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JóvenesEl Hogar de la Madre de la Juventud es una asociación de jóvenes cristianos que nace en la Iglesia y está a su servicio, que tiene en el seguimiento de Jesucristo su ideal y que desea cumplir las tres misiones que le son propias: La defensa de la Eucaristía, la defensa del honor de Nuestra Madre, especialmente en privilegio de su Virginidad y la conquista de los jóvenes para Jesucristo.

Paloma Aguado

España - 2013

Me llamo Paloma Aguado, tengo 16 años y estoy en primero de bachiller.

peregrinaciónpoloniaNací en una familia católica y soy la segunda de 4 hermanos (3 chicas y 1 chico). Mis padres, desde siempre, han ido a misa todos los días y siempre nos han llevado con ellos. Ellos conocieron el Hogar cuando yo tenía 2 años, por lo que se puede decir que me he criado en el Hogar, pues desde siempre he estado yendo a convivencias con mis padres. De pequeña no me gustaba el Hogar, no entiendo muy bien el porqué, pues cuando estaba allí me lo pasaba muy bien, salvo en las convivencias de Semana Santa, en que cada grupo teníamos que hacer un teatrillo para representarlo el último día delante de todos. Sólo el estar ensayándolo ya me mataba y tengo que reconocer que hasta los 12 años, no llegué a representarlo en el escenario. Siempre me ponía a llorar y finalmente no lo hacía. Esto ocurría porque yo era muy vergonzosa. Cuando estaba con niños de mi edad era una niña normal, de hecho nunca me ha costado hacer amigos, pero cuando sabía que la gente me estaba mirando, lo pasaba realmente mal.

Esta vergüenza me llevaba a ser en ocasiones un poco repelente, pues no quería ir con nadie que no fueran mis padres, amigos o gente muy cercana. Esto me pasaba cuando tenía alrededor de 6 años, y fue disminuyendo progresivamente hasta los 12.

comunion

Mis dos hermanas y yo hemos ido desde pequeñas a un colegio católico del Opus Dei, en el que hemos recibido muy buena formación y al que estoy muy agradecida, pues es, junto con mi familia, el que ha ido poniendo las bases de mi vida cristiana. Y además, me daba muchas facilidades para vivirla bien, pues teníamos oportunidad de confesarnos frecuentemente y de ir a misa diariamente. Pero, pese a esto, yo en este tiempo no tuve casi relación con Dios. Sólo recuerdo una relación así más personal a los 7 años, cuando hice la primera comunión.

Dejemos atrás mi niñez y empezamos con la pre-adolescencia, que en mi caso comenzó más o menos a los 10 años. Por ese tiempo empecé a no querer ir a misa con mis padres diariamente. en alguna ocasión me enrabietaba, pero la mayoría de veces el tener que ir era como quien acepta el tener que hacer los deberes cada día, no queda más remedio… El Hogar tampoco me gustaba, es más, tenía como alergia a las Siervas y a todo lo que tuviera que ver con ellas. En la mayoría de ocasiones esta “alergia” sólo se reflejaba en casa pues lo pasaba fatal cuando la gente me miraba, por ello nunca quise llamar la atención enrabietándome delante de todo el mundo. De todas formas, si me olvidaba de que me caían mal, me lo pasaba bien, así que no fue tan mal.

convivenciasAldehuela2009

En el segundo curso de la secundaria (2009-2010) empecé el periodo de la adolescencia, en que pasaba bastante de todo, así que decidí dejar de ir a misa los días de diario (en el colegio tenia opción de ir a misa cada día). Aproveché el hecho de que en el colegio nadie me vigilaba. No iba a misa y luego en casa decía que había ido. Así estuve solamente un par de meses, pues me di cuenta de que me faltaba algo cuando no iba a misa y además odiaba tener que estar siempre mintiendo.

Ese mismo año se hicieron en Madrid unas convivencias de chicas durante el puente de la Inmaculada. En esas convivencias no me porté muy bien que digamos y recibí alguna que otra charla-bronca. De primeras lo recibí un poco mal, pero me ayudaron muchísimo, pues me abrieron los ojos, ya que me di cuenta de que no era tan buena como me creía. Además de eso, en esas convivencias recibí un montón de gracias; sentí por primera vez a la Virgen como madre pues anteriormente no tenía ninguna relación personal con ella; sabía que era madre de Jesús y mi madre, pero ya está, esto no suponía nada, era una simple teoría. También en estas convivencias comprendí el gran valor de la misa y realmente llegue a necesitar la misa diaria, pues era y es lo que me ayuda a vivir el resto del día. A partir de esas convivencias empecé a tener una relación personal con Cristo y con la Virgen. Fue como el salto que di en el que pasé de vivir la religión de mis padres a vivir mi propia fe. Esta fe que no era una serie de normas, sino que pasó a ser una persona: Jesucristo.

paloma con su familia

Desde este momento también cambio mi relación con el Hogar. Ese año tuve por primera vez una guía espiritual. Yo no le decía gran cosa, pero a mí me ayudaba mucho lo que ella me decía; además durante ese verano, estuve dos semanas en Santander con las hermanas y con las chicas. Normalmente hay muchas chicas que pasan el verano allí, pero al ser agosto, muchas de las chicas se fueron a Estados Unidos y nos quedamos una semana sólo 3 chicas con todas las hermanas. Así que el tener que convivir día a día con las Siervas me acercó mucho a ellas y mi relación con las hermanas cambió, se hizo mucho más cercana. Es más, empezaron a caerme bastante bien, lo que fue un punto a mi favor. Cuando les tenía manía, no prestaba muchas veces atención a lo que me decían, pues no me interesaba. Tenía como el corazón cerrado a todo lo que viniera de ellas (no siempre, pero bastantes veces). Por esta razón cuando me abrí, aprendí muchísimo, sobre todo empecé a conocer a Dios y como he dicho antes, la fe pasó a ser una persona: Jesús. Desde ese momento mi relación con Dios ha ido creciendo, y aunque alguna vez he querido alejarme de Él, nunca lo he conseguido porque siempre he sabido que es en Él donde se encuentra la verdadera felicidad; así que siempre que me he alejado he acabado volviendo (menos mal). Si alguno de vosotros está con esta actitud de huida de Dios, que no siga corriendo, pues Él corre más.

Cuando nos alejamos de Dios, Él siempre nos tiende la mano para que volvamos a Él, pero como no le vemos, muchas veces no nos damos cuenta, por eso necesitamos a alguien que nos lo diga. Esto ha supuesto el Hogar para mí; ha sido la cuerda que me ha ayudado a coger la mano de Cristo y a poder unirme a Él y a nuestra Madre.

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