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Siervos del Hogar de la MadreS.H.M.

Prafael Los Siervos formamos parte de la familia del Hogar de la Madre, una humilde planta de la Iglesia que se nutre del Evangelio y del carisma que ha recibido en la persona del fundador, D. Rafael Alonso.

Nos sentimos elegidos por Dios a través de la Virgen Santísima, somos suyos. Hemos nacido bajo el magisterio de Su Santidad Juan Pablo II, en cuyo escudo, en un campo azul, una cruz dorada lo recorre todo, y a los pies de esta cruz el anagrama de María, y como lema “totus tuus”, totalmente tuyo. Así se siente también el Hogar de la Madre, propiedad entera de la Virgen Santísima, Nuestra Madre, escogidos por ella. No podemos ignorar nunca lo que somos por la voluntad activa de nuestro Padre Dios, que va realizando su magnífico proyecto hasta que un día lo acabe. El Señor, cuando pensó en el Hogar de la Madre, lo pensó con las personas que en el transcurrir del tiempo habrían de constituirlo. Dios nos creó juntos, fuimos pensados juntos; Dios quiere que seamos comunidad, más todavía, familia, Hogar de la Madre.

P. Joseph Valle consagraVivimos una espiritualidad de identificación con Jesucristo y transformación en Él, desde el Corazón de María; una espiritualidad de santuario, es decir, hacer de nuestras almas un santuario exclusivo de Dios; una espiritualidad de ser regalo del Señor para su Madre, viviendo la consagración a María como pertenencia total a Ella; una espiritualidad carmelitana en su doble dimensión: la unión con Dios, a la que se llega a través de las “nadas”, dejando a un lado a las criaturas para buscar enteramente a Dios, y la dimensión de fidelidad: fidelidad al Papa y a la Iglesia, y fidelidad al carisma que hemos recibido. Y, todo ello, poniéndonos con el Escapulario bajo la protección maternal de Ntra. Sra. del Carmen; una espiritualidad de confianza, abandono en las manos de María y de disponibilidad total a la voluntad de Dios manifestada a través de la obediencia a nuestros legítimos superiores.

 

Siervos sonriendoLa verdadera alegría, la unión entre nosotros y el amor desinteresado a la Iglesia deben ser los distintivos de los Siervos

Siendo nuestra primera misión la Eucaristía, y dada nuestra condición de sacerdotes o aspirantes al sacerdocio, procuramos hacer realidad esa frase de Juan Pablo II: "La Santa Misa es de modo absoluto el centro de mi vida y de toda mi jornada". En la actualización sacramental del sacrificio de Cristo, tratamos de ofrecernos cada día con Él, Sacerdote y Víctima, al Padre, por la salvación de los hombres.

 

Fidelidad

conpapa

La fidelidad al Papa es uno de los rasgos de nuestro naciente Instituto. Fidelidad al Papa y al Magisterio de la Iglesia en las cuestiones dogmáticas o morales, a las normas litúrgicas. En una Iglesia donde por desgracia se oyen tantas críticas injustas al Vicario de Cristo en la tierra, se hace más necesario manifestar abiertamente nuestra total adhesión a su persona y a todo su Magisterio.

Nacimos en la tumba de S. Pedro y queremos seguir fieles a Pedro. Sólo en él tenemos la garantía de verdad. Su Magisterio no es para nosotros algo que nos coarta nuestra libertad, sino un faro luminoso que brilla en medio de la confusión que nos envuelve, un camino seguro que nos conduce a la Verdad.

 

María, Nuestra Madre

P. Peter delante de la Guardiana de la feSi el H.M.J. en su rama masculina nacía con S. Juan al pie de la Cruz, los Siervos quieren desarrollar en su vida ese hecho. Algo que pertenece a la esencia de nuestro carisma es manifestar la maternidad de María. Ella es nuestra Madre.

El Señor nos la entregó desde la Cruz como testamento precioso de su amor. Pero no está de más pensar que S. Juan, que tuvo la suerte de recibirla en representación de todos los hombres, era sacerdote. Los Siervos queremos vivir en nuestra vida sacerdotal y religiosa esa relación tierna con nuestra Madre.

Los Siervos aparecen unidos por una común llamada de Dios en la línea del carisma fundacional, por una típica y común consagración eclesial y por una común respuesta que nace de la participación en la experiencia del Espíritu vivida y transmitida por el Fundador y en su misión dentro de la Iglesia.

Ella está también siempre presente junto a la cruz de cada hijo suyo sacerdote.

Queremos que su corazón materno sea el fuego que da calor a nuestra Comunidad. Queremos que ella viva en nosotros y entre nosotros.

 

Vida de Unión con Dios

P. Juan delante del SantísimoLos Siervos del Hogar de la Madre queremos vivir de la Eucaristía. Para ello celebramos la Santa Misa cada día, intentando vivirla en unión vital con Jesucristo, compartiendo su misterio de donación y obediencia al Padre.

Cada día tenemos una hora de adoración a la Eucaristía, y media hora de oración mental por la tarde.

Las noches de los jueves, tenemos turnos de adoración a Cristo Eucaristía, contemplando el misterio de la institución de la Eucaristía y el sacerdocio, uniéndonos a su amor y su dolor en Getsemaní.

Rezamos diariamente el Rosario como signo de nuestra pertenencia y unión filial con María, Nuestra Madre. Intentamos imitar sus disposiciones ante Dios y su colaboración a la obra de salvación de los hombres.

Recitamos la Liturgia de las Horas, para alabar a Dios en nombre de la Iglesia.

Recibimos con frecuencia el sacramento de la penitencia, para vivir en un esfuerzo constante de conversión y de búsqueda sincera de la santidad.

El silencio es de gran importancia para el cultivo de la unión con Dios. Todos los días tenemos tiempo de silencio desde el rezo de vísperas hasta después dSiervos rezando en comunidade la adoración de la mañana siguiente. El silencio permite al Señor hablar a nuestros corazones y nos protege de la dispersión.

Durante las comidas tenemos lectura espiritual. Las vidas de los santos o los autores espirituales son alimento para nuestro espíritu y nos estimulan constantemente con sus ejemplos de fidelidad a Cristo.

Cada año tenemos una semana de Ejercicios Espirituales en silencio y tenemos un día de retiro al mes.

 

Vida Comunitaria

P. Juan, P. Henry y P. RenéLos Siervos aparecen unidos por una común llamada de Dios en la línea del carisma fundacional, por una típica y común consagración eclesial y por una común respuesta que nace de la participación en la experiencia del Espíritu vivida y transmitida por el Fundador y en su misión dentro de la Iglesia.

Nuestra comunidad, Cenáculo de caridad, se ha de construir bajo el soplo del Espíritu Santo y la protección materna de la Virgen María. Ella, quiere vivir en nosotros y entre nosotros. Su presencia materna crea nuestra fraternidad.

comunidadreunionLa vida comunitaria ofrece la ventaja de una gran estabilidad, una fraternidad al servicio de Cristo, una libertad de espíritu robustecida por la obediencia y una doctrina experimentada para conseguir la perfección. Esencial en la vida comunitaria es tener unidad de corazón y de alma, de ideas y de sentimientos. Esta unidad es un símbolo de la venida de Cristo y es una fuente de poderosa energía apostólica.

La vida comunitaria, que prefigura la ciudad del cielo y la gloria de la resurrección, es esencial en los Siervos, y no debe tener como fin a nosotros mismos, sino a la Iglesia y a todos los hombres. La oración salva la comunión y la comunidad.

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