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Material didácticoLecciones de catequesis sobre los sacramentos y más temas para jóvenes o adultos.

La santidad

En una ocasión, el Papa S. Juan Pablo II lloró en público, pues se le partía el corazón al ver todo el mal que hay en el mundo. Y lo que más le hacía sufrir era ver que los cristianos no escuchábamos sus consejos, porque preferíamos vivir como los paganos (los que no conocen a Dios). Pero él dijo que su esperanza era el grupito de valientes que querían vivir cristianamente y aspiraban con todas sus fuerzas a ser santos. Estos son los únicos que pueden salvar a la Iglesia y al mundo. Esta catequesis nos enseña lo que es la santidad y que todos estamos llamados a ello.


SED SANTOS, esta es la consigna que os comunicamos. La Iglesia tiene hoy necesidad, sobre todo, de santos” (Juan Pablo II).

¿Por qué no te decides a ser santo?

OBJETIVOS:
-    Saber qué se celebra el 1 de noviembre: solemnidad de todos los santos.
-    Comprender que todos tenemos que ser santos.
-    Aprender la vida de algún santo.


DESARROLLO DEL TEMA:


1. TODOS LOS QUE ESTÁN EN EL CIELO SON SANTOS


Los santos canonizados por la Iglesia, es decir, los que han merecido el honor de los altares, son incontables, pero estos son solo una mínima parte de todos los hombres y mujeres que, con la ayuda de la gracia, supieron ser fieles a Dios y están en el cielo.

La Iglesia no olvida a los santos anónimos que no han recibido el reconocimiento oficial. Por eso, el día 1 de noviembre, se celebra solemnemente el día todos esos santos que no figuran en el calendario. A lo mejor, entre ellos, están muchos de nuestros parientes y amigos, los cuales interceden por nosotros ante Dios.


2. DESDE SIEMPRE, DESDE LA ETERNIDAD, DIOS NOS TENÍA EN SU MENTE


Dios ha pensado en nosotros y nos ha amado desde siempre.  Nos ha creado por amor, para que un día podamos estar con Él en el Cielo.

Explica a los niños que Dios quiere que todos seamos santos.

Busca y lee: Mt. 5, 48 y Ef. 1, 4.

Todos, tanto los niños como los catequistas y los jóvenes, podemos y debemos ser santos. Para esto hemos sido creados. La Virgen es el modelo de todos los santos. Ella es la más santa y la reina de todos los santos, porque es la mejor discípula de Jesús. María lo imitó perfectamente y, con la gracia de Dios y su propia voluntad, se mantuvo limpia de todo pecado. Debemos pedirle que nos enseñe, como una buena Madre, a ser santos como ella.


3. EL EJEMPLO DE LOS SANTOS

Santo Domingo Savio oyó decir un día a San Juan Bosco:

“Es voluntad de Dios que todos seamos santos. Es fácil hacerse santos, pues nunca falta la ayuda de Dios. Hay grandes premios para quienes se hacen santos”.
 
Y Domingo decidió hacerse santo.
 
Don Bosco le enseñó que para ser santo no era necesario hacer grandes penitencias, sino cumplir la voluntad de Dios y servirle con alegría.

Santo Domingo se desvivía por sus compañeros. Les daba consejos, les corregía sus errores, los consolaba, los reconciliaba, los socorría. No tenía respetos humanos. Era valiente en la profesión de la fe. No toleraba palabras malsonantes y, menos aún, blasfemias. Una vez, sus compañeros tenían una revista impura. Él se la arrebató y la rompió en mil pedazos.

Tenía una devoción tierna y profunda a la Virgen y le entregó a ella su corazón. Su amor a Jesús sacramentado era extraordinario. Le gustaba ayudar en Misa. Hacía frecuentes visitas al “prisionero del altar”. Otro de sus grandes amores era el Papa.

De repente, a los catorce años (a tres semanas de cumplir los quince), se le presentó una misteriosa enfermedad. Cuando se acercaba el momento de la muerte, abrió los ojos y dijo:

“¡Qué cosas tan bonitas estoy viendo! ¡La Santísima Virgen viene para llevarme!”.

Y así murió. Cumplió los propósitos que se hizo a los siete años cuando recibió la primera comunión: “Mis amigos: Jesús y María. Antes morir que pecar”.

Como Sto. Domingo, muchos otros niños y jóvenes han llegado a la santidad: S. Luis Gonzaga, Sta. Teresa de Lisieux, Sta. Bernardita, Sta. Kateri Tekakwitha, los santos Justo y Pastor, el beato José Sánchez del Río, la beata Chiara Luce Badano y muchos más.  En nuestra página web de jóvenes (www.hmj.hogardelamadre.org) puedes encontrar más ejemplos de vidas de santos.


4. TÚ TAMBIÉN TIENES QUE SER SANTO


¿Por qué no? Para ello, lo primero es estar en gracia de Dios, confesar y comulgar con frecuencia y pedir a la Virgen que nos ayude a amar mucho a Jesús y a cumplir siempre su voluntad.

Pregunta a los niños si conocen el nombre y la vida de algún santo. También puedes ver si saben cómo se llama el santo al que está dedicada la Parroquia, el colegio, etc. Léeles la vida de algún santo.


 - TE PUEDE AYUDAR -

A Santo Tomás de Aquino le preguntó un día su hermana lo que hacía falta para ser santos. Casi sin pensárselo, respondió: “Querer”. En efecto, no es cuestión, por ejemplo, de tiempo. Es asunto de decisión y audacia. “Hace falta menos tiempo que valor para ser santo”.
   
El 10 de diciembre de 1962, comenzaba en Barcelona el proceso de beatificación y canonización de una joven catalana fallecida en 1959 a los diecisiete años, Montserrat Grases. Quizá algún día, si Dios quiere, la veamos en los altares. Una revista americana publicó un artículo sobre Montse, y alguien comentó al leerlo: “Me ha entusiasmado Montse Grases, la chica que no necesitó ningún escándalo para hacerse famosa ante los ojos del mundo y – lo que es más importante – ante Dios. Demostró una vez más que para ser santo no es necesario hacer ningún milagro, ni siquiera hacer algo más o menos fuera de lo corriente. Estoy conforme con ella al afirmar que el valor de las cosas depende, más que de lo que son en sí mismas, del amor con que se hagan”.
   
Los antiguos cuentan una leyenda sobre Hércules, el héroe de la mitología griega, según la cual, siendo aún joven, tuvo una misión. Le parecía estar sentado ante una encrucijada de donde partían dos caminos. Uno era ancho, llano, florido; al final se divisaba a un joven bien vestido, perfumado y coronado de rosas, que le invitaba a toda clase de vicios.

-    ¿Quién eres tú? -preguntó Hércules.

-    Yo soy Placer -fue la respuesta del joven.

El otro camino, en cambio, era estrecho, rocoso y lleno de espinos; al fondo podía verse una mujer vestida correctamente, de mirada suave y delicada, que le decía:

-    Ven conmigo: soy Virtud.

Hércules, inmediatamente, volvió la espada a Placer y eligió el camino duro que conducía a Virtud, y así llegó a ser lo que fue: un héroe.
   
Es interesante destacar que aquellos paganos (los que no conocen a Dios) ya supieran valorar el precio de la virtud, de la santidad.

¿Y tú?

 

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