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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Categoría: Entrevistas

EntrevistaENTREV180-2

Sacerdote diocesano de Valladolid, España. Lleva desde el año 2002
ejerciendo su apostolado en Rusia. En estas líneas compartirá con
nosotros la alegría de su experiencia como misionero.

¿Podría contarnos un poco de su trayectoria sacerdotal?

Empecé trabajando en mi diócesis de Valladolid.Después estuve cuatro años en Roma realizando diversos estudios. Después estuve un año en Melilla, y desde el año 2002, en Rusia, en dos barrios de San Petersburgo, y en Komi, una República que está en los Urales, arriba de todo, donde dicen que se acaba el mundo, y donde había muchos campos de concentración soviéticos.

¿Cuál es su trabajo en Rusia?
¿Qué porcentaje de católicos hay?

ENTREV180-6Hay pocas vocaciones. Había muchas al principio.  En los años 90, después de la caída del Comunismo, hubo un gran “boom”. Luego se nos ha vaciado un poco y ahora 

Hay muy pocos en este momento, un  0,5 %.  Pero hubo momentos cuando había más, porque Rusia incorporó a Polonia, Lituania, y hubo conversiones. En San Petersburgo, justo antes de la Revolución
del 17, había un 7%.

Antes de 1905, si una persona ortodoxa se hacía católica lo pasaba bastante mal, se tenía que ir del país. Desde 1905, con la ley de libertad religiosa, aunque fueron pocos años, hubo bastante gente que se hizo católica, cosa que ahora ocurre pero mucho más lentamente. 

Es importante que ellos sepan que no es un intento de ir allí a meter nuestra cultura. Hay gente dentro de los rusos que quieren estar en comunión con la Iglesia Universal porqu

e se dan cuenta que eso es necesario. Tienen esa necesidad y nosotros tenemos que ofrecerles la posibilidad de hacerlo de manera digna, poniendo iglesias de ambos ritos, con el amor de toda la Iglesia Universal, sintiéndose queridos por esa gran Iglesia que les acoge.
Ese es nuestro trabajo.

¿Hay vocaciones a la vida sacerdotal y a la vida religiosa?
va creciendo otra vez. En este momento son diez seminaristas.

Esperamos que poco a poco se llene, si rezamos.

¿Podría contarnos un poquito en qué consiste su apostolado?

Lo primero es que soy párroco de dos parroquias. Son parroquias ahora más o menos normales. Cuando empezamos no había parroquia realmente.
ENTREV180-15También hemos hecho una editorial para difundir la fe. Y un pequeño jardín de infancia para niños.

Otra cosa importante es que hacemos mucho apostolado mariano. Sobre todo difundiendo las cosas de la Virgen de Fátima. Un artista ruso nos ha hecho el icono de la Virgen de Fátima, hace ya siete años, basado sobre todo en la copia de la Virgen que está en Coimbra, que no es exactamente la que está en la Capelinha. 

Es el Corazón Inmaculado de María porque la Virgen pidió al Santo Padre que consagrase Rusia al Corazón Inmaculado de María. Arriba dice: “Imagen de la Santísima Virgen de Fátima”. Después: “En ti la unidad”, para que estemos y recemos juntos Ortodoxos y Católicos. Y luego tiene en el centro lo más bonito. En caracteres paleoslavos dice “Corazón”. Es el Corazón Inmaculado de María. Y tiene un truquillo para rezar: se puede abrir, como si fuese un medallón de esos que se abren, y uno se mete dentro del Corazón de María y reza. Se puede estar muy bien allí, contándole a la Virgen todas nuestras cosas y rezando por Rusia, por todos los que estamos allí, especialmente por la Iglesia Católica en Rusia, por los dos ritos, el Latino y el Bizantino.


¿Puede contarnos alguna anécdota?

En las parroquias, ha habido cosas muy bonitas porque cuando llegamos propiamente no existían. Eran parroquias con muy poca gente, de 8 a 15 personas. Ha habido muchas conversiones. Creo que se han hecho católicos más o menos 10 personas al año, a veces familias enteras.  
Por ejemplo, se hizo católico un pastor protestante. Luego, su mujer, luego los dos hijos, luego otra amiga protestante, y como ella cuidaba de un niño, terminó haciéndose católica la madre del niño, luego el niño… Si la gente realmente sigue al Señor, sin hacer cosas muy raras, poco a poco, los amigos, los familiares, todo el mundo va acercándose. Algunos llevaban muchos años buscando al Señor, otros no.

Recuerdo también una anécdota bonita. Una chica entró en la Iglesia y fui a saludarla. Me dijo: “No me eche, no me eche”. Yo la contesté: “Pero bueno, ¿por qué te voy a echar?”.  Es que a veces las abuelas ortodoxas cuando las chicas entran en la Iglesia y no van perfectamente como se debe, o no hacen todo bien, las echan. Le dije que no le iba a echar. “Es que, no sé nada - me dijo- No sé ni decir el Padre nuestro”. Yo le dije que le enseñaría, y ahora es una católica estupenda. Todavía me acuerdo de ese “No me eche, no me eche, por favor”.

¿Ha tenido usted que sufrir para testimoniar su fe?

