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Noticias 2018

Tú, al menos ámame

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Viaje misionero de las chicas de España a Ecuador, agosto de 2018.

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Durante el pasado mes de agosto un grupo de 11 chicas de distintas partes de España y dos hermanas, tuvimos la suerte de poder realizar una experiencia misionera en Ecuador. Salimos el 8 de Agosto hacia Guayaquil y estuvimos 20 días ayudando en las tres comunidades que las Siervas del Hogar de la Madre tienen en Ecuador: Guayaquil, Chone y Playa Prieta.

Una vez allí ayudábamos en lo que podíamos a las hermanas, dando charlas sobre la Pureza, organizando convivencias para chicas, repartiendo canastas de comidas, dando clases en distintos colegios o cualquiera cosa en la que pudiéramos colaborar, sobretodo llevando el mayor tesoro para nosotras, a Dios. También tuvimos la suerte de ir durante dos días a la Isla Puná, una isla en la provincia de Guayaquil donde el sacerdote solo acude una vez al año, y los niños y las familias tienen una gran sed de Dios.

En todos esos momentos, buscábamos hacer la voluntad de Dios, y hemos sido testigos de cómo el Señor te deja ir allí creyendo que vas a hacer mucho por los demás, pero la verdad es que el primero que aprendes eres Tú si te dejas hacer.

Ha sido esencial para nosotras tener todos los días un rato de adoración eucarística y poder recibir al Señor todos los días, esa era nuestra fuerza y nuestra mayor alegría.

Damos gracias a Dios por su inmensa misericordia con nosotras por habernos regalado esta experiencia, que sin duda, ha sido un punto de inflexión en nuestra relación con Dios, un encuentro con su Amor, y una ocasión para tomar la determinada determinación de entregarnos a Él, o al menos luchar con todas nuestras fuerzas y mendigando su ayuda y la de nuestra Madre, para entregarnos día a día sin condiciones y sin reservas.

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TESTIMONIOS

Antes de este verano si oía “experiencia misionera” lo primero que me venía a la cabeza era viajar a un sitio lejos de TÚ casa y de TUS comodidades a entregar TÚ tiempo al servicio de otros… y así es en parte, pero solo en parte, porque este pensamiento denota puro egoísmo.

Las misiones son ese momento en el que dejas de ponerte a ti en el centro y buscar tu propia comodidad, cuando el Padre se derrama y te hace ver su rostro en el de la mujer a la que vas a llevar un canasto de comida, su sonrisa en la del niño pequeño sentado en un pupitre, y su generosidad en todas y cada una de las personas que sin poseer nada te dan todo lo que tienen. Pero para que dé frutos, es necesario que Él esté en el centro. Por eso digo que es experiencia de Dios, por que necesitas su gracia; te da una lección de humildad haciéndote ver que Él es la luz que hace buenas todas tus obras.

Además de esto, en las misiones aprendes a obedecer y a ver en todo la huella del Espíritu, ya que te puede apetecer más ir a ayudar a las familias de los barrios más pobres de Guayaquil, pero te toca quedarte en el colegio, y es allí donde tienes que estar, y no de cualquier manera, refunfuñando, sino amando con docilidad.

Yo empecé mi viaje misionero asustada y con el corazón cerrado. ¿Asustada de qué? ¿Cómo podía tener miedo a un Dios tan bueno, a un Dios tan grande que por amor se hace pequeño, a un Dios que baja hasta tu miseria, te mira a los ojos y te dice “yo tampoco te condeno, ¿es que no ves que te quiero?” Solo tienes que dejarte hacer y el Señor obrará maravillas en ti.

Eso es Ecuador para mí, dejarse hacer por el Espíritu, dejarse llevar por el Espíritu, dejarse arder en el Espíritu y nunca cansarse de AMAR Ya que solo amando y estando en comunión con Jesús podrás continuar con la misión en tu día a día. Haciendo que TÚ comodidad y TÚ tiempo sean por y para Él. Y sobre todo sin miedo, pues vas de la mano de María.

-Teresa Rincón Castelbón

¡Que Dios tan grande, tan bueno!

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Esas son las primeras palabras que me vienen a la cabeza al pensar en Ecuador. Solo un Dios tan bueno permite que chicas superficiales y egoístas podamos ir a Ecuador a descubrir la grandeza de lo sencillo, la belleza de la pobreza, y el rostro misericordioso de Dios en cada una de las personas.

Parece mentira pero muchas veces el Señor tiene que llevarte al desierto, lejos de tu país, de tus comodidades, de tus amigos, de lo mismo de siempre para que pares un momento, mires más allá de tu ombligo y veas que Dios te ama con un amor inmenso e incondicional, que Dios está siempre a tu lado, y que Dios espera una respuesta de ti, porque hay miles de almas con sed de Dios, que le necesitan: basta de recibir y recibir; es hora de dar.

