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Entrevistas

Hablamos con Mons. Athanasius Schneider

Obispo de Karaganda (Kazajstan)

Mons. Athanasius Schneider, es Obispo Auxiliar de Karaganda (Kazajstán) desde hace apenas un año. Originario de Kirguistán (Asia Central), de padres alemanes deportados como prisioneros y obligados a trabajos forzados en los montes Urales durante los años 50.
Nos describe en esta entrevista la situación local y los desafíos de su diócesis.

¿Cuándo y cómo sintió su vocación sacerdotal y religiosa?
La vocación, como decía el gran Papa Juan Pablo II, es un misterio y un don al mismo tiempo. A veces no se consigue explicar el hecho de la vocación con la lógica humana. Es un misterio cómo Dios toca el alma.

Recuerdo que cuando tenía diez años yo iba con mis padres y hermanos a Misa. Vivíamos en Estonia, en la entonces Unión Soviética, y teníamos que andar 100 Km. para acudir a la Santa Misa. Contábamos con un sacerdote ejemplar que había sufrido mucho también en la persecución. Y recuerdo que este sacerdote me impresionaba mucho cuando yo todavía era un niño, sobre todo, por su apariencia sacerdotal, santa, apostólica. Yo no pensaba lo más mínimo en la vocación sacerdotal. En una ocasión, pregunté a mi madre, aún recuerdo el lugar donde lo hice, qué había que hacer para ser sacerdote. En realidad hice esa pregunta por mera curiosidad, como hacen los niños, no porque estuviera pensando en ese momento en ser sacerdote. Y mi madre me dio una respuesta que se me quedó grabada. Me dijo: “Para ser sacerdote es necesario que Dios te llame”. Yo, con diez años, no comprendía esta expresión y entonces no pregunté nada más. Pero más tarde, cuando tenía trece años, comencé a sentir esta llamada de Dios en el alma.

En una vocación es importante considerar a tantas personas que quizá no conocemos y que están en la raíz de nuestra vocación, a las cuales tal vez conoceremos sólo en el cielo y que sin embargo, han contribuido de una u otra manera en nuestra llamada. Para mí una de estas personas fue un sacerdote santo, mártir, que murió en Karaganda en el año 63, Mons. Alexander Chira, beatificado por el Santo Padre en el año 2001. Este sacerdote conocía muy bien a mis padres y los visitaba cuando podía durante la persecución. Incluso en una ocasión, mi madre lo salvó escondiéndolo. Y él estaba tan agradecido a mi madre que prometió rezar en toda las Misas por mi familia. En una ocasión que nos visitó clandestinamente, celebró la Misa en nuestra casa en Kirghistán. Yo era entonces un niño pequeño que estaba todavía en la cuna y él me bendijo. Tengo la convicción de que este sacerdote tuvo relación con mi vocación.

¿Qué trabajos apostólicos ha realizado después de su ordenación sacerdotal?
He trabajado en Brasil, primero en algunas comunidades parroquiales, era director espiritual de nuestra comunidad en Brasil (Orden de los Santos Ángeles). También trabajaba en el apostolado dando retiros espirituales. Más tarde me enviaron a Roma para estudiar teología, hacer la licenciatura y el doctorado en Patrología. Terminado todo esto fui elegido Consejero General de la Orden, cargo en el que permanecí durante prácticamente diez años. Durante esta permanencia en Roma conocí a un sacerdote que venía de Kazajstán y me invitó a ir al país, para ayudarles en la formación sacerdotal del seminario diocesano, el primer seminario católico en esa región. Con el permiso de los superiores fui allí y en el año 2001 los obispos de Kazajstán pidieron a nuestra Orden que me liberasen de mi trabajo en Roma para estar de forma estable en Kazajstán. De este modo fui allí. Era director espiritual del seminario, director de estudios, profesor y también párroco de algunas comunidades esparcidas en estos territorios. También fui Consejero de la diócesis y redactor de un revista mensual católica. Fui consagrado obispo el año pasado, en que el Santo Padre me nombro Obispo Auxiliar de Karaganda.

