Menu

Entrevistas

Entrevista a Sor Gertrudis Potton

Misionera de la Caridad

Sor Gertrudis Potton Gomes nació en Bengala, India, el 8 de marzo de 1929. Fue la segunda hermana que se unió a la Madre Teresa de Calcuta para servir a Jesús en los pobres más pobres. Así, el 26 de abril de 1949, con veinte años, se convirtió en la tercera Misionera de la Caridad. La entrevistamos en una de las casas que las Misioneras tienen en Roma, Casa Alegría, para la acogida y atención de madres solteras.

¿Cómo conoció a la Madre Teresa de Calcuta?
En enero de 1946 yo llegué a la escuela en la que era profesora de Geografía la Madre Teresa.

¿ Su familia era católica?
Sí, toda mi familia era católica porque descendemos de portugueses.

¿Cómo era su vida en el colegio?
Yo estaba muy contenta de que la Madre Teresa fuera mi maestra. En ella encontré muy pronto una persona que espiritualmente me guiaba y me hacía avanzar en mi vida espiritual. Ella me enseñó el valor del sacrificio para salvar almas. Cuando mi padre o mi hermano venían a verme cada mes al colegio, la Madre hablaba siempre con ellos. Ella no era sólo una maestra, sabía bien que para poder ayudarnos debía conocer a nuestras familias.

¿ Cómo fue madurando su vocación?
Desde los trece años yo empecé a tener un gran deseo de consagrarme a Dios como hermana de Loreto. La Madre, en un retiro que hicimos en Octubre del 46, me preguntó sobre el tema. Mi familia, y yo también, estábamos en contra de la dominación británica. No queríamos ni siquiera vestir al modo europeo. La Madre me dijo: “Cuando te hagas hermana de nuestra orden te vas a convertir en una extranjera”. Era cierto, si me hacía hermana, tendría que vestir con hábitos europeos. Me siguió diciendo: “Si te haces hermana vas a ser más rica que la gente pobre. ¿Cómo vas a hablarles después de Jesús? Ellos irán a ti para pedirte una limosna porque pensarán que tú eres rica, que te pueden pedir cualquier cosa”. A mí esto me hizo pensar mucho.
Más tarde, en el año 48, en plena guerra civil, la Madre me pidió ir con ella para ayudarla, me lo pidió de parte del Señor. En las calles vi muertos, moribundos destrozados, masacrados, niños... A veces la Madre me preguntaba si yo estaba dispuesta a dejarlo todo por el Señor. A mí no me interesaban ya los estudios, no quería diplomas, sólo quería ser religiosa. Éramos diez chicas las que estábamos siempre junto a la Madre y rezábamos por sus intenciones, aunque todavía no las conocíamos. Al acabar las clases volví a mi casa.

¿ Cómo sintió la Madre Teresa la llamada de Dios a dejar su Orden y servir a los pobres?
Fue una llamada dentro de una llamada. El Señor le dijo como a Abraham: “Ve”. Sintió que el Señor la decía: “Tienes que hacerlo. Yo estaré contigo hasta el final. Deseo religiosas indias. ¿Te negarás?” Y la Virgen María se lo pedía también, se lo suplicaba por amor a Cristo, por amor de su Hijo. Jesús le dijo que debía hacer esta obra y la Virgen María le explicaba cómo hacer esta fundación. A la Madre le daba miedo, por eso respondió como Moisés: “Pero yo soy sólo un hombre”. Siempre he pensado que ella tenía una fe como la de Abrahan y el fuego de Moisés. La unión que tenía con Cristo se manifestó como un fuego. Todo lo dejaba en manos de Dios.

