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Virgen MaríaEnseñanzas de la Iglesia sobre la Virgen.

¿Te has parado alguna vez a contemplar el Corazón de la Virgen? El amor de una madre es el que mejor puede compararse al amor de Dios.

Corazón de Madre

virgenysantissimo¿Te has parado alguna vez a contemplar el Corazón de la Virgen? Está envuelto en llamas, en fuego ardiente, es el fuego del amor que se desprende de su Corazón. El Corazón de la Virgen ama ardientemente. ¿Y sabes por qué? Porque es Madre, ¿qué amor puede compararse al de una madre? El amor de una madre es el que mejor puede compararse al amor de Dios y así nos lo dice el Señor: “¿Puede una madre olvidarse del hijo de sus entrañas?” (Is. 49, 15) Ciertamente que no puede, por eso sólo tenemos una madre, porque nadie nos puede amar como ella. Sí, tenemos hermanos, amigos..., pero madre... sólo una.

María dio la vida humana al Hijo de Dios. Como decía S. Agustín: “La carne de Cristo es la carne de María”. ¿Te has parado a pensar que era el mismo corazón el que da la vida al hijo y a la madre? ¡Cómo no tener devoción al Inmaculado Corazón de María!

Con ese mismo Corazón es con el que nos ama a nosotros, no puede ser de otra manera, ¡somos sus hijos! María nos ve como hijos desgraciados de Adán, pero rescatados por su Hijo y, por eso, hijos suyos. En el momento de la Anunciación, María acepta ser Madre de Dios y Madre nuestra. Ella pudo decir no. Eva tampoco tuvo pecado original y negó someterse a Dios, ambas estaban en la misma condición, pero María sí aceptó la voluntad de Dios.

Con su "Fiat", María acepta ser Madre de Dios y Madre nuestra, sabe que esa es la voluntad de Dios y no hace distinción entre una y otra maternidad. Y fíjate que la primera, la maternidad divina, es grande y sublime, mientras que la segunda, la maternidad humana, es triste, penosa, difícil.

procesionEs en la cruz donde pública y solemnemente se convierte en Madre nuestra: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26).

En la cruz se cumple su "Fiat", en el sufrimiento y sacrificio acepta su maternidad, ¡acepta ser madre! ¿Eres digno de tal Madre? Piensa que no tiene sentido, ni es justo, exigir a María que nos ame con corazón de Madre y que nosotros no le correspondamos con un corazón de hijos. ¿No es monstruoso no amar a tu madre terrena? ¿No es más monstruoso aún no amar a tu Madre del Cielo que Dios te ha dado?

No seas tonto y acércate a su corazón, pídele que te inflame en su amor, caliéntate con el fuego de su corazón.


Para leer más sobre este tema:

"La maternidad divina de María", Audiencia general de Benedicto XVI, 2 de enero de 2008

"Ahí tienes a tu madre", Mensaje de Juan Pablo II para la XVIII Jornada Mundial de la Juventud

 

 

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