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Cómo conocí el Hogar

Kevin Deakon

Cómo conocí el Hogar

Mi primer contacto con el Hogar fue en el año 2000. Acababa de pasar por un período muy difícil unos meses antes, y como resultado de eso, yo había vuelto a la práctica de mi fe.
Descubriendo la devoción a la Divina Misericordia y sintiéndome atraído a practicarla, tuve una verdadera conversión, en la que experimenté de una manera muy personal el infinito amor que Dios tiene por cada uno de nosotros. Esto me situó en un camino de cambio total con respecto al que estaba siguiendo hasta entonces. Estaba tan deprimido que pensaba en el suicidio y no sabía por qué, pero ahora, mirando hacia atrás, me doy cuenta que la razón estaba en la falsedad y vaciedad de vivir la ilusión y las mentiras que el mundo te presenta como camino a seguir. Estaba perdido y sin vida. Dios me sacó del agujero negro en el que me encontraba y por ello le doy gracias.

Fue en este contexto, unos meses después de mi conversión, y habiendo discernido que Dios me estaba llamando a una vida completamente dedicada a Él, cuando conocí al P. Rafael, al P. Félix y al P. Colm. Ellos habían venido a Inglaterra para hablar del Hogar y un amigo mío, en cuya casa se hospedaban, me invitó a conocerlos.

Cuando yo llegué allí, el salón estaba lleno de gente. El P. Rafael y el P. Colm estaban sentados en el sofá. Yo fui a hablar con ellos. De la conversación recuerdo que el P. Rafael me dijo: “Yo puedo ofrecerte una vida de pobreza con Cristo pobre, una vida de castidad con Cristo casto, una vida de obediencia con Cristo obediente, y la cruz”. Nunca había oído hablar a nadie de la vida religiosa tan directamente y con esa fuerza. Escuché con mucho entusiasmo. Le respondí que eso era exactamente lo que yo estaba buscando. Me parecía como una respuesta a mis oraciones.

En Semana Santa de ese año fui a visitar el Hogar en España. Había un grupo de peregrinos irlandeses, me uní a ellos y cada día visitábamos un lugar distinto de peregrinación. Me lo pasé muy bien y me encantó la atmósfera de familia que se respiraba. Todavía recuerdo bien una homilía predicada por el P. Rafael esa semana con su notable espíritu dinámico. Él nos contó la historia de don Bosco y cómo en su sueño la Virgen le pidió que pasara por un campo rodeado de espinas. Él tuvo que arrastrarse por las espinas, lo cual, naturalmente, fue muy difícil, y la mayoría de los chicos que le seguían, se pararon y volvieron hacia atrás. Fue una homilía sobre la perseverancia, hablaba también de que nunca había que darse por vencidos, homilía, que para mí iba a ser bastante profética.

Volví a casa con la intención de regresar pronto para entrar como Siervo, pero enfermé y no pude hacerlo. Me mantuve en contacto con el Hogar, escribiéndome con el P. Colm. Me ayudó mucho saber que yo estaba en sus pensamientos como ellos lo estaban en los míos. Sin embargo, en mi casa me mantenía ocupado y durante dos años trabajé como voluntario en un albergue para hombres sin techo que llevaba la Legión de María. A través de este trabajo, conocí a la Comunidad Cenáculo, una comunidad fundada por una religiosa italiana llamada Sor Elvira Petrozzi, y que fue instituida en primer lugar para ayudar a la juventud perdida de hoy, muchos de los cuales tienen problemas de adicción a la droga. Trabajan empleando una terapia de espiritualidad católica o Cristo-terapia. Terminé por quedarme allí tres años para ayudar. Durante todo ese tiempo interrumpí todo contacto con el Hogar, pero Nuestra Madre celestial no quería que el Hogar saliera de mi mente. Muy pronto, en mis primeros días en Italia con esta comunidad, me encontré una revista del Hogar en el estante al salir del despacho principal. Me sorprendió verla, pero me dio mucha alegría, y en los siguientes tres años, cada vez que pasaba por la casa madre, iba a buscar la Revista HM.

Aunque la Comunidad Cenáculo me dejó una fuerte impresión, sin embargo, yo no me sentía en mi lugar, y lo dejé el verano pasado. Hice el Camino de Santiago y después fui a Fátima. Durante todo el tiempo pedía a Dios que me iluminara sobre mi vocación. Dios me daba señales indicándome el Hogar de la Madre. El inicio fue en Lourdes, antes del Camino. Me encontré con un chico llamado Kevin Jones, que había pasado algún tiempo con los Siervos.

Después, por el camino, conocí a otro chico que acababa de pasar algún tiempo con los Siervos también. Y al final, unos días antes de llegar a Santiago, recibí otra luz. Yo estaba desayunando en un bar, con algunos amigos, cuando, al levantar mi mirada, vi en la televisión un programa de HM Televisión. Era el P. Rafael con Teo, y separadamente a dos hermanas hablando delante de la cámara. Yo no entendí nada, porque era en español, pero me dio alegría, porque mis pensamientos una vez más se dirigían al Hogar.

Por fin llegué a Fátima. Físicamente yo estaba cansado y mis zapatos desgastados por el uso. Estando tan lejos de Santander y viviendo sólo de la Providencia, yo pensé que la posibilidad de visitar al Hogar se había esfumado. Iba a volver a casa, pero la última noche, durante la Misa, experimenté que la Virgen me pedía de nuevo que le diera todo y que fuera a Garabandal. En respuesta, yo le dije que si eso era lo que Ella quería, tenía que llevarme allí en tres días. Yo no iba a ir andando. Volví a mi residencia donde iba a pasar esa noche, y empecé a hablar con un hombre polaco. Yo le dije que iba a ir al norte de España al día siguiente y él me sugirió que fuera con él y un amigo suyo en el coche porque ellos iban a París. Así que yo les di 15 euros de los 30 que me había dado un sacerdote español la primera noche que pasé en Fátima, y fui a Garabandal, en el norte de España. Al llegar, me encontré con un amigo, Andy Wrenshall, que estaba construyendo unos pisos allí, y él me ayudó a tomar contacto con el Hogar y me llevó en coche a Barcenilla, cerca de Santander.

Estuve allí un mes justo antes de Navidad, trabajando y viviendo con los hermanos. Me sentí verdaderamente en casa y en paz en ese ambiente, así es que, al volver a casa por Navidad, yo ya tenía la intención de volver al Hogar con la esperanza de entrar de candidato de los Siervos del Hogar. Volví, y el 19 de marzo, fiesta de San José, entré de candidato.

Como conclusión, puedo decir que estoy inmensamente agradecido a Dios y a Nuestra Madre por haberme hecho conocer al Hogar y por traerme aquí para ser parte de esta familia.

©Revista HM º137 Julio/Agosto 2007

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