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TeatrosUna buena manera de aprender las vidas de los santos y valores cristianos para niños y jóvenes.

San Juan Diego

sjuandiego

Historia de las apariciones de la Virgen de Guadalupe a S. Juan Diego

PERSONAJES:
Narrador
Virgen María
San Juan Diego
Juan Bernardino
Obispo Juan de Zumárraga
Asistente del Obispo

Esta representación necesitará tres escenarios: El Tepeyac; La casa del Obispo Zumárraga; La casa de Juan Bernardino


NARRADOR: Esta es la historia de un gran milagro que sucedió hace casi 500 años en la Ciudad de México.

En esa época, los sacerdotes y misioneros españoles que habían llegado allí, trataban de evangelizar a los indígenas y de hablarles del Dios verdadero, mientras que los soldados y gobernantes se aprovechaban de ellos.

Juan Diego pertenecía a la clase pobre del Imperio Azteca. Su nombre era “Cuahtlatoatzin” que quiere decir “águila que habla”. Él y su esposa, Malintzin, fueron de los primeros nativos en convertirse a la fe Católica. Cuando fueron bautizados escogieron los nombres de Juan Diego y María Lucía. Años más tarde, cuando su esposa murió, Juan Diego se fue a vivir con su tío Juan Bernardino para hacerle compañía puesto que ya era mayor. Juan Diego tenía ya 57 años cuando esta historia empieza.

Cada sábado y domingo, Juan Diego iba a Misa a la ciudad de Tlatelolco. Se levantaba muy temprano, antes de que saliera el sol, para poder llegar a tiempo, pues la iglesia quedaba muy lejos de la casa de su tío. ¿Te imaginas caminar descalzo por varias horas para ir a Misa?¡Eso era lo que Juan Diego hacía! Además, las mañanas eran muy heladas, y él tenía que usar una tilma, o manta, para protegerse del frío. Y un día de invierno… el 9 de diciembre de 1531, en su camino, sucedió algo asombroso…

[Sale Juan Diego al escenario. Camina mirando por todas partes muy sorprendido]

NARRADOR: ¡Juan Diego escuchó el canto de pájaros más hermoso del mundo!, ¡hasta pensó que estaba soñando! ¡No podía creer lo que escuchaba!

JUAN DIEGO: “¿Qué es lo que ahora oigo?, ¿acaso estoy soñando? o ¿es sólo mi imaginación? [Juan Diego mira hacia la cumbre del Tepeyac asombrado] (señala hacia donde puede estar la cumbre) Parece que el canto celestial viene de allá arriba. 

NARRADOR:  De repente, Juan Diego escuchó la hermosa voz de una mujer que lo llamaba por su nombre.

[Juan Diego se da la vuelta para ver quién le llama]

NUESTRA SEÑORA: “¡Mi Juanito, mi Juan Dieguito!”

[Juan Diego se acerca hacia nuestra Señora]

NARRADOR: Juan Diego vio a una hermosa doncella, que parecía princesa. Su vestido resplandecía como el sol; todo alrededor parecía como piedras preciosas, y la tierra donde estaba parada brillaba como el arco iris. Con una voz tierna, le dijo:

NUESTRA SEÑORA: “Escucha bien, hijito mío el más pequeño, mi Juanito: ¿A dónde te diriges?”

JUAN DIEGO: “Mi señora, mi reina, voy a tu casita de Tlatelolco para las cosas de Dios”.

NUESTRA SEÑORA: “Escucha, hijito mío, el más amado, que yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo que aquí se me construya un templo, donde yo seré una madre para todos los que a mí vengan. Yo escucharé siempre su llanto, su tristeza y su dolor…Y para realizar lo que Dios quiere, deseo que vayas al palacio del obispo de México y le digas que yo te envío, como mi mensajero, para hacerle esta petición. Dile todo lo que has visto y oído".

[Juan Diego se despide y empieza a caminar hacia la casa del Obispo Zumárraga]

NARRADOR: María, nuestra Madre, al ver el sufrimiento del pueblo azteca, vino a ellos para ofrecerles su amor, su protección, y para enseñarles el camino a Jesús. ¡Quién se iba a imaginar que ella sería la gran evangelizadora de América!

 [Al llegar, toca la puerta y espera. El asistente del obispo abre]

CRIADO: “Buenos días Juan Diego, ¿en qué puedo servirte?”

JUAN DIEGO: “Buenos días, vengo porque traigo un mensaje muy importante para el señor obispo.”

CRIADO: “Muy bien, te llevaré con él, sígueme.”

