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Entrevistas

P. Marco Antonio Guerra

ENTREVISTA

P M sonrisa

"El único proyecto que me propongo es cogerme a la Cruz de Cristo"

Sacerdote Operario del Reino de Cristo.

¿Cómo empieza su vocación sacerdotal?   
Nací en una familia de profunda raíces cristianas. Y esto para nosotros fue un aliciente. Cuando estaba en bachillerato, tenía un primo mayor que yo, era franciscano. De él me impresionaba su forma de vestir, de hablar, hasta de peinarse. Luego vinieron los seminaristas diocesanos a mi parroquia. Yo me unía a ellos y participaba de la oración, de los juegos de todas aquellas cosas. Me llamaba mucho la atención.

¿Cómo llegó a los Operarios
del Reino de Cristo?
Pues a través de un sacerdote diocesano, que fue para mí un ejemplo. Era el P. Conrado Fernández, que murió hace tres años en un acto de caridad supremo, dando la vida por los seminaristas. El P. Conrado era mayor, fue a una excursión de fin de curso con los seminaristas al mar,  y viendo que algunos se ahogaban, se lanzó para salvarlos, era un excelente nadador, y se ahogó él. Fue el P. Conrado quien me ayudó a discernir mi carisma y me envió con los Operarios del Reino de Cristo donde empecé mi etapa de formación.
Los tres primeros días fueron muy duros, de mucha lucha, pero ya llevo quince años.
Hice tres años de Filosofía, seguido de un año de espiritualidad, en el que nos retiramos a una de nuestras casas y nos dedicamos a la oración, al trabajo y a formar verdaderos lazos de unión fraternal de hermanos.
Luego estudié la Teología en Toledo, y fui ordenado diácono. Con la ordenación sentí la fuerza del Espíritu. Enseguida me marché a México y me destinaron como diácono a una parroquia donde está nuestra casa regional. En esa misma parroquia me ordenaron sacerdote. La ordenación sacerdotal fue algo inexplicable, era como si la Virgen dijera: “si supieras lo que es el don de Dios, llorarías de alegría”. Y lloré y lloré en la ordenación, ¡pero de alegría!

P M balcon¿Cuál fue su primer destino como sacerdote?

Me  destinaron a una parroquia, durante unos tres meses y medio y aquella experiencia no la podré olvidar. Es tu primera parroquia, vas con toda la ilusión del mundo, recién ordenado.
A los tres meses me destinan al sur de México junto con otro sacerdote, el P. Jerónimo Botello. Tuvimos experiencias inolvidables. Era una parroquia que tenía cien comunidades perdidas por la montaña. Teníamos un sólo coche; por la mañana lo utilizaba el P. Jerónimo para celebrar en las distintas comunidades y por la tarde lo utilizaba yo para ir a otras tantas comunidades.
Los fines de semana celebrábamos unas veinte misas y luego entre semana intentábamos durante el mes cubrir esas ochenta comunidades, que era imposible, la verdad.
Nos ayudaba un grupo de ochenta catequistas que recibían la instrucción cada mes y luego, ellos hacían la celebración de la palabra los domingos. ¡Pero hacían falta sacerdotes! Allí estuve unos diez meses.

¿Dónde le destinaron después?
Me enviaron a otra tierra de misión con más dificultad. Era una zona de conflicto, de narcotráfico. Un pueblo muy, muy pequeño, de gente muy fervorosa, muy entregada, con una gran contradicción en su vida: eran muy religiosos pero también se dedicaban a la droga. Las bandas se peleaban por recolectar la droga.
Viví allí experiencias duras, que han sido para mí una escuela como sacerdote. Nada más llegar, la primera semana, el párroco no estaba y llamaron por teléfono diciendo: “Padre, necesitamos que venga, pues hay un muerto en esta comunidad”. Yo dije: “bueno, pues yo ahora busco a una persona que me lleve, porque yo todavía no sé ir, y vamos”. Y efectivamente, llegamos allí, pregunto por el muerto y era una niña de unos 12 ó 13 años a la que habían degollado. El dolor era muy fuerte. Empecé a ver cómo la gente llevaba unos rifles tremendos y a mí aquello me hizo temblar, pero me callé la boca, dije, “no me voy a desplomar aquí ahora mismo” .Ver el dolor de los padres, sobre todo de la madre, el dolor de los familiares, pues aquello te duele.

