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Entrevistas

Hablamos con José M. Domench, Miguel Menéndez, y Pablo González

Esta vez hablamos con tres jóvenes pertenecientes a la Unión Seglar.

Los conocimos en Roma durante los días que rodearon la muerte de Juan Pablo II.
Ellos viajaron desde España para poder estar junto al Papa. El Hogar de la Madre compartió con ellos una jornada en la que nos hicieron partícipes de sus vivencias como jóvenes comprometidos.

José Mª, ¿cómo definirías la juventud actual?
Juan Pablo II definió a los jóvenes de España en su visita a nuestro país en mayo de 2003, en el discurso pronunciado por él en el aeródromo de Cuatrovientos de Madrid. Lo hizo dentro de una oración a Mª Santísima compuesta por él con la que concluía su discurso. Definía de la siguiente forma: “los centinelas del mañana, el pueblo de las bienaventuranzas, la esperanza viva de la Iglesia y del Papa”.
El no vivir correspondiendo a este llamamiento, a esta esperanza, es causa de que la persona en la actualidad no ama, ni a Dios ni a nadie. Únicamente ama a su misma persona y de una forma equivocada y egoísta causada por la falta de conocimiento del propio ser y de la soberbia de no querer alcanzar ese conocimiento.

¿ Y tú, Miguel?
Una juventud huérfana de ideales, a la que le han robado la herencia de la Fe. La mayoría son víctimas del laicismo imperante que está aniquilando, con sus modas y costumbres, toda la misión trascendental del hombre. Ni los gobernantes, ni los maestros, ni los padres son fieles, en su mayoría, al traspaso de la Fe. Soy de los que piensan que a la juventud le han robado los talentos del Evangelio. Por eso, los que tenemos Fe por nuestros padres o buenos sacerdotes, somos unos privilegiados por tantas gracias recibidas.

Pablo, ¿es cierto que los jóvenes que viven de cara a Dios no saben lo que es la vida?

No, todo lo contrario. El católico tiene la llave de la vida, sabe por qué existe y para qué. Tiene un motivo por el que merece la pena vivir, por el que luchar, por el que morir. Ama y se siente amado, vive siempre alegre y ante la adversidad tiene sobrados motivos para no tener miedo: Eso es vivir intensamente. Sumémosle a esto la vitalidad de la juventud. ¿Quién puede decir que los jóvenes católicos no saben lo que es la vida? Más bien deberíamos decir: ¿Quién podrá pararlos?

¿ Cómo es vuestra vida cristiana?
JM: Como el Señor me da a entender que debo llevarla a través de la enseñanza de la Iglesia, limitada por mis propias infidelidades a la gracia recibida de Dios.
M: Una lucha constante por perseverar en la Fe. Enemistados con el mundo, por tener como Príncipe al Maligno, somos conscientes, en palabras de Juan Pablo II, que nuestra vida es contracorriente. Pero no tenemos miedo, Dios está con nosotros, y con su ayuda y sus gracias, prenderemos el mundo con el fuego del amor de Cristo.
P
: La verdad es que es muy intensa. Con mi conversión mi vida cambió radicalmente, y es que teniendo a Dios la vida se llena, y en mi caso nunca mejor dicho, porque pasé de estar aburrido en casa todo el día a estar siempre fuera, haciendo teatro, cantando en la tuna San Luis Gonzaga, dando catequesis, asistiendo a retiros, cenáculos. Intento asistir a Misa cada día y rezar el rosario diariamente, así como las oraciones de la mañana y de la noche, leer algún libro constructivo y cómo no, tengo que dedicar algo de tiempo para estudiar.

¿ Cómo os podéis mantener fieles a Dios?
JM: Con la gracia de la perseverancia concedida por Dios a través de multitud de medios: familia, dirección espiritual, consejos, amigos, ejemplos, etc. en definitiva, la Iglesia.
M: Con la frecuencia de sacramentos, la vida de piedad en familia y el contacto con sacerdotes que nos estimulan a perseverar en la Fe. El amor a la Sagrada Eucaristía y la devoción a la Virgen Santísima, Nuestra Madre, son dos de los pilares fundamentales para no caer en la tentación. Lo demás consiste en aceptar la Voluntad de Dios y dejarse llevar por Su Providencia.
P: Como todo cristiano, con la ayuda de la oración y los sacramentos. También ayuda el apoyo de los amigos, de la familia y de personas admiradas, de autoridad, cuya perseverancia no es indispensable para mantener viva nuestra fe, pero es un motivo más para confirmarla.

