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Nuestros Santos ProtectoresLos grandes patronos y protectores del Hogar

Santa Catalina de Siena

Santa Catalina de Siena

Ficha

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Nacimiento

Siena (Italia), 25 de marzo de 1347.

Muerte

Roma (Italia), 29 de abril de 1380.

Canonización

Fue canonizada por Pío II en 1461.

Doctora de la Iglesia

Fue proclamada doctora de la Iglesia por el Papa Pablo VI en 1970.

Patrona de Europa

Fue proclamada Patrona de Europa por el Papa Juan Pablo II el 1 de octubre de 1999.

Fiesta

29 de abril

Vida

s-catalinasiena10Santa Catalina nació en Siena (Italia) el 25 de marzo de 1347. Ella y su gemela fueron las últimas de los 25 hijos del matrimonio. Su padre, el señor Benincasa, era tintorero. La madre, conocida como Monna Lapa, pertenecía también a una familia de condición humilde.

En 1353, cuando solamente contaba con 6 años de edad, tuvo su primera visión. Sobre una iglesia vio a Cristo junto a San Pedro, San Pablo y San Juan Evangelista. Jesús, que iba vestido con los ornamentos pontificales, la bendijo. Para ella fue como una profecía y una señal de que tenía que ser totalmente de Dios. Unos meses después, como respuesta a esta llamada, Catalina hizo un voto privado de virginidad. Encontró gran oposición en casa por su decisión de dedicarse a la mortificación y a la oración. Al cumplir los doce años, sus padres decidieron casarla para acabar definitivamente con su vida de piedad, pero ella se opuso cortándose el pelo y encerrándose en su cuarto. Entonces, sus padres y sus hermanas se endurecieron contra ella y procuraron obstaculizar su vocación por todos los medios. Intentaban distraerla para que entrase por el camino de la mundaneidad, ofreciéndole vestidos y otras vanidades; le obligaban a hacer los trabajos más duros de la casa e intentaban interrumpir sus momentos de oración, impidiéndole tener una habitación privada para que no pudiera rezar a solas. Sin embargo, ella no se lamentaba sino que obedecía y ofrecía todo al Señor con paciencia. De esta manera, aprendió a vivir la soledad interior en medio de la distracción y la oración del corazón en medio de las ocupaciones. Al mismo tiempo, procuraba mortificarse en sus gustos y vivir una gran austeridad.

s-catalinasiena11Un día, cuando Catalina estaba en oración, su padre vio como se le posaba una paloma en la cabeza. Este hecho le hizo comprender que la actitud de su hija se debía a una llamada divina y que tenía que dejarla libre para seguir la voluntad de Dios. Gracias a esto, Santa Catalina pudo tener más libertad, empezando a servir a los pobres y enfermos, en una vida de apostolado volcada en los demás. Al mismo tiempo, dedicaba largas horas a la oración en la soledad de su cuarto, con un gran rigor penitencial.

A los 16 años entró en las Terciarias Dominicas, manteniendo su voto de virginidad como laica. Durante tres años se recluyó en su habitación viviendo en soledad absoluta y sin hablar con nadie más que su confesor. Sufrió muchas tentaciones y vejaciones del demonio que le sirvieron para fortalecer su fe y confianza en Dios. Más adelante, preguntó al Señor en una ocasión sobre este periodo: «¿Dónde estabas Tú mientras yo sufría este abandono?». Y el Señor le respondió: «Estaba en tu corazón, fortaleciéndote con mi gracia».