P M sacerdotes¿Qué pasó después?
Una vez que pasó este acontecimiento, pues vas teniendo muchísimo cuidado, porque todo es al aire libre y vas al campo. Tenía que ir a una comunidad que estaba a dos horas en moto y otra a tres horas. Me tenía que quedar allí, y no sabía lo que me podía pasar.
Recuerdo que hablaba conmigo una doctora que estaba por allí y me dijo: “Padre, usted cuando le digan que hay un muerto en una comunidad no venga inmediatamente, espere una hora, o dos horas y entonces va a aquella comunidad. ¿Por qué? se lo explico. Yo lo he ido aprendiendo, porque es posible, que una vez que pase por algunas de estas comunidades, estén esperando a esa persona que fue a avisarle para matarlo y le puede tocar a usted. Entonces sea prudente; yo sé que tiene la mejor intención, pero ¡sea prudente!”.
Y vas aprendiendo cosas, porque la experiencia se va cogiendo a lo largo de los días, de la vida.
Había escenas tremendas. Una que me impactó muchísimo fue contemplar allí como en vivo la imagen de la Piedad. Es decir, la madre que tiene al hijo muerto en los brazos, porque lo han matado. Con frecuencia es un hijo bueno, al que han matado sólo por una venganza de terceros o de cuartos. ¿Tan poco vale la vida de los hombres? ¿Tan miserable es la vida de los hombres? Sí, cuando se tiene a Dios sólo en los labios pero no el corazón.  Si se lleva a Dios en el corazón entonces comprendemos y amamos al otro, que puede tener las mismas o diferentes capacidades que las mías pero que participa de una misma vida y de una misma naturaleza.
¡Qué difícil me resultaba predicarles sobre el valor y el respeto de la vida humana, del amor al prójimo! Porque además iban a misa los matones, ¡convivía con ellos cada día! Los conocía y ellos me conocían a mí. Pero el Señor y la Virgen María me han ido preservando.

 ¿Y después vino a España? 
Sí, vine a España, a Sabagil, una ciudad que está muy cerquita de Barcelona, donde llevo cuatro años. El primer año fui vicario de una parroquia del Sagrado Corazón de Sabagil.  Y después, al año siguiente, me nombraron párroco de una comunidad que está dedicada a S. Roque. Quizás sea en esta comunidad donde más he sufrido. Lo tengo todo, humanamente hablando, me queda muy cerquita todo, tengo más comodidades, no me falta de nada, hay mucha gente buenísima, pero es donde más calumnias, persecuciones, desprecios, de todo, he sufrido. Ha sido una escuela en la que el Señor me ha enseñado. Yo creo que el camino del sacerdocio, como la vida religiosa, y la vida laical, es una escuela continua y más, si quieres seguir a Jesucristo.

P M ninos¿Tiene usted algún proyecto?   
El único proyecto que me propongo y que os propongo es cogerme a la Cruz de Jesucristo. Solamente así, cogido a la Cruz de Jesucristo, podré dar un paso adelante y dos y tres y todos lo que sean necesarios. Cogido a la Cruz de Jesucristo no te caes, te mantienes firme, constante, aun cuando te quieran derribar, cuando te persigan, cuando te calumnien; No te caes porque estás unido y cogido a la Cruz de Jesucristo. Y claro, todo esto tiene que estar supervisado por la mirada maternal de la Virgen María.  
Nos hace falta el amor de una madre y todos, sacerdotes y no sacerdotes, clamamos por esa mirada de amor que nos envuelve, que nos protege. 
Recuerdo con frecuencia las palabras de la Virgen de Guadalupe al indio San Juan Diego: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás acaso bajo mi regazo y protección? ¿No estás en el cruce de mi brazos?”. Sí, allí quiero estar y ojalá que todos pudiésemos estar en ese cruce de los brazos de la Virgen María donde recibimos todo el calor, toda la ternura, toda la protección, todo el amor de la Madre.
 
¿Ha trabajado con jóvenes?
He estado con ellos mucho tiempo, y me gusta trabajar y estar con ellos. Siendo diácono el Señor fue llevándome con ellos y para ellos. No solamente hablábamos del valor de la vida, sino también del sentido del cristiano, la grandeza de ser cristiano, y que no solamente tienes que ser cristiano de nombre, sino actuar como tal.

