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Experiencias

¿Cómo puedo perdonarla? Ha matado a mi hijo

PERDONABORTO2

Por Hna. Beatriz Liaño, S.H.M.

Recuerdo que Pino era un hombre alto, muy alto. Yo tenía que mirar hacia muy arriba para hablar con él. Hace más de doce años que le conocí y apenas le vi dos o tres veces, pero nunca le he olvidado y todavía hoy rezo por él y por su familia.

A los que somos de lengua española el nombre de Pino nos puede resultar raro, pero Pino es simplemente la abreviatura de Giuseppe. Como en España a los José les llamamos Pepe, en Italia les llaman Pino. Le habían conocido dos Hermanas de la comunidad un día atravesando un parque. Él paseaba con sus dos hijas pequeñas. Hablando con ellos, las niñas comentaron que la mamá estaba en casa, un poco enferma.

Las Hermanas se interesaron y, como vivían muy cerca, subieron todos a la casa para saludar a la esposa de Pino. Mientras subían la escalera, la mayor de las niñas le dijo entre susurros emocionados a la Hermana que iba con ella: «¿Sabes? A lo mejor mamá está embarazada… ¡Pero es un secreto!» . Entraron en el apartamento. A la mamá no le hizo mucha ilusión ver a las Hermanas. Saludó un poco fríamente y tras intercambiar un par de frases, se disculpó y se retiró a la habitación. Pino, en silencio, la observó retirarse con semblante sombrío.

Las Hermanas regresaron a casa preocupadas. No sabían qué estaba pasando en esa casa, pero algo pasaba obviamente. Unos días después pensamos en acercarnos a hacerles una visita. Fue una de las Hermanas que había conocido a la familia y, esta vez, la acompañé yo. Llegamos al portal de la casa y llamamos al portero automático. El portón se abrió sin que nadie nos preguntara quiénes éramos. Subimos hasta la casa y nos encontramos la puerta también abierta, pero no había nadie para recibirnos. Extrañadas, asomamos la cabeza y llamamos: «Pino, ¿estás en casa? ¿Hay alguien?» . Había ruido en la cocina, así que pasamos al recibidor y llamamos más fuerte. De pronto, salió Pino secándose las manos con un trapo. Esperaba a sus hijas de regreso del colegio, por eso, convencido de que eran ellas las que llamaban, nos había abierto sin preguntar, y salía ahora a su encuentro, extrañado de que no acabaran de entrar.

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Al vernos se quedó como clavado en el suelo. El rostro se contrajo en una mueca que expresaba un profundo sufrimiento interno. Fue como verle desmoronarse en cuestión de fracciones de segundo. Sus ojos se llenaron de lágrimas y, antes de que yo pudiera reaccionar, había puesto sus manos en mis hombros, y apoyando su cabeza en mi hombro derecho, comenzó a llorar como un niño. Me quedé quieta mientras interrogaba con la mirada a la Hermana que me acompañaba, que estaba tan sorprendida como yo. Realmente, no sabíamos qué hacer. Esperamos a que Pino se serenara un poco y pasamos con él al comedor. Nos sentamos con él y le preguntamos: «Pino, ¿qué ha pasado? ¿Por qué lloras?» . Entre sollozos llenos de dolor empezó a balbucear palabras: «Mi esposa va a abortar. Como yo no la apoyaba, ha ido a casa de sus padres. Le he pedido que no lo hiciera, le he suplicado que no matara a mi hijo, pero no me ha escuchado… A estas horas, debe estar ya en la clínica». Se tapó la cara con las manos y estalló de nuevo en sollozos inconsolables. De pronto, descubrió su cara y mirándome con los ojos llenos de lágrimas, me dijo: «Hermana, ¿cómo puedo perdonarla? Ha matado a mi hijo». Estalló de nuevo en sollozos. Recé interiormente antes de responder: «Pino, el demonio ha metido ya un gol en tu casa convenciendo a tu esposa para realizar este acto horrible. Que no meta un segundo gol y deshaga tu matrimonio y tu familia completamente. Sé que es, seguramente, el momento más duro de tu vida, pero te pido que seas para tu esposa icono de la Misericordia del Padre. Que a través de tu perdón, ella se atreva a pedir también el perdón de Dios».

Cuando le pedía a Pino ser para su esposa «icono de la Misericordia del Padre», no le estaba diciendo que no fuera grave el acto que había cometido su esposa. Misericordia no es ignorar el mal o tratarlo como algo irrelevante o insignificante. Lo dice Benedicto XVI en su libro «Jesús de Nazaret: desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección»: «La injusticia, el mal como realidad concreta, no se puede ignorar sin más, dejarlo estar. Se debe acabar con él, vencerlo. Solo esto es verdadera misericordia». La bondad no puede estar en contradicción con la verdad y con la justicia. Misericordia es iluminar el camino del pecador para que pueda volver a Dios, no dejarle ahogarse en su pecado . Y hacerlo según el ejemplo del padre del hijo pródigo, que gana con su amor al hijo perdido por el egoísmo. El ladrón más conocido de la historia, el Buen Ladrón, fue perdonado con una misericordia desbordante solo cuando se reconoció pecador. La Misericordia se derrama cuando la verdad brilla. En los días siguientes, visitamos a la familia un par de veces más. Después, regresó la esposa de Pino y ya no nos permitió tener más contacto con su familia. Yo sigo rezando por ellos. Espero que la familia haya permanecido unida, pero realmente no sé si lo han conseguido.

COMOPERDONARLABEBE

La Madre Teresa de Calcuta decía: «El mayor destructor del amor y de la paz es el aborto» (Discurso de Madre Teresa de Calcuta en el Desayuno de Oración Nacional, Washington, DC, 3 de febrero 1994). Creo que el egoísmo ha incapacitado a muchos corazones para comprender esta afirmación, pero que no entiendan no significa que no sea verdad. Tengo la impresión de que el aborto es como esa piedra que lanzas al agua y comienza a hacer círculos concéntricos cada vez más grandes: primero destruye a ese niño, al mismo tiempo destruye a la madre, el padre también es dañado, el amor de esos padres es dañado al atacar al bebé que había sido concebido como fruto de ese amor, la familia recibe daño, la sociedad, el mundo… La violencia engendra violencia. Y la violencia sobre los niños inocentes –aunque el mundo trate de ignorarla y mire para otro lado–, está en las raíces de la violencia que sacude hoy a nuestro mundo. Pidamos al Señor que los que a día de hoy no pueden entender estas palabras, reciban el regalo de entenderlas, reciban el regalo de dejarse abrazar por la misericordia de Dios. Misericordia que –como ya dijimos– es bondad, pero también es verdad.

© Revista HM Nº208 Mayo-Junio 2019

Hermana Clare

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¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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