Menu

OraciónVigilias y horas santas que se pueden organizar en parroquias, para todas las edades.

Vigilia - Corpus Christi


1.- EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO.

2.- REZO DE VÍSPERAS.

3.- LECTURA ESPIRITUAL SOBRE LA EUCARISTÍA O BIEN PUNTOS DE MEDITACIÓN.

4.- TIEMPO DE MEDITACIÓN EN SILENCIO.

5.- REZO DE LA ORACIÓN VOCAL SIGUIENTE:

(En pie)

L.- Oigamos el Evangelio de san Lucas: “Cuando llegó la hora se puso a la mesa y los apóstoles con Él. Y les dijo: Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer, porque os digo que no la comeré más hasta que sea cumplida en el reino de Dios. Tomando el cáliz, dio gracias y dijo: Tomadlo y distribuido entre vosotros: porque os digo que desde ahora no beberé del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios.
Tomando el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo, que es entregado por vosotros: haced esto en memoria mía.
Asímismo el cáliz, después de haber cenado, diciendo: Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros (Lc 22, 14-20)”.
T.- Gracias, Señor, por tu palabra. Gracias, SEñor, por el don de la Eucaristía.

L.- Al final de la Cena Pascual, Jesús se recoge en su interior, toma una actitud trascendente.
T.- Guarda silencio, en un clima de intimidad y de amor, y realiza la institución de la Sagrada Eucaristía.

L.- Adoremos a este Dios escondido.
T.- Es el mismo Jesucristo que nació de la Virgen María, que padeció y fue inmolado en la cruz, de cuyo costado traspasado salió sangre y agua.

L.- Las palabras resultan pobres para explicar, aunque sea de lejos, el misterio eucarístico.
T.- Adoramos a Jesucristo en aquella noche, antes de su sacrificio en el Calvario.

L.- Confesemos todos juntos nuestra fe trinitaria.
T.- Creemos en Dios Padre, en Dios Hijo y en Dios Espíritu Santo, que no son tres dioses, sino uno solo en Trinidad de Personas.

L.- Confesamos que existe el Verbo, que procede del Padre por generación, por quien vive unido a Él por los lazos del amor personal, el Espíritu
Santo.
T.- Que es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, distinta del Padre y del Espíritu Santo.

L.- Él es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, que desea quedarse con nosotros para siempre y que el Padre en su bondad ha
resucitado.
T.- El Alfa y el Omega, principio y fin que no quiere dejarnos un recuerdo, sino que quiere permanecer Él mismo, como don eterno. Va al Padre, pero
sigue con nosotros.

L.- Nuestro Abogado y Defensor eres Tú Cristo Sacramentado, primer Paráclito, enviado por el Padre.
T.- Pan de los peregrinos que se nos ofrece como fuente inagotable, para sacar fuerza, serenidad y confianza.

L.- Creemos que Cristo es Nuestro Señor, que entrega su vida sin límites a los hombres: “Esto es mi cuerpo que es entregado por vosotros”.
T.- Que es Dios-con-nosotros, Enmanuel, que bajo las especies de pan y de vino está realmente presente: con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su
Divinidad.

L.- Él es el Señor de nuestras almas, que en la Sagrada Eucaristía palpita de nuevo. El mismo que nació en Belén, vivió en Nazaret, recorrió las
campiñas de Palestina y bebió y comió con sus discípulos, que murió en una cruz en el Calvario y que resucitó al tercer día.
T.- Él nos libra de la esclavitud del pecado, de la persecución de Satanás, de la ofuscación de la mente y nos da vida que salta a la presencia del
Padre.

L.- Hijo de Dios, Hijo del Altísimo, Tú haces siempre lo que quiere el Padre y quien te ve, le ve también a Él.
T.- Hijo de David, Hijo del hombre, tú que consumaste tu hora, haz que así como te entregaste nos entreguemos nosotros.

L.- Eres Jesucristo Salvador del mundo y Nuestro Mesías, que nos invitas a tu sagrada mesa, la misma en la que sentaste a tus discípulos. Este cenáculo
es aquel Cenáculo, este cáliz es aquel cáliz, este Pan es aquel Pan.
T.- Eres el único Justo y Luz sobre toda luz. Tu juicio siempre es justo, porque no buscas hacer tu voluntad sino la del que te envió. No asiste a tu
mesa ningún Judas. Si alguno no es discípulo tuyo que se retire. Ningún inhumano se acerque, ninguno que guarde odio en su corazón o esté manchado.
Si alguno quiere comer este bendito Pan que se limpie con las aguas lustrales de la reconciliación.

