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Entrevistas

Educación para la cuidadanía

Fernando López Luengos

Fernando López Luengos es profesor de Filosofía en un Instituto público de Toledo desde hace más de 15 años. Es padre de familia y tiene tres hijos. Forma parte de una asociación de profesores que defiende la educación, centrada, sobre todo, en el valor de la persona. Se están dedicando a dar charlas con el objeto de informar a los padres sobre la nueva asignatura Educación para la Ciudadanía.

¿Qué es la asignatura de Educación para la Ciudadanía?
Es una asignatura que la LOE ha incorporado dentro del sistema educativo. Está hecho con una intención política, una intención ideológica. Se ha introducido con la excusa de imitar lo que se está haciendo en Europa, pero en el fondo es un instrumento para empezar a transformar la conciencia de la población española. De hecho, en el principio del Decreto, se señala que la finalidad es la construcción de la conciencia moral del alumno. Se trata de desbancar una forma moral que ha habido en España y cambiarla por otra.

¿Qué contenidos tiene la asignatura?
Hay dos formas de entender la educación. Una es en la que el Estado piensa que los padres deben colaborar con ellos en la educación de los hijos. Y otra en la que pensamos que es el Estado el que debe colaborar con los padres porque son los primeros responsables. Dentro de los derechos constitucionales, yo tengo el derecho de decidir la educación moral de mi hijo, no el Estado. Y en el presupuesto inicial de esta asignatura, se explica con claridad que se trata de la construcción de la conciencia moral del alumno. En la asignatura de Ética había una frase parecida pero con una diferencia abismal ya que después se explicaba que no se puede adoctrinar, que debía ser una asignatura neutral ideológicamente. Pero en esta asignatura no se menciona nada de esto y a continuación se empiezan a introducir temas que tienen un profundo significado moral. Por ejemplo, la identidad personal. Al alumno se le debe explicar cuál es su identidad pero, ¿es el Estado el que tiene que decir a mi hijo quién es? Esto depende de la visión que el Estado tenga del hombre. ¿Ahí se puede meter el Estado? Pues en esta asignatura, sí.
Hay otro tema que es educación afectiva emocional, es decir, que se tienen que evaluar los sentimientos, las actitudes, los afectos del niño, no solamente los contenidos. Lo que hace pensar en un relativismo moral. Imponer un relativismo viene a decir que las cosas no son buenas o malas en sí sino dependiendo de lo que decide la mayoría. Esto es una aberración. Es una opción democrática, o sea, puede haber demócratas que consideren que el relativismo es la verdad. Pero hay demócratas que consideramos que el relativismo es una falsedad.
La asignatura plantea que el bien y el mal no existen. La asignatura no hace ni una sola mención a la verdad; ni una sola mención de la autoridad de los padres; ni una sola mención al bien; ni una sola mención de la naturaleza humana. Y lo único que comenta la asignatura es que hay un referente ético obligatorio para todos: el bien y el mal que lo deciden los derechos humanos. Los derechos humanos es una conquista buena, positiva, pero no son el referente del bien y del mal. Los derechos humanos se basan en el bien y el mal. Es lo contrario. Esto, claro, no se aprecia a primera vista pero cualquier profesor de Filosofía lo entiende claramente y descubre el trasfondo ideológico. Se trata de adoctrinar a los alumnos para que consideren que no existen ni el bien ni el mal. Por lo tanto, que no hay que buscarlo. Mi convencimiento es diferente. Y ciertamente yo no pretendo imponérselo a nadie. Yo en mis clases soy neutral ideológicamente, nunca les doy soluciones porque son menores. Lo que yo pido no es imponer mi visión, lo que pido y exijo es que no intenten imponer nada a mis hijos. Y eso es de lo que se trata, de no consentir una imposición moral.

