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San Juan María Vianney

San Juan María Vianney

Ficha

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Nacimiento

Dardilly (Francia), 8 de mayo de 1786.

Muerte

Ars-sur-Formans (Francia), 4 de agosto de 1859.

Beatificación

Fue beatificado por Pío X el 8 de enero de 1905.

Canonización

Fue canonizado por Pío XI el 31 de mayo de  1925.

Fiesta

4 de agosto

Vida

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San Juan María Vianney, conocido como el Santo Cura de Ars, nació  el 8 de mayo de 1786 en Dardilly (Francia), en una familia de campesinos. Sus padres le transmitieron una fe sólida y una caridad ardiente a través de su ejemplo. Su madre era muy devota y de ella aprendió Juan María las primeras oraciones. Dirá más tarde el santo: “Después de Dios, todo se lo debo a mi madre. ¡Era tan buena...!”. Juan María recordaba cómo en los días de invierno recogían a pobres, los sentaban con ellos a la mesa y su padre colocaba sus ropas húmedas junto al fuego del hogar para que se secaran. También, en tiempos de la Revolución Francesa, en que había muchos perseguidos, los Vianney llegaban a albergar por las noches a unos veinte necesitados.

Durante el tiempo de la Revolución Francesa, siendo Juan María niño, se persiguió ferozmente a la religión católica. La familia Vianney no dejó por ello sus prácticas piadosas y continuó asistiendo a Misa de forma clandestina, arriesgando su vida, como lo hacían también los sacerdotes. El santo recibió la Primera Comunión a escondidas, cuando tenía trece años, con una emoción y alegría desbordantes. Todas estas experiencias irán calando hondo en el corazón de San Juan María.

A los 17 años siente la llamada al sacerdocio. Dice a su madre, que era su confidente: "Si soy sacerdote podría ganar muchas almas para Dios". Pero su padre, aunque era buen cristiano, no le deja marchar, pues no quería perder la ayuda inestimable de Juan en las labores del  campo. Hasta los 20 años no obtiene el permiso paterno para comenzar los estudios. El P. Balley, párroco del Ecully, una población cercana a Dardilly, se presta a ayudarle. Emprende los estudios con mucho entusiasmo, pero el latín se hace muy difícil para aquel mozo campesino y se empieza a desalentar. Entonces, decide hacer una peregrinación a pie, pidiendo limosna, hasta la tumba de San Francisco de Regis, en Louvesc (a unos 100 km.), para implorar la ayuda de este santo. Era el año 1806. Las dificultades continuarían. El camino al sacerdocio estará sembrado de vicisitudes e incomprensiones, fracasos y muchas lágrimas para Juan María, en medio de las cuales contó también con la ayuda de sacerdotes, como el P. Balley, que supieron descubrir, por encima de su limitación humana, la llamada apremiante de Dios a la vida sacerdotal.

Después de muchas fatigas, el 23 de junio de 1815, fue ordenado diácono. Un año después, el 13 de agosto, fue, por fin, ordenado sacerdote, a la edad de 29 años. Su corazón desbordaba de alegría, pues comprendía bien la magnitud de la gracia del sacerdocio. “¡Oh, qué grande es la dignidad del sacerdote! Solo se comprenderá en el cielo. Si se comprendiera en la tierra, se moriría, no de temor sino de amor”, dirá más tarde el  Santo Cura.

s-juanmariavianney8Su primer destino fue como coadjutor de la parroquia de Ecully, junto a su querido P. Balley, que fue siempre un verdadero padre espiritual para él. Tras la muerte de este, en 1818, Juan María  fue nombrado capellán de la Iglesia de Ars. Se le advirtió de antemano: “No hay mucho amor a Dios en ese pueblo, pero usted lo pondrá”, palabras que resultaron proféticas. Ars era un pueblecito perdido del sur de Francia, de unos  230 habitantes. Era pobre tanto desde el punto de vista material como, más aún, desde el punto de vista espiritual. Sus gentes eran frías en la fe, con malas costumbres muy arraigadas, como el trabajo dominical, las blasfemias, las tabernas y los bailes.