P M amigos¿Puede contarnos alguna anécdota?
Cuando estuve en la parroquia dedicada a Cristo Rey,  había un grupo de jóvenes que tenía problemas de comunicación, no se podían ver los unos a los otros. 

Todos los grupos con diferentes carismas dentro de una misma parroquia, tienen que tener una misma finalidad, sí, enseñando lo tuyo, lo que crees que Dios te ha puesto para enseñarlo a los demás, pero siempre con el sentido de fraternidad. Entonces, logramos muchas cosas, hacer la pascua juvenil, a la que vinieron muchos chicos. Era toda una semana fuera de sus casas. No estaban acostumbrados ni a rezar, ni a dar gracias a Dios por los alimentos, ni a celebrar la Eucaristía, ni todas estas cosas, pues venían de distintos ambientes. Y recuerdo que los primeros dos días, muchos de ellos se quejaban y decían “es que esto es un rollo, de verdad; nos queremos marchar de aquí porque esto no nos gusta”. Nosotros sabíamos lo que iba a pasar, que al final no se querrían ir, como así pasó. Se habían encontrado con el Señor. Luego tuvimos un seguimiento con ellos y unos siguieron y otros no. Dios tiene preparado para cada uno un camino y una hora concreta donde nos llama a pertenecer a su Iglesia, a servir a su Iglesia, a proclamar el nombre de Dios, esta fue una primera experiencia con jóvenes.

Una experiencia que me animó mucho fue el trabajo con los jóvenes en una parroquia de Chiapas.
Aquí había que cuidar todo mucho: la liturgia, el testimonio, a los jóvenes, a los adultos, porque había muchos protestantes, evangelistas y las sectas estaban muy metidas. Pero en la parroquia había un grupo de jóvenes liderado por un chico, llamado Toni, con un testimonio impresionante. Eran de coger el megáfono, el equipaje y todo, e ir a las comunidades andando una, dos, o tres horas si era necesario, para poder llegar y hacer un retiro con más jóvenes. Y los jóvenes, pues claro, estaban encantados de todo esto.

P M eucEran chicos y chicas muy religiosos, que tenían claro el valor de la vida.
Voy a la última parroquia, aquí había un poquito más de dificultad, porque era donde la vida estaba constantemente amenazada. Muchos chicos no se acercaban a la iglesia. Se reunían en un lugar concreto a tomarse un refresco, una cerveza, pero a la iglesia no iban. Fui a donde estaban y aunque soy un poco bruto les caí bien: -“vente, que nos vamos a la iglesia”.- “no, yo a la iglesia, no voy”.- “si se va él nos vamos todos” y poco a poco logré reunir unos ochenta jóvenes. Era impresionante porque unos iban trayendo a otros. Aquellos jóvenes tenían ganas de Dios y de trabajar. Entonces empezamos a hacer pequeños proyectos con ellos, que fueron muy bien. Les decía: “Yo estaré con vosotros hasta que vosotros queráis, intentaré trabajar y reunirme todas las veces que sean necesarias con vosotros”. Hubo un tiempo en el que no venían y me dije: “bueno, pues como yo ya lo había dicho: hasta que ellos quieran”. Recuerdo que aquel día era un día de reunión, un sábado y llovía a cántaros, parecía que el cielo se iba a caer. Pensé: “Seguro que no van a venir así que me voy a hacer una visita a una casa”. Al poco tiempo llegó un joven a la casa donde estaba y me dijo:  “Padre, te estamos esperando, ¿por qué no has venido? hoy tenemos reunión ¿no?”. Y la sorpresa que me llevé es que había unos cincuenta jóvenes reunidos. Seguían teniendo esa necesidad y esas ganas de vivir el encuentro con el Señor y no había nadie que les acercara, nadie, nadie. No soy el héroe ni mucho menos, pero necesitaban una orientación como todos la necesitamos en cualquier momento de nuestra vida o durante toda nuestra vida; ellos también la necesitaban.