¿Cómo se ha pronunciado la Iglesia?
La Iglesia en febrero escribió un documento. Ya antes de que salieran los Decretos se había pronunciado diciendo que la asignatura era una amenaza. Los borradores ya eran una amenaza. Cuando salieron los Decretos hubo una pronunciación muy clara de los obispos diciendo que esta asignatura no se podía tolerar ni en el fondo ni en la forma. Fueron todos los obispos por unanimidad, aunque los medios afines al gobierno dicen que no la hubo.
Más adelante fueron todavía más contundentes, porque ya se menciona explícitamente la objeción de conciencia como uno de los recursos para oponerse a la asignatura, aunque no el único. A nadie se le puede imponer la objeción de conciencia y a nadie se le puede impedir la objeción de conciencia. En ese sentido son muy claros y muy respetuosos. Porque los obispos no son los que van a objetar, pero sí tienen obligación moral de dar luz. Los que ya no son tan claros son algunas personas que, o tienen miedo, o, yo los entiendo, por ejemplo, directores de centros católicos, porque es una situación muy complicada, muy, muy complicada, porque se meten en follones. Pero claro, entre la estabilidad de su colegio y ser fieles al Evangelio pues hay todavía una escala de valores. Yo lo tengo claro, aunque eso es a costa de… en fin, lo de los primeros cristianos, ir a por todas.

¿Qué se puede hacer?
La gente debe leerse los Decretos, enterarse de qué va la asignatura, y luego actuar. Y la objeción de conciencia es una de las formas. Es la más contundente, la más problemática porque es una cuestión seria, no es como llegar al instituto y rellenar el impreso de matrícula como el que elige la religión o la alternativa, porque es optativa. No, porque esta asignatura es obligatoria. Si tú no quieres darla estás inclumpliendo la ley. Sencillamente te estás exponiendo a un suspenso.
La Constitución Española dice en el artículo 27.3 que los padres tienen derecho a educar a sus hijos en sus propias convicciones morales y religiosas. Evidentemente dentro del contexto constitucional y los valores de la Constitución. Son los padres los primeros responsables y junto a ese artículo está el artículo 16 donde se dice que los ciudadanos tienen derecho a sus propias convicciones, es decir, libertad ideológica y de conciencia…
Si esto es así, eso quiere decir que si una ley va contra tu conciencia, tú puedes plantear objeción de conciencia. Esta sólo está regulada con respecto al servicio militar. Cuando empezó la objeción de conciencia para el servicio militar eran cuatro objetores y acabaron en la cárcel. Luego fueron más, y no acabaron en la cárcel, acabaron en el juzgado; y luego fueron más y ya no les juzgaron, inventaron el “servicio social sustitutorio”; luego fueron más y quitaron la ley.
Nunca en la historia de Europa había habido un movimiento de objeción de conciencia tan fuerte como este. Ya hay unas 20 mil objeciones en España. En toda la historia del servicio militar se llegaron, creo, a 70 mil objeciones pero en más de diez años. En este caso, sólo en 4 ó 5 cinco meses hemos llegado a más de veinte mil, esto nunca había ocurrido en Europa.
El Tribunal Constitucional que sienta jurisprudencia, ha dicho exactamente en la Sentencia 53/1985 “que la objeción de conciencia se deriva directamente del artículo 16 de la Constitución Española, y por lo tanto es aplicable directamente aunque no esté regulado”.
Es una batalla que tiene que cruzar los tribunales. Queremos que se nos respete un derecho constitucional, ni más ni menos. Que dé la asignatura quien quiera no me parece mal, no voy a protestar. Pero que no obliguen a darla.

¿Cómo te ha afectado a ti la asignatura?
Es un tema muy duro y cruel. Duro porque es una asignatura que se mete claramente de forma ideológica y es cruel porque se lo hacen a tus hijos. A mis hijos todavía no les afecta porque son pequeños. Pero me duele que se quiten a los alumnos horas de Filosofía y de otras asignaturas, para implantar esta materia que, con excusas estúpidas, llevará a un adoctrinamiento. Como padre es algo que llevo muy mal. Me subleva pensar que la sociedad en la que van a vivir mis hijos va a estar regida por esos valores y forma de entender la vida. Yo respeto que otros la quieran, pero a mí me parece nefasta y es eso lo que me ha hecho decir: “¡hasta aquí hemos llegado!”. Hemos tenido que “tragar” muchas deficiencias del sistema educativo, pero cuando ya se meten en la intimidad de tu hogar uno dice: “¡hasta aquí hemos llegado!”.
No me importa en este sentido asumir responsabilidades y decir públicamente que hay cosas que no las voy a impartir como profesor. Me niego, me niego a colaborar con adoctrinamientos. Te juegas el puesto de trabajo. Es una cosa de la que no tengo mayor problema.