Miguel, ¿cuáles son las mayores tentaciones con las que tiene que luchar un joven actualmente?
Las tentaciones que cada día tenemos que repeler vienen de los tres enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne. El mundo, por la seducción de una sociedad que vive en pecado público obligando casi a aceptar sus costumbres paganas. El demonio, que nos inculca la soberbia para desobedecer los mandatos de Dios y su Iglesia. Y la carne, que ha convertido a la mujer en un objeto de placer y a la que la concupiscencia nos arrastra por la lujuria y contra la castidad.

José Mª, ¿en algún momento te has cansado de vivir fiel al Señor? ¿cómo lo has superado?
En cada momento la propia naturaleza se rebela. Encontré en Roma a un sacerdote murciano que nos dijo la siguiente frase: “Llevamos una bestia dentro y hay que lucharla”. Lo único que hace seguir adelante en esa lucha, es el Amor de Dios, el honor a no traicionarle.

Pablo, nuestro querido Papa Juan Pablo II, muchas veces hacía referencia a que los jóvenes son la esperanza de la Iglesia, ¿en qué sentido?

Los jóvenes son los centinelas que tendrán que evangelizar el mundo del nuevo milenio, formar hogares católicos, perseverar en la vocación que Dios les ha dado y defender a Cristo en estos tiempos tan difíciles por encima de sus vidas, llegando si preciso fuera al martirio, que será, como decía Orígenes aludiendo a la sangre martirial, semilla de nuevos cristianos.

Miguel, ¿se puede tener miedo a Dios?
“ También me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno...” Pero es tanto el amor que nos tiene, que ese miedo hipotético, es amor por no ofenderle, por entregarse a Él y seguir a su Hijo en el camino de la perfección. Como hijo de Dios, puedo tener miedo al castigo del Padre, pero sé que un Padre, infinito en Misericordia, me concederá las gracias para serle fiel.

Y tú, José Mª, ¿qué piensas?
Dios es infinitamente misericordioso y a la vez infinitamente justo. La justicia de Dios para con nuestros pecados se aplaca en Jesucristo que es Dios; tener miedo ya no tiene sentido. Solamente se podría tener miedo a uno mismo, ante la posibilidad que tenemos de no aceptar que nuestros pecados quedan perdonados, que han sido pagados por Cristo. El no aceptar eso y todo lo que trae consigo es lo que nos debe dar miedo, puesto que entonces no alcanzaríamos la salvación eterna.

Pablo, ¿cómo se supera?
Haciendo siempre su voluntad, poniéndose en paz con Él mediante la confesión y teniendo presente que Dios es inmensamente misericordioso.

Alguno de vosotros ha estado lejos de Dios, ¿podríais explicar la diferencia al acercaros?

JM: El sacramento de la Penitencia perdona el pecado y con él, deshace la inseguridad, tristeza y remordimiento que produce.
M: Sí. Antes mi vida era una sin razón, vivir para nada y por nada, un vacío absoluto. Los placeres y comodidades del mundo crean soledad y tristeza. Con la Fe la vida cobra sentido y la esclavitud del pecado se convierte en la verdadera libertad andante por el Camino de la única Verdad que da Vida eterna.
P: La vida da un giro radical. El mundo triste y oscuro que habías fabricado lo sigue siendo, pero no lo parece. Antes intentaba sobrevivir viviendo en relativa paz con algo que llamaba “amigos”, atarme a las cadenas a las que ellos se ataban aunque sabía que estaba mal, me sentía desamparado y desarraigado, sin nadie en quien confiar, y me surgían preguntas como ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy? ¿cuál es mi fin en la vida? ¿por qué existo? Ahora con todas mis cargas, deberes y obligaciones siento que lo tengo todo, la vida se me ha llenado y vuelvo a ser un niño, siempre amparado por la mirada de su Padre, feliz por sentirse querido.

¿ Se puede tener esperanza en el mundo en el que vivimos? ¿por qué?

JM: Sí se puede, Cristo es el que lo hace todo y es el que al fin nos librará de nuestros enemigos Mundo, Demonio y Carne. Estamos en la Verdad, como ha dicho Benedicto XVI, “María está de nuestra parte”.
M: Sí, aunque muchas veces los males que presenciamos, como merecido castigo de nuestros pecados, nos haga caer en el desánimo. Pero sabemos “que las puertas del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia” y que Cristo nos prometió estar con nosotros hasta la consumación de los tiempos. Por eso, la esperanza es la Sagrada Eucaristía, Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Sabemos que el Corazón Inmaculado de María reinará pronto. Esa es nuestra Esperanza.
P: Vivimos en un mundo que se desmorona poco a poco, poco a poco se va apartando más de Dios, cada vez vive peor, cada vez hay más malicia y más pecado. Sin embargo, el Señor dijo que volvería, y cuando vuelva, establecerá su reinado de Amor. En ello debemos fijar nuestras esperanzas.