Imagen del Buen Pastor, el Santo Cura de Ars dio la vida por sus ovejas, desgastándose por ellas. Deseaba  la salvación de todos sus  feligreses, en primer lugar de los más alejados, los más hostiles, los grandes pecadores. Por eso imploraba: “Dios mío, concededme la conversión de mi parroquia. Consiento en sufrir cuanto queráis durante toda mi vida, aunque sea durante cien años, los dolores más vivos, con tal que se conviertan. Dedicaba  largas horas a la oración, hacía fuertes penitencias por su parroquia y predicaba con fuerza la verdad. Su vida fue un milagro de Dios, pues durante muchos años vivió en una austeridad extrema, alimentándose solo de patatas cocidas y dedicando muy poco tiempo al sueño. Su  amor a la Eucaristía, su oración prolongada y ferviente, el recogimiento y devoción en la Santa Misa, la pobreza con la que vivía y sus obras de caridad, fueron muy edificantes y tocaron el corazón de muchos, arrastrándolos a la conversión. Enardecido de amor exclamaba: "Dios mío, concédeme la gracia de amarte tanto cuanto yo sea capaz". Era capaz de comunicar su amor e intimidad con Cristo también a las almas: “Sabemos que Jesús está allí, en el Sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Esta es la mejor oración”. “Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él”. Se prodigó también en las obras de caridad. Una muestra de ello es la fundación de la casa de la Providencia, una escuela para niñas pobres que se acabará convirtiendo en un hogar para niñas huérfanas de la zona. 

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Se distinguió, especialmente, como óptimo e incansable confesor y maestro espiritual. Durante los últimos años de su vida pasaba hasta quince horas al día, y a veces más, confesando. En el verano se asfixiaba y en el invierno se quedaba aterido de frío. Esto constituía una gran penitencia que ofrecía por la conversión de los pecadores, especialmente por su parroquia. No ahorró sacrificio alguno por llevar las almas a Dios. Identificado con Jesucristo Victima sufría por los pecados de que se acusaban y, aún más, por la falta de arrepentimiento. Decía: “Lloro por todo lo que vosotros no lloráis”.

Pronto se empezó a extender la fama de este cura santo por los pueblos y ciudades de alrededor, y por toda Francia. La pequeña población de Ars empieza a recibir auténticas peregrinaciones de penitentes que desean confesarse o consultar problemas de índole espiritual con este sacerdote. La fila de penitentes que esperaban su turno de confesión se salía hasta fuera de la Iglesia, dando varias vueltas alrededor de la misma. Acudían a él personas de toda condición: desde prelados insignes e intelectuales famosos, hasta gente sencilla y ruda.

El Señor le enriqueció con muchos dones, entre ellos el de leer las conciencias. Alentaba a unos, ayudaba a a otros a librarse de los escrúpulos, de la pusilanimidad o de la soberbia. A uno le recordaba un pecado olvidado, a otro le manifestaba con claridad su vocación o alertaba de los peligros en que se encontraba, etc.

La vida de austeridad y penitencia, junto con las largas horas en el confesionario fueron minando la salud de San Juan María, llevándole al agotamiento físico. Hacia el año 1853 se le envía la ayuda de un grupo de misioneros diocesanos, para aliviar su trabajo. Él no aminoró su ritmo de trabajo, sino que aumentó su tiempo de confesiones y de acogida de los peregrinos al estar despreocupado de otros asuntos.

s-juanmariavianney2El 29 de julio de 1859 se sintió indispuesto, pero bajó a la iglesia, como de costumbre, a la una de la madrugada. Sin embargo, ya  no pudo resistir toda la mañana en el confesionario y tuvo que salir a tomar un poquito de aire. Antes del catecismo de las once, pidió un poco de vino y subió al púlpito. No se le entendía, miraba al Sagrario con los ojos bañados de lágrimas. Luego siguió confesando. Por la noche se sintió mal y pidió ayuda, intuyendo que se acercaba su final: “El médico nada podrá hacer. Llamad al señor cura de Jassans”. En la tarde del 2 de agosto recibió los últimos sacramentos: Qué bueno es Dios; cuando ya nosotros no podemos ir más hacia Él, Él viene a nosotros, dijo. En la madrugada del 4 de agosto, mientras rezaban a su lado las recomendaciones del alma, el Santo Cura murió con mucha paz, sin ningún gesto de agonía. Tenía 73 años y llevaba 41 años como párroco en Ars.

