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Temas InteresantesTemas variados que se pueden tratar en reuniones con jóvenes o adultos.

La vocación

 ¿SEÑOR QUÉ QUIERES DE MI?

En el plan universal del Señor, cada criatura tiene su puesto propio, que es su vocación concretizada.

Un tema ideal para tratar con jóvenes, completo con cuestionario. El Señor al crearnos se ha formado de cada uno de nosotros una idea. Cada uno tiene que ser lo que el Señor quiere de él. Y uno no es uno mismo si no es eso que el Señor quiere de él. La vocación es correspondencia personal, amorosa, a los designios de Dios para dar todo el rendimiento posible en la vida de la Iglesia y de la sociedad.

¿Para qué nos ha dado el Señor estos talentos?

Hay una palabra en el Evangelio a la que Jesús alude con mucha frecuencia y es ésta: “Mi padre es un agricultor”. Así como el agricultor quiere que los árboles que el ha plantado den frutos peculiares, así también el Señor quiere que los árboles que El ha puesto en cada porción de su finca inmensa de la humanidad, que somos nosotros, le den para El sus frutos particulares.

El Señor al crearnos se ha formado de cada uno de nosotros una idea. Y cada uno tiene que ser eso que el Señor quiso de él, UNO NO ES UNO MISMO SI UNO NO ES ESO QUE EL SEÑOR QUISO DE ÉL, se ha suicidado de antemano, es un esperpento, un mamarracho.

Todos tenemos vocación a la santidad máxima, es decir, a ser lo más parecidos al Padre, y uno tiene que estar, dentro de esta vocación general, en el puesto que más le va a santificar.

Cada uno debe seguir a Cristo lo más de cerca posible, para realizar como miembro del pueblo de Dios la vocación bautismal, común a todos los bautizados, de construir la Iglesia, Cuerpo de Cristo, y hablar al mundo con su testimonio de vida. Muchos llegarán a ser signos explícitos de la plenitud del Reino; es el cristianismo total profesado, por ejemplo, en la vida religiosa y en los Institutos de perfección. Otros como sacerdotes y diáconos, a otros les espera la evangelización entre los desconocedores de la llamada de Dios a la salvación y santificación en Cristo.

Otros serán llamados al matrimonio, a una santificación junto a un esposo con el que formarán una familia y harán de la Iglesia una Iglesia fecunda con unos hijos que si es la voluntad de Dios vendrán como frutos vivos de esa unión.

Ya Jesús cuando eleva el contrato del matrimonio a Sacramento cristiano, con su unidad e indisolubilidad, anuncia: “va haber muchos que van a renunciar al matrimonio por el Reino de los Cielos”.

Aquellos a los que se les ha sido dado el se capaces, tienen que llegar a la meta sublime de ser como Jesús: pobre, virgen y obediente hasta la muerte y muerte de Cruz.

¿Qué pensaríamos de uno que pudiendo ser un misionero como S. Francisco Javier se contentara con ser sacristán de un pueblo? ¿O de una chica que pudiendo ser una misionera portentosa o una consagrada del todo al Señor, se contentara con quedarse de “gallinita de corral” en su casa?

Todos formamos un Cuerpo, el Cristo total; somos miembros de ese Cuerpo y como tales miembros, cada uno tiene que estar en su puesto. Nada más trágico que estar fuera de puesto, como un miembro desencajado; doloroso para sí, incomodo para los demás.

Imaginémonos qué trágico tiene que ser que la conciencia nos estuviera diciendo “no estás donde Dios te quería”.

Y así la vocación es correspondencia personal, amorosa, a los designios de Dios para dar todo el rendimiento posible en la vida de la Iglesia y de la sociedad.

Que por ello no faltemos nunca al encuentro con el Señor sino que, cuando El venga a nuestro encuentro, precisamente el puesto donde EL nos quiso, El nos puede decir: “Yo te llamé y tú acudiste; por eso, cuando tu me llames Yo acudiré”.

 

CUESTIONARIO

1. ¿Eres consciente de que la vocación solamente la da Dios? ¿Te das cuenta de la gran responsabilidad que hay en nosotros en cuanto a la elección y desarrollo de nuestra vocación? ¿Por qué?

2. ¿Por qué es necesaria la respuesta a esta vocación particular? Eres miembro del Cuerpo Místico de Cristo, ¿Te sientes como tal? ¿Crees que estás ocupando el puesto que te corresponde?

3. ¿Por qué crees que es doloroso para los demás que tú no estés en el puesto que te corresponde de ese cuerpo? ¿Y para ti?

Que la Virgen María, Nuestra Madre, ejemplo de toda vocación, os ayude a encontrar la voluntad del Señor.

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