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Siervas del Hogar de la MadreS.H.M.

Testimonios de las Siervas del Hogar de la Madre

Hermana. Teresa María Castilla

Presentación

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"He comprendido también cómo el Señor ha articulado mi vida, por caminos a veces incomprensibles para llevarme a donde Él quería. Estoy contenta y feliz de haberme entregado al Señor y no hay nada ni nadie que puedan arrebatarme la alegría de haberlo dejado todo por Él."

Nombre de Religiosa: Hna. Teresa María de Jesús Sacramentado
Fecha de entrada en la Siervas: 13 de mayo de 1990
Edad al entrar en las Siervas: 23 años
Ciudad y país de origen: Mocejón, Toledo (España)
Fecha de los votos perpetuos: 8 de septiembre de 1998
Comunidad Actual: Chone - Manabí (Ecuador)
Dirección de contacto:Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Testimonio completo

ht1El primer recuerdo que tengo de lo que podríamos llamar vocación es a la edad de 15 años. Yo no lo reconocía como vocación o  llamada de Dios. Ha sido después de los años cuando lo he visto como un primer indicio de vocación.

Yo tenía unas compañeras en el colegio que estaban preparándose para entrar como postulantes en una Orden Religiosa. Alguna de ellas hablaba claramente de dedicar su vida al servicio de los demás en esa Orden. Esto a mí me hacía preguntarme cómo podrían saberlo.

La profesora de religión en el Colegio también nos hablaba de que Dios llama a las personas a dar su vida totalmente y se consagran a su servicio. Para mí era una incógnita saber cómo puede escucharse esa llamada y al mismo tiempo me planteaba si Dios me estaría hablando a mí a través de todas estas circunstancias. Pero también me decía a mí misma: “Si no me habla claramente, yo no puedo saberlo”.

En esa época, a los 15 o 16 años, no tenía confianza suficiente con nadie como para compartir todos estos pensamientos y orientarlos bien. Yo era una chica normal, no daba problemas en casa, responsable con mis estudios. Seguía las tradiciones en la fe que me habían enseñado en la familia, por lo tanto desde pequeña estaba familiarizada  con las prácticas religiosas como la confesión y comunión frecuentes.

Poco a poco fueron pasando los años de la adolescencia y conmigo seguían de vez en cuando aquellos pensamientos, que yo no quería reconocer como llamada de Dios, “porque no veía claro”.

El año antes de ingresar en la Universidad recuerdo que le planté cara a Dios y le dije que no iba a hacer caso de todas esas cosas que me inquietaban, que quería estudiar y empezar a construir mi futuro. En una palabra que me dejara en paz. No abandoné las prácticas religiosas pero sí le cerré las puertas de mi corazón al Señor. Quería “hacer mi vida”. ¡Qué necios somos a veces con Dios! Pretendemos vivir al margen de Él cuando Él tiene todos los derechos sobre nosotros.ht2

A los 18 años empecé mis estudios universitarios, hice amistades con chicos y chicas de mi edad. Por entonces  ya no pensaba en vocación, había desechado de mi cabeza todas esas ideas machacándolas. Simplemente me ocupaba de sacar adelante los estudios. Pero el segundo año de Universidad iba a traer consigo algunas circunstancias que iban a ser transcendentales en mi vida.

Primero conocí a una chica del Opus Dei que me puso en contacto con la Obra y empecé a frecuentar uno de los centros, asistiendo a los círculos de estudio semanales y alguna que otra vez más iba por allí. Yo salía contenta de estas reuniones pues me ayudaban en mi fe.

Ese mismo año empecé en mi parroquia a recibir catequesis para prepararme a recibir la Confirmación. El catequista, un joven del Hogar de la Madre, nos invitó a todo el grupo a pasar la Semana Santa de convivencias allí mismo en la parroquia.

Él siempre nos hablaba de la importancia de conocer al Señor, de tratarle personalmente en la oración y de ser coherentes en nuestra vida como cristianos.
Todo esto a mí me hacía pensar en un mayor compromiso de vida cristiana: Hacer más oración, comprometerme más en el apostolado, etc.