Ecuador es una experiencia preciosa de la misericordia de Dios, de caer en la cuenta de que lo verdaderamente importante es tan solo estar, como la Virgen estaba a los pies de la cruz, amando a Dios, y dejando que Él pueda amar a través de ti. ¿Y me tengo que ir hasta Ecuador para darme cuenta de eso? En mi caso me he tenido que ir tres veces para empezar a entenderlo - ¡qué Dios tan bueno!

Solo un corazón sencillo y entregado es capaz de Amar a Dios, eso es lo que vivimos allí, tantas personas que trabajan en sus parroquias todos los días llevando comidas a familias con mayores necesidades que ellos, mujeres que lo han perdido todo por causa de la droga y otras adicciones pero que tienen claro que lo único que puede salvarles es Dios y la ayuda a los demás, las hermanas con su entrega incondicional con nosotras, las chicas de la resi que se desgastan día a día para que nosotras estemos como en los mejores de los hoteles, familias que viven en una pequeña habitación y donde los hermanos más pequeños se encargan de cuidar a sus abuelitos enfermos, y mil historias más donde el factor común es el Amor a Dios, la sencillez de sus vidas, la alegría de la entrega, la certeza de que ‘todo lo puedo en Cristo que me conforta’ que sin Él nada, y con Él todo.

Para mi haber podido acudir tres veces a Ecuador es un inmenso regalo de la misericordia del Señor conmigo, de su amor por mí. Os pido que recéis muchísimo por nosotras, para que seamos fieles a las gracias tan numerosas que el Señor se ha dado, que busquemos el rostro de Dios en todo momento, que acojamos su amor y seamos capaz de llevarlo a los demás y sobre todo que no nos cansemos de luchar, de entregarnos al Señor con alegría en el día a día, que no dejemos de tener sed de Dios.

- Beatriz Fra Amores

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Reconozco que al principio no sabía bien el motivo por el que realmente iba a Ecuador, quizás quería vivir la experiencia aunque con un poco de miedo, quizás quería ponerme un poco a prueba para ver lo que era capaz de hacer, quizás quería ver con mis propios ojos lo que muchas veces veía en la TV... Ya en España el Señor me empezó a desvelar de alguna manera que no iba para eso, que iba porque Él quería estar conmigo ese verano, quería, por decirlo de alguna manera, que hiciésemos juntos una escapadita , y así Él saciaba un poco esa sed que tiene de mí... quería pasar tiempo conmigo. Realmente se sirvió de la excusa de la misión, del viaje a Ecuador, que sabía que me atraía mucho, para una vez allí acercarme a Él y mostrarme cuánto me quería.

Nada más llegar a Guayaquil, una de las comunidades que tienen las Siervas allí y hacer la primera visita familiar en una zona muy pobre sentía que ya no necesitaba ver ni experimentar nada más, era suficiente haber comprobado la pobreza de esa familia, la humildad y sencillez que allí vivían, la situación tan dura que tenían, para que el Señor me abriera los ojos, ya me podía volver a España... aquello había sido suficiente para ver lo injusta que era con el Señor, lo exigente que era con Él, pero aunque para mí bastaba , Jesús aún quería mostrarme muchas más cosas, todavía nos quedaba ir a Playa Prieta y Chone. Él quería que me conociera más para así empezar a crecer, hacerme madurar más. ¿Y qué descubrí? Mi pobreza, el miedo que tengo al sufrimiento y cómo intento evitarlo continuamente buscando mi comodidad y el sentirme bien, aunque fuera a través de algo tan bueno como la misión.

Esto más tarde pude comprobarlo poco a poco, aunque quería ayudar a los demás al final en muchas ocasiones lo que realmente quería era colmar mis expectativas sobre la misión. El Señor me ha enseñado y quiere que siga creciendo en esto, en que ayudar a los demás, realizar la misión que Él quiere, ya sea en España o Ecuador, no consiste tanto en hacer lo que yo quiero hacer, lo que "me apetece hacer": hablar con este niño de la calle, o dar clase en un determinado colegio de la zona; sino en ver cuáles son las necesidades reales del sitio, a veces sería dando clase y otras sería pintando una Iglesia, o limpiando una Biblioteca; pero lo importante era hacer lo que el Señor quería que hiciese en ese momento concreto, y ahí era donde el Señor se iba a encontrar conmigo. Esto también me ha ayudado a ver que la misión continúa ahora en España.

