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Entrevistas

Hablamos con el Fundador del Hogar de la Madre

D.Rafael Alonso ha sido el instrumento elegido por Dios para dar vida a la Obra de Nuestra Madre. A Ella le ha condiado todo.

¿Qué ha cambiado en el Hogar en estos veinticinco años?
El Hogar de la Madre ha crecido, se ha extendido, y lentamente va cumpliendo la finalidad para la que nació. Hemos ganado en madurez y en experiencia.

¿Qué no ha cambiado?
Las misiones e ideales. Estos se han mantenido intactos. Y espero que la erosión y el mordiente del tiempo no hayan deteriorado nuestro espíritu para vivirlos, sino que lo hayan fortalecido. En el sufrimiento se prueba el amor auténtico.

¿Qué considera esencial, y que nunca debería cambiar en la obra del Hogar?
El amor a Dios, a Cristo, a la Virgen Santísima y a la Iglesia, sirviéndolos en el cumplimiento de nuestras tres misiones: la defensa de la Eucaristía, la defensa del honor de Nuestra Madre, especialmente en el privilegio de su virginidad y la conquista de los jóvenes para el Señor.

¿Se mantiene fresco el espíritu con el que comenzó?
Sí, ciertamente. Y veo cómo el Señor nos renueva todos los días. Es en la Eucaristía donde recibimos la fortaleza para poder seguir con frescura un camino que a primera vista podría ser agotador. Y contamos con la protección de Nuestra Madre que no nos deja un solo instante.

¿Hay algo que le haga pensar que Dios está contento con el Hogar?
Esa forma de hablar de “contentos” es una forma antropomórfica de lenguaje pero apropiada. Dios se agrada en su Hijo querido. Cuando nosotros recibimos la enseñanza del Señor y creemos en su palabra, nos convertimos en hijos en el Hijo. Y entramos en Él y con Él a formar parte de su beneplácito. Dios estará contento de nosotros en la medida de nuestra fidelidad a Jesucristo y a la Iglesia, viviendo nuestras misiones tan evangélicas y actuales.

¿Se siente privilegiado al haber sido escogido como instrumento para fundar esta Obra?
Si el Señor hubiera encontrado uno más inhábil lo hubiera elegido. Me eligió porque quiso. Podría haber elegido a otro con más dotes que yo. Los hay a miles, decenas de miles,… ¡Qué sé yo! En mí produce responsabilidad, agradecimiento y confianza.

¿Qué reflexiones ha suscitado el desarrollo que van teniendo otras obras en la Iglesia?
No les tengo envidia. Me viene preocupación: ¿Se habrá expandido menos el Hogar por mi culpa, por mis miedos, vacilaciones, imprudencias,…? ¿Habría debido responder mejor a las exigencias de una vocación singular? Luego me aplaco hablando con el Señor. Le pido perdón de lo que no haya hecho bien, perdono a los que han vacilado o nos han puesto obstáculos en el camino, hago un firme propósito de seguir, y ¡adelante! Hasta que Él quiera.

¿Qué piensa que Dios espera del Hogar?
Creo que es una pequeña planta en la Iglesia que irá creciendo y podrá dar refugio hasta los pájaros del cielo. Va a crecer. Pero no sé por dónde ni de qué manera. Nosotros debemos seguir los tiempos y ritmos que el Señor nos marque. Estar atentos. Y no querer dirigir el Hogar con criterios de empresa. Nuestros criterios deben ser espirituales. Hay que asentarse bien para poder ser capaces de soportar lo siguiente.

¿Actualmente dónde está más fuertemente insertado el Hogar?
Es difícil responder a esta pregunta. Todavía somos una humildísima planta de la Iglesia. Y ojalá continúe siendo así aunque crezca mucho. No hace bien ser triunfalistas vacuos que miden por la externidad las obras del Espíritu. Siempre el número es confuso y ambiguo. Indica poco. Importa el espíritu. Y ¿quién puede decidir sobre la fortaleza de los asentamientos?

¿Cuáles son sus mayores alegrías en estos veinticinco años? ¿y sus mayores desencantos o tristezas?
Una gran alegría es sentarme a la mesa con mis hijos y hablar de las maravillas del Señor. Celebrar con ellos la Eucaristía. Pero una gran tristeza es no ver a todos los que fueron llamados. Es un sufrimiento espiritual propio de los padres. Sólo ellos me entenderán.

¿Por qué es una vocación ser del Hogar?
Vocación es llamada. Y la llamada es don. Es la providencia de Dios quien nos escoge. Él sabe a quién escoge y para qué. Hay muchas vocaciones en la Iglesia, aunque todos tenemos una: la de bautizados. Pero el bautismo, que es vida, se desarrolla en una multiplicidad de formas todas complementarias orgánicamente para un fin excelso: la glorificación de Dios. Él es el que nos da esta vocación. Los caminos son diversos y múltiples. No hay dos vocaciones iguales.
La Iglesia es quien tiene el poder para reconocer los dones que el Espíritu le da. Y a esta función nos sometemos gustosos.