Miguel, ¿qué supone la Eucaristía para un joven?

La fuente de salvación y de vida. En este admirable Sacramento encontramos a Cristo con Su presencia real derramando sobre nosotros las gracias y el consuelo en nuestra vida cristiana. Nada hay más importante en el mundo que la Sagrada Eucaristía. Ella es la clave para que el mundo acepte el Reino de Cristo.

Pablo. ¿es necesaria recibirla a diario? ¿puedes contar tu experiencia?
La gente es capaz de acudir a otros países para ver a cantantes famosos, para escuchar conferencias de gente docta, para ver mundo. Cada día en la Santa Misa se conmemora la fecha en que el Hacedor de la melodía, la Sabiduría personificada, el Creador del mundo, nos redimió del pecado original que enemistó a los hombres con Dios y acude en Cuerpo, Alma, Sangre y Divinidad a vernos y a habitar en nuestro corazón. Si el Rey de Reyes viene a buscarte, ¿cómo vas a corresponder a tanto Amor?

La juventud es un momento privilegiado para que Dios hable a la persona y le diga lo que quiere de ella pero ¿esto no es muy complicado? ¿cómo se realiza?

JM: Mediante la oración, la frecuencia de sacramentos y el obedecer confiadamente a un director espiritual. “Abrid de par en par las puertas a Cristo, él no quita nada y lo da todo”.
M: No lo es. Simplemente hay que abrir las puertas a Cristo, de par en par, como nos exhortaba Juan Pablo II. El problema es que a la juventud le es imposible encontrar a Cristo en una sociedad donde su trono ha sido ocupado por el materialismo, el relativismo, el hedonismo, el nihilismo... A pesar de ello, Dios rompe esas cadenas y consigue tocar los corazones de millones de jóvenes. Ahí están las multitudes siguiendo la estela de Juan Pablo II.
P: La Providencia se encarga de todo, pone a cada uno en una situación en que le muestra lo que quiere de él. El Señor llama de maneras muy distintas, pero habla a menudo con extrañas coincidencias, y lo hace de una manera sutil, sin coaccionar, respetando nuestra libertad, para que elijamos por nuestra propia iniciativa seguirle o no.

¿ Qué es vivir la fe en clave martirial?
JM: Dar testimonio de Cristo, de palabra, obra y, si es preciso, de sangre.
M.: Ser testigo de Cristo en todos los ámbitos, privada y públicamente. Sin tener miedo. De palabra, obra y sangre, si así fuera preciso, siguiendo el ejemplo de los últimos mártires de la persecución religiosa en España (1936-39) elevados a los altares por la Iglesia en el último pontificado.
P: Vivir la fe en clave martirial es ser apóstol con disposición a morir por lo que se vive y predica, testigo del Evangelio hasta la muerte.

¿ Podéis contar vuestra experiencia de la Virgen María?
JM: Si a un hijo le preguntan por su madre, es muy difícil que se termine la conversación sin que haya podido terminar de hablar sobre ella. Desde la frase de Cristo “hijo, ahí tienes a tu Madre”, no habría libros en el mundo en los que cupieran todas las experiencias de los hijos para con su madre la Santísima Virgen.
M: Para mí, la Virgen María es el ejemplo más sublime que Su Hijo nos muestra como camino a la Santidad. Ella, que es nuestra Madre, no nos deja caer en la tentación si recurrimos a Su intercesión. Por eso el arma más poderosa del cristiano, es el rezo del Rosario. Como Reina, estamos a Su servicio para extender por el mundo Su Reino de amor; como Madre, nos protege y guía hacía la morada celestial.
P: En el pueblo judío a la Reina Madre, la madre del Rey, se le daba una veneración especial, incluso a veces superior a la de éste. Nada de lo que la Reina Madre pidiera sería rechazado por el Monarca. De la misma manera, podemos decir que el camino más fácil para rogar a Dios es por María, que es Madre de Dios y Madre nuestra.

¿ Qué os gustaría añadir?
M: Dar Gracias a Dios por haber conocido HM y animar a sus sacerdotes, religiosas y seglares a perseverar en la vocación que Cristo les ha regalado. Con vuestro ejemplo, muchos nos hemos confirmado en la Fe y otros tantos encontrarán en vuestro testimonio la Verdad del Evangelio.

©Revista HM º127 Noviembre/Diciembre 2005

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