[Juan Diego sigue al criado que lo lleva hacia el obispo. El obispo está sentado. Juan Diego se arrodilla y hace como que habla]

NARRADOR: Juan Diego le contó el mensaje de la Reina del Cielo al obispo, dando detalle de todas las cosas que admiró y escuchó. Desafortunadamente, al terminar, el Obispo Zumárraga no pudo creer lo que Juan Diego le había contado y le dijo:

[El obispo se pone de pie, pone las manos sobre los hombros de Juan Diego]

OBISPO ZUMÁRRAGA: “Hijito mío, regresa otro día para escucharte con calma y me lo cuentas todo de nuevo.”

[Juan Diego camina de regreso al Tepeyac cabizbajo y se para frente a nuestra Señora]

JUAN DIEGO: “Señora y niña mía la más pequeña, fui allá donde Tú me enviaste, le di tu mensaje al obispo, pero no me creyó. Por eso te ruego que mandes a alguien importante para que le crean. Yo no soy nadie, yo no valgo nada”.

NUESTRA SEÑORA: “Escucha hijito mío, el más pequeño. Ten por seguro que tengo muchos servidores, pero eres tú al que he escogido. Te pido que mañana vayas otra vez a ver al Obispo, y de mi parte dile otra vez mi voluntad”.

[Juan Diego cambia su cara de tristeza. Ahora habla con gusto]

JUAN DIEGO: “Señora mía, Virgencita mía la más amada, iré con todo gusto. Mañana por la tarde vendré a contarte lo que me diga el obispo. Quédate tranquila”.

[Juan Diego sale del escenario]

NARRADOR: Al día siguiente, muy temprano en domingo, Juan Diego se levantó para ir a la iglesia. Después de misa y del catecismo, se fue a buscar al obispo.

[Juan Diego camina hacia la casa del obispo y toca la puerta. El criado abre]

CRIADO: “¡Hola Juan Diego! Veo que has regresado pronto.”

JUAN DIEGO: “Sí, y es que necesito hablar de nuevo con el señor obispo.”

CRIADO: “Está bien, ven conmigo.”

[Juan Diego sigue al criado que lo lleva nuevamente hacia el obispo. El obispo está sentado. Juan Diego se arrodilla]

NARRADOR: Al llegar Juan Diego le volvió a dar el mensaje. El obispo Zumárraga le hizo muchas preguntas para asegurarse de que estaba diciendo la verdad, pero aún así no pudo creerle. Finalmente le dijo:

OBISPO ZUMÁRRAGA: “Juan Diego, no puedo hacer lo que me pides. Necesito alguna señal para saber que de verdad, es ella, la Madre de Dios la que lo pide.”

JUAN DIEGO: “¡Claro que sí!, Sólo dígame qué señal quiere y yo iré a pedírsela a la Reina del Cielo.”

[Ambos hacen como que hablan. Juan Diego se arrodilla y se despide feliz]

NARRADOR: Juan Diego corrió con alegría a darle la noticia a nuestra Señora. Ella le agradeció todo lo que había hecho y le pidió que regresara al día siguiente, pues le daría la prueba que convencería al obispo...
Después de esto, Juan Diego se fue a casa, pero al llegar… se dio cuenta de que su tío estaba muy enfermo.

JUAN DIEGO: “¿Qué pasa tío Juan Bernardino?” [Juan Diego le toca la frente a su tío]

JUAN BERNARDINO: “No me siento bien Juan Diego.”

JUAN DIEGO: “No te preocupes tío, yo te voy a cuidar, voy de inmediato a buscar al médico.”

[Juan Diego toma una palangana con agua y moja una toalla para limpiar la cara de su tío]

NARRADOR: Juan Diego se dedicó a cuidar de su tío todo el lunes y ya no regresó al Tepeyac como lo había prometido. En la noche, el tío Juan Bernardino le dijo a su sobrino:

JUAN BERNARDINO: “Mi querido Juan Diego, por favor ve a buscar a un sacerdote para que me confiese y me dé su bendición antes de morir.”

JUAN DIEGO: “Sí tío, iré en seguida.” (Se pone de pié y coge la tilma para salir)

NARRADOR: El martes 12 de diciembre, todavía de noche, salió Juan Diego a buscar al sacerdote. Al acercarse al cerro del Tepeyac, pensó que sería mejor ir por el otro lado del cerro para que la Señora no lo viera y lo retrasara en su encargo. Pero, ¡cuál sería su sorpresa al ver que la Madre de Dios venía bajando del cerro hacia él! ¿Cómo supo María que él no iría a verla?... ¿por qué Juan Diego pensó que ella no se daría cuenta?

NUESTRA SEÑORA: “Hijo mío el más pequeño, ¿a dónde vas?”

[Juan Diego se muestra muy preocupado, agarrando su tilma muy nervioso]

JUAN DIEGO: “Mi Virgencita, niña mía la más amada. No te enojes conmigo; mi tío está muriendo y debo ir rápido a buscar a un sacerdote a tu casa de México. Mi Señora, perdóname y se paciente conmigo; lo primero que haré mañana será venir a toda prisa.”