Santa Catalina recibió el gran don del desposorio místico con Jesús. A la edad de 20 años, estando un día en oración, se le apareció Jesús, que venía acompañado por su Madre y otros santos. María tomó su mano y la acercó a la de su Hijo, el cual puso a Santa Catalina un anillo en el dedo mientras le decía: «Yo, tu Creador y Salvador, me caso contigo en la fe, que conservarás siempre pura hasta que celebres conmigo en el cielo tus nupcias eternas». Cristo se convierte así en su esposo, al que ama sobre todas las cosas con una fidelidad inquebrantable.

s-catalinasiena12Después de esto, la vida de Catalina se convertirá en una sucesión de experiencias místicas y de diálogo íntimo con Jesús, que le concede muchas gracias extraordinarias. Otra de las gracias más importantes de su vida fue el intercambio de corazones. Al año siguiente del matrimonio místico, Santa Catalina suplicó al Señor que le arrancase el corazón y lo tomase para Él. Enseguida notó que realmente le había quitado el corazón y que vivía sin él. Tres días después, Jesús se le apareció con un corazón en la mano y le dijo: «Amada hija mía, así como el otro día tú me ofreciste tu corazón y yo lo tomé, ahora te doy el mío, y de ahora en adelante estará en el lugar que ocupaba el tuyo». En abril de 1375, recibió también los estigmas de manera invisible. Mirando al crucifijo, vio salir rayos de sangre de las llagas de Cristo que llegaban hasta ella, imprimiéndole las marcas de la Pasión en su cuerpo, aunque las heridas permanecían invisibles para los demás.

Con la gracia del desposorio, la santa experimentó también una llamada a entregarse más a la Iglesia y a los demás. Dejando la soledad de su celda, se lanza al servicio de los más necesitados. Empieza también una vida apostólica de relación con los demás. Poco a poco se fue difundiendo su fama de santidad y se formó en torno a la santa un grupo de devotos que acudían a ella para pedir consejo espiritual. Se convierte, además, en un personaje influyente dentro de la sociedad. Son famosas sus epístolas a distintas personalidades del ámbito de la nobleza y de la política. Interpeló incluso al mismo Papa Gregorio XI, que residía entonces en Aviñón, pidiéndole con vehemencia que volviese a Roma.

Catalina viajó mucho con el objetivo de promover la reforma de la Iglesia y la paz entre las naciones. No escatimó ningún esfuerzo en aquello que estaba de su mano y, al mismo tiempo, oraba a Dios con insistencia, confiando a Él todas sus empresas.

Tras la muerte de Gregorio XI, fue elegido como sucesor el Papa Urbano VI, que sufrió una brutal oposición por parte de los cardenales. Estos llegaron incluso a elegir a un antipapa, provocando una gran división en la Iglesia conocida como el cisma de Occidente. Santa Catalina luchó mucho por conciliar a los cardenales con el Santo Padre, yendo de un sitio para otro para hablar con ellos y enviándoles cartas.

s-catalinasiena9En 1380, la santa acude a Roma para defender al Papa Urbano VI y apoyarle. Durante su estancia en Roma, su salud se deterioró rápidamente. A pesar de su malestar físico, iba todos los días a rezar por el Papa y por la Iglesia a la Basílica de San Pedro. Un día experimentó que el Señor le colocaba la barca de la Iglesia sobre los hombros, sintiendo un gran peso. En pocos meses tiene que guardar cama y se empieza a apagar. Murió el día 29 de abril del mismo año, a los 33 años de edad, rodeada por algunos de sus discípulos. Fue enterrada en la Basílica de Santa María Sopra Minerva (Roma), aunque posteriormente se fueron seccionando partes de su cuerpo para llevarlas como reliquias a otros lugares.

Fue canonizada por el Papa Pío II en 1461. En el año 1939, Pío XII la declaró patrona principal de Italia, junto a San Francisco de Asís. El Papa Pablo VI le concedió el título de doctora de la Iglesia en 1970. Juan Pablo II la declaró patrona de Europa junto a Santa Brígida de Suecia y Santa Teresa Benedicta de la Cruz en 1999.

Eucaristía

s-catalinasiena6El amor de Santa Catalina por la Eucaristía era tal que llegó hasta el punto de alimentarse solamente de ella. Esto es posible por una gracia especial que Dios concede a algunas almas escogidas.