Otra de las cosas que me sorprendió era palpar como había gente que realmente se desgastaba por el Evangelio, que aquella experiencia que para mi duraba un mes para otros duraba toda la vida, que aquello no era un juego, que la necesidad de hablar a la gente de Dios es real, que hay lugares como Isla Puná, una Isla la cuál pudimos visitar, en la que un sacerdote va a celebrar misa una vez al año porque debe ir a otras zonas de Ecuador y no da a basto... que solo oyen hablar de Dios si algún misionero va allí...

Al final del viaje, lejos de sentir el peso de mi pobreza, experimentaba una gran felicidad... ¿Cómo era posible esto si había visto tanta pobreza, tanta necesidad, si no parábamos ni un momento y los últimos días ya notábamos el cansancio? Hacer lo que Él quería me estaba haciendo feliz... Realmente se cumple la frase de que aunque uno cree que va a dar, es mucho más lo que se recibe de Él y de todas aquellas personas que generosamente comparten sus vidas contigo y te muestran las situaciones que viven.

- Marta Bravo

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¡Hola! Me llamó Teresa García Serrano, tengo 20 años y soy de Toledo.

Este verano he tenido la suerte de cruzar el charco y vivir una experiencia misionera que no sabía lo que iba a suponer para mí. He de decir que no sentí nada extraordinario, pero el Señor sabe y yo creo que ahora, una vez en España, viviendo el día a día, está dando frutos abundantes.

Tuvimos esta gran suerte 11 chicas acompañadas de dos hermanas. El grupo me ayudó mucho a vivir las cosas todas juntas y estábamos muy unidas, pero esto se pudo dar por la grandísima acogida que nos dieron allí tanto la gente como las hermanas, que con tanto cariño nos recibieron.

Personalmente y como miembro del Hogar de la Madre de la Juventud me impresionó la vida de las chicas, que con su humildad, nos dieron una gran lección. Doy gracias a Nuestra Madre por haber permitido darme cuenta de que sola no puedo nada; que si me entrego, recibo mucho más; que el olvido de sí es fundamental y de que tenemos que tener el corazón abierto. Gracias a la Hna Clare y a las chicas he vivido mi viaje con mucha más intensidad: ¡O TODO O NADA!

- Teresa Garcia Serrano

¡¡Hola!! Me llamo Rocío Garde, soy de Madrid y tengo 20 años.

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Creo que después de casi un mes de haber llegado sigo sin estar preparada para contar todo lo que pasa en un viaje misionero...

Nos hemos ido 11 chicas y 2 hermanas a vivir como Dios nos pide y lo hemos hecho en Ecuador, estando dispuestas a todo.

Ha sido un verano que sin duda ha marcado un antes y un después en mi vida, para ello tengo que agradecer al Hogar, al grupo tan bueno de misioneras que iba conmigo, a todas las hermanas que viajaron con nosotras y las que están allí que taaanto nos han cuidado y por supuesto a las chicas de Ecuador, que son un claro ejemplo de cómo quiero vivir a partir de ahora. Tuvimos la gran suerte de estar con familiares de las chicas que murieron en el terremoto y así conocerlas un poco más, lo que hizo que fueran unas misioneras más, siempre con nosotras, al igual que la Hermana Clare, otro gran ejemplo.

Espero que no se quede en algo bonito y que tengo ganas de repetir sino que le pido a Nuestra Madre que me ayude a ser fiel y vivir siempre con esta tensión de santidad que he aprendido en este viaje!

-Rocío Garde

Me llamo Irene Valdivieso, tengo 20 años y estudio tercero de Arquitectura en Madrid.

Para mí la misión ha supuesto una transformación; transformación del alma, un cambio de visión, un mirar con otros ojos, los ojos del alma.

He descubierto el Amor infinito que tiene Dios por mi alma. Un amor que me costó entender en la misión, un amor que no se manifestaba sensiblemente ni en la oración, ni en la gente, ni en las obras… aparentemente en nada. Por fuera todo iba muy bien, pero en mi alma solo había sequedad, silencio y vacío. No sentía nada, ni alegría, ni tristeza, ni agobio, ni paz; solo indiferencia.

Iban pasando los días, todo seguía igual. Hacíamos cosas increíbles, ayudábamos en lo que nos pidieran; mi alma se esforzaba por sentirle cerca, pero no hubo cambio. Hasta que entendí que Dios no quería sentimientos, no quería halagos, ni obras buenas; solo me quería a mí; por cómo era, con mis defectos, mis torpezas, mis alegrías, mis sufrimientos, mis locuras. Y estaba esperando que su pobre criatura se diera cuenta de que Él no quería nada más.