NUESTRA SEÑORA:“Hijo mío el más querido: Que nada te espante. No temas esta enfermedad. ¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás tú bajo mi amparo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? Tu tío no morirá ahora; ten la seguridad de que él ya sanó en este momento. Ahora sube, Hijito mío, al cerro y allí verás que hay diferentes flores. Córtalas, ponlas juntas y luego tráemelas.”

[Juan Diego cambia su cara, ahora sonríe y sube al cerro]

NARRADOR: Al llegar, Juan Diego no podía creer lo que veía, ¡se quedó asombrado al ver la variedad de tantas flores tan maravillosas!

[Juan Diego corta varias flores y las huele muy asombrado]

JUAN DIEGO: “¡Flores! y ¡qué aroma! Ahora es cuando hace más frío y hay heladas más fuertes. Este no es lugar para que se den flores y menos en diciembre. ¡Parece que estoy en el paraíso!...

[Juan Diego juntó todas las flores llenando su tilma, se dirige a la Señora del Cielo y le enseña las flores. Ella las toma y las vuelve a poner en la tilma]

NUESTRA SEÑORA: “Hijito, estas flores son la señal que le llevarás al Obispo. Ve y no le enseñes a nadie lo que llevas, sólo a él. Le contarás con todo detalle lo que te pedí y lo que viste y admiraste.”

[Juan Diego corre hacia la casa del obispo, agarrando muy bien su tilma. Al llegar toca la puerta, el criado abre pero no le hace caso. Juan Diego se queda ahí hasta que aparece el obispo]

JUAN DIEGO: “Mi señor, con todo gusto traigo la señal que me pediste. La Reina del Cielo me dijo que sólo a usted se la entregara. ¡Aquí la tiene, haga el honor de recibirla!”

[En cuanto Juan Diego abre tu tilma, todos los presentes se arrodillan y ponen cara de asombro]

NARRADOR: Juan Diego desplegó su blanca tilma, y en el momento en que cayeron las flores, apareció la imagen de la siempre Virgen María de Guadalupe, Madre de Dios. Tan pronto como la vio el señor Obispo, y todos los que allí estaban, se arrodillaron pasmados de asombro, todos estaban profundamente conmovidos. El señor Obispo, con lágrimas en los ojos, le dijo:

OBISPO ZUMÁRRAGA: “¡Perdóname, hijo mío! ¡Perdóname por no atender a tu petición y hacer la santa voluntad de la Madre del Cielo! Por favor, quédate con nosotros hasta mañana para que me muestres en dónde hay que construir el templo.”

[Juan Diego se quita la tilma y se la da al obispo. Después, salen todos juntos] [Juan Diego se dirige hacia su tio Bernardino que corre feliz a abrazarlo]

JUAN BERNARDINO: “¡Juan Diego, Juan Diego! ¡Qué alegría verte!” [Juan Diego hace que habla con su tío, mueve las manos, con cara feliz]

JUAN BERNARDINO: “¡Es verdad Juan Diego! ¡Yo también la vi tal como tú lo dices! Ella me pidió que fuera a México con el obispo, y le contara todo lo que había visto, y cómo me había sanado. La Señora del Cielo, quiere que a su preciosa imagen se le conozca como la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA DE GUADALUPE.”

[Juan Diego y Juan Bernardino se abrazan y se dirigen a la casa del obispo]


[Juan Bernardino hacen que hablan con el obispo, mueve las manos y pone cara feliz. El obispo lo abraza con gusto. Salen todos del escenario]

NARRADOR: A Juan Bernardino lo llevaron con el Señor Obispo, para que diera su testimonio. Juan Diego y su tío fueron hospedados en casa del Obispo hasta que se terminó la construcción del templo a la Madre de Dios. A partir de ese día, Juan Diego, se fue a vivir a un pequeño cuarto junto al templo y pasó el resto de su vida dedicado a contar el relato de las apariciones de la Virgen a todo el pueblo Azteca. Juan Diego murió en 1548 a los 74 años de edad.

Asombrosamente , después de este gran milagro, millones de indígenas se bautizaron, ¡qué felices estarían los misioneros de ver a tanta gente aceptando a Jesús en sus vidas! Pues antes, apenas unos cientos de ellos se habían convertido a la fe Católica.

El mensaje de la Virgen de Guadalupe, nos llena de esperanza, porque ella nos dice a todos “Que nada te espante…¿No estoy yo aquí que soy tu madre?” , ella cuida de ti, y lo más importante, ella te lleva a su Hijo Jesús.

La tilma de Juan Diego no ha cambiado, todavía se puede ver en la Basílica de la Ciudad de México, ¡después de más de 500 años!
:

¡Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros!
¡San Juan Diego, ruega por nosotros!

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