Era una de esas pocas personas a las que su confesor permitía comulgar con frecuencia en aquella época. Un día, durante la celebración de la Santa Misa, cuando el sacerdote elevó la Hostia diciendo las palabras: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa», ella pensó en su interior: «Es cierto, Señor, no soy digna». En ese momento, oyó la voz de Cristo que le decía: «Pero yo sí soy digno de que tú entres en la mía». Y, al mismo tiempo, la Hostia voló hasta su boca. Algunos testigos narran que este milagro se produjo en más de una ocasión.

Santa Catalina de Siena tenía una especial devoción a la Sangre de Cristo, como puede deducirse de sus escritos. Así cuenta ella el éxtasis en el que el Señor le permitió entrar en su costado para beber su sangre:

«Esto hizo conmigo aquel día el Señor: Me mostraba de lejos su sacratísimo costado y yo lloraba por el deseo inmenso de acercar mis labios a la sagrada herida... Después acercó mi boca a la llaga del costado. Entonces mi alma, arrebatada por un deseo grande, entró toda en aquella herida, y en ella encontró tanta dulzura y tanto conocimiento de la divinidad que, si lo pudierais comprender, os maravillaríais de que mi corazón no se haya despedazado y de que haya podido continuar viviendo en semejante arrebato de amor y ardor».

Respecto a la fuerza que tiene la Eucaristía para saciar el corazón del hombre, afirma:

s-catalinasiena13«Nos basta con quererlo para que la sangre de Cristo sea nuestra bebida y su carne nuestro alimento; el hambre del hombre no puede saciarse de ninguna otra manera, y sólo la sangre puede saciar su sed. Si el hombre poseyese el mundo entero, no le bastaría  para saciarse, puesto que las cosas del mundo son inferiores a Él. No puede satisfacerse más que con la Sangre, porque la Sangre se halla impregnada de la divinidad eterna del ser infinito, cuya naturaleza es superior a la del hombre». «¡Oh Señor de la inefable misericordia! ¡Cuán dulce eres para los que te aman, cuán suave para los que te gustan, pero mucho más suave para los que beben de ti!».

También practicó y recomendó la comunión espiritual, que define como «comunión mística por el afecto de la caridad que gusta y halla en la Sangre al considerar que ha sido derramada por amor; a causa de este deseo, se embriaga, siente abrasarse y se sacia».

María

s-catalinasiena5La Orden de los Dominicos es muy mariana. La Virgen María enseñó a su fundador, Santo Domingo de Guzmán, el rezo del Rosario. Santa Catalina recibió esta espiritualidad dominica y María está muy presente en su vida y en sus escritos.

Ella cuenta cómo tuvo una visión de Jesús a los seis años de edad en que le vio como Rey sentado en un trono. A los siete años, se consagró en privado a Jesús delante de un cuadro de la Virgen, a la que rezó con estas palabras:

«¡Santísima Virgen, no mires mi debilidad, sino dame la gracia de tener como esposo a aquel a quien yo amo con toda mi alma, tu Santísimo Hijo, Nuestro Único Señor, Jesucristo! Le prometo a Él y a ti que nunca tendré otro esposo».

En el momento del desposorio místico con el Señor, fue María quien le entregó la mano de su Hijo. Un día, estando en éxtasis, oyó que Dios le decía: «Ya que por mi amor has renunciado a todos los placeres del mundo y no quieres alegrarte más que en mí solo, he resuelto desposarme contigo en la fe y celebrar solemnemente nuestras bodas». En ese momento, apareció la Virgen con San Juan Evangelista, San Pablo y el profeta David. María tomó la mano de Santa Catalina y la acercó a la de Jesús, que le puso un anillo de oro mientras le decía:

s-catalinasiena4«Yo, tu Creador y Salvador, me caso contigo en la fe, que conservarás siempre pura hasta que celebres conmigo en el cielo tus nupcias eternas».

