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Cómo conocí el Hogar

Ruth Jennifer O´Callaghan

Cómo conocí el Hogar

1999: 22 años
2005: 28 años

¿Cómo conocí el Hogar? Pues para mí es muy evidente: fue por la providencia de Dios y todo dirigido por la mano de la Virgen Santísima.

Yo estaba estudiando un curso de turismo porque quería irme a vivir a Medjugorie. Había estado allí un poco antes y tuve una experiencia del amor del Señor hacia mí tan fuerte que cambió toda mi vida. Volví de allí con un deseo muy grande de dejarlo todo y trabajar para el Señor. ¿Pero cómo? No sabía. En mi corazón le pedía al Señor pertenecerle sólo a Él y dedicar toda mi vida para Él

. El Señor en mi interior me estaba llamando a la vocación religiosa, pero yo en ese tiempo no lo reconocía como “vocación”, sólo sabía que tenía que ser de Él. Sí que pasó esta idea por mi cabeza muchas veces, pero era impensable, ¡con lo que yo había vivido antes!, ¿yo monja?, ¡qué va!.

Todo eso me pasó entre agosto del 98 y febrero del 99. Había empezado el curso en septiembre del 98 y ya iba terminando. La idea de ir a Medjugorie se me había ido y me encontraba un poco perdida. Quería seguir al Señor, pero no sabía cómo ni dónde, ni si realmente era para ser religiosa o si era algo mío o si era algo que quería el Señor, estaba ya mareada. “Dios mío, ¿qué tengo que hacer?". Tenía mucha prisa por conocerlo para poder hacerlo ya, pero el Señor guardaba silencio. Al ver que el Señor no me hacía caso, empecé a rezar muy fuertemente a la Virgen Santísima. Yo sabía que el Señor no podía resistirla. Y ¡gloria a Dios: “llegó la salvación a esta casa”!.

Una tarde estaba en casa y sonó el teléfono; era la señora Maeve Elliot diciendo: “van a venir unos sarcerdotes de España para celebrar una misa para jóvenes, ¿quieres venir?". La había conocido la semana anterior en un acto a la Divina Misericordia. La misa iba a empezar a las siete de la tarde, después habría una reunión, ¿dónde? En mi misma parroquia. Y ¿con quién? Con los Siervos del Hogar de la Madre. La verdad es que el Señor es maravilloso y cuida de todo.

La misa la celebró el Padre Félix y me sorprendió la homilía, porque todo lo que iba diciendo yo lo estaba viviendo interiormente. Pensé: "¿quién es esta gente?". Empezó la reunión y hablaron del Hogar, de las misiones, lo que hacen... más iba escuchando y más se iba inflamando mi corazón. Un hermano dio su testimonio. Me identifiqué con lo que decía; él tampoco había vivido una vida muy graciosa, pero al encontrarse con el Señor se despertó también en él el deseo de entregarse totalmente a Dios. Así que allí tenía la prueba de que no estaba perdiendo la cabeza. Después de la reunión, ese hermano me invitó a venir a España para el Encuentro de Semana Santa, pero lo vi un poco difícil. Significaba perder una semana del curso y tampoco tenía un duro. Hablé con mi madre y ella me contó que cuando quería ir a una peregrinación y no tenía dinero, lo que hacía era poner un sobre bajo los pies de la Virgen y pedirle, que si era voluntad de Dios que fuera, llenara el sobre con lo suficiente para el billete.Y esperaba. Así que hice lo mismo, añadiendo una carta por si acaso Ella no había visto quién lo había dejado, y lo puse a sus pies.

Pasaron tres días y por tres distintos medios me llegó el dinero para el billete. No lo podía creer. Ya iba sospechando que la Virgen estaba haciendo algo. Fui a Semana Santa con unos auriculares puestos en el corazón a la espera de oír la voz del Señor.

Recuerdo la primera noche del Encuentro hablando con las candidatas, me impresionaron mucho porque las vi muy pobres y muy alegres. Pregunté a una de ellas cuánto tiempo llevaba de candidata y puso una sonrisa tal que me mostró su felicidad. “¡Qué suerte!”, pensé. Llegó el Viernes Santo y en la asamblea, el Padre Rafael (el Fundador) nos dijo que Kiko Argüello, ante el Sto. Padre, hizo un llamamiento a los jóvenes que se sentían llamados por Dios a entregar su vida pidiéndoles que se levantaran. Interiormente yo empecé a inquietarme cuando oí al Padre Rafael decir que no tuviéramos miedo en levantarnos también si nos sentíamos llamados. Yo pensaba: "Señor, quiero levantarme, pero por favor, no me pidas levantarme de mi silla". De repente el Padre dijo: "no de tu silla, levántate en tu corazón". Y ya con eso me levanté como un cohete. En ese momento me dio la bienvenida a su Hogar la Virgen Santísima. ¡Madre mía, qué alegría, por fin!

Así que, aquí estoy más feliz que nunca y con el corazón muy agradecido al Señor y a Nuestra Madre por todo lo que me han dado gratuitamente. ¡Que viva el Hogar! porque por medio de él y por la misericordia de Dios, ha restaurado mi vida. Gracias Madre.

©Revista HM º124 Mayo/Junio 2005

 

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