Cuando la Madre Teresa dejó la orden de las hermanas de Loreto, ¿usted qué hizo?
Lo primero que hizo fue ponerse el sari y marchar a Pakna, al hospital de las Misioneras Médicas Americanas, para aprender enfermería.De pronto llegaron a mi casa noticias de mi único hermano. Lo habían matado, pero no pudimos recuperar su cuerpo. Mi familia tenía una buena posición social, supusimos que lo habían matado por eso. Yo hice saber a la Madre las noticias de mi casa. Ella no me podía escribir, pero lo hizo sor Agnese, la primera que siguió a la Madre como Misionera de la Caridad. Me decía que la Madre conocía todo lo que había pasado, que estaba triste, que rezaba, y que me esperaba. Después de la fiesta de San José hablé con el Padre Van Exem, confesor de la Madre. Él me dijo: “La Madre tiene ya una casa. Tú puedes ir ahora”. Yo quería ser hermana pero, ¿cómo dejar a mi familia así? Estuve pensado mucho, después hablé con mis padres. Ellos me dijeron: ”Dios se ha llevado a nuestro hijo, nuestro único hijo, ahora ¿quiere llevarte también a ti?” Después de la Pascua, el 26 de abril del 1949, me fui de casa.

¿ Cúal fue su impresión al volver a ver a la Madre?
Cuando vi a la Madre Teresa por primera vez con el sari, no la reconocía. Pensé que debió ser algo así como cuando la Virgen vio a Jesús Niño en Belén. Ella pensaría que cómo podía ser que ese niño suyo fuese Dios, Hijo de Dios. Yo vi a la Madre, una extranjera, una europea, una hermana de Loreto, que trabajaba con gente de buena posición social, gente elegante, aquella hermana que yo conocía como maestra en la escuela, una persona tan grande para nosotras, estaba ahí vestida con el sari, como los pobres más pobres, sin zapatos siquiera, sin nada.

Cuando llegué, la Madre me dió una gran bendición, me llevó a la capilla, por entonces no teníamos Santísimo Sacramento pero había una pequeña pintura de la Virgen Inmaculada, y dijo: “Hoy la Virgen me ha enviado un gran don”. Yo no sabía que ese día se celebraba la Virgen del Buen Consejo. Por la tarde me entregó mi sari blanco, me dió un crucifijo, puso un rosario en mis manos, y volvimos a la capilla para consagrarme a la Virgen. Cambió mi nombre de Magdalena por el de Gertrudis.

¿ Cuándo comenzó su labor con los pobres?
Al día siguiente, el 27 de abril. Fui con la Madre por primera vez a las chabolas de los pobres. No os podéis hacer idea de lo que era eso. Todo lleno de agua podrida, charcos de agua sucia, todo lleno de suciedad, de niños... Nunca había visto algo así. Sentía vergüenza y miedo. La Madre me tomó de la mano y me dijo: “Estos niños deben ser para ti como el Niño Jesús. Tu debes cuidarlos como la Virgen María cuidaba de Jesús”. Era una nueva educación para mí: aprender a reconocer en esos niños pobres a Jesús Niño y servirlos como la Virgen María lo hizo con Jesús. Pocos días después me llevó con ella a hacer las curas de los leprosos. Y me decía: “Si mañana no estoy yo, ya puedes hacerlo tú”. Había un hedor terrible. Limpiábamos sus heridas que estaban llenas de gusanos.

¿ Cómo continuó la vida de las Misioneras de la Caridad?
La Madre nos empezó a enseñar a rezar en inglés. En el mes de Mayo llegó otra hermana. En Septiembre otra. Otras dos vinieron algo después pero se fueron enseguida. Las cuatro hermanas que éramos, más la Madre, íbamos todos los días a la iglesia para poder rezar por que no teníamos el Santísimo Sacramento en casa. Por la mañana íbamos a la Santa Misa, por la tarde volvíamos para visitar a Jesús en el Santísimo Sacramento. Íbamos por las calles siempre rezando el rosario.

¿ Cuándo recibieron el reconocimiento de la Iglesia?
En el año 1950. Entramos de postulantes y al año siguiente de novicias. En el 1953 hicimos los votos. Primero los hizo la Madre, después nosotras, postradas por tierra. Éramos ya diez hermanas. Así comenzó mi vida con Jesús, siguiendo a la Madre Teresa, para conocer y servir a Jesús en los pobres y en la Eucaristía. Después la Madre quiso que yo estudiara medicina, porque no había médicos que quisieran ayudar a los pobres. Por amor de Jesús, por amor de Jesús pobre, tuve que hacerlo. En la India continuaba la Guerra Civil, la Madre me llevaba siempre con ella para ayudarla. Y con ella he ido a muchos lugares en guerra: a Beirut, a Irak, a Pakistán... Y en todos esos lugares curábamos a los pobres.