L.- Los profetas, movidos por el Espíritu Santo, nos hablaron de Ti y nos enseñaron los misterios de Dios.
T.- Nos anunciaron que llevarías nuestras culpas, expiarías nuestros delitos y que tus heridas nos curarían.

L.- Eres nuestro único Maestro y el Buen Pastor de nuestras almas, que amorosamente preocupado por nuestro futuro, realizabas las cosas de tal
modo, que no faltase este Divino Pan a tu Iglesia.
T.- Cabeza del Cuerpo de la Iglesia, no sólo consagraste el pan y el vino, sino que diste a tus discípulos potestad para repetir el portento que vieron
en tus manos, diciéndoles: “Haced esto en memoria mía”.

L.- Eres la Resurrección y la vida que nos enseña que “nadie debe acercarse a la Sagrada Eucaristía con conciencia de pecado mortal, por muy contrito
que le parezca estar, sin preceder la confesión sacramental”.
T.- Derrama en nuestras almas los frutos que proceden de Ti para que podamos comer y beber dignamente tu Cuerpo y tu sangre.

(De rodillas. Pausa de silencio. Canción.)

(En pie)

L.- Tú, Señor, eres Nuestro Esposo y Nuestro Rey.
T.- Que nos llenas de dulzura y gozo, cuando llegamos a Ti engalanados con el manto de la oración y la penitencia, de recogimiento, de fe, de amor y de
humildad.

L.- Tú eres Señor de la Gloria e imagen del Padre. Te rendimos culto de adoración en este Sacramento Eucarístico.
T.- Tú nos hablas y nos atraes hacia ti irresistiblemente, y nos revelas la vida íntima de Dios y el sentido de nuestra existencia.

L.- Oigamos la palabra del Señor en su discurso en Cafarnaum, el Evangelio de san Juan: “En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del
Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo lo resucitaré en el
último día (Jn 6, 53-55).
T.- Gracias, Señor, por tu palabra. Gracias, Señor, por el don de la Eucaristía.

L.- Sumo y Eterno Sacerdote, Cristo, el mismo del Cenáculo y del Sagrario, tus discípulos gozaron de tu presencia y de tu amistad.
T.- Haz que te sintamos presente entre nosotros en esta Vigilia Santa, condúcenos y únenos al Padre.

L.- Cordero Inmaculado e inmolado que te das para fortalecer nuestra esperanza, despertar nuestro recuerdo, acompañar nuestra soledad, socorrer
nuestras necesidades, y como testimonio de nuestra salvación.
T.- Tú, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

L.- Tú que eres el Autor de la vida y de la salud, y te has querido quedar verdadera, real y sustancialmente, todo entero, en la Eucaristía.
T.- Cura nuestra falta de fe, renueva nuestras almas y sánalas de cualquier enfermedad.

L.- Tú que eres la consolación de Israel y has prometido que quien comiere del pan vivo bajado del cielo vivirá eternamente.
T.- Consuela nuestras almas con tu presencia, concédenos que moremos en Ti y Tú en nosotros, para que tengamos vida en abundancia.

L.- ¿Por qué se trata irrespetuosamente al Divino Sacramento?
T.- ¿Acaso no saben los cristianos que en el momento en que el Sacramento viene al altar se abren arriba los cielos y Cristo desciende y llega, que
los coros angélicos vuelan del cielo a la tierra y rodean el altar donde está el santo sacramento del Señor y todos son llenos del Espíritu Santo?

L.- Los sacerdotes del Señor, ministros y dispensadores del santo sacramento se acercan a Él con respeto.
T.- Para custodiarlo con dedicación, repartirlo santamente y servirlo con esmero.

L.- Estamos en tu presencia y nos encontramos contigo y sabemos que nos ves y nos reconoces, y te decimos: “Quédate entre nosotros, Hijo de Dios vivo”.
T.- Para que podamos contarte lo que nos ilusiona y lo que nos preocupa. Y alienta con tu presencia la debilidad de nuestro pobre corazón.

L.- Tú que en la Última Cena te quedaste con nosotros como Pan de Dios y Pan de Vida.
T.- Haz que no nos falte el Pan de ángeles, antídoto contra la muerte y garantía de inmortalidad.

L.- Tú que en la Cruz nos concediste tu perdón, intercediste por nosotros pecadores, nos mostraste el abandono de tu Corazón, tus ansias de amor, nos
diste a tu Madre por Madre nuestra y nos diste ejemplo de cumplimiento de la voluntad del Padre.
T.- Ilústranos para no desperdiciar ninguno de tus dones, y trabajemos para tener no tanto el manjar que se consume, sino el que dura hasta la vida
eterna.