Descubrí aquí muchas cosas interesantes en los jóvenes. Como no tienen otra cosa que hacer, imitan lo que hacen los mayores: si los mayores se dedican a cultivar la droga, ellos cultivan la droga y si los mayores se dedican a robar, roban, y si los mayores se dedican a matar, matan, porque es la enseñanza que les dan los mayores. En la confesión salían muchas cosas de estas. No era infrecuente que llevaran en su interior el deseo de matar a alguien. Y no sólo en el pensamiento. Un día reunidos en otra comunidad, jugábamos chicos y chicas al fútbol después de haber tenido la charla. Había dos chicos mellizos, de unos veinte años. A uno de ellos, al dar un salto jugando, se le salió la pistola y cayó al suelo. El pensamiento de los chicos y de las chicas de aquellos lugares es: “si me la hacen me la pagan”. Entonces, explicar allí el valor de la vida, es muy duro porque nunca lo han vivido. Solamente han tenido esto, se han encontrado con que a este lo mataron y lo enterraron, pero nadie les ha explicado la importancia que tiene la vida. Les falta formación, porque además son gentes muy, muy sencillas. Yo creo que si les forman llegarán a comprender un día que la vida es muy importante, que nosotros no somos quién para quitarle la vida a nadie, a nadie.

    P M procesion Padre, volvamos de nuevo a México. Por favor, ¿puede hablarnos de la cultura de la muerte?
   
Esta cultura de la muerte, en México está causando muchos estragos. El Deán de la Basílica de Guadalupe decía: “en la actualidad el problema más fuerte en México no son los movimientos pseudocristianos, sino esta secta de la santa muerte”. Dan culto abierta y literalmente a la muerte. Incluso tienen una imagen que es un esqueleto vestido como la Virgen María y que le hacen un culto parecido a Ella. Hay rosarios que están dedicados a la santa muerte, escapularios de la santa muerte y lo que te dicen es que la muerte te hace muchos favores. ¡Te hace muchos favores pero luego se los cobra!
Esta secta exige tener un altar a la muerte y venerarla,  llevar un colgante de la muerte. Y si te lo quitas la muerte se lo cobra, ellos dicen “venga”.
Y se ha descubierto que es así, que en realidad todos aquellos que profesan esta cultura de la muerte, mueren de muertes muy atroces.    

Entre el Distrito Federal y el Estado de México hay unos cuarenta millones de habitantes; aquello es una plaga verdadera, te encuentras por la calle altares a la muerte igual que los altares a la Virgen. Esto confunde a la gente. Parece que la muerte te trae favores y más rápido que la Virgen María. Te dicen: “Oye, pues yo opto por la puerta ancha ¿no? porque la puerta ancha me presenta tantas oportunidades en la vida que yo me...”, “además estoy tan necesitado de aquellas cosas, que yo voy a lo fácil y lo fácil pues es ir por este camino”.
Somos muy tontos porque nos dejamos engañar con cualquier cosa. No todo lo que brilla es oro. Creo que nos hace falta mucha formación espiritual, moral, también en el aspecto psicológico. Tenemos unas lagunas impresionantes que intentamos llenar con estos ídolos que van rompiendo con nuestra vida en Dios.
Los que profesan el culto a la muerte, son los que se dedican al mal. Y el mal, la muerte, solamente traen muerte, no trae otra cosa. La consecuencia de la muerte es la muerte temporal pero también la muerte eterna. Esto es muy grave y eso la gente no lo sabe.

P M barcenillaEsto sucede en México, pero cuando vine a España me encontré con otra realidad, con el mismo carácter, quizás menos público, menos abierto, pero me encontré con una situación de culto al demonio, el aborto, el seguimiento del tarot, de los astros, el culto al cuerpo, los métodos espiritistas, cultos a las técnicas orientales. Ahora encontramos en las vitrinas de las tiendas imágenes de Buda en toda su expresión, de pie, gateando, de niño, de mayor, de gordo, de flaco.  Y tener un crucifijo parece que es un delito y un delito muy grave.
Tenemos que volver a la Eucaristía, fomentar el amor a la Eucaristía, que tanto bien nos hace, porque en definitiva allí es donde desemboca nuestra vida cristiana, nuestra vida de sacerdote, nuestra vida de laicos, nuestra vida de matrimonios, nuestra vida de profesores. Este es nuestro refugio y tú tienes que venir aquí al encuentro con el Señor.

La Eucaristía transforma. Cuando echo la mirada para atrás y veo lo que era antes y lo que soy ahora, digo “bueno Jesús, no solamente has estado presente, sino has estado de sobra, sobrado en mi vida. Has tenido muchísima misericordia conmigo y me has traído hasta aquí. Y solamente puedo decir: Gracias Jesús.

©Revista HM º175 Noviembre-Diciembre 2013

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