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Cómo conocí el Hogar

Félix López Lozano

Cómo conocí el Hogar

1982- 16 años
2004- 38 años

El año 1982 yo estudiaba 3° de BUP en el I.N.B. “El Greco” de Toledo. Tenía 16 años. Un compañero de clase, Rafa Samino, que había estado ya en los campamentos de verano que organizaba el P. Rafael, me invitó a ir al campamento de aquel año que se celebró en Valle de Cabuérniga, Cantabria, en la segunda quincena de julio.

En el silencio de aquellas montañas, Dios me estaba esperando. En los ratos de oración solitaria que teníamos, tuve mis primeras experiencias de encuentro personal con Dios. Descubrir un Dios vivo, realmente cercano, que me conocía hasta el fondo de mi ser y me amaba, cambió por completo mi vida cristiana, casi inexistente y superficial hasta entonces. Como colofón de aquella experiencia, fuimos cuatro días a Lourdes, y allí la Virgen comenzó a ganar mi corazón con su cariño materno.

Algo que me atrajo mucho del Hogar, fue la alegría. Los ambientes de Iglesia que hasta entonces había tratado, me resultaban muy aburridos. Quizá era mi propio egoísmo el que me cerraba la puerta a una alegría profunda, y al abrir mi corazón a Dios, me hice capaz de experimentar el gozo verdadero. Pero creo que en el Hogar encontré una alegría especial por el gran amor a la que es “Causa de nuestra alegría”.

Tras el campamento, Rafa Samino me invitó a ir a casa del P. Rafael un día de septiembre para tomar café. Fue el primer encuentro con quien, en el transcurso de los años, iba a unir mi vida en el cumplimiento de unas mismas misiones.

En aquel verano del año 82, las chicas habían dado comienzo a la rama femenina del Hogar de la Madre de la Juventud. Durante el curso siguiente nos reuníamos todos los sábados para los círculos de estudio, donde el P. Rafael nos enseñó a reflexionar y nos fue dando criterios sólidos que clarificaban nuestras dudas de fe y nuestras dificultades. Terminábamos siempre con la Misa en honor de la Virgen. El ambiente del grupo era muy bueno. Una gran alegría, un gran entusiasmo apostólico, una sana relación entre chicos y chicas, y por encima de todo, un amor inmenso a la Virgen que nos daba fuerzas para todo.

En 1983, año Santo de la Redención, el 27 de diciembre, un grupo de siete chicos junto con el P. Rafael, hacíamos nuestros compromisos ante la tumba de S. Pedro dando origen al Hogar de la Madre de la Juventud en su rama masculina. Queríamos manifestar nuestra adhesión a la Iglesia y al sucesor de S. Pedro, fundamento visible de unidad.

Durante los años de universidad en Madrid (1983-88), mantenía fielmente mi vida espiritual, compaginándola con los estudios de Farmacia y pidiendo a Dios luz para conocer su Voluntad sobre mí. Estando en el tercer curso, vi claro que Dios me llamaba a ser sacerdote y a vivir mi sacerdocio cumpliendo las misiones del Hogar. Para mí, ser sacerdote, era ser Siervo del Hogar, aunque en aquel momento no existía la forma de vida a la que yo me sentía llamado.

Al terminar el quinto curso, entré al seminario de Toledo
para avanzar mis estudios y esperar a otros jóvenes que sintiesen la misma llamada. En este momento sabíamos qué queríamos hacer, pero no sabíamos la forma concreta, el camino a seguir.

En 1990, el P. Rafael comprendió que debíamos ir a Burgos para continuar los estudios teológicos y comenzar la comunidad. En 1993 fui ordenado sacerdote por D. José Guerra Campos, obispo de Cuenca, hacia quien guardo un cariño inmenso por la bondad y comprensión con que siempre me trató. En 1994, los Siervos del Hogar de la Madre fueron erigidos canónicamente en la diócesis de Cuenca, España.

Desde entonces, vivo con mis hermanos en una vida de servicio a Dios, en una tarea por cumplir las misiones recibidas con las que cada vez estoy más identificado. Me asombra la paciencia y la misericordia de Dios en mi vida. Le doy gracias por haberme elegido para ser Siervo y sacerdote. Sólo pido crecer en fidelidad cada día al amor de Aquel que me amó y me llamó.

©Revista HM º119 - Julio/Agosto 2004

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