A partir de ese momento, la perspectiva cambió. Dios estaba ahí, detrás de todo lo que hacíamos, aunque no le sintiera. Tenía la certeza de que ahí estaba; esperando ser encontrado. La búsqueda no era fácil, ahora mi misión era aprender a amar dando clase, aprender a amar visitando familias, aprender a amar jugando al futbol, aprender a amar tratando con la gente, callando, observando, cantando, cocinando. Aprender a ser yo misma delante de Él. Y, parafraseando a Catalina (chica fallecida en el terremoto de Ecuador 2016) ¨Devolverle amor por Amor¨ Cada día era una nueva oportunidad de buscar a Dios. Lo único que el Señor me pedía era: Tú, al menos ámame.

-Irene Valdivieso

¡GRACIAS PADRE POR SER TAN BUENO!

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Si digo que Ecuador ha sido la mejor experiencia de mi vida, no estoy exagerando ni mintiendo, estoy diciendo que ha sido un viaje que me ha ayudado muchísimo a nivel personal y más aún, espiritual. Me ha servido para conocerme a mí misma mucho mejor, tarea nada fácil, ya que ver nuestros puntos débiles no siempre es plato de buen gusto, al igual que no es fácil tener que entregarse a los demás en cuerpo y alma durante 20 días con una buena actitud y evitar caer en la queja. Tampoco lo es tener que afrontar nuevos retos, luchar contra los mosquitos, el calor o la falta de sueño, pero qué bonito es saber que Jesús me da la fuerza que necesito y que está detrás de cada momento, de las sonrisas de los niños, de las manos que preparan una sabrosa comida o de las anécdotas que nos cuentan las familias cuando vamos a visitarlas. Desconectar de mi mundo, de la realidad en la que estoy anclada me ha hecho ver que Jesús está en todas partes, no solo en los momentos de oración, meditación o en la capilla. ¡Dios está vivo y tiene sed de mí y de ti! Ecuador ha sido una forma de poder acercarme a Jesús, de poder agradecerle todo lo tengo y de no olvidarme que los demás también tienen derecho a conocerle; pero este viaje no acabó el 28 de agosto, ¡acaba de comenzar! Ahora es tiempo de recoger todo el fruto sembrado durante este viaje y de seguir creciendo en el amor de Dios junto a María, a la que tanto me he acercado gracias al rezo del rosario.

-Monika Kasper

Me llamo Cova, tengo 17 años, soy de Madrid (vivo en Alcalá de Henares) ¿Por qué quería ir al viaje misionero? Yo estoy segura que el Señor puso desde hace mucho ese deseo en mi corazón porque sabía lo débil que iba a ser y sabía que un viaje como este me abriría los ojos a mi debilidad. Solo cuando estás rodeado de la sencillez, de la humildad y de la riqueza de espíritu que tienen en Ecuador, te das cuenta de tu falta de todas ellas. Las únicas dificultades que tendríamos para centrarnos en Él serían nuestras propias luchas, las que traíamos de España, o sea, aquellas a las que es más difícil vencer. ¿Las he vencido? Pues no. Pero al menos ahora sé lo que tengo que hacer para conseguirlo: rezar (mucho) para que la Virgen me guíe por el camino de la verdadera sencillez para llegar a la santidad, que es lo realmente importante. Aparte de las visitas a las familias apadrinadas en las tres comunidades a las que fuimos, a mí me marcó la visita que hicimos a Volver a Nacer, un centro de recuperación de mujeres de Chone. Aquí me di cuenta de las gracias que había recibido del Señor y la manera en que las estaba desperdiciando. Aquel día marcó para mí un antes y un después en el viaje. Todos deberíamos abrir el corazón al Señor y tratar de volver a ser para Nuestra Madre niños pequeños, porque , Mt 18, 1-5.10. Tuve una fuerte experiencia de la Virgen María en el santuario consagrado a la Inmaculada que visitamos uno de nuestros últimos días en Ecuador. Algo que no me puedo olvidar es el ejemplo de entrega, fervor, apertura y amor a Dios que he recibido a lo largo del viaje gracias a los vídeos y películas que nos iban enseñando las hermanas sobre Catalina (de quien nos leímos todas el libro), Jazmina, María Augusta, Valeria y Mayra, y el ejemplo de entrega con todo o nada de la hermana Clare, que estuvo constantemente presente en nuestras mentes. También fueron para mi gran ejemplo las hermanas que nos íbamos encontrando que además nos contaban cómo descubrieron su vocación y de las demás chicas, que estando enfermas o decaídas hacían lo posible por entregarse hasta el final. ¿Repetiría? Si Dios quiere, por supuesto.

-Cova

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Hermana Clare

La Hna. Clare y los cristianos perseguidos

Karolina Vera : La Hna. Clare estaba viviendo como una verdadera cristiana, muriendo a sus gustos y apetencias. Me dijo que teníamos una gran responsabilidad de rezar por nuestros hermanos los cristianos perseguidos.

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