De los escritos de Santa Catalina se deduce su trato cercano y su confianza con María. Se sabe que en más de una ocasión, la Virgen le ayudó de manera milagrosa. Por ejemplo, un día de la Asunción en que la santa estaba en cama, le pidió la gracia de poder asistir a la Misa en la Catedral. María escuchó la súplica y la santa, contra toda previsión, pudo asistir a la ceremonia y seguirla perfectamente.

Lugares

s-catalinasiena3- En Siena (Italia) se conserva la Casa de Santa Catalina junto a la Basílica de Santo Domingo. Allí se encuentran la capilla del Crucifijo, donde se custodia el Cristo de cuyas heridas Santa Catalina vio salir cinco rayos de sangre que imprimieron en ella los estigmas de la Pasión; el oratorio de la cocina, que conserva el hogar en que la santa se cayó durante un éxtasis estando encendido el fuego y salió ilesa; varias reliquias de la santa, entre las cuales, la cabeza, un dedo y algunos objetos personales.

- Cerca de Siena, en Rocca a Tentennano, se encuentra el castillo de los Salimbeni, al que la santa fue invitada por la amistad que mantenía con esta familia. Estando allí, recibió la gracia de aprender a leer y escribir por ciencia infusa. A sus 30 años, sin haber recibido nunca instrucción, un día se sintió movida a coger una pluma y escribir una oración. Con letra clara y precisa escribió: «Oh, Espíritu Santo, ven a mi corazón, atráelo hacia ti con tu fuerza, Dios verdadero. Concédeme la caridad con temor; guárdame de todo pensamiento malo, enciéndeme e inflámame en tu amor hasta que toda carga me parezca ligera. Ayúdame en todas mis necesidades, Cristo-Amor. ¡Cristo-Amor!».

s-catalinasiena2- En Roma (Italia) se puede visitar la Basílica de “Santa Maria Sopra Minerva”, donde está enterrada Santa Catalina de Siena. Desde la iglesia se accede también, a través de la sacristía, a la llamada “Capilla del tránsito”, donde murió la santa el 29 de abril de 1380.

- En Italia se veneran otras reliquias del cuerpo de la santa: un pie en la Iglesia de San Juan y San Pablo de Venecia, un talón en la Basílica de Santo Domingo de Bolonia, una mano en el Monasterio del Santo Rosario de Monte Mario en Roma. En Bélgica, en el Santuario de Santa Catalina de Astenet, se conserva una costilla.

- En la Basílica “Santa Maria delle Grazie” de Milán se conserva el hábito de la tercera orden dominica que perteneció a Santa Catalina.

Lecturas

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De la santa:

La principal obra escrita por Santa Catalina de Siena es “El diálogo de la Divina Providencia”. En este libro, la santa dicta a sus amanuenses lo que le inspira el Señor. Son páginas de una espiritualidad muy profunda. Además de esta obra, se conservan también cartas y oraciones de Santa Catalina.

Sus obras pueden encontrarse en las librerías religiosas y algunas páginas web las ofrecen también en formatos digitales.

De los Papas:

- Homilía del Papa Juan Pablo II en el VI centenario del tránsito de Santa Catalina, 29 de abril de 1980.

- Motu proprio del Papa Juan Pablo II con el que proclama Patronas de Europa a Santa Catalina de Siena, Santa Brígida de Suecia y Santa Teresa Benedicta de la Cruz, 1 de octubre de 1999.

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- Audiencia general del Papa Benedicto XVI, 24 de noviembre de 2010.

De otros autores:

- “Vida de Santa Catalina de Siena”, escrita por su confesor, el beato Raimundo de Capua.

- “Al asalto del Cielo. Historia de Santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia”, por Louis de Wohl (Editorial Palabra, Colección Arcaduz). Lo puedes comprar on-line a la Editorial Palabra aquí.

- Capítulo 4 del libro "Arquetipos cristianos", de Alfredo Sáenz, S.J., editado por la Fundación Gratis Date. Puedes leerlo aquí.

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