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Entrevistas

Entrevista a Don Yaroslav Rudyy

Don Yaroslav Rudyy nació en un pequeño pueblo ucraniano llamado Derebchyn, en la región de Vinnitsa. Tiene veintisiete años y fue ordenado sacerdote el 11 de diciembre de 2000. Actualmente estudia Teología Fundamental en la Universidad Lateranense de Roma.

¿Cómo era a nivel religioso Ucrania antes de la llegada del comunismo?
Ucrania no es ahora como era antes de llegar el partido comunista, incluso a nivel territorial no es la misma que antes de la Segunda Guerra Mundial. La situación religiosa estaba bien organizada, con muchas diócesis y un gran número de fieles y sacerdotes que trabajaban en aquel territorio. Antes de entrar en la Unión Soviética, el nivel religioso era muy alto y se buscaba desarrollarlo siempre más. Ahora la situación es totalmente diversa. La gente ha cambiado mucho a causa de las persecuciones.

¿Cuándo entró Ucrania a formar parte de la Unión Soviética?
Tras la Revolución del 1917 quince países entraron en la Unión Soviética. Ucrania fue de los primeros en entrar.

¿Cuál fue el método utilizado por el comunismo para hacer desaparecer la fe del pueblo ucraniano?
Es una pregunta difícil por lo extensa que podría ser la respuesta. Para el comunismo la religión era el “opio del pueblo” y por eso, desde este razonamiento materialista, buscaron la manera de destruir la Iglesia y todo lo que tenía que ver con el mundo de lo espiritual. Pero es difícil precisar el método que han usado porque han usado tantos... todo lo que se les ocurría para eliminar la Iglesia. El tiempo de las persecuciones ha sido largo, pero ellos tenían más proyectos incluso, para cuando ya no hubiera más cristianos en el país.

A nivel de educación de los niños, por ejemplo, ¿qué han hecho?
A los niños, en la escuela, se les enseñaba que Dios no existía. Pero no se conformaban con esto. Buscaron el modo de poder coger a los niños separándolos de los padres. En cuanto era posible, esto es, uno o dos años después del nacimiento del niño, los tomaban y los llevaban a centros del Estado. Los padres tenían que trabajar. Se hizo una gran campaña para presentar a la mujer como más fuerte, más comprometida a nivel laboral. Por esto, normalmente, trabajaban los dos, marido y mujer. Los niños debían estar en algún sitio y entonces era cuando el Estado intervenía para recogerlos en sus centros. Después, en el colegio, se continuaba inculcándoles la misma ideología.

¿ Cuál era la situación de los sacerdotes en esos momentos?
Los sacerdotes intentaron hacer todo lo que era posible, pero muchos fueron encarcelados, deportados... Muchos perdieron la vida. Con todo, los comunistas se dieron cuenta de que no podían destruirlo todo en un momento, en un día. Lo hicieron lo más rápidamente que pudieron pero aun así, por un tiempo, algunos sacerdotes pudieron seguir trabajando con la gente. Muchos de ellos fueron encarcelados una, dos y hasta más veces. Algunos volvían, para después ser encarcelados otra vez. Pero estos sacerdotes estaban con la gente y se esforzaban en enseñar la fe a pesar de lo difícil de la situación. Sucedía muchas veces, por ejemplo, que un sacerdote tenía permiso para celebrar la Eucaristía en un determinado lugar, pero no podía hacerlo en ningún otro sitio. A pesar de esto, ellos trataban de celebrar los sacramentos, el bautismo, el matrimonio, la Eucaristía, confesar a los enfermos... Intentaban hacer muchas cosas, incluso cosas imposibles. La gente no podía ir a la Iglesia con tranquilidad, no podía bautizar a sus hijos porque si lo hacía después tendrían problemas, por ejemplo, los padres podían perder el trabajo o tantas otras cosas. Pero al mismo tiempo, la gente hacía todo lo que podía para conservar la fe. Cuando hablo de este período de persecución no hablo solamente de sacerdotes católicos sino también de sacerdotes ortodoxos, porque también ellos han sufrido mucho.

