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Temas InteresantesTemas variados que se pueden tratar en reuniones con jóvenes o adultos.

Dificultades

“Hay palabras que desaniman a los cobardes. Suelen ser las mismas que estimulan a los valientes.”

Cumbres, por ejemplo. ¡Cómo disfrutan los valientes subiendo a las cumbres, señalándose nuevas metas, anotando en su “haber” picos más altos...! A los cobardes, en cambio, sólo pensar en las cumbres les marea.

Récord, otro ejemplo. Superar su propio récord es el deseo de los valientes. Y esto en todo, en sus estudios, en el deporte, en su trabajo, en la amistad... Y así otras y otras palabras: lealtad, superación, espíritu, todo...

Hoy quiero hablarte de una de estas palabras. Es... dificultad, una palabra y una realidad.

“Vengan dificultades”, es un grito de un valiente. “Me retiro... porque cuesta”, es la actitud de un cobarde.

Y tú, ¿a qué grupo perteneces? ¿Al primero? Pues sigue leyendo. Escribimos para ti.

La vida cristiana no es fácil.
 
La verdad desde el principio. Pero... atiende, que quiero decirte toda la verdad. No es fácil... porque es estupenda.
   Por eso no sirven para la vida cristiana...
          ...los comodones, que siguen en todo la ley del mínimo esfuerzo,
          ...ni los aburguesados, que no buscan en la vida otra cosa que el “vivir bien”,
          ...ni los cobardes, a quienes espanta la lucha,
          ...y tantos y tantos otros, incapaces de hacer frente a una dificultad.
   Hay que decirlo bien claro: la vida cristiana no es fácil.
   
Te conviene, ya desde el comienzo de tus mejores años, conocer dónde está la dificultad, por qué no es fácil ser cristiano, dónde está el enemigo.  Atiende, pues.

Los enemigos de “dentro”.

     Los enemigos de dentro son los peores. El pecado original y tus pecados personales han dejado en ti una inclinación al mal, unas costumbres que te esclavizan. Hay en ti un desorden, un desequilibrio.

      --Te resulta difícil perdonar una injuria; es más fácil vengarse.

      --Te sientes inclinado a creerte superior y despreciar a otros.

      --Nace en ti la envidia por lo que otros tienen o saben...

      --¡Qué difícil te es apartar un pensamiento deshonesto!

      --Y ¡a cuántos chicos y chicas no les domina la gula y la avaricia (buscando siempre su gusto y su interés personal)!        

      --¿Y la pereza?  Parece una “diosa”. Casi todos esclavos de la pereza, en un sentido o en otro.

     Esos son los enemigos de dentro. Son lo que llamamos “impulsos de la carne”. Allí está la dificultad. Y aquí debe, sobre todo, estar la lucha de los valientes. Sé sincero. ¿No es verdad que te domina la gula, la soberbia, la ira...?  Ya te gustaría saber perdonar, ser generoso, limpio... pero...

Y los enemigos de “fuera”.   

También los hay. Aunque poco podrían los de “fuera”, si no tuvieran aliados “dentro de ti”. El que lucha virilmente contra sus pasiones vence fácilmente cualquier otra dificultad.
Dificultades que vienen...
          ...de tus amigos, a quienes no te atreves a contradecir, por temor a qué dirán o a que te dejen solo;

          ...de los malos ejemplos que ves u oyes o lees; a veces por parte de personas que debieran  estimularte al bien;

          ...de la porquería que reina en espectáculos, revistas...;

          ...del ambiente cargado de egoísmo, mediocridad, sensualidad, cobardía; ambiente así en la calle, en casa, tele, etc... Es el ambiente y criterios del mundo, contrarios al Evangelio.

    Son dificultades de “fuera” que el demonio -que vive y trabaja- sabe muy bien explotar.

La hora de los valientes.                              

  Hay que reconocer las dificultades. Las de “dentro” y las de “fuera”.

           - ¿Ingenuos?  Es decir, ¿vivir como si no hubiese peligros?... ¡No! La táctica del avestruz, que quiere eludir el peligro cerrando los ojos, no sirve.
 
          - ¿Temerarios? Es decir, ¿creerte tan fuerte que nadie te podrá?... ¡Tampoco! Si eres sincero habrás de reconocer tu propia debilidad y no ponerte en el peligro sin necesidad. El huir es muchas veces señal de valentía.
         
          - ¿Tímidos? Es decir, ¿sentirte incapaz para todo?... ¡Menos! Ni hay motivo (Dios está con el que lucha) ni es el momento. Así lo dice el Papa: “No es el momento de los tímidos, de los perezosos, de los ausentes...”.

      Ni ingenuos, ni temerarios, ni tímidos. Valentía es la palabra.

PARA REFLEXIONAR.

Puedes anotar en tu cuaderno estas reflexiones:

1-¿Cuáles son las principales dificultades –interiores y exteriores- que tú en concreto experimentas en tu vida cristiana?
2-¿Cómo luchas contra ellas?
3-¿Por qué la valentía trae consigo el gozo?

Propósito: Piensa en las dificultades que has escrito en tu cuaderno y pon especial interés en combatirlas con los que te rodean. Y ve reflexionando, día tras día, si hay lucha.

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