¿Estás haciendo algo?
En una ocasión un compañero me decía lo siguiente: “¡Ya está bien! Deberíamos un día plantarnos y decir que no lo hacemos”. Yo le miré y le dije: “¿Por qué no lo hacemos?”. Y me contestó: “Yo es que tengo hijos, y no puedo jugarme el puesto de trabajo”. A mí eso me llegó al alma y pensé: “No puede ser verdad que haya que tragar de todo por defender la estabilidad económica de tu familia, tiene que haber un límite”. Y esta idea siempre me ha quemado dentro. Cuando llegó esta asignatura dije: “ahora es el momento”. Y la actitud que yo he tomado es divulgar con todas mis fuerzas lo que es esta asignatura.
Un compañero de Filosofía y yo empezamos, hace ya casi un año, antes de que salieran los Decretos, a divulgar lo que era todavía un borrador. Dimos incluso una conferencia, llamamos a gente de Profesionales por la Ética y comenzamos a difundirlo. Cuando salió el Decreto hicimos un manifiesto de profesores que fue consensuado por un grupo de más de cien profesores con los que estamos en contacto. Creamos una asociación de profesores, no con motivo de la asignatura sino para colaborar entre nosotros, compartir ideas, materiales, entusiasmos... Al aparecer esta asignatura, evidentemente había que hablar. A partir de ese momento comenzamos una campaña en los medios de comunicación y dando charlas por toda la provincia. Como consecuencia, nuestra provincia es la que cuenta con más objeciones de conciencia. Donde hay charlas hay objeciones. En las charlas lo único que se hace es explicar lo que es la asignatura, los Decretos, y la gente está respondiendo muy bien.

¿Es duro luchar en este sentido?
La mayor carga la está llevando mi mujer porque tenemos tres niños pequeños y continuamente nos llaman de muchos lugares para que vayamos a hablar, los medios de comunicación, kilómetros para arriba y para abajo... Evidentemente nuestra asociación ni siquiera tiene presupuesto, el presupuesto de la asociación es mi nómina y la de mis compañeros, no tenemos ningún tipo de ayuda... Es decir, complicaciones hay. No es agradable ver a la gente que te critica, incluso gente de iglesia. Es una asignatura hecha contra una moral, lo han dicho ellos explícitamente en su manifiesto, no tiene vuelta de hoja, entonces lo que es escandaloso es que muhos cristianos no reaccionen ante eso. Eso es duro. La gente que habla a favor de la asignatura, una de dos: o no la conocen o son cínicos.
Me duele que la gente que tiene que ir contigo no se embarque o incluso ponga trabas. También es duro que manipulen palabras, por ejemplo, cuando dicen que los obispos no están todos de acuerdo. Cuando en realidad han firmado por unanimidad el documento que sacaron. Donde hay diferencias es a la hora de plantear la forma de la lucha, algunos son mucho más explicitos y otros no.

¿Hay esperanza?
El corazón del hombre es capaz de buscar lo mejor, porque la conciencia sigue siendo libre. Porque basta que haya imposición para que uno grite: libertad. Cuando uno está convencido de que por encima de todo está el bien y el amor a sus hijos, no le importa llegar hasta el final. Por lo tanto, esto es un signo de esperanza. Pero esta no es posible sin sufrimiento. La gente está equivocada cuando piensa que las cosas se solucionan desde arriba. Es una cuestión nuestra. La esperanza surge de que uno asume el reto del sufrimiento, para conseguir el bien. Y eso es lo importante. Y por eso la esperanza es valiosa. Estamos cansados, llevamos mucho tiempo trabajando a nivel nacional, gente que hace unos viajes tremendos para dar charlas, pero me llegó un correo que decía: “Estoy agotado pero estoy entusiasmado”. Y esto llena. O sea, estamos bastante cansados por la “tralla” que llevamos, pero es entusiasmante. Luego, hay esperanza. Este es el momento de la esperanza.

©Revista HM º139 Noviembre/Diciembre 2007

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