¿ Cuáles eran las virtudes más sobresalientes de la Madre Teresa?
Ella tenía una confianza y una fe muy grandes. Era muy fuerte y muy positiva. Nunca decía nada que fuera negativo. Veía a la gente criticar, incluso criticarla a ella, pero ella siempre decía: “Tú haz el bien, haz siempre el bien, habla bien de todos, bendice a todos, aunque te hagan mal”. Y así lo hacía ella siempre, aunque le hicieran mal, siempre bendecía.

Un día iba yo con ella pidiendo limosna, mendigando. Era Navidad. Un señor al que fuimos a pedir empezó a insultar a la Madre con palabras muy fuertes. Yo estaba fuera esperándola. La Madre por toda respuesta le dijo : “Que el Señor le bendiga”. Y salió donde yo estaba. Pero este hombre, al quedarse sólo, debió empezar a pensar en lo que había hecho y llamó a la Madre para darle algo de dinero. La Madre le dio las gracias y le volvió a decir: “Que el Señor le bendiga”. El hombre estaba confuso, no sabía que decir, pero la Madre le tranquilizó diciendo: “ No se preocupe, lo primero fue para mi, -lo primero eran las palabrotas y la humillación- ahora, este dinero es para mis pobres. Muchas gracias. Que el Señor le bendiga”.

La actitud continua de la Madre era la humildad, y la visión de fe. Aunque no se sintiera capaz a veces de hacer algo, ella decía: “Dios lo manda y su providencia no falta nunca”. A veces nos encontrábamos con que no teníamos nada para comer, pero ella no se inquietaba, lo abandonaba a la Providencia. Un día tuve que avisarla: “Madre, no tenemos nada de comida en casa, ¿qué hacemos?” Me respondió: “Toca la campana y vamos a rezar”. Era ya mediodía. Al terminar de rezar, alguien llamó a la puerta. Salí yo a abrir. Era una mujer que nos traía arroz. A todo correr pusimos el agua a calentar y enseguida estaba lista nuestra comida.

Cuando llegamos aquí a Roma, no teníamos nada de dinero, ni para pagar la casa. La Madre decía: “Vamos a rezar”, y siempre llegaba en el último momento lo que necesitábamos. Nunca nos ha faltado la Divina Providencia. La Madre sabía que quien busca el Reino de Dios todas las demás cosas le vienen dadas.

Era sencilla, muy sencilla. Su oración era también así, sencilla. Sencilla y eucarística. Siempre nos decía que no debíamos ir a la cama sin pedir perdón a quien habíamos ofendido.

¿ Madre Teresa tenía miedo al contagio de los leprosos y de los demás enfermos a los que atendía?
No, no, nunca, nunca. La Madre confiaba en la palabra de Jesús que dijo: “Lo que hicistéis con uno de estos pequeños a Mí me lo hicistéis”. Ella, en los leprosos, veía a Jesús y se decía: “Si yo toco a los leprosos para curarlos, y Jesús está en los leprosos, ¿qué va a hacer Jesús? No me va a dar a mí su lepra. Todo lo contrario, si lo que yo estoy haciendo es curarle, Jesús también me curará a mí”.

La tela de nuestros saris está hecha por leprosos. La Madre buscaba la rehabilitación social de estas personas, y que recuperaran su dignidad, y para eso les procuró este trabajo. Consiguió los locales y las máquinas necesarias. Los leprosos hacían la tela y después ella se la compraba.

¿ Qué decía la Madre de la caridad hacia los demás y en la comunidad?
Nos decía que la caridad no era una teoría sino que había que hacerla vida, traducirla en obras porque no se debe hablar de caridad sino practicarla. Decía que la caridad debía ser la misma con los de fuera y con los de dentro, pero que debíamos practicarla primero con los de casa. En la tumba de Madre están escritas las palabras del Señor: “Amaos como Yo os he amado”.