Fue beatificado en 1905 por Pío X. En 1925, Pío XI lo canonizó y tres años más tarde lo proclamó Patrón de los Párrocos. El 16 de junio de 2009, con ocasión del 150º aniversario del 'dies natalis' de Juan María Vianney, Benedicto XVI convocó un año sacerdotal para "contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo" (Benedicto XVI). Su cuerpo se conserva incorrupto en la Basílica de Ars (Francia).

Eucaristía

s-juanmariavianney4La Eucaristía era para el Santo Cura de Ars el centro de su existencia. Si él dijo que: “el sacerdote es el amor del Corazón de Jesús”, bien podría decirse que Jesús Eucaristía era el amor del corazón de Juan María.

Transmitía su pasión de amor por la Eucaristía a sus fieles, invitándoles a acercarse al Señor, haciendo visitas al Santísimo, cultivando un trato personal de amor hacia él a través de la oración y la comunión frecuente: “Visiten a Jesús. ¡Qué agradable es que lo visitemos! Un cuarto de hora que dejemos nuestras ocupaciones para venir a
rezar, a visitarlo, a consolarlo de tantas ofensas que recibe, ¡qué agradable le resulta! “No hay necesidad de hablar mucho para orar bien”. “Sabemos que Jesús está allí, en el Sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración”, les decía. Les insistía también en la comunión frecuente: “Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él”.

La Santa Misa era el centro de su día y enseñaba a sus feligreses la importancia del Sacrificio del Altar: “Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios”, decía. “Si se supiera lo que es la Misa, se moriría. No se comprenderá la felicidad que hay en celebrar la Misa sino en el cielo. ¡Oh, mi Dios, qué lamentable es que un sacerdote celebre la Misa como una cosa ordinaria!”.

s-juanmariavianney5Dedicaba un buen rato a prepararse, en silencio y de rodillas, con los ojos fijos en el Sagrario, antes de celebrar el sacrificio eucarístico. Durante la homilía, se quedaba muchas veces mirando al Sagrario, absorto por la presencia real de Jesús en la Eucaristía y perdía la voz. Cuando tenía la Sagrada Hostia en sus manos, hacia una pausa para mirarla y sonreía de tal modo que parecía estar viendo al Señor. Ante el Sagrario, decía con emoción: “¡Él está ahí!”.

Aunque él vivía en suma austeridad y pobreza no dudó en  gastar todo lo necesario para  restaurar la iglesia y enriquecerla con ornamentos litúrgicos. También destacaba por los pequeños detalles de amor, como el modo de hacer la genuflexión delante de la Eucaristía o de dirigir su mirada al Sagrario.

 

María

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El alma infantil de Juan María se fue alimentando al calor de una fe firme y una tierna devoción mariana que aprendió en el seno familiar. Siendo muy niño, el santo estaba mirando un día un rosario. Su hermana pequeña se le acercó y se lo quitó. El niño, que no quería desprenderse de su preciado tesoro, empezó a llorar y patalear. Pero bastó la invitación de su madre:
“Hijo mío, da tu rosario a Gothon por amor a Dios”, para que el pequeño, sollozando aún, entregase a su hermana el rosario. La señora Vianney premió la generosidad de su hijo regalándole una pequeña imagen de la Virgen que hasta ese momento estaba sobre la chimenea de la cocina. Pasados muchos años dirá el santo: “¡Cuánto amaba yo a aquella imagen. No podía separarme de ella ni de día ni de noche y no hubiera dormido tranquilo si no la hubiese tenido a mi lado!”. Llevaba consigo la imagen cuando llevaba el rebaño a pastar. Le gustaba hacerle altares, adornarla con flores y retirarse a rezar en soledad delante de ella.

Hablaba de la Santísima Virgen con confianza y familiaridad. “La Santísima Virgen no tiene mancha, está adornada de todas la virtudes que la hacen tan bella y agradable a la Santísima Trinidad". Y también: "El corazón de esta Madre buena no es más que amor y misericordia; lo único que desea es vernos felices. Basta sólo dirigirse a ella para ser escuchados”.