¿ La situación continúa así?
No, desde que Ucrania fue liberada en el año 1991, la situación, gracias a Dios, ha cambiado.

¿ Cómo es la situación religiosa en Ucrania?
En Ucrania tenemos dos ritos católicos, el romano-católico y el greco-católico. Católicos de rito romano somos aproximadamente un 3%. Católicos de rito bizantino (greco-católicos) cerca de un 8%. En total casi un 12% de católicos en Ucrania. Los ortodoxos son mayoría, aunque no son una iglesia única. Hay tres Patriarcados ortodoxos en Ucrania, completamente independientes. Hay también bastantes protestantes y también hebreos y musulmanes. Es difícil encontrar una vía ecuménica en Ucrania.

¿ Cómo descubrió su vocación en medio de todas estas dificultades?
Durante mi juventud pude ser educado en la fe. Mi madre es católica de rito romano y mi padre ortodoxo. Diría que para mí fue una cosa muy bonita, aunque también difícil de explicar. Yo he crecido en la iglesia porque al final de ese tiempo de persecución y de comunismo, años 80-90, todo era ya más fácil. Ya no había persecuciones tan graves como al comienzo y hasta la mitad de este período. Fueron unos setenta años de comunismo. Llegó un momento en que se podían contar los sacerdotes que quedaban en Ucrania con los dedos de una mano.

Es difícil precisar cuándo he descubierto mi vocación, pero cuando me quedaba ya poco para terminar mis estudios comencé a rezar y a pensar para encontrar cuál era mi camino. Tenía que decidir qué iba a estudiar después. Me venía a veces el pensamiento de ser sacerdote. Pero después pasaba el tiempo y me decía que no iba a ser fácil para mí y me lo quitaba de la cabeza. Pensaba mucho y observaba a los sacerdotes que veía. Había ya muchos sacerdotes en aquel momento en Ucrania que venían para ayudarnos, sobre todo de Polonia. De repente sentí muy fuerte en mi corazón: “Debo hacer la prueba”. Fue algo muy especial, muy personal. Pensé: “Debo hacer la prueba e ir al seminario para estudiar. Si después este camino no es el mío puedo dejarlo y buscar otro”. Me decidí completamente, al menos debía probar. Después vería si llegaba a ser sacerdote o no. Todavía no dije nada a nadie.

¿ Cómo reaccionaron sus padres?
Tengo que darle muchas gracias a mis padres. Para toda vocación los padres son algo muy importante. En una ocasión, hablando con mis padres, ellos me dijeron: “Tú eres el que debe elegir y hacer eso que sientes”. Estaba también la posibilidad de ir a la Universidad. Les contesté: “Sí, está bien, pero aún debo pensar”. Dos meses después le dije a mis padres que quería ir al seminario. Yo tenía diecisiete años. Ellos lo aceptaron muy contentos, incluso mi padre que, como ya he dicho, es ortodoxo. Aunque, ciertamente, con algo de preocupación. Por ejemplo, recuerdo a mi madre hablarme de la gran responsabilidad que cada sacerdote tiene ante Dios, por tantas personas que le son confiadas.

Su familia, ¿ha sufrido también la persecución?
Sí, sí. Por ejemplo, mi bisabuelo estuvo en Siberia muchos años.

¿ Solamente por ser católico?
Bueno, ellos no decían directamente que era por ser creyente, sino que buscaban el modo de presentar que uno había hablado o hecho algo contra el Estado o una persona importante del partido, contra Stalin... Por ejemplo, mi bisabuelo fue acusado de haber dicho algo pero también de que vendía rosarios cerca de la iglesia. Él no había hecho esto nunca. Se sabía. Pero era así. Y tuvo que estar muchos años en Siberia. Él es uno de los pocos que volvió. Fueron deportados muchísimos, miles y miles de personas. De mi pueblo solamente volvieron él y otro. No puedo decir mucho de él, sólo que era un hombre verdaderamente creyente. A mí me da mucha alegría oír esto a mi abuela, que era su hija. Ella me contaba que él, en Siberia, en una situación tan difícil como la que estaba, rezaba mucho. No hace mucho que murió.

