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Laicos del Hogar de la Madre (L.H.M.)Los L.H.M. tienen como finalidad la santificación de sus miembros para gloria de Dios, bajo la protección maternal de María. Esta vocación nace en la Iglesia para su servicio. Y los principios por los que se mueve emanan del misterio de Cristo y su Evangelio, como lo cree, lo interpreta y lo predica la Iglesia asistida siempre por el Espíritu Santo.

Soledad Martín

España - 2007

Verdaderamente no sé cómo empezar a contar cómo conocí el Hogar, así que os voy a contar un poco mi camino de conversión hasta llegar aquí.

cris-y-sole-2-articuloSiempre he sido católica. Nací en el seno de una familia católica de madre creyente y padre que, actualmente, se califica de agnóstico. Desde que recuerdo, he asistido a Misa los domingos, aunque no siempre, con mi madre; echando la vista atrás no recuerdo a mi padre acompañarnos a Misa, salvo en contadas ocasiones. Asistí a las catequesis de Primera Comunión y de Confirmación y he de confesar que ahora me doy cuenta de cómo la mano providente de Dios ha ido actuando a lo largo de mi vida, poniendo en mi camino personas y situaciones adecuadas que me podían ayudar. Con ojos humanos no era muy fácil acoplar esto puesto que por el trabajo de mi padre, tuvimos que cambiar de ciudad varias veces a lo largo de mi infancia, de hecho, cuando tuve la edad de confirmarme, fue un año en el que estuvimos viviendo en casa de mi abuela porque trasladaban a mi padre de ciudad. “Casualmente” las chicas de mi curso se estaban preparando para recibir la confirmación y me invitaron a asistir a las catequesis preparatorias. Tuvimos que pedir permiso para incorporarme sin haber hecho el primer año de preparación, porque al año siguiente ya no estaríamos viviendo allí. No hubo ningún problema y me confirmé, aunque sin contar con la presencia de mis padres que se encontraban ya en la ciudad a la que nos íbamos a trasladar.

Sole-y-hijas-articuloCuando fuimos a vivir a Valencia, donde actualmente residimos, también “casualmente”, las amigas que conocí al llegar allí y con las que fui al Instituto, habían estudiado en un colegio de monjas y los sábados tenían reuniones de post-confirmación, así que me sumé a aquellas reuniones a las que acudía con mucho gusto.

Pero pasó el tiempo y con 19 ó 20 años, empecé a sentir en mi corazón inquietud e insatisfacción. Aquellas reuniones ya no me llenaban y empecé a pensar que Dios no podía ser sólo eso; se me quedaba pequeño. También veo la mano de Dios en esos sentimientos de insatisfacción porque si no, no hubiese dado el paso de buscar otra cosa, o posiblemente no habría captado lo que el Señor puso posteriormente en mi camino.

Más tarde conocí un matrimonio que me empezó a hablar de Dios de una manera distinta a como antes había oído hablar. Empecé a rezar el Rosario, cosa que nunca había hecho, comencé a ir a Misa diariamente, a confesarme con más frecuencia, a llevar una vida espiritual que no había tenido hasta entonces y que me descubrió un Dios que llenaba mi corazón y al que empecé a conocer más íntimamente, de una manera más personal. Ahí fue donde empezó mi “encuentro personal”.

A medida que pasó el tiempo, más personas se unieron a nosotros para experimentar “su encuentro personal”, formando un grupo en el que había unas cuantas familias jóvenes con sus hijos, y otros que todavía no habíamos descubierto nuestra vocación. Lamentable y dolorosamente, este grupo se deshizo (el demonio no deja de hacer su trabajo) y de esta manera, todos nos quedamos en el aire con nuestra fe, pero sin la referencia de la comunidad que el Señor y Nuestra Madre, con todo su amor y paciencia, habían ido formando. Pasaron algunos años y yo seguí con mi vida espiritual, aunque confieso que a un nivel más bajo. Me había enfriado. Fue en este tiempo cuando me casé y tuve a mi primera hija. Pero en el fondo de mi corazón yo sabía que me faltaba algo, que necesitaba pertenecer a algún movimiento o comunidad para poder mantener, con ayuda y apoyo de otros, mi exigencia en el ámbito del espíritu y, de este modo, ir creciendo. A pesar de la ruptura del grupo del que os he hablado, algunos de los que lo componíamos seguimos manteniendo el contacto porque habían sido muchas las cosas que habíamos compartido y el cariño seguía ahí, dentro de nosotros. Se podría decir que formábamos una familia y eso no es fácil de romper.

sole-compromiso-articulo

Y de nuevo, la mano del Señor y Nuestra Madre poniendo el Hogar en el camino de algunos de nosotros. En un principio yo no conocía su existencia pero me empezaron a hablar de los Encuentros de Semana Santa, del “Centro-Hogar” y, poco tiempo después, mi marido y yo decidimos acudir un verano a Barcenilla para ver lo que era aquello de lo que con tanto entusiasmo nos hablaban.

Fue fantástico. Yo sentí al llegar, al escuchar las charlas, al compartir de un día tras otro, que era ahí donde Nuestra Madre me quería. Lo tuve tan claro que ese mismo verano hice mi compromiso como miembro del Hogar y, felizmente dura hasta el día de hoy. Ahora lo que les pido al Señor y a Nuestra Madre, es mantenerme fiel hasta el final y que a pesar de los baches y las dificultades no deje nunca de formar parte del regalo que el Señor le quiere hacer a Nuestra Madre.

Hermana Clare

Hermana Clare

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