(De rodillas. Pausa de silencio. Canción.)

(En pie)

L.- Tú eres la piedra angular de la Iglesia y el camino, la verdad y la vida de nuestras vidas.
T.- Que siempre asentemos nuestro ser en Ti, Cristo, y que sepamos caminar por Ti. Vivir de Ti y descubrir en Ti la Palabra definitiva del Padre.

L.- Este cuerpo que consagramos procede y es de la Virgen Santa; esto que hay en el cáliz es aquello que manó de su costado.
T.- Verdadera carne crucificada y resucitada de Jesucristo, verdadera sangre derramada y esparcida por el mundo para la remisión de los pecados.

L.- No existe nada más útil para nuestra salvación que este Sacramento.
T.- Porque en Él se purifican los pecados, aumentan las virtudes y se encuentran en abundancia todos los carismas espirituales.

L.- En la Eucaristía encontramos una fuente abierta a todos.
T.- Para lavar nuestras almas de toda mancha de pecado.

L.- Antes de realizarse la consagración el pan es pan.
T.- Pero cuando sobre él descienden las palabras de Jesucristo: “Esto es mi cuerpo”, el pan se convierte en el Cuerpo de Cristo.

L.- Adoctrinados por Cristo y llenos de fe confesamos:
T.- Que aquello que parece pan ya no lo es, aunque su sabor sea de pan, sino su propio cuerpo. Y que lo que parece vino no es vino, aunque así parezca al
paladar, sino la sangre de Cristo.

L.- Este Cristo eucarístico es el mismo Cristo de la Historia y el mismo de la Eternidad.
T.- No hay dos Cristos, sino uno solo. Nosotros poseemos en la Hostia al Cristo de todos los misterios de la salvación: al Cristo de la Magdalena,
del Hijo pródigo y de la Samaritana, al Cristo del Tabor y de Getsemaní, al Cristo resucitado de entre los muertos y sentado a la diestra del Padre.

L.- Está aquí con nosotros: en cada ciudad, en cada pueblo, en cada sagrario.
T.- Es nuestra consolación suprema. Y por esto, Señor, te damos gracias.

L.- Somos más afortunados que los primeros cristianos que tenían que hacer muchos kilómetros de camino para tenerte.
T.- En cada parroquia podemos gozar de tu dulce compañía. Hechos un solo corazón proclamamos:

L.- Quien te recibe a Ti, ¡oh Cristo!
T.- Se une contigo y se le aumenta la vida de la gracia.

L.- Quien te recibe a Ti, ¡oh Cristo!
T.- Te encuentra vivo.

L.- Quien te recibe a Ti, ¡oh Cristo!
T.- Recibe alivio y consuelo.

L.- Quien te recibe a Ti, ¡oh Cristo!
T.- Recibe fuerza para sufrir y conseguir el Reino de los Cielos.

L.- Quien te recibe a Ti, ¡oh Cristo!
T.- Recibe armas para luchar, resistir y vencer los ataques de sus enemigos.

L.- Quien te recibe a Ti, ¡oh Cristo!
T.- Queda enriquecido con toda clase de bienes espirituales.

L.- Quien te recibe a Ti, ¡oh Cristo!
T.- Se siente acogido por Ti y aliviado de las asperezas del camino.

L.- Quien te recibe a Ti, ¡oh Cristo!
T.- Se conforta con el calor de tu comprensión y amor.

L.- Quien te recibe a Ti, ¡oh Cristo!
T.- Recibe la plenitud de tus palabras: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré” (Mt 11, 28).

L.- Quien te recibe a Ti, ¡oh Cristo!
T.- Se siente defendido por Ti.

L.- Quien te recibe a Ti, ¡oh Cristo!
T.- Es el más dichoso de los hombres.

(De rodillas. Pausa de silencio. Canción.)

(En pie)

L.- San Juan de Ávila afirmaba a un sacerdote que no ponía cuidado en la celebración eucarística: “Tratadlo bien que es Hijo de buen Padre”.
T.- Nosotros repetimos: “Tratadlo bien, tratadlo bien”.

L.- ¡Cuántas injurias recibe Jesucristo cada día!
T.- En qué manos le debe ver el Padre.

L.- Aprendan los que lo ignoran.
T.- La reverencia con que deben tomar las cosas santas y el trato que deben dar al que es el Santo entre los Santos.

L.- Que todos veneren su cuerpo y su sangre.
T.- Y con amor sea tratado siempre.

