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Fundador del Hogar de la MadrePadre Rafael Alonso Reymundo

¿Cómo surgió el Hogar de la Madre?Padre Rafael hablando con niña

El Hogar de la Madre es una obra que se ha ido desarrollando en el tiempo. No ha sido una obra que haya estado definida desde el comienzo; eso sería tanto como ahogar un carisma. Estamos convencidos de que el Hogar de la Madre es precisamente “de la Madre”, y nosotros somos simplemente instrumentos. Ella es la que nos muestra el paso siguiente que tenemos que dar.

¿Cómo se ha ido transmitiendo la obra?

Yo tenía el carisma y he procurado transmitirlo a todos: la defensa de la Eucaristía; la defensa del honor de Nuestra Madre, especialmente en el privilegio de su virginidad; y la conquista de los jóvenes para Jesucristo.

Cuando llegué al sacerdocio fui rodeándome de jóvenes. Lo que hacía en primer lugar era cultivar su vida espiritual para que viviesen en gracia de Dios e indicarles el camino de cercanía al Señor y a Nuestra Madre. Les animaba a llevar una vida de oración seria, la confesión frecuente, la comunión -a ser posible diaria- y el rezo de, al menos, un misterio del Rosario. Poco a poco se fueron articulando los compromisos que ahora tenemos.

Así surgió el primer grupo que fue el Hogar de la Madre de la Juventud. La rama femenina nació el 29 de julio de 1982; y la masculina el 27 de diciembre de 1983. Ambas nacieron en la tumba de S. Pedro, como signo de nuestra fidelidad a la Iglesia Católica en la persona del Papa.

¿Cuál fue el desarrollo que siguió este grupo de jóvenes?

Cuando crecieron tuvieron que hacer opciones. La primera opción fue realizar estudios universitarios; como la mayoría eran de Toledo y tenían que salir a estudiar a Madrid, se planteó o bien dispersarse en Colegios Mayores, en pisos o residencias, o bien iniciar ellas mismas un pequeño piso donde pudieran vivir juntas el mismo espíritu. Este fue el primer paso importante.

El segundo paso importante fue la fundación de las Siervas del Hogar de la Madre, el 22 de septiembre de 1984. Un pequeño grupo de estas chicas que querían entregarse totalmente para vivir en plenitud la triple misión del Hogar. Las primeras fueron la Madre Ana, la Hna. Reme y la Hna. Conchi.

¿Cuál es la espiritualidad del Hogar?

La espiritualidad del Hogar la experimentamos como un don recibido de Dios y de Nuestra Madre la Virgen. Somos una pequeña plantita que aún está en desarrollo. Cada día descubrimos nuevos aspectos y dimensiones de esa espiritualidad.

Nuestra espiritualidad brota de las tres misiones específicas que tenemos: la defensa de la Eucaristía; la defensa del honor de Nuestra Madre, especialmente en el privilegio de su virginidad; y la conquista de los Jóvenes para Jesucristo.

Y así es:

Eucarística: La Eucaristía es el centro de toda nuestra vida. En Ella encontramos nuestra fortaleza, “Levántate y come, porque el camino es demasiado largo para ti” (I Re. 19, 7). La amamos y la intentamos hacer amar a través de la celebración diaria de la Eucaristía, la adoración...

Mariana: María es Nuestra Madre, Modelo y Maestra. La sentimos muy cercana. Con el Escapulario, nos ponemos bajo la protección maternal de Nuestra Señora del Carmen.

Apostólica: Sobre todo los jóvenes a través de la Eucaristía y la Virgen, como caminos fundamentales de encuentro con Jesucristo.

El Hogar de la Madre es un “hogar”, una familia... en la que la madre es la Virgen.

El Hogar es el regalo del Señor para su Madre. Por ello queremos perfeccionarnos sin medida imitando sus disposiciones y actitudes internas de donación, de caridad y de abandono en las manos de Dios.

Nuestra alma es un santuario exclusivo de Dios, donde se realiza la alianza con el Señor y con Nuestra Madre. La Virgen vive en nosotros y en medio de nosotros manifestándose a los demás a través nuestro, si la dejamos. Los santuarios que queremos levantar en honor de la Virgen tienen que ser manifestación del santuario de nuestra alma.

