Menu

Laicos del Hogar de la Madre (L.H.M.)Los L.H.M. tienen como finalidad la santificación de sus miembros para gloria de Dios, bajo la protección maternal de María. Esta vocación nace en la Iglesia para su servicio. Y los principios por los que se mueve emanan del misterio de Cristo y su Evangelio, como lo cree, lo interpreta y lo predica la Iglesia asistida siempre por el Espíritu Santo.

Mª Jesús Jiménez

mariajesusjimenezLas Matas, Madrid (España)

Cuando echo la vista atrás y pienso que hace más de veinte años que conozco el Hogar de la Madre, sólo puedo dar gracias y afirmarme todavía más en la idea de que es el Señor el que me ha llevado de su mano hasta aquí. Como tantas cosas de Dios, no encuentro explicación al por qué, aunque con el tiempo he visto cómo muchas cosas encajaban. Pero, al mismo tiempo, tengo la seguridad de que lo importante es el para qué, y entre las ironías, ternuras y “tirones de orejas” del Señor, voy caminando arropada por Nuestra Madre la Virgen María.

Las casualidades no existen para quien cree en la Providencia divina, pero no por ello dejan de sorprenderme “las maniobras de Dios” para que el Hogar se convirtiera en parte de mi vida. Eran los primeros días en la universidad y andaba algo perdida. De pronto, ¡caras conocidas! Me acerqué y comencé a hablar con un grupo de chicas, entre las que estaba Rocío. Coincidíamos en algunas clases y comenzamos a trabar amistad. Recuerdo que me llamó la atención cuando una vez comentó que le gustaba ir a misa por la mañana. Creo que en ese momento no conocía a nadie que fuera a misa diariamente, salvo mi abuela, Carmen. Con el tiempo y los cambios de grupo nos veíamos menos, pero Dios no aflojaba. Terminamos la carrera y “decidí” (¿yo?) llamar para preguntarla sobre sus planes de futuro. Su hermano me dijo que estaba en Santander y, pensando que estaba de vacaciones, le pregunté cuándo volvía. “No vuelve. Se ha metido monja”. Confieso que me despedí con lágrimas en los ojos, confundida y emocionada. ¡Monja, una amiga de la Facultad! No entendía. A través del correo nos pusimos en contacto y comencé a conocer el Hogar de la Madre. Me invitó más de una vez a convivencias, pero yo no estaba dispuesta a moverme de mis comodidades. Finalmente, gracias a su perseverancia, fui a las convivencias de Semana Santa en Priego (Cuenca) en 1994, año de las familias. Quedé en Atocha (Madrid) con dos chicas que no conocía, Mª Jesús y Virginia, y todo el camino hasta Cuenca las fui bombardeando a preguntas. ¡Hasta nos pasamos de desviación y llegamos tarde! En la misa crismal me llamó la atención una ancianita en una silla de ruedas que, por el trato que recibía, parecía muy especial. Era Mamie. ¡Cuánto cariño y alegría contagiaba a los que se acercaban para cuidarla o hablar con ella! Aunque también era clara y firme, fuera de convencionalismos, con toda su vida puesta en Dios y en Nuestra Madre. Frágil por fuera pero cuánta fuerza interior. De aquel Encuentro recuerdo mi sorpresa al encontrar tanta gente joven, sincera, sencilla, cómo colaborábamos todos, la acogida, el sentir “hogar” realmente, y el descubrir una vivencia cristiana donde la alegría y la coherencia eran normas de vida. Eso me llevó a replantearme mi ser cristiana y llegué a la conclusión de que era atrayente, pero exigía más de lo que estaba dispuesta a dar entonces. Quizás temía que “mi mundo” desapareciera; quizás preveía que había mucho que cambiar, o me preocupaba demasiado lo que pensarían de mí. Por eso decidí que iría de vez en cuando pero sin compromisos. Poco a poco me di cuenta de que necesitaba más. Dios quería darme todo y yo no hacía sino regatearle.