Al finalizar esas convivencias de Semana Santa, el Domingo de Pascua pasó por allí el fundador del Hogar, el P. Rafael, y al verme me reconoció porque había sido alumna suya un par de años antes. Me invitó a una peregrinación que iban a realizar ese año con el Hogar de la Madre de la Juventud a Roma. Acepté esa invitación y así conocí el Hogar. Me impresionó muchísimo la fuerte espiritualidad que se respiraba en aquel grupo de chicos y chicas. Tanto, que me sentí llamada a formar parte de ese grupo. Durante unos meses me estuve preparando para entrar, viviendo más fuertemente los compromisos de oración y apostolado.

ht3A partir de mi entrada en el Hogar el Señor no me dejó en paz hasta llevarme a dónde El quería.

Me fue pidiendo interiormente dar pasos de mayor entrega, que yo interpretaba como de mayor compromiso de vida cristiana: más tiempo de oración, Misa diaria, Rosario diario, más apostolado. Y así iba dando pasos y cuando parecía que había llegado a lo que yo creía que Él me pedía, volvía a experimentar interiormente que no era suficiente. Pero no quería ni pensar en la posibilidad de vocación a la vida consagrada.

Fue en unos Ejercicios Espirituales, donde recuerdo muy bien que el sacerdote estuvo hablando de la vida matrimonial pues había varias chicas que tenían novio y algunas se iban a casar en poco tiempo. Para mí fueron unos días difíciles, me costaba mucho rezar y me daban ganas de irme porque tenía la impresión de estar perdiendo el tiempo. Pero gracias a los consejos del director de la tanda de Ejercicios perseveré hasta el final. Dios tenía reservado algo muy importante para mí, que ni él ni yo podíamos sospechar.

La noche antes de terminar los Ejercicios durante el rezo de Completas, cuando estábamos en silencio haciendo el examen de conciencia, de pronto empezó a haber un cambio dentro de mí: todo lo que esos días había sido como de oscuridad, inquietud, dificultad se tornó de repente en algo muy distinto: serenidad, alegría, profundo gozo espiritual acompañado de la convicción de que el Señor me llamaba a la entrega total, a una consagración total a Él. Es como si se descorriese una cortina negra que dejaba entrar la luz a raudales en mi alma. La certeza y la seguridad de que este pensamiento no era mío sino que venía de Él era absoluta. Ahora ya no podía resistirme más. Es más, experimentaba tal alegría que me daban ganas de decirlo a todo el mundo.

En ese momento no sabía qué tipo de vida de consagración me pedía el Señor. Sólo sabía que era en la vida religiosa. Tendría que esperar unos meses más para descubrir que eran las Siervas del Hogar de la Madre donde Dios me quería.

ht5Ahí el Señor tuvo que darme un empujón porque también me resistía a creer que fuera en las Siervas donde tenía que entrar. Por aquel entonces (1989-1990), las Siervas eran una incipiente Institución que contaba con sólo 8 siervas y aunque la espiritualidad del Hogar me encantaba, sin embargo, no me atraían para nada las siervas.
Cuando mi director espiritual me proponía entrar y discernir desde dentro yo no quería porque no quería después tener que dar pasos atrás si no era mi sitio.

El Domingo de Pascua de 1990 me lo volvió a proponer y yo, como las otras veces, iba a decir NO porque seguía sin ver claro y en ese momento fue como si un impulso interior me empujase a pronunciar un muy grande. Cuando dí ese paso y dije SÍ, vi clarísimo, allí mismo, en ese momento, que ese era mi sitio. Nuevamente experimenté una alegría grandísima y una gran paz interior. Desde aquel día no he dudado ni por un momento de que ésta es mi vocación.

He comprendido también cómo el Señor ha articulado mi vida, por caminos a veces incomprensibles para llevarme a donde Él quería. Estoy contenta y feliz de haberme entregado al Señor y no hay nada ni nadie que pueda arrebatarme la alegría de haberlo dejado todo por Él.

Hermana Clare

Hermana Clare

¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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