¿ Puede contar cómo ha defendido su fe el pueblo ucraniano en este tiempo de persecución?
La vida era muy difícil. Con esta palabra se puede resumir. Difícil. Muchas personas fueron deportadas, sin ninguna culpa, como mi bisabuelo. También muchos sacerdotes, con lo cual mucha gente quedaba sin pastores, sin posibilidad de confesarse y de asistir a Misa.

La gente trataba de ser fuerte. Estaba prohibido ir a la Iglesia pero estaba aún más prohibido llevar a los niños a la Iglesia. Si un niño iba a la Iglesia sabía que después tendría muchos problemas en la escuela, que no tendría buenas notas, sabía que al terminar la escuela no podría ir a la Universidad. Pero aunque el sacerdote no estuviera, la gente intentaba ir a la Iglesia. Esto me lo han contado personas ancianas que lo han vivido. Cogían los vestidos que el sacerdote usa para celebrar la Misa, los ponían sobre el altar y rezaban juntos por esos sacerdotes que antes estaban allí y ya no estaban, y rezaban también para que el Señor enviara nuevas vocaciones. Creo que seguramente también yo debo dar las gracias a estas personas por esta oración, por haber conservado la esperanza. Seguramente yo he encontrado mi vocación sacerdotal por esta oración.

Después, aunque era muy difícil, si la gente sabía que había un sacerdote, aunque fuera a trescientos o cuatrocientos kilómetros, iban a donde estaba el sacerdote. No podían ir muy frecuentemente, pero al menos para llevar a sus hijos a bautizar, para que el sacerdote bendijera su matrimonio...

Muchas personas, a pesar de las grandes dificultades, se esforzaron en no perder la fe combatiendo dentro de sus corazones. Aunque en la escuela todos los niños oían decir que Dios no existe, en casa muchos padres enseñaban a sus hijos que Dios existe, les enseñaban al menos una oración, todo a escondidas, nadie debía saber nada, pero al menos lo más fundamental lo enseñaban, Dios existe. Las personas más valientes se arriesgaban incluso a enseñar a otros.

¿ Puede contar ejemplos concretos?
¡ Se podrían contar tantas cosas! Recuerdo a mi obispo, se llamaba Mons. Jan Olszanski. Ahora está con Dios. Murió en febrero de 2003. Fue una persona con una fe verdaderamente grande y con un gran espíritu. Él nos contaba muchas cosas a los seminaristas. Yo entré en el seminario en el año 1993. Era ya tiempo de libertad. Una vez le oí contar una cosa que él había oído a otra persona que lo había vivido. Un sacerdote, como tantos otros, fue deportado a Siberia y conducido a un “gulag”, a una cárcel. Allí habían sido conducidos muchos otros sacerdotes, no sólo de Ucrania, también de otros países de todo el territorio de la Unión Soviética. Cuando llegó allí le dieron un sitio para acostarse en un gran barracón donde había ya muchas personas. Intentaba dormir pero no podía. Todo estaba muy silencioso. Una prisión es una prisión. De pronto comenzó a sentir la voz de una persona que rezaba cerca de él. Él se acercó. No se le podía reconocer como sacerdote porque todos vestían igual. El que rezaba era un hombre anciano y el sacerdote le preguntó: “¿Qué estás haciendo?”. El hombre le respondió: “Estoy rezando al Señor porque yo querría confesarme antes de morir”. Muchos de los prisioneros sabían que lo más seguro era que jamás saldrían vivos de allí. El sacerdote continuó preguntando: “¿Pero de verdad crees que podrás salir de aquí para confesarte, así tan fácilmente?”. El otro respondió: “Mira, yo no sé cómo será. Pero si yo no puedo salir de aquí, entonces Dios encontrará aquí para mí un sacerdote que me podrá ayudar”. Y efectivamente lo encontró. Escuchando una cosa así se siente la gran fuerza de la mano de Dios. Cuando un sacerdote era deportado, allí donde estuviera, intentaba hacer todo lo que podía por los demás. Conozco a un anciano sacerdote que estuvo en la prisión varias veces, por mucho tiempo, y pudo hacer mucho bien a aquellos que estaban encarcelados con él.