No me gusta exagerar, no creo haber sufrido realmente por mi fe. Simplemente hay presión. Presión sí que recibes. Al principio, el primer año cuando llegamos, fue un año muy difícil porque se habían transformado lo que eran administraciones apostólicas en diócesis. Hubo un poquito de exaltación en algunas gentes de Rusia y de hecho, echaron a varios sacerdotes y a un obispo. Al llegar percibimos que había mucha tensión. Y nosotros, como era nuestro primer año y no sabíamos nada, lo pasamos mal. Creo que ahora lo hubiésemos vivido de otra forma, con mucha más alegría. Nos visitaban alguna vez, hacían preguntas, alguna vez venían a la Iglesia. Pidieron los pasaportes a toda la gente que había en una comunidad.  Esas cosas te hacían estar muy tenso. Luego al párroco con el que íbamos a vivir no le renovaron el visado y a los tres meses de estar allí, casi sin saber ruso, nos hicieron párrocos. Todo el mundo estaba muy tenso, la verdad. Pero bueno, luego hay que decir que los rusos son fantásticos. Son fenomenales, te acogen con cariño, te quieren, te abren las puertas de la casa. Sé que en otros países tardan mucho en abrir las puertas de sus casas, pero en Rusia no. La gente es muy religiosa, tiene ganas de encontrarse con Dios. No quiero dar la impresión de que somos mártires, porque no es verdad. Estamos muy bien en Rusia. Es un sitio que te ayuda a acercarte a Dios. Realmente aprendes tantas cosas. En Rusia te busca mucha gente. Por la calle te saludan y te piden: “Padre, la bendición”. Yo digo: “Soy católico”. Y me dicen: “A mí me da igual, usted deme la bendición, que es lo que quiero”. Y le das la bendición y ya está.
Merecen la pena todos los trabajos y pequeños sufrimientos...

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¿Qué diría a alguien que no tiene fe?

Le diría que me parece bastante normal, porque los católicos creemos unas cosas muy “raras”.  Yo antes pensaba que lo que creemos los católicos es muy normal pero ahora que me he hecho mayor, me doy cuenta que creemos unas cosas muy “raras”. Por ejemplo: creemos firmemente que lo que parece un trozo de pan es Dios, y eso es un poco “raro”.  
Le diría también que no se preocupe porque la fe tiene un gran componente de oscuridad, no es todo tan fácil.
Cuando una persona no tiene fe, lo que tiene que hacer es ser honrado. Si es honrado, si realmente busca la verdad, el Señor se le hará el encontradizo y le hará ver las cosas. Quizá dentro de un mes, quizá dentro de 10 años. Pero lo que tiene que hacer es lo mismo que tengo que hacer yo, ser honrado, buscar la verdad, aun a costa, a veces, de perder tantas cosas... la carrera, un puesto de trabajo, una mala amistad. Tantas cosas. Si busca de verdad, al final el Señor le iluminará y le hará ver que estas cosas tan “raras” que pensamos y creemos, de hecho son normales, son razonables, están llenas de luz, son como una ventana abierta hacia Dios. Pero no es tan fácil.

¿Cree que hay esperanza para el mundo en el que vivimos?

Cuando te metes en líos, y creo que en algún lío me he metido alguna vez, suele haber tentaciones contra la esperanza. Y la esperanza es muy importante. Es una de las tres virtudes teologales, porque es muy importante. Tienes que tener un fin claro. La esperanza es la certeza de que existe la posibilidad de poder llegar a ese fin. Eso hace que te muevas, que trabajes, que tengas ilusión. Es el Señor quien nos da esperanza. La esperanza nos viene de estar junto a Dios, de confiar en la Virgen, en los demás.
¿De dónde saca la fuerza para anunciar a Cristo y para vivir todo lo que el Señor le pide en su apostolado?

Creo que la fuerza la sacamos todos del mismo sitio: de ser amados.  De amar también, pero sobre todo la fuerza la sacamos de ser amados. Cuando nos quieren, tenemos las fuerzas. Cuando no nos quiere nadie, lo pasamos mal.
Entonces, ¿quién me quiere a mí? Porque es de ahí de donde saco las fuerzas. La fuerza viene de Dios, el Señor nos consuela, el Corazón de María la Virgen, el Espíritu Santo. El encuentro personal con Dios te da las fuerzas. Y también da mucha fuerza la familia. La familia personal y la espiritual. Para los sacerdotes muchas veces son una ayuda los amigos sacerdotes, la fraternidad sacerdotal es importante porque no somos ángeles, necesitamos a los demás. Y también dan mucha fuerza los parroquianos, cuando son gente dispuesta a ayudar, que quiere ir contigo para buscar al Señor.

¿Quiere decirnos algo más?

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Una de las cosas que siempre digo es que quieran mucho a la Virgen. Y que recen por Rusia, sobre todo por la Rusia Católica en sus dos ritos: Latino y Bizantino.  

Económicamente también necesitamos ayuda para poder llevar las cosas adelante. Si pueden, ayuden también hablando de Rusia. Porque con Rusia ha pasado una cosa curiosa. Durante un siglo casi, después de las apariciones de Fátima, toda la Iglesia rezaba por Rusia. Pero cuando hemos tenido la oportunidad de ir, justo es el momento cuando mucha gente se ha olvidado. Yo les animaría, ahora que ya están las puertas abiertas, ahora que tenemos libertad para anunciar allí el Evangelio junto con nuestros hermanos ortodoxos, pensad: ¿qué puedo hacer yo para ayudar?

©Revista HM  º180 Septiembre-Octubre 2014

 

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