¿ Es importante la vida de oración para una Misionera de la Caridad?
En los años 70 empezamos a tener la adoración eucarística. Hubo unos años en que muchas hermanas dejaban nuestra Congregación porque teníamos tanto trabajo con los pobres que olvidábamos para Quién trabajábamos, perdíamos la visión de fe. La Madre decidió tener todos los días una hora para estar con Jesús en la Eucaristía, y así poder reconocerlo después en los demás, para fortalecer nuestra fe, que después debíamos practicar en la comunidad y en los pobres. Es ir a Cristo y suplicarle la fe, después venir a la comunidad y “cocinar” de lo que hemos recibido para los demás. Es como un fuego interno para contagiar a los demás. Hacer como San Agustín ha dicho, pedir al Señor: “Dame lo que me pides y pídeme después lo que quieras”.

¿ Cómo era la formación que les daba la Madre? ¿Cómo era ella como formadora?
Su formación era práctica. Era muy sencilla y muy fuerte. Fuerte en la fe. Nos decía que viéramos a Cristo en todos los que teníamos a nuestro lado. En el leproso, en el niño sucio, en la persona enferma, en la hermana, en el sacerdote, en todas las personas. “Lo hacemos por Jesús”, decía, y también: “Todo viene de Jesús”. En todo encontraba a Jesús. La Madre me enseñó a descubrir en la comunidad las estaciones del Via Crucis. Ver en las hermanas a Jesús coronado de espinas, Jesús agotado... Ver cómo en la comunidad es Jesús quien carga con la Cruz, ver en la comunidad a Jesús para lavarle los pies.

Nos enseñaba a hacer la meditación y el examen de conciencia todos los días. Yo tengo un temperamento muy fuerte. Ella me decía que apuntara todas las veces que conseguía dominarlo y las veces que no lo conseguía. No era para enorgullecerme después de ello, sino para que pudiera ofrecerlo como sacrificio, por las almas. Las almas fueron compradas por Cristo, pero, como dice San Pablo, tenemos que completar lo que falta en nuestros cuerpos. Para mí no era fácil muchas veces. La Madre me animaba siempre, me animaba mucho. Era muy abierta. Aunque nos viera fallar muchas veces ella siempre nos animaba a seguir adelante. Yo le decía a veces que quería irme de contemplativa pero ella me decía: “Si quieres irte a otra parte, si quieres irte de contemplativa, dile a Jesús que me lo diga a mí, que me lo haga ver a mí, sino no te irás. Jesús te ha puesto en mis manos, ¿dónde vas? No puedo dejarte ir”.

Cuando comenzaron la obra, ¿se imaginaron alguna vez que llegaría a ser lo que es actualmente?
No, nunca. Nosotras viviamos día a día. No pensábamos en más adelante.

¿ Qué relacción tenía la Madre Teresa con el Papa, Juan Pablo II?
Juan Pablo II es un hombre del Este, como la Madre. Albaneses y polacos son personas muy expresivas, con un gran corazón. La Madre nos decía que al principio le daba vergüenza el cariño con el que la trataba Juan Pablo II, porque el Papa la tomaba la cabeza entre las manos para besársela. Después ya sencillamente aceptaba todos los gestos de cariño que el Santo Padre tenía con ella.

¿ Qué decía la Madre de los que la han criticado tan duramente?
Ella decía que se debe aceptar siempre todo. Ante las críticas, ella decía que se debe aceptar todo con la misma mano. Una mano te da todo, otra mano te da una bofetada. Y ella lo aceptaba todo. Decía que se debía aceptar todo lo que digan y seguir siendo lo que tú eres.

Por ejemplo, nosotras lo hacemos todo a los pobres gratis, en cambio otras religiosas trabajan por los pobres, pero recibiendo algo. Algunas religiosas decían que nuestra manera de actuar les había perjudicado un poco en su trabajo. Quien pueda pagar, que vaya a otras religiosas o a otros sitios. Nosotras trabajamos para los que no pueden pagar nada. Pero esto ha provocado críticas entre los que pensaban que estábamos maleducando a los pobres. Le decían a la Madre que el pobre debía aprender a trabajar. La madre les respondía: “Cuando uno se está muriendo de hambre yo le doy algo de pescado para comer, pero vosotros podéis enseñarle a pescar”. Tuvo un encuentro con un grupo de personas, especialmente religiosos, y después de que ellos le hicieran muchas críticas ella dijo: “Bueno, nosotras maleducamos y estropeamos a los pobres, eso decís vosotros, pero si Dios nos va a pedir cuenta de esto resulta que Él nos maleduca más a nosotros todavía, porque el aire que respiramos, la luz que recibimos cada día... todo nos lo da y no nos pasa el recibo”. Todos comenzaron a reír. Salidas como esta sólo pueden tenerlas los santos.