L.- Si alguien te diera unas limaduras de oro, ¿no cuidarías de no tirar ninguna?
T.- ¿Y no es más preciosa una partícula de Pan Consagrado que todo el oro del mundo?

Ñ.- Renovemos nuestro sentir, nuestro pensar y nuestro obrar, para vivir en caridad, paz y unidad.
T.- Por la presencia de tan Gran Misterio.

L.- Se nos ha dado un principio nuevo de energía, una raíz poderosa, injertada en el Señor.
T.- No podemos volver a la antigua levadura, nosotros que tenemos el Pan de ahora y de siempre.

L.- Cuanto más pura y casta sea un alma.
T.- Más desea comer este divino Pan que le capacita para resistir la seducción impura y le une a Dios.

L.- Los ángeles del Señor y todos los hombres que se acercan a Dios.
T- Llenos de temor, adoran, glorifican, entonan continuamente himnos de alabanza.

L.- Espíritus Angélicos que custodiáis nuestros Tabernáculos, donde reposa la prenda adorable de la Sagrada Eucaristía.
T.- Defendedla de las profanaciones y conservadla a nuestro amor.

L.- Todos los ángeles rodean nuestro altar.
T.- Y nos invitan a honrar y adorar al Señor.

(De rodillas. Pausa de silencio. Canción.)

(En pie)

L.- Tú nos dijiste: “No sólo de pan vive el hombre”.
T.- Tenemos hambre de poseerte porque sabemos que si no comemos tu carne y no bebemos tu sangre, no tendremos vida en nosotros. Con gran respeto
reconocemos:

L.- Tú eres para nosotros médico.
T.- Que cura y cicatriza nuestras heridas.

L.- Tú eres para nosotros manantial.
T.- Que sacia nuestra ardiente sed de felicidad.

L.- Tú eres la justicia del Padre.
T.- Que nos libra de la opresión de la iniquidad.

L.- Tú eres nuestra ayuda.
T.- Que nos da vigor.

L.- Tú eres la vida.
T.- Que nos libra de la muerte eterna.

L.- Tú eres el camino.
T.- Que nos lleva hasta el cielo.

L.- Tú eres la Luz.
T.- Que hace retroceder nuestras tinieblas.

L.- Tú eres el alimento.
T.- Que nos fortalece.

L.- Tú eres la sal.
T.- Que nos libra de la corrupción.

L.- Jesucristo Sacramentado, eres el amor tierno y generoso del Padre para con nosotros, que somos tan indignos de Ti.
T.- Con cuánto respeto y amor deberíamos acercarnos a este gran Sacramento, en el que Dios hecho hombre se muestra presente cada día en nuestros
altares. Déjanos acercarnos a Ti. Reconociendo todos los bienes que de Ti hemos recibido, decimos:

L.- Todos los que estáis doloridos.
T.- Amad a Jesús presente en la Eucaristía.

L.- Todos los que buscáis una salida en la vida.
T.- Amad a Jesús presente en la Eucaristía.

L.- Todos los que habéis recibido la llamada del Señor.
T.- Amad a Jesús presente en la Eucaristía.

L.- Todos los que habéis sido bautizados.
T.- Amad a Jesús presente en la Eucaristía.

L.- Todos los que os sentís amados por Dios.
T.- Amad a Jesús presente en la Eucaristía.

L.- Todos los que sufrís en el cuerpo o en el alma.
T.- Amad a Jesús presente en la Eucaristía.

L.- Todos los que os sabéis predilectos de su Divino Corazón.
T.- Amad a Jesús presente en la Eucaristía.

L.- Todos los que os debatís sin encontrar un sentido en la vida.
T.- Amad a Jesús presente en la Eucaristía.

L.- Todos los que os encontráis aquí celebrando esta paraliturgia.
T.- Amad a Jesús presente en la Eucaristía.

L.- Todos los hombres, pequeños y grandes, niños, jóvenes, mayores, enfermos y sanos, hombres y mujeres, cultos e incultos, ricos y pobres, fuertes y
débiles, tristes y alegres…
T.- Amad a Jesús presente en la Eucaristía.

6.- BENDICIÓN Y RESERVA.

descargar pdf

 

Hermana Clare

Hermana Clare

Aniversario votos perpetuos de la Hna. Clare

El 8 de septiembre de 2010 la Hna. Clare María de la Trinidad y del Corazón de María firmó su definitivo «cheque en blanco» a nombre de...

Buscar

Redes sociales

Elegir idioma

Las cookies facilitan la prestación de nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, usted acepta que utilizamos cookies.
De acuerdo