mariajesusjimenez2A través de convivencias, charlas y reuniones, ratos de oración, eucaristías, canciones, sentí el amor personal de Dios que iba ablandando mi corazón comencé a cuidar más la oración y a tratar de ir a misa más frecuentemente. Sólo había entreabierto mi puerta, pero había nacido una necesidad de Dios que iba creciendo con tantas buenas experiencias de su presencia en mi vida. Y la compañía, testimonio y apoyo de los miembros del HM, me han ayudado en este camino. Abrir una puerta casi cerrada no es tarea fácil; reconocer que el castillo de excusas, justificaciones, miedos, falsos inconvenientes, era sólo obra mía, tampoco. Pero a medida que te acercas a Dios, según te asomas a su locura de amor, o eres una piedra o no puedes dejar de asombrarte y emocionarte de Su misericordia. Entonces algo tiene que cambiar, se tiene que notar que algo grande está pasando en tu vida.

Y el Hogar de la Madre pasó a ser mi camino hacia Dios. Siendo del Hogar viví mi noviazgo, y recuerdo cuando Jose y yo subíamos a Barcenilla (Cantabria) para ayudar en la construcción de la Casa Carmen María; o la inmensa alegría y paz del Padre Juan cuando fue ordenado sacerdote; o aquella vez que nos fuimos a rezar el rosario, con los Siervos, a la Virgen del Mar; o cuando el Padre Félix nos enseñó la casa destartalada que hoy, gracias al trabajo y esfuerzo de los Hermanos, es el Noviciado de los Siervos; o aquellas comidas y conversaciones con las Hermanas (y, a veces, el Padre Rafael) que, para qué esconderlo, siempre han sido nuestra debilidad... Muchos son los buenos recuerdos que se unen a la gratitud de haber podido compartir esos casi-inicios del Hogar de la Madre. Pero tengo especialmente presente cuando hicimos el Camino de Santiago con el HM unos dos meses antes de nuestra boda. Fue una experiencia profunda, viva y clara de preparación para nuestro matrimonio. Yo sentí cómo el Señor me iba enseñando con paciencia, entre ampollas y “montes del gozo”, a poner los pies en la tierra y los ojos en el Cielo, y a pasar del “yo/tú” al “nosotros”.

mariajesusjimenez3

En nuestra boda allí estaban el Padre Félix, el Padre Rafael y un grupo de Hermanas que nos ayudaron a VIVIR, a gozar este sacramento, esta vocación, con Dios, único que le puede dar sentido, y bajo la mirada llena de ternura de Nuestra Madre. Nacieron nuestros hijos, Juan Mª y Pablo José, y a los dos los consagró a la Virgen el Padre Rafael, y al mayor lo bautizó. Ellos han crecido entre visitas al HM y campamentos, gracias a Dios. 

Leyendo una carta de fraternidad del Padre Rafael (Cuaresma 2001) reafirmo más mi propia experiencia de llamada  cuando dice: “Ser del Hogar no es primordialmente una decisión del individuo, sino una vocación (…) No somos una simple agregación de creyentes, sino personas vocacionadas según un designio divino para vivir en la Iglesia una propia especificidad que se enraíza dentro del ser eclesial”. Esa es mi meta: responder a la llamada del Señor, viviendo, como cristiana, un carisma con el que me identifico más cuanto más tiempo pasa.

Gracias a tantas personas del HM que me han ayudado y me ayudan en la “escalada espiritual”. Confío y espero que el Señor que me trajo hasta aquí, permita que mi corazón se “esponje” en el Hogar para darse allá donde Él quiera que esté.

¡Bendito sea Dios!

Mª Jesús Jiménez

 

Hermana Clare

Hermana Clare

¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

InfoFamiliaLibre

Buscar

Redes sociales

Elegir idioma

Las cookies facilitan la prestación de nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, usted acepta que utilizamos cookies.
De acuerdo