Y sobre la cuestión de quién la sucedería al frente de las Misioneras de la Caridad, ¿qué decía?
Se lo preguntaban muchas veces, la preguntaban también qué sucedería cuendo ella muriese, y ella respondía: “Dejadme primero morir”.

¿ Cuántas son actualmente?
Cerca de cuatro mil, contando a novicias y postulantes, que son muchas, especialmente de Africa, India, Filipinas..., aunque también de otros muchos lugares. Hoy en los países desarrollados las familias sólo quieren tener un hijo. Es una dificultad para tener vocaciones en esos países.

¿ Qué es lo más importante para la fidelidad en la vida religiosa?
La Madre decía siempre que debíamos estar enamoradas de Cristo. Por amor, los hombres hacen auténticas locuras. Por ejemplo, conozco a una chica alemana que se ha casado con un chico indio. Por amor, lo ha dejado todo. Y Jesús nos ha amado a nosotros. Amaba a su Padre y ha hecho todo lo que Él quería. Nosotros debemos aprender a enamorarnos totalmente de Cristo. Hay que caer en el amor de Cristo para poder ser fiel. Si uno ama, también vale para la familia, entonces es fiel.

Hoy el mundo sólo piensa en sí mismo. Busca sólo el bien propio. Jesús, en cambio, hizo la voluntad el Padre. Aun en medio del abandono de la Cruz. La Madre ha entendido bien el amor de Cristo. Ha entendido que debemos caer en el amor de Jesús. Sin esto no se puede hacer nada.

Es importante amar, incluso aunque uno no haya encontrado amor para sí. La Madre no sólo se preocupaba de dar a los pobres lo que necesitaban, sino de que se sintieran aceptados, amados. Se preocupaba por la persona.

¿ Cómo fue su muerte?
Yo estaba siempre con la Madre, como un guardia de tráfico junto a ella. A veces tenía que forzarla para que comiera, cuidaba de que no la molestaran para que pudiera descansar y le decía bromeando: “Eh, ahora me tienes que obedecer tú a mí”. El día antes de su muerte, el día cuatro de Septiembre de 1997, lo pasé entero junto a ella. Estaba bastante bien. El día cinco yo tenía que ir a la casa donde están las postulantes para hacerles los certificados médicos para la entrada al noviciado. Cuando volví, la Madre ya estaba muy mal. Yo le preguntaba dónde le dolía y ella me respondía como una niña. Rezaba, rezaba continuamente. Repetía muchas veces: “Jesús, Jesús, Jesús”, pero muy lentamente, porque no podía respirar. Yo rezaba con ella, le decía oraciones breves para que ella las repitiese: “Dios mío, yo amo, yo creo, pongo mi esperenza en Ti”. Las hermanas estaban en la capilla, yo no me separaba de ella. Su última palabra fue: “Jesús”. Levantó los ojos mirando hacia arriba y después dejó caer la cabeza lentamente. Alguno ha escrito que la enfermedad de la Madre Teresa era Jesús.

¿ Qué piensa cuando ve a la Madre Teresa a punto de ser beatificada?
Pues sencillamente, que ella ha llegado adonde tenía que llegar.

©Revista HM º115 - Nobiembre/Diciembre 2003

Hermana Clare

Hermana Clare

Aniversario votos perpetuos de la Hna. Clare

El 8 de septiembre de 2010 la Hna. Clare María de la Trinidad y del Corazón de María firmó su definitivo «cheque en blanco» a nombre de...

Buscar

Redes sociales

Elegir idioma

Las cookies facilitan la prestación de nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, usted acepta que utilizamos cookies.
De acuerdo