¿ Podría describirnos un poco la diócesis en la que está?
Kazajstán es un país del Asia Central que se encuentra entre Rusia y China. Es un puente entre Europa y Asia, un país exsoviético, excomunista. Durante 70 años ha vivido bajo la dictadura comunista, atea. La Iglesia era clandestina, pero estaba viva en las almas. El pueblo Kasago es de raza mongólica y de religión musulmana, pero hay gran parte de población de origen europeo, quizás una tercera parte, descendiente de polacos y alemanes, que fueron deportados. También hay descendientes de coreanos, chinos y algunos otros pueblos. Hoy en Kazajstán habitan más de cien pueblos distintos.
Desde el punto de vista religioso la mayoría son musulmanes sunitas. Pero son bastante tolerantes y moderados, tenemos una buena relación con nuestros hermanos musulmanes. Hay una fuerte presencia de la Iglesia ortodoxa Rusa. Los católicos constituimos el 2% de la población. La Iglesia Católica es una pequeña grey que surge de las catacumbas. Hace tan sólo 15 años había un único Obispo católico para todos los países del Asia Central. En 1997 estos países se separaron y recibieron a sus autoridades eclesiásticas. En el año 1999 Kazajstán fue dividido en cuatro circunscripciones eclesiásticas y hace cuatro años se convirtió en provincia eclesiástica con un metropolita en la capital. Tenemos un seminario mayor, el único para toda la región del Asia Central. El año pasado tuvimos las primeras ordenaciones nativas. Poco a poco vamos dando pequeños pasos. Nuestro método de evangelización es a través de los edificios sagrados y de la cultura ya que no podemos evangelizar directamente por respeto a los musulmanes que viven allí. Construimos Iglesias porque en 70 años no ha habido ninguna iglesia ni edificio sacro. Estos pueblos orientales tienen gran sensibilidad por lo sagrado, por la belleza y la cultura, de esta manera ofrecemos nuestra contribución como Iglesia Católica, construyendo bellas Iglesias, promoviendo los valores culturales del catolicismo y también por medio del trabajo de caridad y la asistencia social.

¿ Cuáles son los principales problemas de este momento en su diócesis?
Uno de los principales problemas es la falta de sacerdotes. Tenemos un territorio muy vasto pero con pocos sacerdotes. Además de la falta de medios, de tantos medios, que las Iglesias en Europa tienen sin problema. Somos una iglesia pobre en medios y en personas capaces de promover diversos apostolados. Esto lo considero un gran desafío.
Otro gran desafío, que siempre está presente, es la difusión del Evangelio en un país de mayoría musulmana. Aunque no tenemos grandes problemas con ellos, nuestra evangelización es más una evangelización de presencia, de testimonio.

Está costruyendo un Santuario a la Virgen ¿por qué ha comenzado esto y cómo es la respuesta de la gente?
Esta región de Karaganda era considerada antes como la capital de los Gulag, grandes campos de concentración de la dictadura soviética. Y alrededor de Karaganda había una gran red de campos de concentración. De este modo Karaganda era un símbolo de la represión. Por ello, pesamos en erigir una Iglesia digna, primero porque no tenemos todavía una Catedral; y segundo, con la intención de erigir un templo sagrado como signo de expiación por tantas iglesias profanadas y destruidas durante el tiempo soviético, como un signo de la presencia de la fe católica. Será un lugar de expiación por las víctimas de tantas naciones. Será una Iglesia de oración, de memoria y también de peregrinación. Queremos dedicarla a la Virgen de Fátima porque tiene relación con el comunismo en Rusia. Añadiendo la advocación de Madre de todos los pueblos, de todos los pueblos que han sufrido en estos territorios.
Ciertamente nos faltan los medios porque somos una Iglesia muy pobre y sería un bonito gesto si de otros lugares de Europa, más capaces, pudieran darnos alguna contribución para llegar a hacer realidad este santuario.

Y de cara al futuro ¿qué le gustaría hacer en la diócesis, qué más proyectos tiene en mente?
El proyecto más importante que tengo es que la fe crezca en las almas de tantos fieles, que la fe sea fuerte, que Cristo viva en las almas. Esta es la principal preocupación de todo Pastor de la Iglesia. También que haya más vocaciones, trabajar en la promoción vocacional, sobre todo con la oración. Y construir más iglesias todavía, porque, como ya he explicado, es nuestro medio de evangelización y además el gobierno está abierto a esta iniciativa.
Estos son, en definitiva, nuestras necesidades, nuestros proyectos y deseos: que Cristo sea cada vez más conocido, que viva en el mayor número de almas posible y que otras personas puedan conocer y amar a Cristo y a la Iglesia.

©Revista HM º137 Julio/Agosto 2007

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