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Virgen MaríaEnseñanzas de la Iglesia sobre la Virgen.

María es la Inmaculada porque, ya desde el primer instante de su concepción, en su alma mora el Espíritu Santo.

San Maximiliano Kolbe y la Inmaculada

El de la Inmaculada es el título mariano más querido por San Maximiliano Kolbe, aunque él reconozca que es de la maternidad de María de la que brotan todas las gracias a Ella concedidas por Dios. Entre tales gracias, la Inmaculada Concepción es la primera. Pero San Maximiliano Kolbe añade que, en un cierto sentido, la Inmaculada Concepción caracteriza a María todavía más que su maternidad divina. Esta, en efecto, es un atributo externo, que indica su relación con Jesús, su misión en la historia de la salvación, mientras que la Inmaculada Concepción atañe a su íntima naturaleza, a su ser personal. María es la Inmaculada porque, ya desde el primer instante de su concepción, en su alma mora el Espíritu Santo. Y gracias a esta especial presencia del Espíritu Santo, Ella puede llegar a ser la Madre del Verbo.

A la Inmaculada el P. Kolbe quiere conformar su vida hasta transformarse en Ella, hasta consentir que Ella tome posesión de su corazón y de todo su ser sin ninguna restricción, que viva y obre en él y por medio de él. Que ame a Dios con su corazón. Y esta es también la espiritualidad que él propone al movimiento que se formó a su alrededor: la Milicia de la Inmaculada.

No se trata, sin embargo, de una actitud meramente emotiva hacia la Inmaculada, sino de un compromiso de hacer realidad la realidad espiritual y la vida de gracia de la Virgen. Se trata de una imitación de María, pero no sólo en el sentido de conocer lo que Ella ha hecho para hacerlo nosotros también, sino en el sentido bíblico de la palabra, que significa caminar con Ella, confiarse a Ella como a guía segura. Imitarla, significa entonces, coger de la experiencia de vida de la Virgen aquellos valores y aquellas actitudes que le han permitido realizar el proyecto de Dios sobre Ella, y vivirlos en nuestra vida diaria.

San Maximiliano Kolbe distingue sobre todo cuatro actitudes de María que deberían llegar a ser también los pilares de nuestra propia vida: la vida interior, la obediencia, la caridad heroica y el ofrecimiento de sí misma.

El primero es la vida interior, la escucha de la Palabra de Dios con gran fe, ya que, sin una verdadera unión constante con Dios y con María, el apostolado no es eficaz. Nos invita a imitar la oración de María y a ser, por tanto, contemplativos en la acción.

El segundo pilar es la obediencia a la voluntad de Dios. Se trata de cumplir con amor extraordinario las acciones ordinarias de la vida con sus responsabilidades.

El tercero es la caridad sin límites, que tiene que caracterizar nuestras relaciones con todos los hombres, sin hacer distinciones o acepción de personas, y con la Iglesia, a través de la obediencia a sus enseñanzas y la más auténtica comunión eclesial. Tenemos que llegar a ser, cada vez más, instrumentos de amor y de comunión.

iclourdesY el último pilar es el ofrecimiento de sí hasta el extremo. Eso implica ofrecer lo que el camino y la rutina diaria nos piden. A veces nos podrá parecer que no tenemos nada que ofrecer a María porque sentimos todo el peso de nuestras limitaciones humanas y espirituales, la incapacidad de cumplir el bien que quisiéramos, el peso de nuestro pecado. Sin embargo, es precisamente eso lo que tenemos que poner en el Corazón y en las manos de la Virgen, y Ella nos ayudará a aceptar el dolor, las pruebas y nuestra propia debilidad como medio de purificación, devoloviéndonos así la alegría y la esperanza.

Confiarse o consagrarse a María hace más fácil alcanzar la salvación eterna. Para mejor entender esta afirmación, ayuda recordar que la santidad, a la que todos los cristianos deben tender, consiste en la caridad: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 37-39). Pero el corazón del hombre, a causa de sus pasiones, de sus egoísmos y de los enemigos que encuentra durante el camino, tiene dificultad en acercarse a Dios y a amarle como Jesús nos pide. He ahí entonces el papel decisivo de María: llevarnos a Jesús, acercarnos a Él.

María es la criatura que está más plenamente unida a Dios: siempre y sólo quiere lo que Dios quiere. Por tanto, donarse y confiarse a Ella significa obtener, por su intercesión, la ayuda y la fuerza que nos hace capaces de superar todas las pruebas y tentaciones y llegar a la santidad. Se trata de una donación total, sin reservas y para siempre. Como María se donó al Padre, así los que aman a la Inmaculada se dan a Ella como propiedad e instrumento. Con el término 'propiedad' o 'cosa', San Maximiliano Kolbe quiere significar que, como las realidades materiales se gastan por el uso, así también tenemos que estar dispuestos a gastarnos por la Virgen. Con la palabra 'instrumento', quiere expresar el aspecto dinámico de esa donación, la disponibilidad total a lo que Ella disponga de nosotros.


©Revista HM Nº 133 - Noviembre/Diciembre 2006


Para leer mas sobre este tema:

Audiencia general de Juan Pablo II, 12 de junio 1996

Ángelus de Benedicto XVI, Solemnidad de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre de 2009

Homilía de Juan Pablo II en el 150º aniversario del Dogma de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre de 2004

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