Él había adquirido la costumbre de saludar a la Virgen Santísima al dar la hora, santiguándose y rezando un Ave María, estuviese donde estuviese. Rezaba cotidianamente el rosario y animaba a sus feligreses a hacerlo. Pedía a las madres que consagrasen a sus hijos a la Santísima Virgen cada mañana, rezando un Ave María. Exhortaba a los fieles a tener en sus hogares una imagen de la Virgen María, en cuya base debía estar escrita la consagración de la familia, que él firmó, poniendo los nombres de los miembros de la misma, empezando por el padre. Cuando llegó a Ars, estableció la Cofradía del Santo Escapulario y del Santo Rosario. Su tierno amor por la Virgen Santísima lo movió a consagrar su Parroquia a la Madre de Dios, el 15 de agosto de 1836. Sobre la entrada de la pequeña Iglesia puso una estatua de la Virgen. Y poco más tarde  mandó hacer un corazón rojo, que pende de la imagen, en cuyo interior estaban escritos los nombres de los feligreses.

s-juanmariavianney10Catalina Lassagne, de la Casa de la Providencia, declaró: “Yo le oí decir que había hecho dos votos a la Virgen Santísima y que nunca había fallado. Uno era celebrar todos los sábados la misa en honor de la Virgen o, si no podía, hacerla celebrar para estar bajo su protección. El otro era decir cierto número de veces cada día: Bendita sea la Santísima y Purísima Concepción de la Virgen María”.

La Virgen María se le apareció muchas veces. La primera vez tuvo lugar en la sacristía. Una mujer entró para hablar con él, pero vio que estaba hablando con otra señora y salió para esperar fuera sin interrumpir la conversación. Después de un largo rato, como aquella señora no salía, se impacientó y tocó la puerta. San Juan María abrió y la hizo pasar. Ella, sorprendida, le preguntó dónde estaba la señora que había visto antes con él. El santo, al ver que ella también había visto a la Virgen, le rogó: “¡No hable a nadie de esto! Esa señora no saldrá. Era la Virgen María, ¡Qué dichosa es usted por haberla podido ver! Ámela mucho”.

El Santo Padre Benedicto XVI, también nos confirma esta devoción del Santo Cura de Ars a la Virgen María: “El Santo Cura de Ars sentía una filial devoción hacia ella, hasta el punto de que en 1836, antes de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, ya había consagrado su parroquia a María 'concebida sin pecado'. Y mantuvo la costumbre de renovar a menudo esta ofrenda de la parroquia a la Santísima Virgen, enseñando a los fieles que 'basta con dirigirse a ella para ser escuchados', por el simple motivo de que ella 'desea sobre todo vernos felices'”.

Lugares

s-juanmariavianney3Dardilly (Francia)

Allí se encuentra la casa natal de Juan María Vianney, hoy convertida en museo. San Juan María Vianney vivió en ella hasta que fue destinado a Ars. En ella se conservan algunos recuerdos y reliquias del santo.

Ars (Francia)
La Basílica de Ars es un complejo que se comunica con la antigua iglesia de San Sixto del siglo XIX, de la que fue párroco el Santo Cura de Ars. En la llamada Capilla del corazón se puede venerar la reliquia del corazón del santo. Allí también reposa el cuerpo incorrupto de San Juan María. Se puede visitar igualmente la que fue la casa del santo, que conserva numerosas reliquias suyas.

Lecturas

Del santo:

Solamente se han conservado 85 cuadernos que contienen 113 sermones del santo. Algunos de ellos se pueden encontrar en internet o en algunas editoriales católicas.

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De los Papas:

- Carta Encíclica "Sacerdotii nostri primordia" del Santo Padre Juan XXIII, en el I Centenario de la muerte del Santo Cura de Ars, 1 de agosto de 1959.

- Carta del Santo Padre Juan Pablo II a los sacerdotes, jueves santo de 1986.

- Carta del Santo Padre Benedicto XVI para la convocación de un año sacerdotal con ocasión del 150º aniversario del "dies natalis" del Santo Cura de Ars.

- Catequesis del Santo Padre Benedicto XVI, 5 de agosto de 2009.

- Ángelus del Santo Padre Benedicto XVI, 15 de agosto de 2009.

De otros autores:

- "El Cura de Ars: Patrono de todos los sacerdotes del mundo", de Francis Trochu (Colección Arcaduz, Ediciones Palabra). Lo puedes comprar on-line a la Editorial Palabra aquí.

- "San Juan María Vianney. El cura de Ars", de Jesús Iribarren Rodríguez (Colección Biografías, Editorial B.A.C.). Puedes pedirlo a la editorial a través de este link

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