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El sufrimiento

El sufrimiento es parte de la experiencia humana. Afecta a todo hombre y todo hombre se pregunta por el sentido del sufrimiento y la respuesta sólo la encontramos en Dios. Ofrecemos en este artículo algunos pensamientos sobre el sentido cristiano del sufrimiento y cómo podemos unirnos con el Señor que sufrió por amor nuestro y así participar en su obra de redención de las almas. Al final hay algunas preguntas sobre la Cruz, el amor y el sufrimiento en nuestras vidas para comentar y profundizar en grupo.

El sufrimiento es un tema universal.  Afecta a todo hombre y todo hombre se pregunta por el sentido de este.
La respuesta solo la encontramos en Dios.  Dios creó un mundo bueno, puesto a nuestra disposición para llevarnos a Él.  Nosotros, desde nuestra libertad, le dimos la espalda pecando, e introduciendo como consecuencia el mal y el sufrimiento. 

Pero Dios, aconsejado por su amor infinito, decidió sacar de este mal que introdujimos nosotros.  En su plan providencial sobre el mundo, el mal queda subordinado al bien.

Así, el sufrimiento, sin dejar de ser un mal relativo molesta a nuestra sensibilidad, puede ser bueno para el alma y para el perfeccionamiento de la persona en su ser plenitud integral.  Sirve para despertar el alma dormida, para purificarla, perfeccionarla y hacer que merezca el premio eterno.  Dios respeta nuestra libre decisión de introducir el sufrimiento y la muerte en el mundo como consecuencia de nuestro pecado.  Pero sin quitar la parte dolorosa, lo orienta de forma que sea algo bueno para el hombre.


Jesús es nuestro ejemplo.  Él nos redimió mediante el sufrimiento, lo suyo fue una “Redención de dolor”.
Nuestro sufrimiento puede también convertirse en un sufrimiento corredentor.  Nuestro sufrimiento ofrecido al Padre, con amor y unido al sacrificio eucarístico hace un extraordinario poder salvífico.

El sufrimiento es también una invitación al amor.  El sufrimiento no solo es valioso para el que sufre sino también para los que le rodean y atienden.

Ante el sufrimiento podemos tomar varias posturas, pero la más acertada es la de confianza y aceptación con paciencia y humildad de los planes del Señor sobre nosotros. 
   
 “El Señor  lo puede todo, lo sabe todo y te ama, así  solo tienes que confiar y aceptar todo lo que él te envía.”     (San Juan de Ávila)

Al pie de la Cruz estaba María, ella le acompañó, en todos los sufrimientos de Su Vida.  Igualmente, ella es Nuestra Madre y a nosotros también nos acompaña, consuela y da fuerzas en nuestros sufrimientos.  Sufre con nosotros. Ella ha de ser también Nuestra Madre y Modelo en las actitudes en el sufrir: humildad,  paciencia, y confianza.


PREGUNTAS:
-  ¿Para qué sufrir?
-  ¿Cómo reaccionas tú ante los sufrimientos?   ¿Los llevas con alegría?  ¿Te rebelas?      ¿Los aceptas con amor?
-   ¿Tienes tanta fe que en las cruces llegas a ver tu camino hacia el Cielo?
-  ¿Qué es para ti la cruz?

 

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