¿Es exigente el Hogar de la Madre?
El Hogar de la Madre es un modo de ser Iglesia. No el único, el exclusivo ni el mejor, ¿quién lo puede saber? El mejor para mí es el que Dios quiere. Y si éste es el Hogar, pues ese debe ser el mío.
Pienso que la pregunta es otra: ¿Es exigente la Iglesia? Y la respuesta es: “Sí y no”. Lo que exige la Iglesia es para que salga lo mejor de nosotros, nuestro verdadero ser, como Dios lo quiere, en toda su grandeza, dignidad y perfección. Esto tiene un precio. Y hay que pagarlo. Porque el que quiere el fin quiere los medios. Y para ser alabanza de la gloria del Padre hay que estar disponibles, dóciles, responsables y fieles. Si a eso le llamamos exigencia,… pues sí: es exigente.

¿Qué pide usted a cada miembro del Hogar de la Madre?
La fidelidad a la llamada. Eso es amor.

¿Dónde radica la fuerza para la fidelidad como miembro del Hogar?
En la Oración, en la Eucaristía, en la conciencia y vivencia de la filiación en relación a Nuestra Madre, en el cumplimiento del deber diario...

¿Qué es lo que más daño ha hecho o puede hacer al Hogar?

La murmuración, la tibieza, la dureza de corazón y la infidelidad.

¿Qué piensa que queda por desarrollarse en el Hogar?

Todavía estamos en momentos fundacionales. Hay mucho por hacer. Un gran Papa decía: “Es todo un mundo el que hay que renovar desde sus cimientos transformándolo de salvaje en humano, de humano en divino, según el Corazón de Dios”. De modo que estamos apenas empezando. Hay que progresar en el amor.

¿Cómo es el Hogar de la Madre que usted sueña?
Un Hogar que no oiga otra voz que la del Señor, Nuestra Madre y la Iglesia, para formar una comunión verdaderamente fraterna. Y de ahí que pase a cualquier estructura social.

¿Qué significan para el Hogar los santos?
Nosotros creemos en la “Comu-nión de los santos”. Tenemos nuestros modelos: los que la Iglesia nos ha dado. Algunos de entre ellos tienen una relación con nosotros muy estrecha. Ellos han vivido las mismas aspiraciones y esperanzas que ahora tenemos nosotros. Están en el Cielo. Han triunfado. Nos aman y nos protegen. Aún somos una familia joven en la Iglesia. Pero como Iglesia somos muy maduros. Tenemos 2000 años de existencia. Como realidad nacida a fines del s. XX somos unos bebés. Deseamos tener modelos de nuestra pequeña familia. Y creo que llegará. Pero ahora y después y siempre tendremos modelos de la Iglesia.

¿Qué aporta el Hogar a la Iglesia? ¿y la Iglesia al Hogar?
De la Iglesia lo recibimos todo. Nosotros, viviendo como Hogar en la Iglesia, completamos lo que falta a la redención de Cristo, es decir, su aplicación concreta en el modo y la medida que Dios quiere. La Iglesia nos vivifica y nosotros respondiendo a nuestra llamada la construímos.

¿Cree que el Hogar ha ayudado y ayuda a amar más a la Iglesia?
Indudablemente que sí. El P. Félix ha testificado cómo el Hogar le ha ayudado a amar a la Iglesia. Él vivía apartado cuando nos conoció con diez y seis años. Hoy es sacerdote y Superior de los Siervos del Hogar de la Madre. Y tengo en mente otros muchos casos.

¿Cómo describiría la relación de la Virgen María con el Hogar?
Maternal, tierna y dulce. Fuerte, total e inquebrantable.

¿Qué perspectivas ve para el Hogar de la Madre en un futuro?
Esta misma pregunta se la hice a la hermana Isabel, Sierva del Hogar. Me respondió: “¡Gloria!”. Y así lo veo yo, porque a los que aman a Dios todo se les convierte en bien. Y pase lo que pase, suceda lo que sucediere, el que ama da gloria a Dios. Y la gloria de Dios es el hombre vivo. Y el hombre recibe la gloria de Dios a quien sirve. Es una doctrina muy sencilla pero muy luminosa cuando se vive.

¿Un momento clave del Hogar?

Hay muchos momentos claves. Aparte del hecho de la fundación del Hogar de la Madre de la Juventud, rama femenina y rama masculina, en tiempos diversos, citaré dos de entre muchos, que tienen una inmensa importancia: Los votos de las tres primeras hermanas Ana Campo, Reme-dios Rodríguez y Conchi García del Pino, en Nazaret. Y el segundo, la ordenación sacerdotal del P. Félix López, de manos de Don José Guerra Campos, obispo de Cuenca.

¿Qué le dejaría al Hogar como testamento?
Considerad cuánto os ha amado Jesucristo y responded a su Amor.

©Revista HM º136 Mayo/Junio 2007

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