todas las intenciones que tengo en el corazón, para que, junto con la Virgen, ella también me ayude. Le pedí fuerza para abrir más el corazón y, efectivamente, me lo está dando. Cada vez que veo que voy a caer, ella me dice que no me puedo permitir esto, que lo que tengo que hacer es perseverar y crecer cristianamente haciendo la voluntad de Dios. La Hna. Clare me ayudó mucho y lo sigue haciendo.

Reflexionando sobre ella y cómo lo dejó todo para entregarse a Dios, pensé que lo mejor de la vida es vivirla junto a Él, porque, al igual que ella, tendremos una recompensa muy grande. Ya es hora de avanzar y preparar la maleta para el viaje más importante, el viaje al cielo. ¡Que nos espere la Hna. Clare con una maleta como la suya!
-Noelia Sánchez Porrero

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Para mí, este viaje ha sido una lluvia de gracias. Nuestro destino principal ha sido Derry. Cuando nos íbamos acercando a la tumba de la Hna. Clare, se me iba acelerando el corazón. Yo no conocí personalmente a la Hna. Clare, porque vine a a Belmonte al año siguiente de irse ella. Tenía una compañera cuyo único tema de conversación era la Hna. Clare. Además, las chicas siempre cantaban sus canciones y hablaban de la tal Sor Clor (como se llamaba ella de broma con las chicas). Cuando iba a algún encuentro del Hogar, siempre tenía ganas de conocerla, pero ya se había ido a Ecuador. Cuando me entré de que había fallecido, me puse muy triste, pero allí mi sorpresa. Tras su fallecimiento, en casa ponían sus vídeos, contaban sus anécdotas, se reían de sus tonterías. Y es allí donde empecé a conocerla.

Cuando estuve en su tumba, le encomendé a mi hermano pequeño, que no anda bien. Luego, cuando estuvimos con su madre, ella nos contó cosas de cuando la Hna. Clare era una chica. Al verme reír, me dijo que también estaba metida en lo mismo y que, por la cara de pilla que tenía, le recordaba a la Hna. Clare. Esto para mí fue una alegría muy grande y, la verdad, un honor. Me siento muy identificado con la Hna. Clare, ahora le pido que me eche una mano con mis luchas y mis tonterías. Que no sea yo una coca-cola sin gas.
-Janette Almeida

Fue una gracia muy grande poder visitar a la Hna. Clare el mismo día de mi cumpleaños. Hace dos semanas que me confirmé. Las hermanas nos dijeron que nos podíamos poner el nombre de un santo como protector el día de la confirmación. Viendo la vida de la Hna. Clare y cómo se había entregado al Señor, decidí ponerme su nombre. Ahora me llamo Jennifer Clare. Cuando estuvimos con su madre, le comentamos lo de mi nombre y se puso muy contenta, estaba conmovida. Aunque no conocí a la Hna. Clare, ahora parece que sí. Ha sido un viaje muy bonito.
-Jennifer López

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