Otra característica de nuestra espiritualidad es que es carmelitana. Lo propio de ésta es la búsqueda de la unión con Dios en la cima del Monte donde sólo reina la gloria de Dios. A esa unión se llega a través de las “nadas”, dejando a un lado las criaturas, es decir, entregándose derechamente a unirse con Dios, buscar "rabiosamente" a Dios.

También la fidelidad a Dios. Existe mucho miedo a comprometerse con Dios y a mantenerse en ese camino de fidelidad a Él. Muchos hombres no gozan de Dios, precisamente por su infidelidad. La fidelidad a Dios implica cruz, sufrimiento, pero lleva a que el Señor ayude a descubrir el sentido completo de la vida, incluso también el de los sufrimientos que pueda padecer, como decía S. Pablo: “Completo en mí lo que falta a la redención de Cristo por su Iglesia” (Col. 1, 24).

Queremos vivir el abandono y la confianza en Dios, es decir, una total disponibilidad a Él. El fruto de lo anterior es la verdadera alegría, la unión entre nosotros y el amor desinteresado a la Iglesia.

La meta de todos los miembros del Hogar debe ser la identificación con Jesucristo y la transformación en Él desde los brazos maternales de María.

Después de estos años de la fundación del Hogar, ¿qué balance hace?

Han resultado cosas que yo no había previsto. El Espíritu es impredecible. No somos nosotros quienes guiamos las obras de Dios, es Dios quien las guía, nosotros bastante hacemos si estorbamos poco a lo que el Señor hace. Es cierto que yo me quedo sorprendido cuando miro hacia atrás de todo lo que ha acontecido.

Quizá, respecto a la Obra del Hogar, yo sea un espectador cualificado de lo que Dios va haciendo. Y como espectador privilegiado, también me parece absolutamente sorprendente el crecimiento de las Comunidades de Laicos. Y es motivo de esperanza en cuanto a un afianzamiento progresivo del Hogar de la Madre de la juventud, la participación de los jóvenes en las diversas actividades que estamos realizando.

¿Cómo interpreta usted la frase: “No se da vida sino a costa de sufrimiento”?

Es una frase que yo leí en lectura espiritual, pronunciada por el fundador de la Obra de Schoenstatt el P. Kentenich. Y esa frase me impactó enormemente, tanto que recuerdo que durante muchas homilías y retiros con frecuencia la repetía. Es la misma experiencia nuestra en el Hogar, no sólo mía sino de todos los que más de cerca participamos en la creación del Hogar. Puesto que el Hogar es vida espiritual, es engendrar vida en el alma, forzosamente eso implica disgustos y sufrimientos. Lo vimos en Jesucristo y Él mismo nos avisó: “No es más grande el discípulo que el maestro, y si a mí me persiguieron, también a vosotros os perseguirán, si guardaron mi palabra también guardarán la vuestra” (Jn. 15, 20). Por lo tanto la moneda de la vida es el sufrimiento y quien no está dispuesto a sufrir no podrá nunca engendrar una vida.

Y para finalizar, ¿qué consejo nos daría?

Únicamente puedo decir que la persona que se abre enteramente a Dios, suele ser mucho más feliz, aun con sufrimientos, aun con persecuciones. Por tanto si hay alguna cosa que yo pudiera decirles es que se abran a Dios. El Papa dijo una frase que me impactó: “Sólo lo eterno puede colmar el corazón del hombre”. Si hay alguna conclusión que se pueda sacar de esto, no de lo que digo yo, sino de la observación que hace el Papa, es que se abran a Dios. Como dice también la Escritura: “Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguien me abre, entraré y cenaremos juntos” (Ap. 3, 20).

Pues vamos a no ser tontos y a abrir de par en par las puertas a Nuestro Señor, que es el único que nos puede satisfacer. De ahí ya se deduce todo lo demás. ¿Qué significa abrirse a Dios? Meditar su Palabra, acogerla en el corazón, ponerla por obra, llevar una vida honesta, cumplir los mandamientos, recibir los sacramentos para aumentar esa vida divina, etc. Descubrirle en los pobres, necesitados, en el prójimo.

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