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Laicos del Hogar de la Madre (L.H.M.)Los L.H.M. tienen como finalidad la santificación de sus miembros para gloria de Dios, bajo la protección maternal de María. Esta vocación nace en la Iglesia para su servicio. Y los principios por los que se mueve emanan del misterio de Cristo y su Evangelio, como lo cree, lo interpreta y lo predica la Iglesia asistida siempre por el Espíritu Santo.

Zenaida Fernández

zenaida885Alcalá de Guadaíra, Sevilla (España)

Soy Zenaida Fernández, madre de Pablo y Diego, dos verdaderos regalos que el Señor me ha dado. Vivo en Alcalá de Guadaíra de Sevilla, soy enfermera de neonatos de profesión, y por la gracia de Dios, “Laica del Hogar de la Madre”. Conocí el Hogar de la Madre cuando subía al Santuario de Nuestra Sra. del Águila, patrona de mi pueblo, a rezarle en las novenas o a pedirle consejo. Las Siervas rompían el concepto de monja que hasta ahora había tenido. Me llamaba la atención su juventud, la alegría, la pobreza de su hábito. Nuestra Madre sabe cuándo ha de llamar a sus hijos, cuándo es el momento oportuno, y yo intuyo que eso sucede cuando la buscan con todo su corazón. Ella sabe darle a cada uno lo que necesita vivir y experimentar, aunque eso transcurra lejos de la casa de Dios.

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Dejé de frecuentar la Iglesia y los sacramentos, pero siempre tuve en mi corazón a Dios presente. Tengo un espíritu rebelde y nómada, como dice mi familia, y no estoy parada mucho tiempo en un mismo lugar. Ahora sé que el Señor pone en sus criaturas un hambre y una sed, que no puede calmarse con nada de este mundo, más que en Él; y hay personas, como es mi caso, que lo necesitan como el aire que respiran. Por mediación de una antigua amiga que conocí en la Escuela de Enfermería, descubrí mucho de lo que llaman Nueva Era. Una buena parte de mi vida, la pasé haciendo cursos: de crecimiento personal y auto superación, de astrología, mineralogía, numerología, thaichí, yoga...etc, girando y girando sobre mí misma, como un hámster en su noria. Todo esto aumentó mi confusión, al mismo tiempo que disminuía el contenido de mi bolsillo. Otras amigas me presentaron a un maestro de reyki. No pude pasar del primer nivel, no era lo suficientemente buena; algo de razón tenían, porque en lugar de invocar una serie de símbolos que había que aprender, yo invocaba al arcángel San Miguel. A medida que disminuía la sordera espiritual iba escuchando la voz de Nuestra Madre llamándome. Cuando iba a un encuentro de meditación y silencio, que muchos se celebraron en Cataluña, me iba unos días antes a Montserrat, para estar con Ella y escuchar los cantos gregorianos de los monjes benedictinos y la escolanía, que elevaban mi espíritu; o me iba a Fátima para pasar unos días de mis vacaciones a su lado.

En el Hogar de Nuestra Madre he comprendido por fin, por qué no encajaba en ningún grupo. ¿Cómo iba a encajar?, ni era mi sitio, ni mi gente.

Hay muchas cosas que he vivido, que aún no comprendo, pero, no tengo prisa, ya me las irá mostrando Nuestra Madre cuando lo crea oportuno. Una cosa tengo clara: es Ella quien le pisa la cabeza a la serpiente. Nada puede contra nosotros, nada, y esa experiencia tengo, por la gracia de Dios.

Llegó por fin el momento de la vuelta a casa. Lo primero que Nuestra Madre recompuso en mí fue la memoria fresca, me devolvió mi dignidad de hija de Dios perdida, y eso me dio una fuerza tremenda, y ganas de ponerme en marcha de nuevo. Subía frecuentemente al Santuario de Ntra. Madre del Águila, sentía cómo se comunicaba conmigo. No lo hacía con palabras, pero cuando bajaba, sabía perfectamente lo que tenía que hacer. No me perdía una novena en verano, y en esa semana ya tenía las instrucciones que necesitaba. Me di cuenta, ¡cuánta era mi ignorancia sobre mi propia religión!, ni recordaba apenas las oraciones. Era todo un comienzo. Tenía muy claro que debía formarme, y ni corta ni perezosa, me matriculé en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Isidoro y San Leandro de Sevilla, en una asignatura que se llama: Seminario de Estudios Laicales. «La vida cristiana abierta al compromiso, político, social y cultural».

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Nuestra Madre me llevó a su mismo Hogar. Un privilegio que cada día agradezco de todo corazón. Un verano, después de una novena a Nuestra Madre, mi querida Ángeles, laica del Hogar, me invitó a una de sus reuniones. Me faltó muy poco para reconocer enseguida que ese era mi sitio, mi familia, mi casa, mi HOGAR, y sobre todo, donde quería mi Madre que estuviera. Mucho he escuchado en mi vida sobre reencarnación. Por supuesto, no creo en ella; aunque tengo la certeza, de que he muerto y he nacido más de una vez, pero..., en esta vida, y eso me recuerda las palabras de Jesús a Nicodemo. En mi vuelta a casa, he pasado por algún que otro infierno, aunque haya estado en mi mente, por algún que otro purgatorio, cuando mi Padre me ha dejado en épocas de sequedad, y suspenso; y también..., aunque no lo haya merecido, en pedacitos de cielo.

 

Hermana Clare

Hermana Clare

¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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