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Noticias 2018

Convivencias con chicos en Brescia

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Convivencias con chicos de Lumezzane en Clibbio ( Brescia), del 8 al 11 de febrero de 2018.

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Los Siervos del Hogar de la Madre junto con un grupo de chicos, llegamos a Clibbio, Brescia, el jueves por la tarde. Los chicos no estaban nada cansados. Después de comer y jugar un rato, nos fuimos a descansar. La primera noche fue memorable: algunos chicos se levantaron a mitad de la noche, otros hablaban entre ellos, las campanas de la iglesia tocaban muy bien, los perros ladraban. Fue todo un logro el poder dormir algo esa noche. ¡Incluso alguien nos dijo que había una vaca que mugía! Finalmente, por fin, llegó la mañana siguiente; nadie se quejó.

Comenzamos la jornada del viernes con la Santa Misa para poder tener luego el Santísimo para la adoración que tendríamos por la noche. Mientras jugabamos al fútbol, el Hermano Nicolás y Carlo fueron a comprar el pan, y aprovecharon para preguntar al panadero si les podría recomendar algún camino para hacer una excursión. El panadero les recomendó un camino que llega a un pequeño Santuario dedicado a la Virgen de las Nieves, en la cima de una montaña cerca del pueblo. Cuando el hermano Nicolás y Carlo contaron esto a los chicos, todos estaban muy contentos y animados para hacer la marcha. Después de medio día llovió un poco. Antes de entrar nuevamente a la casa, organizamos a los chicos por orden de estatura. ¿Qué estaba pasando? Pues era para poder ver un documental del Planet Earth. Y así cuando nos sentamos, todos podíamos ver sin problemas. Funcionó.

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La segunda noche, después de una jornada llena de fútbol, el deporte hizo su efecto y absolutamente nadie habló esa noche, ni siquiera los perros ladraban. El sábado después de la Adoración, iniciamos la excursión a la montaña. Amenazaba lluvia, había también niebla, pero al final el sol venció gracias a Nuestra Madre que nos estaba esperando en el santuario. Durante la subida encontramos varias máquinas excavadoras y algunos vehículos del ejército italiano. El más interesante era un camión de la Segunda Guerra Mundial, pero no pudimos abrirlo para verlo, así que continuamos nuestra excursión. Una vez llegados a la cima, comimos, y después hubo tiempo para trepar a los árboles. ¡Cuántos chicos pudimos caber en un solo árbol! Esta vez, solamente cuatro. La próxima vez, quizás, cabremos más. El “juego de la bandera” fue memorable. Un chico, estuvo a punto de ser aplastado por el Hermano Willian que cayó sobre él. Menos mal que fue solo un pequeño accidente y nadie terminó herido. Al bajar la montaña, para saludar a Nuestra Madre, rezamos el rosario en voz alta, casi gritando; así la Virgen de las Nieves podía escucharnos hasta el final del camino. Encontramos nuevamente el camión de la Segunda Guerra Mundial, pero esta vez alguien logró abrirlo, ¡y así pudimos hacernos la foto dentro! Por la tarde jugamos al “pilla, pilla”. Más tarde nos fuimos a dormir con un sueño angélico, tanto que parecía que esta vez no funcionasen las campanas de la iglesia.

El último día pasó muy rápido. Hicímos un poco de Adoración, tuvimos la santa Misa y comimos. En el viaje de regreso a Roma, el autobús en el que viajábamos tuvo un accidente de tráfico con un coche que iba a alta velocidad. Llegó la policía y una ambulancia; sólo a un hombre tuvieron que llevárselo, aunque no tenía lesiones graves. Esto fue otro signo de protección de Nuestra Madre. Todas las gracias sean dadas a Ella y a su Hijo, Nuestro Señor, por todo lo recibido durante estos días de convivencias.

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