Otra cosa que puedo contar sobre cómo estaba el pueblo ucraniano, cómo vivía esta situación, es un episodio de la vida de mi obispo. Cuando era todavía sacerdote trabajaba en una pequeña ciudad. En aquel tiempo él había recibido permiso para estar en una pequeña capilla que había en el cementerio. Había momentos más fáciles, otros más difíciles. Un día llegaron algunos parroquianos para decirle que al día siguiente, temprano, por la mañana, iban a venir a por él y que si lo cogían no se sabía dónde lo llevarían después, si a Siberia, si a una cárcel, a otro lugar... quién sabe. Él no sabía qué debía hacer, solamente sabía que a la mañana siguiente vendrían a por él. Vinieron muchos parroquianos a la capilla. Él sabía que no podía dejar en la iglesita la Eucaristía. Decidió ir donde su obispo y hacer lo que él le dijese pero primero entró en la iglesia para consumir el Santísimo, y lo hizo con un dolor grandísimo. La gente lloraba porque no sabían si volvería o no, ni qué sucedería mañana. Pero no se podía hacer absolutamente nada. La gente vivía ya con mucho miedo y sabían que si se hacía cualquier cosa después tendrían problemas. Al día siguiente se lo llevaron pero al cabo de un tiempo pudo volver porque la gente actuó con mucho valor.

¿ Cuándo se pudo comenzar a reconstruir las iglesias?
Cuando yo era pequeño recuerdo que la gente comenzó a pedir permiso para construir iglesias. Habían sido destruidas muchísimas, algunas muy antiguas. Era muy difícil recibir el permiso pero lo consiguieron. En mi pueblo consiguieron el permiso en el año 1989. Fue un verdadero milagro. Pero se debía ir a un montón de sitios, recorrer muchas oficinas, en Moscú, Kiev... visitar aquí, ir allí, pedir, volver para atrás, volver de nuevo. Pero les movía una gran fe.

Podemos imaginar que todo esto lo ha hecho gente muy valiente y con mucha fe.

Sí pero al mismo tiempo otros muchos han perdido la fe. Hay tantos niños que fueron educados durante toda su juventud en que Dios no existe, y que tienen ya cincuenta o sesenta años y que ahora no pueden creer en Dios. Muchos sí, pero tantos otros no. Ahora mismo en Ucrania no hay muchos ateos... Muchas personas tras el fin del comunismo y de las persecuciones confiesan que siempre han creído pero que no podían decirlo. Muchas personas ahora intentan reencontrar la fe. Hay muchas vocaciones, tanto para el sacerdocio como para la vida religiosa. Pero es necesario aún un poco de tiempo y mucho trabajo para reconstruir todo lo que se ha destruido. Ahora la persecución ha terminado, pero no se sabe qué pasará mañana. Es necesario reevangelizar Ucrania, porque antes se conocía la fe y se conocía a Dios pero, después de este período, muchos saben que Dios existe, pero no saben nada más. Necesitan también la oración para ayudarles a crecer en la fe. Yo he visto a muchas personas que han mantenido la fe y la esperanza. No eran grandes personas sino sencillas y pequeñas, en su mayor parte mujeres que rezaban, y aunque era muy difícil su situación han superado esta prueba y han podido trasmitir la fe a sus hijos.

Mucha gente siente ahora “hambre de fe”, pero todavía tienen miedo. No miedo de ir a la iglesia, sino el miedo de hombres de cincuenta o sesenta años que tienen vergüenza de decir que no saben nada de Dios, que no saben rezar. Después de haber sido personas tan importantes, tan inteligentes, con puestos muy altos en la sociedad, ahora se dan cuenta de que no conocen cosas elementales. Pero hay muchos también que no tienen esta vergüenza y comprenden que ante Dios no importa nuestra inteligencia sino nuestra fe y nuestro corazón.

¿ Querría añadir algo más?
Que estoy muy contento de ser sacerdote y le doy gracias a Dios cada día por mi vocación.

©Revista HM º117 - Marzo/Abril 2004

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